EN LOS MÁRGENES DE LAS PSICOSIS
Por Nieves Soria
2026/03/16
Nieves Soria:
Bueno, gracias, Jorgelina [Estebo]. Te agradezco la invitación a la residencia de Tobar.
Quería destacar este plural del título, al que hacía referencia Jorgelina, “Las psicosis: de arreglos y tratamientos” porque me parece que, como decía ella, apunta a aquello que se pone en juego de modo más fundamental en el tratamiento de estos casos que es la singularidad. Pero a la vez están también “las psicosis”, está el término en el título y ese término apunta a una nominación clínica, es decir a una referencia a una estructura que, por ejemplo, distinguiría el campo de las psicosis -en plural- al campo de las neurosis -en plural-. Entonces, si es que tenemos un universal -del que vamos a empezar a conversar hoy y ustedes seguirán en las próximas clases con otros colegas-, un conjunto universal que tenemos de referencia que es el de las psicosis, que se distingue del universal de las neurosis. Ahí es donde alguna función cumple la referencia a la estructura porque ¿qué es lo que define que podamos decir las psicosis? Porque, si no, diríamos simplemente “tratamientos y arreglos” y nada más porque no habría ninguna caracterización específica de psicosis.
Entonces, ¿qué es lo que posibilita ese universal de las psicosis en términos de conjunto? Es la referencia a la estructura. Ahí es donde esto que Jorgelina ubicaba como un primer Lacan, el Lacan que se detiene más en las cuestiones de la estructura, orienta y sigue orientando, aun cuando haya un Lacan posterior, respecto de lo que tienen en común las psicosis. El universal sería lo que tienen en común.
Luego, me parece que hay otra dimensión importante a tener en cuenta que sería la de lo particular. Tenemos el universal de las psicosis y después tenemos el particular. Y el particular es algunas sí, otras no. Ahí vamos a distinguir los distintos tipos de psicosis porque no es lo mismo la esquizofrenia, la paranoia, la parafrenia, la melancolía, la manía. Es decir, hay distintos tipos de síntomas psicótico. El universal sería el síntoma psicótico que va a dar cuenta de una estructura; el particular sería el tipo de psicosis. Y después está el nivel que más nos interesa -que fue subrayado por Jorgelina- que es el nivel singular donde ahí es una por una, cada psicosis. Pero a la vez, esa una por una se encuentra dentro de un subconjunto que es el tipo de psicosis y un conjunto más general que es la psicosis.
Entonces, podemos plantear que los arreglos y los tratamientos -que es el tema fundamental del curso- se sitúan en el nivel de lo singular, pero en referencia a la estructura, en referencia a lo universal. Les voy a proponer un recorrido que, de alguna manera, sigue el planteo de Jorgelina, que es ir un poco del primer al segundo Lacan, ir un poco de Schreber a Joyce para ubicar algunas cuestiones respecto del tema que nos convoca y después, si hay tiempo, ubicar esto en alguna viñeta. Yo no atiendo niños, sí a adolescentes. No me di cuenta de que era específico para niños y adolescentes y traje casos de adultos, pero bueno. De todos modos, me parece que puede servir como referente. Les decía que les voy a proponer un recorrido que es de Schreber a Joyce, que es también el recorrido que propongo en mi primer libro que tiene que ver con el tema, que es Cofines de las psicosis. Y voy a tomar un primer tiempo de la enseñanza de Lacan que es donde él conceptualiza la estructura psicótica. Ahí tenemos el Seminario 3 Las psicosis y tenemos también el escrito “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis” que es dos años posterior, que es correlativo del Seminario 5, donde Lacan avanza en la formalización de la estructura psicótica tomando siempre como referencia el caso Schreber y el texto de Freud con un esquema topológica que es el esquema Rho. Ese esquema, Lacan lo construye en el Seminario 5 y lo aplica en “De una cuestión preliminar” a la estructura de la realidad en el caso de Schreber, lo transforma en el esquema I para dar cuenta de cómo se produce lo que podemos llamar el «arreglo schreberiano».
