El Psicoanalista y el Poeta: Querer Decir – Por Sarah Nadine Birgani – 2026/04/02

El psicoanalista y el poeta: querer decir

Por Sarah Nadine Birgani

2026/04/02


En «El pase bis», Jacques-Alain Miller dice que el analista está ahí para inspirar en el análisis una «cierta pasión por decir la verdad».[1] Por tanto, decir y verdad están vinculados. Y también lo son el leer y la verdad. Así, Freud, en La interpretación de los sueños[2], sigue los significantes del sujeto con el mayor rigor. Para que ocurra un efecto de verdad, el sujeto debe querer contar su sueño. Esta es la condición para que la puerta del inconsciente se abra, en un momento de contingencia, bajo transferencia. Entonces surge un límite a la verdad —si lo entendemos como un momento de revelación de algo oculto— cuando Freud afirma que, en el sueño, hay un punto —el ombligo— que descansa sobre lo desconocido (Unerkannt).[3] Por tanto, la verdad no puede contarse toda; es una mentira, en la medida en que depende de la narrativa, como nos recuerda Patricia Bosquin-Caroz en su argumento[4].

Freud hace un comentario sorprendente al considerar que la concordancia entre su trabajo sobre sueños y las creaciones oníricas de poetas constituye prueba de la exactitud de su teoría de los sueños. En “El delirio y los sueños en la «Gradiva» de W. Jensen”[5], compara la obra del psicoanalista con la de los poetas, a quienes considera aliados del psicoanálisis, en la medida en que presuponen un saber oculto en el sueño. Incluso los describe como los observadores más profundos del alma humana: «pues suelen saber de una multitud de cosas entre cielo y tierra con cuya existencia ni sueña nuestra sabiduría académica.»[6]

¿Qué le da al poeta esa intuición? Esto se debe a que confía en el azar, nos dice Freud, porque la creación del escritor «no significa una desviación forzada respecto de las posibilidades de la vida real; no hace sino recurrir al azar.»[7] Es ante todo el poeta quien se encuentra con fenómenos psíquicos; el psicoanalista llega solo más tarde para extraerlos y nombrarlos.[8]

¿Dónde está el límite de esta comparación? Según Freud, el poeta —a diferencia del analista— es libre de inventar un final feliz. Resume su relación de la siguiente manera:

«Nuestro procedimiento consiste en la observación consciente de los procesos anímicos anormales en otras personas a fin de poder colegir y formular sus leyes. El poeta procede de otro modo; dirige su atención a lo inconsciente dentro de su propia alma, espía sus posibilidades de desarrollo y les permite la expresión artística en vez de sofocarlas mediante una crítica consciente. De esa manera averigua desde sí lo que aprendemos en otros, las leyes a que debe obedecer el quehacer de eso inconsciente.»[9]

El poeta y el psicoanalista extraen así su pasión por la verdad de la misma fuente, aunque cada uno emplea un método diferente. Lo que les une es que se enfrentan al decir para que la verdad surja como efecto de contingencia.


*Birgani S., Le psychanalyste et le poète : vouloir dire – Congrès NLS 2026

[1] Miller J.-A., «La passe bis», La Cause freudienne, nº 66, junio de 2007, p. 211.

[2] Freud S., “La interpretación de los sueños”, Obras completas, tomo V, Buenos Aires, Amorrortu, 2003.

[3] Ibid.

[4] Bosquin-Caroz P., «Varité. Las Variaciones de la Verdad en el Psicoanálisis», disponible en: Varidad – Presentación del NLS Congress 2026 – por Patricia Bosquin-Caroz – 2025/07/15 – PSICOANÁLISIS LACANIANO

[5] Freud S., “El delirio y los sueños en la «Gradiva» de W. Jensen” (1907 [1906]), Obras completas, tomo IX, Buenos Aires, Amorrortu, 2003.

[6] Ibíd., p. 8.

[7] Ibíd., p. 36.

[8] Ídem.

[9] Ibíd., p. 76.

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