Ellos Hablan… – POr Alice VIterbo – 2026/03/08

Ellos hablan…

Por Alice Viterbo

2026/03/08


En su «Conferencia en Ginebra sobre el síntoma», a la pregunta que le plantearon sobre el hermetismo de los niños autistas, Jacques Lacan responde que no es porque no se les escuche que no hablen, sino que son más bien «verbosos».[1] Parece referirse primero al hecho de que «de la palabra [el autista] se protege»[2]. Estos sujetos están bien tomados en el lenguaje, pero sin la mediación de un Otro constituido a nivel simbólico, es un verbo que los golpea directamente.

Sin embargo, ¿no se encuentra también la dimensión verbosa de estos sujetos en su relación con la palabra en sí? El diccionario de la Academia Francesa nos dice que la verbosidad se dice de alguien que se expresa con demasiadas palabras y que habla mucho para decir poco. Por ejemplo, un joven sujeto, que lleva varios años admitido en el CMP, acude a la sesión con un objeto: una hoja que enumera las líneas de autobús que toma y cuyo recorrido se ha interrumpido recientemente porque no se pudo renovar su billete de transporte. Apoyándose en pequeñas preguntas sobre este papel, responde con un uso muy singular del lenguaje, utilizando pequeños bloques de palabras o fragmentos de frases que parecen haber salido de un diccionario o de manuales -unidades fijas, sin posibilidad de recorte en ellas, pero también distintas las unas de las otras, sin articulación directa entre ellas.

Esta modalidad de expresión original nos parece competer de una defensa que el sujeto encuentra ante la invasión del verbo, buscando hacer callar su ruido[3]. Ahí donde hablar en su propio nombre propio resulta demasiado peligroso, hace desvíos para mantener a raya lo que va demasiado dirigido hacia él. ¿No forman estos desvíos necesarios parte de cierta manera de lo que Lacan llama el lado verboso del discurso del autista? Este sujeto nos enseña que primero es necesario enfatizar un objeto del que solo podrá hablar más adelante, a condición de que no esté demasiado preocupado.

El hecho de que los autistas sean verbosos también implica que hay algo que escuchar… Por tanto, es cuestión de no ocuparse directamente con ellos. De hecho, no es raro que el paciente se cierre y se quede paralizado en cuanto lo que dice es interpretado por el clínico como una demanda a la cual se trata de responder. Esta posición toma la forma de una voluntad feroz hacia este sujeto cuyo silencio le protege.

En lugar de orientarse en el registro de la demanda, es convirtiéndose en un partenaire en el desciframiento de lo que le está ocurriendo que la persona autista puede hablar. Se trata de partir por lo que él aporta y seguir sus meandros, respetando así su forma de hablar y preservando el hecho de que eso le concierne.

Para escuchar a estos sujetos, hay que saber que uno mismo ya es sordo – sordo por estar tomado en el lenguaje. Éric Laurent nos enseña que hay algo que hay que silenciar dentro de uno mismo como requisito previo para trabajar con sujetos autistas[4]. ¿Hacerlo callar no se refiere a ese ruido interior que nos vuelve sordos al trabajo del sujeto? Si esta posición que impone la clínica de autismo no es específica de ella, es especialmente evidente por los grandes efectos que suscita la más mínima demanda.

¿Podemos entonces anhelar una reducción del lado verboso de la persona autista y ofrecerle un sustituto para que se comunique más fácilmente? Creer en un posible cortocircuito sería asumir que lo que se encuentra ya se sabe. Los momentos de devastación serían entonces solo caprichos. ¿No son las crisis o la agresividad más bien evidencia del encuentro con algo que lo percute y se convierte en un misterio para sí mismo?


*Viterbo A., Ils parlent… – HEBDOBLOG

[1] Lacan J., «Conferencia en Ginebra sobre el Síntoma», texto establecido por J.A. Miller, La Cause du désir, n° 95, abril de 2017, p. 17.

[2] Lacan J., “Alocución sobre las psicosis del niño”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2021, p. 387.

[3] Laurent É., La batalla del autismo, Buenos Aires, Grama Ediciones, 2013, p. 93.

[4] Ídem., p. 92.

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