Ahí me parece que vamos a encontrar algo de lo que yo estoy proponiendo también como título de mi clase de hoy que es “En los márgenes de las psicosis”. Me parece que los arreglos y los tratamientos se producen en los márgenes de la estructura, pensando el margen como algo que tiene referencia en la estructura, por ejemplo. El ejemplo más común que tenemos a mano es el margen de una hoja. No hay margen sin hoja, pero a la vez son dos espacios que se distinguen. Tenemos la hoja de la carpeta, tiene un margen. Es el margen de la hoja. No se podría pensar fuera de ella y, sin embargo, a la vez, la excede. Entonces, me parece que en esa zona de margen es donde vamos a ubicar nuestra intervención, lo cual implica también tener la referencia a la estructura, por supuesto, lo cual ya está en el título del curso con el nombre “psicosis”.
Les propongo primero tomar como referencia estas primeras conceptualizaciones de Lacan donde su referencia fundamental es el texto de Freud y es el caso de Schreber donde ubica en este caso que es un tipo particular de psicosis, la esquizofrenia paranoide, que se caracteriza fundamentalmente por los fenómenos elementales que se sitúan muy claramente en el campo del lenguaje y, por eso, Lacan pone todo su acento en este Seminario 3 y luego lo retoma en “De una cuestión preliminar” en el análisis muy exhaustivo particularmente de las alucinaciones verbales en Schreber y de sus neologismos. Justamente va a situar ahí en el síntoma los indicios, la marca de la forclusión del Nombre-del-Padre. Está rechazado ese significante que permitiría organizar el conjunto de los significantes. Cuando la psicosis se desencadena, entonces, hay un encuentro con ese agujero forclusivo que en verdad es un doble agujero y, entonces, se producen estos efectos tan claros, tan evidentes de ciertas perturbaciones en el lenguaje que indican la ausencia de esa carretera principal, de ese significante fundamental que organiza la estructura en las neurosis.
Entonces, es el caso de una esquizofrenia paranoide desencadenada en Schreber, donde el arreglo de ese desencadenamiento, de ese desarmado del campo de la realidad se produce con el trabajo del delirio. Podríamos decir que es un autotratamiento que realiza Schreber que le posibilita un arreglo que le permite rearmar el campo de la realidad una vez que el sujeto se encontró con el agujero. Esto Lacan lo plasma en el esquema I y vamos a ver que en ese esquema que él propone para pensar el arreglo de Schreber, ya podemos ubicar unos márgenes. Son márgenes que nos van a dar una pista para abordar la cuestión de los arreglos y los tratamientos y, luego, vamos ya a dirigirnos al final de la enseñanza de Lacan, al Seminario 23 donde la referencia es Joyce y Lacan alude a lo largo de todo el seminario a que se trata de una psicosis no desencadenada. Es decir, es una psicosis donde no hubo un encuentro con el agujero y entonces posibilita a Lacan a través la referencia a la clínica nodal el ubicar arreglos posibles que vienen directamente al lugar de lo que sería el Nombre-del-Padre en las neurosis sin que se produzca, por ejemplo, un desencadenamiento. Y esto estaría en relación con lo que ya hace muchos años se estudia en el Campo freudiano con el nombre de «psicosis ordinaria».
Bueno, entonces voy a tratar de ser breve para tratar de hacer el recorrido y, si hay tiempo, tomar algunas viñetas. Si no se puede, no se puede. De todos modos, en mi libro Confines de las psicosis, en La inexistencia del Nombre-del-Padre, en Duelo, melancolía y manía hay muchos casos ya que también pueden encontrar ahí muchas referencias clínicas.
¿Cómo construye Lacan el esquema Rho? Lo construye a partir del complejo de Edipo. Este es el esquema de referencia, que es el esquema de las neurosis, de la realidad neurótica:

Donde tenemos en el vértice de abajo a la derecha la P de Nombre-del-Padre y en el vértice de arriba a la izquierda el φ del falo. Es decir, cómo el campo de la realidad neurótica -que es la realidad fantasmática- es una realidad sostenida en el Edipo donde está operando la metáfora paterna y, entonces, los dos vértices son Nombre-del-Padre y falo. Y esa línea invisible entre el Nombre-del-Padre y el falo sería el eje simbólico que podemos ubicar en el esquema Lambda como base. Lacan construye el esquema Rho en base a este esquema:

Tiene un eje simbólico y un eje imaginario.
