¿Qué Hay Entre Ellos? – POr Dominique Corpelet – 2026/04/05

¿Qué hay entre ellos?

Por Dominique Corpelet

2026/04/05


Lacan plantea la no-relación sexual a partir de aquello que resiste a la escritura y la lógica formal. Ante esta inexistencia, inventamos ficciones.

No hay acto sexual

La película Caprice[1] de Emmanuel Mouret ofrece una versión de esto. Esta ficción trata sobre lo que existe, o no existe, entre seres sexuados. Caprice, una joven comediante, está enamorada de Clément, que ama a Alicia. Clément asiste a una de las representaciones de Caprice. Aquí está el monólogo que ella interpreta: «Aquí estamos en el año 17.103. En el momento en que te hablo, hace mucho que los hombres no son realmente hombres, ni las mujeres mujeres. […] Muchas cosas han cambiado en 15.000 años, incluso el amor. La palabra ha sido olvidada y ya no conocemos su significación. Quizá la palabra que más se le acerca a nosotros sea intersexión. He ahí una intersexión.” Los personajes en el escenario se cruzan, se detienen y luego vuelven a empezar. Por un momento, las siluetas se superponen, sin tocarse. Esta puesta en escena de un intersexión – la película no nos enseña cómo está escrita – no nos dice nada sobre cómo sería el amor. ¿Sobre qué se encuentran dos parlêtres?

En La lógica del fantasma, Lacan enuncia un gran secreto del psicoanálisis: no existe acto sexual en el sentido de un acto que marque un franqueamiento. No hay pasaje del Rubicón. Lo que no hay, dice Lacan, se encuentra al nivel del significante. En el acto sexual, no existe posible conjunción entre los sexos, que el inconsciente grita a todo pulmón: «habla sexo»[2] en la medida en que no existe acuerdo. La vida amorosa se ve afectada, y eso hace que los parlêtres que somos hablan de verdad. Los personajes de E. Mouret, tan verbosos como pueden ser, despliegan amores que están aún más situados bajo el signo de la cojera y el tropiezo porque el acto sexual no existe.

Inconmensurable

En lugar de lo que no se puede escribir, dice Lacan, hay lo inconmensurable. No existe una medida común entre hombre y mujer, que son llevados en el acto sexual al máximo de su disyunción. Porque si el acto sexual existiera, el sujeto de cada sexo podría tocar algo en el otro a nivel del significante.[3]

Lacan señala entonces, cuando los autores de la literatura psicoanalítica hablan de la mujer en el acto sexual, que en realidad se trata de la función de la hombrella en el encuentro sexual. A partir de la palabra woman, Lacan inventa la palabra he-man, el hombrella y la she-man, hombrella. La hombrella es la mujer atrapada en la función fálica. Sin embargo, una parte de la mujer sigue siendo inexpugnable: algo no puede ser asignado por la función fálica.

En Aun[4], Lacan sacará a relucir el goce no-todo, destacando que la no-relación sexual no concierne a los sexos anatómicos, sino a los goces. Lo abordará desde el punto de vista de la lógica y el infinito con la paradoja de Aquiles y la tortuga, el hombre uniéndose a la mujer solo en la infinitud. No podemos reducir la relación entre goces a una relación significante.

No es lo mismo en el amor. De hecho, cuando se ama, no se trata de sexo: el amor cortés que mantiene a la dama alejada del encuentro sexual lo demuestra. Si no hay acto sexual en el sentido de una relación y conjunción entre dos parlêtres, puede haber sin embargo amor, que se escribe mediante una metáfora, que es una relación significante. La inexistencia de la relación invita a todos a inventar, mediante una suplencia, un nudo entre goce y significante. El amor es una invención.


*Corpelet D., Qu’y a-t-il entre eux ? – L’HEBDO-BLOG

[1] Mouret E., Caprice, película, 2015.

[2] Lacan J., El Seminario, libro XIV, La lógica del fantasma, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2023.

[3] Ibid.

[4] Lacan J., El Seminario, libro XX, Aún, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2016.

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