Al esquema Rho, Lacan le agrega los tres tiempos del Edipo en el Seminario 5. Entonces, en lo que sería el eje simbólico entre el sujeto y el Otro, en el Seminario 5, vamos a encontrar el sostén del campo de la realidad a partir de este eje simbólico invisible entre el Nombre-del-Padre y el falo sostenido en la metáfora paterna y que posibilita que, entonces, lo que sería el eje imaginario -que ustedes ven aquí como m e i, yo e imagen especular, donde también tenemos ahí la relación entre la Madre, M, y el Ideal -es decir que tenemos el espejo en el medio-. Tenemos dos triángulos: el triángulo simbólico Madre, Padre e Ideal; y el triángulo imaginario que es Madre, falo e Ideal. Entonces, tenemos el espejo en el triángulo imaginario, pero ese espejo está intervenido por direccionalidad simbólica Nombre-del-Padre/falo. Es un espejo intervenido por el Nombre-del-Padre que posibilita que esa banda que está en el medio del esquema Rho, que es la banda de la realidad, sea una banda de Möbius. Hay un corte que produce la intervención del Nombre-del-Padre que hace que esa banda se vuelva moebiana y que se extraiga el objeto a del campo de la realidad. Lo que caracteriza a la realidad neurótica es que es una realidad deserotizada, desexualizada donde ya intervino lo que en Freud es la «prueba de realidad», que es lo que posibilita la intervención del Nombre-del-Padre. Entonces, va a estar extraído el objeto a que va a encontrarse en el marco del campo de la realidad y que va a posibilitar en la neurosis la experiencia de una realidad compartida, la experiencia de estar inmerso en un discurso donde la referencia es la significación fálica.
¿Qué es lo ocurre en las psicosis? Lo que va a plantear Lacan en “De una cuestión preliminar” es que en las psicosis algo viene a compensar la ausencia del Nombre-del-Padre y del falo, lo que posibilita que la estructura funcione como si fuera una neurosis. Estos son los desarrollos primeros de Lacan. En la psicosis no desencadenada están forcluidos el Nombre-del-Padre y el falo:

P0 y Φ0, forclusión del Nombre-del-Padre, forclusión del falo. Pero hay un arreglo imaginario, una compensación imaginaria del Edipo ausente que posibilita que la estructura funcione como si fuera una neurosis, donde está establecido un campo de la realidad, solo que es solamente un triángulo imaginario, pero el sujeto no se ha encontrado aún -cuando la psicosis no está desencadenada- con el agujero. Por eso, Lacan en el Seminario 3 dice que no hay nada más parecido a una neurosis que una pre-psicosis[1], refiriéndose justamente a esto, que las identificaciones imaginarias permiten en las psicosis funcionar a la estructura como si fuera una neurosis, salvo que se encuentre con el agujero forclusivo de un modo tal que ya no pueda responder a ese encuentro con el arreglo imaginario. Es lo que le ocurre a Schreber cuando es nombrado presidente de la Corte de Dresde. Entonces, ahí sí se encuentra con el agujero forclusivo que, como dijimos, es un doble agujero porque es P0 y Φ0.

El momento del desencadenamiento, el sujeto se encuentra con que necesita del Nombre-del-Padre para asumir esa función para la cual fue nominado, se encuentra con un agujero y eso le desarma la significación, le desarma el campo de la realidad. Entonces, en el momento del desencadenamiento, por ejemplo, ese tiempo en el que Schreber está totalmente perplejo, catatónico, se le desarmó el campo de la realidad. Solamente están los agujeros. Y lo que dice Lacan es que el trabajo del delirio posibilita un armado, un arreglo que le permite a Schreber rearmar el campo de la realidad. No es solamente el trabajo del delirio, también es la escritura del delirio, también es el testimonio que realiza ante un jurado que él convoca para que se le devuelvan sus derechos civiles. Entonces, todo ese trabajo -trabajo del delirio, trabajo de escritura, testimonio- es lo que le posibilita a Schreber un arreglo a través de un autotratamiento, pero ese autotratamiento de Schreber -que fue un psicótico genial- nos puede orientar respecto de nuestra intervención en un tratamiento posible de las psicosis.
Entonces, ¿qué es lo que plantea Lacan? Que la solución schreberiana lo que hace es rearmar el campo de la realidad alrededor de estos dos agujeros. Ya no se puede volver al punto anterior, ya se verificó que el arreglo imaginario no le posibilita enfrentar el agujero, ya es hizo presente el agujero, el sujeto ya se encontró con el agujero -quiere decir que ya se encontró con una experiencia real, una experiencia de goce- y ya no puede volver al «como si». Tiene que arreglárselas con este real con el que se encontró. El «como si», el arreglo imaginario solamente funciona cuando no hay encuentro con lo real. Cuando hay encuentro con lo real ya no sirve. Entonces, tiene que armar un nuevo arreglo. Lo va a armar alrededor de esos agujeros. Es un campo de la realidad que se acomoda a los agujeros y le permite un rearmado.
Entonces, ¿qué es lo que ocurrió? Antes cuando no se había desencadenado su psicosis, él era un hombre, hijo de un médico muy famoso y después que se desencadenó, cuando se rearma el campo de la realidad, ya no es más ese hombre que era, sino que ahora es la mujer de Dios que va a engendrar una nueva humanidad. Y con este arreglo se rearma el campo de la realidad. En el medio se operó una transformación en el goce corporal y ya no hay vuelta atrás. Schreber ya experimenta su cuerpo como un cuerpo femenino. Él ha experimentado que los nervios de la voluptuosidad dejaron de centrarse en la zona genital como ocurre en la sexualidad masculina -todo esto lo pueden leer en sus Memorias– y que se fueron abriendo, expandiendo hacia todos lados del cuerpo como ocurre en la sexualidad femenina, además de que le crecieron senos, etc.
Entonces, una transformación del goce corporal, o sea que el desencadenamiento es una experiencia de goce corporal que transforma profundamente -es un antes y un después- y, entonces, hay que hacer un nuevo arreglo.

¿Cómo consigue Schreber este nuevo arreglo? No vamos a entrar en todos los detalles del esquema I. Él consigue, por medio del delirio, la escritura y el testimonio, rearmar el campo de la realidad donde juega un papel muy importante las dos i. Por eso se llama esquema I. Es el esquema del arreglo de Schreber. I es el Ideal. El Ideal viene a suplir el Nombre-del-Padre que falta. Entonces, ahí está la dimensión megalómana de su delirio, él es la mujer y va a engendrar una nueva humanidad que va a sostener el nuevo mundo. ¿Qué es el nuevo mundo? Es el nuevo mundo de Schreber, el que tuvo que crearse porque se le había desarmado el mundo cuando se desencadenó. En este nuevo mundo, él tiene que ocupar otro lugar porque ya se encontró con los agujeros. Entonces, hay ahí un Ideal que es ser la mujer de Dios que sostiene este nuevo mundo.

Y después, la i, que es la notación lacaniana de la imagen especular se sostiene en una imagen femenina. Por eso Lacan pone ahí “goce transexualista”. Él tiene todos los que mirarse en el espejo, verificar su cuerpo feminizado, vestirse de mujer, etc. Es toda una práctica que tiene que realizar en el campo de lo imaginario para que se sostenga este campo de la realidad que es el área desarmada.
Pero donde yo quiero que nos detengamos para que vayamos a los márgenes y para que ubiquemos ahí también la importancia del autotratamiento y del arreglo de Schreber es en la línea superior e inferior de este esquema. ¿Qué tenemos en la línea superior entre paréntesis porque eso ya está por fuera de la estructura? “Se dirige a nosotros”. Esto es muy importante porque Schreber escribe sus Memorias para nosotros. Es decir que nosotros somos los únicos que leemos a Schreber hoy en día, los psicoanalistas. Dudo que haya alguien más que lea las Memorias de Schreber. Las escribió para nosotros, para un Otro del saber al cual podría interesarle escuchar el testimonio de su experiencia. Es una escritura dirigida a un Otro. Ahí podemos ubicar una transferencia en esa dirección a un Otro, a un Otro que escucha un testimonio, que lee un testimonio. Ahí podemos ubicar la transferencia. Ven que está entre paréntesis porque está por fuera de la estructura. Es decir, la transferencia, es decir el amor, está por fuera de la estructura y que posibilita que se abra un margen que sostenga eso que se había desarmado.
En el nivel inferior, vemos “Ama a su mujer” entre paréntesis también, por fuera de la estructura. O sea, él logra una solución en que, si bien se transformó en la mujer de Dios, sin embargo, puede seguir amando a su mujer. Hay un lazo amoroso con ella que también funciona como un marco, también funciona en un margen. Entonces, este rearmado del campo de la realidad en Schreber, este arreglo schreberiano.
Acá, en el caso de Schreber, lo que Lacan ubica en el margen ese el amor. Hay una dimensión creadora del amor que es lo que vamos a ubicar nosotros en la transferencia. Esto es muy importante porque es la apuesta a que todo tratamiento posible de la psicosis se va a sostener en la transferencia, se va a sostener en ese margen creativo del amor con sus variantes, su pluralidad. Es importante este espacio. Es interesante ahí también la noción de Winnicott de «espacio transicional», por ejemplo. Un espacio transicional, un espacio que no está determinado por la estructura totalmente. Está en relación con ella, pero va más allá de ella. Podemos decir que el margen es como un espacio transicional, que el amor de transferencia abre un espacio transicional, un margen a la estructura donde va a venir a ubicarse el analista con su intervención.
Bueno, entonces hasta acá la pantalla compartida. Vamos a avanzar entonces hacia Joyce. Hay algo que ya está en el primer Lacan, estos márgenes de la estructura ya están en el esquema I y hay algo que él dice en un Escrito que se llama “De nuestros antecedentes” en la página 60 de los Escritos 1. Voy a tomar la cita porque me parece importante lo que él dice ahí y cómo esto después conduce hacia el Seminario 23. Dice: “Pues la fidelidad a la envoltura formal del síntoma, que es la verdadera huella clínica a la que tomábamos gusto, nos llevó a ese límite en que se invierte en efectos de creación”[2]. Es un texto en el que Lacan habla de sus propios antecedentes, de su recorrido y cómo pasó de la psiquiatría al psicoanálisis. La enseñanza de Lacan psicoanalista es tardía. Es alrededor de sus 50 años. Pasa de ser psiquiatra a ser psicoanalista, pasa por la vía de la vía de las psicosis. Cuando él escribe su tesis de doctorado en 1932 sobre el caso Aimée, le pone de nombre “Amada” a su paciente. Ya está en juego el amor ahí. Hay un amor de Lacan por esta paciente que, además, era escritora y donde Lacan destaca el valor de los escritos de ella. Lacan se deja enseñar por la escritura de Aimée en su tesis y transmite esa enseñanza desde el lugar de amante. Ella como la amada. Es interesante como para pensar ese tipo de inversión en la transferencia psicótica donde es más bien el sujeto el que queda en el lugar de amado y donde el analista queda en un lugar más activo en el campo del amor.
Pero lo que quería destacar de esta frase que él plantea aquí es la cuestión de la fidelidad a la envoltura formal del síntoma que fue como una orientación para él, una fidelidad a la envoltura formal del síntoma. La envoltura formal tiene que ver justamente con la estructura significante, para Lacan. Entonces, él plantea que su pasaje de la psiquiatría al psicoanálisis tuvo que ver con que a él siempre le interesó mucho la clínica en el sentido de la lectura del síntoma. Por eso, en este texto, él toma como su referente mayúsculo a Kraepelin y no a De Clérambault, quien fue su maestro en psiquiatría que siempre lo reverencia y agradece. Sin embargo, él ubica ahí la marca de Kraepelin, quien es un clínico exquisito que pudo hacer una lectura de la envoltura formal del síntoma y distinguir distintos tipos de psicosis. Kraepelin fue quien pudo distinguir la esquizofrenia, la paranoia, la parafrenia, la psicosis maniacodepresiva. Son orientaciones clínicas que perduran, aunque les pongamos otros nombres, hay tipos de síntomas que tienen que ver con estructuras formales.
Entonces, él dice que esa envoltura formal del síntoma que tiene que ver con una estructura significante fue lo que lo llevó a un límite. Aquí subrayo la palabra «límite», que tiene que ver con margen. El margen se sitúa en relación con un límite. Entonces, por la fidelidad a la envoltura formal del síntoma, que es la verdadera huella clínica a la que tomábamos gusto, lo llevó a ese límite en que se invierten efectos de creación. El punto en el que el síntoma se vuelve creación. Ahí es el margen para el tratamiento y el arreglo, porque van juntos. También un arreglo puede ser un autotratamiento psicótico. Siempre que hay un arreglo, hay un tratamiento. ¿Un tratamiento de qué? De lo real del síntoma. Y lo real del síntoma psicótico no es el mismo real que el real del síntoma neurótico. Todos los distintos reales -podemos decir- están en relación con un real universal que es la inexistencia de la relación sexual. Para decirlo llano, no hay instinto. No tenemos instinto. Todos nacemos sin un saber-hacer. Hay un agujero en el lugar de lo que es el saber-hacer instintivo. Entonces, el Edipo es un aparato de saber-hacer que ordena el campo de la sexuación y de la realidad. Cuando no está ese aparato, hay que inventar otro. El Edipo es una invención. Se trata de hacer otra invención distinta.
Pero hay un real diferente en la neurosis que en la psicosis porque el Edipo es un real que viene con la estructura en la neurosis mientras que en la psicosis no está ese arreglo prêt-à-porter. El Edipo vendría a ser un arreglo universal dentro del campo de las neurosis que está cada vez desapareciendo más por la evaporación del Padre. Pero ese es un arreglo que ya se venía transmitiendo de generación en generación. Era como un arreglo ya armado por el Otro del discurso. Bueno, eso es lo que está en crisis en esta época. Por eso hay un ascenso de la clínica de la psicosis y una caída de la clínica de las neurosis. También aparece nuevos casos que yo interrogo más del lado de la inexistencia del Nombre-del-Padre, donde ya no se trataría de forclusión. En mi libro, La inexistencia del Nombre-del-Padre, trato fundamentalmente ese tema.
Entonces, les decía que hay un real del síntoma psicótico que tiene que ver con que la realidad en las psicosis no está desexualizada. Al no haberse extraído el objeto a del campo de la realidad, se hace presente en la misma. Por eso la dificultad para una significación compartida, una realidad compartida, una entrada en un discurso. Es porque al psicótico se le hace presente su propio objeto a. Y eso es una experiencia absolutamente personal. Por eso la significación es personal en las psicosis porque su realidad es absolutamente personal, no es compartida porque no está desexualizada, está erotizada porque está presente el objeto a en su realidad.
Entonces, les decía que en el campo de las psicosis se trata de un síntoma en el cual el sujeto eventualmente puede padecer de la presencia en el campo de la realidad. La presencia de la mirada que puede volverse una estructura en sí misma, como es la paranoia, organizada alrededor de la mirada que se hace presente en el campo de la realidad. Pero puede ser simplemente en una psicosis no desencadenada el sujeto que se siente todo el tiempo observado, todo el tiempo mirado, donde está muy presente la mirada, pero -podemos decir- de un modo más sutil.
También, la otra presencia es la voz. “Organiza” -entre comillas” el campo de las esquizofrenias donde se hace presente el significante en lo real. Es la dimensión de las alucinaciones verbales. En Schreber, es el campo de la esquizofrenia. Ahí, el significante en lo real que, eventualmente, puede dar cuenta de un desarmado del campo de la realidad, del cuerpo. Esa voz puede presentarse, efectivamente, como alucinación verbal o puede presentarse de modo sutil en una psicosis no desencadenada como una particular relación con el significante, con la lengua donde tiene una fuerza, no está velado el peso del significante en el hablante. Por eso, Lacan en el Seminario 23 o en una presentación de enfermos de esa época, dice que en realidad lo raro es que no seamos todos psicóticos, que no tengamos todo el tiempo la experiencia de la presencia del significante en lo real porque es la estructura misma, pero que está velada en la neurosis.
Bueno, les decía, entonces, que en el último Lacan hay un desplazamiento de acento. El desplazamiento de acento fundamental es del significante hacia el goce. La última enseñanza de Lacan no anula la enseñanza anterior, ni anula la importancia del significante, sino que destaca la dimensión del goce. La verdadera sustancia, la única sustancia del hablante pasa a ser el goce y la dimensión corporal del goce. El goce es algo que experimenta un cuerpo. Entonces, en el Seminario XX, Lacan va a decir que lo que la experiencia psicoanalítica supone es la sustancia del cuerpo a condición de que se defina solo por lo que se goza. Lo fundamental de la experiencia analítica a ser el goce corporal. Por supuesto, dice que no se goza sino corporeizándolo de manera significante, es decir, no se puede pensar el goce sin el significante, pero ya el acento se desplaza del significante al goce.
Eso le va a permitir abrir otra vía para pensar otro acento en la práctica que es la dimensión de lo que él va a llamar sinthome en el Seminario 23, en el cual Lacan toma el caso de Joyce como referencia, lo vuelve un caso. Joyce no fue un caso. Joyce fue un gran escritor que revolucionó la literatura para siempre, pero Lacan muy sutilmente lee las huellas de la psicosis en él porque lo que a él le interesa es la invención joyceana o la creación joyceana. Por momentos habla de creación, por momentos de invención. Y ahí esto lo usa para hablar del síntoma y del sinthome que es un nombre del síntoma cuando funciona como un arreglo, como una solución. Entonces, el sinthome joyceano orienta en la perspectiva de los arreglos y tratamientos. Acá, el acento va a estar puesto en el saber-hacer que se consigue en relación con el goce del síntoma. Y lo que va a plantear ahí es también que se pone en juego en el sinthome, el arreglo que se consigue con el síntoma, que no es sin el síntoma, pero en su función de anudamiento, en su función de suplencia del agujero estructural, en su función de solución de arreglo. El sinthome es un saber-hacer con el síntoma donde -lo que va a decir Lacan- está en juego lo más singular del sujeto. El sinthome es el nombre del arreglo singular de un sujeto. Va a abrir estas dos dimensiones en el sinthome que son invención y creación.
O sea que el sinthome también lo podemos ubicar en el margen de la estructura. Una dimensión del síntoma estaría en juego en la página, en el conjunto. Lacan dice en su última enseñanza, en la “Apertura de la Sección clínica” -año ’74 creo que es- que hay tipos de síntoma. Eso es real. Hay un tipo de síntoma psicótico. Eso es real. Y hay un universal del tipo de síntoma psicótico. Pero después está el síntoma singular que ya responde a ese universal, a ese tipo de síntoma psicótico, pero es una versión singular. Eso ya se desplaza hacia el margen. Y el sinthome se produce todo en el margen porque ya es el arreglo, ya es la dimensión de creación o de invención que realiza el sujeto con ese síntoma.
Entonces, Lacan lo que ubica ahí es una dimensión artesanal, un quehacer artesanal. Habla del artesanado. También habla del artificio. Entonces, los arreglos y tratamientos los vamos a ubicar en el campo del artesanado, del artificio, de la creación y la invención. Es interesante también que el artificio implica una transformación del goce porque la experiencia del síntoma es una experiencia de padecimiento. Si hablamos del síntoma es porque hay sufrimiento. O sea, en el sentido más común del término. Un síntoma es un disfuncionamiento, un malestar, un sufrimiento. Entonces, si hay síntoma hay sufrimiento y esa es la razón para que haya una intervención. El sujeto consulta porque es un sufriente. Sufre con su síntoma. Trae su síntoma que provoca sufrimiento. Es un goce que provoca sufrimiento. Entonces, la cuestión es que el artificio, el artesanado, lo que acá se propone como arreglo vendría a ser un tratamiento tal de ese goce que reduce el sufrimiento. Eso es lo importante en verdad, que hay una transformación en el campo del goce. Por ejemplo, en el caso que Schreber que hizo un autotratamiento del goce. No era lo mismo cuando él padecía de sentir toda la invasión en su cuerpo a cuando él asume, se hace cargo de todo eso y lo nombra, lo escribe, lo hace publicar por el Otro. Entonces, ahí hay un artificio mediante el cual él encuentra un saber-hacer con ese síntoma que lo invadió.
Bueno, entonces, él lo que dice es que el artificio es un goce que se nos escapa y que es completamente sutil. Se transforma en algo del orden del espíritu. Se puede llamar espíritu a algo sutil que escapa del cuerpo, que deja de ser ese goce sufriente en el cuerpo. Se produce por medio del artificio.
Entonces, muy sencillamente -porque ya estamos un poco sobre la hora como para que podamos conversar un poquito, sigo un cachito más, pero no voy a traer una viñeta-, él lo que va a ubicar es que en Joyce hay una Verwerfung, una forclusión -o lo que él traduce en Verwerfung como forclusión- y dice que Joyce tiene un síntoma que parte de que su padre era carente, radicalmente carente, solo habla de eso. Dice: “He centrado la cosa en torna del nombre propio y he pensado que, por querer hacerse un nombre, Joyce compensó la carencia paterna”[3]. Dice que a él le faltó el Nombre-de-Padre y, ¿qué hizo? Se hizo un nombre, o sea resolvió el problema que tenía y el sufrimiento que le traía la ausencia del Nombre-del-Padre haciéndose un nombre él, un nombre que iba a tener más brillo que cualquier Nombre-del-Padre.
Entonces, dice que Ulysses, la famosa novela de Joyce, “es el testimonio de lo que mantiene a Joyce arraigado al padre mientras reniega de él”[4]. Ese es justamente su síntoma. O sea, lo que dice es que, en Joyce, es la forclusión del Nombre-del-Padre. El síntoma es que él está arraigado a un nombre del cual reniega, un nombre que rechaza, no sólo rechaza, reniega. Es decir, no le da el lugar, no se inscribe en ese linaje. Rechaza, forcluye el Nombre-del-Padre. Reniega del Nombre-del-Padre, pero no deja de estar arraigado al Padre. Por eso, Ulysses es el testimonio -acá está «testimonio» también- de lo que mantiene a Joyce arraigado al padre mientras reniega de él. Ese es su síntoma.
Entonces, ¿qué es lo que hace? Hace una escritura. Lacan va a decir que, con el significante que se le impone. A Joyce el significante se le impone. Lacan llega a decir que la esquizofrenia de la hija de Joyce, Lucía -que tuvo una esquizofrenia desencadenada- era una prolongación del propio síntoma de Joyce. Es decir que él ubica el síntoma de Joyce del lado de la esquizofrenia sin desencadenar, se desencadena en la hija, pero él tenía, compartía un delirio con la hija. Ella tenía el delirio de que ella era telépata, que ella sabía todo lo que estaban pensando los demás y Joyce se peleaba con todos los médicos psiquiatras y les decía que su hija era telépata. O sea que Joyce compartía el delirio de la hija. Y también se le impone el significante suelto a la manera de la esquizofrenia, es decir fragmentado. La esquizofrenia tiene que ver con la fragmentación, con la ruptura de la cadena. Pero él con eso inventa una literatura. Finnegans Wake es un arreglo sinthomático -con “h”- donde toma la descomposición de la lengua que se le impone y realiza una invención, una creación, un artificio donde transforma eso en una nueva literatura, una literatura que está desabonada del inconsciente, que no toca el inconsciente del lector, que no toca el fantasma del lector -como sería una literatura neurótica- y, entonces, produce una ruptura y abre el campo de la vanguardia literaria. O sea, es también un artista de su época en el sentido de que justamente da cuenta de una caída de lo que sería una caída del Nombre-del-Padre a nivel de la cultura, digamos. Entonces, inventa algo nuevo que tiene que ver con los nuevos tiempos también.
Entonces, lo que dice -y ya voy cortando acá, así podemos conversar un poquito- es que también ahí tiende a soltarse el cuerpo. Está el famoso episodio de la paliza que aparece en Retrato del artista adolescente donde lo golpean y él no siente nada, no siente amor propio, no siente el orgullo herido, no le da bronca, no tiene ganas de matarlos a estos chicos que lo golpearon con un alambre de púas, lo lastimaron mucho. No fue una cuestión menor, no fue un empujoncito y, sin embargo, él siente como que no le importa lo que pasó. Dice que el asunto cae como si fuera una cáscara. Lacan dice que esa relación con el cuerpo es totalmente sospechosa para un analista. Lacan dice que el imaginario del cuerpo tiende a soltarse. Es lo que ocurre en la esquizofrenia, que se pierde la imagen que unifica el cuerpo y la estructura tiende a la fragmentación, a la división.
Bueno, entonces ahí, ¿qué es lo que lo sostiene? ¿Qué es lo que lo amarra? Su amor por Nora. Ahí está nuevamente el amor. Él hace un nudo con Nora que lo ciñe como si fuera un guante. Lo ciñe, lo agarra lo sostiene en el cuerpo que está listo para irse todo el tiempo. O sea que acá también está la cuestión del amor. También es una vía para pensar la cuestión de la transferencia nuevamente.
Bueno, dejo acá. Era quizá abrir un poco el campo para pensar un poco la zona esa de márgenes de la estructura en los cuales se va a ubicar nuestra intervención.
Jorgelina Estebo:
Muchas gracias, Nieves. Bueno, abrimos un espacio.
*Soria N., “En los márgenes de las psicosis”, disponible en línea, transcripción de: Los márgenes de las psicosis, Nieves Soria, Jorgelina Estebo
[2] Lacan J., “De nuestros antecedentes”, Escritos, tomo 1, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2018, p. 74.
[3] Lacan J., El Seminario, libro XXIII, El sinthome, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2015, p. 92.
[4] Ibíd., p. 68.
Deja un comentario