Freud y las mentiras infantiles
Por Luc Vander Vennet
2026/02/18
El primer párrafo del artículo de Freud «Dos mentiras infantiles» consta de tres partes. Freud afirma primero que » Es comprensible que los niños mientan, toda vez que así imitan las mentiras de los adultos».[1] Luego especifica que algunas mentiras infantiles tienen una significación particular. Por último, dirige un consejo para los educadores: las mentiras de los niños deben llevarlos a reflexionar más que a irritarles.
¿Cómo comprender la afirmación de Freud —según la cual es comprensible que los niños mientan toda vez que así imitan a las mentiras de los adultos— sin convertirla en una psicología algo plana?
Para responder a esto, recurramos a lo que Freud desarrolla en Sobre las teorías sexuales infantiles. Todo comienza, dice, cuando el niño se enfrenta al primer gran problema de la vida: ¿de dónde vienen los niños? Está esperando una respuesta de sus padres, detentores supuestos del saber. Impase. Los padres evitan la pregunta, la reprimen o la eliminan con una respuesta mitológica: «La cigüeña trae a los niños, y los saca del agua».[2] Este es el momento en que el niño empieza a sospechar de sus padres: la creencia en el Otro vacila. Cuando se acerca a lo real —asuntos de la vida, del sexo y la muerte— tropieza con la primera mentira del Otro. Falta un significante en el Otro; lo que este último le responde es entonces del orden de las verdades mentirosas.
El caso del pequeño Hans nos enseña qué hacen los niños con estas. Después de que su padre le dé la respuesta de la cigüeña, Hans se propone producir una serie de ficciones absurdas. Se interrumpe regularmente para dirigirse a su padre: «¿Otra vez no me crees? De verdad, papi, créeme.»[3], o incluso: » Papi, pero si no es en broma».[4] Estas absurdidades deben entenderse, escribe Freud, » todo eso está destinado a servirle de venganza sobre el padre,, a quien guarda inquina por engañarle con el cuento de la cigüeña. Es como si quisiera decir: «Si me has supuesto tan tonto instándome a creer que la cigüeña trajo a Hanna, yo puedo pedirte que tengas por verdaderos mis inventos».»[5] Esta es la lectura de Freud.
Cuando se acercan a lo real, el adulto y el niño comparten la mentira. No se trata de una cuestión de imitación, sino un hecho de estructura. No hay ninguna diferencia entre niño y adulto.
Lacan lo expresa a su manera en Televisión: » El impasse sexual secreta las ficciones que racionalizan el imposible del que proviene. No las digo imaginadas, leo en ellas, como Freud, la invitación a lo real que responde de ellas.»[6]
Así que aquí está mi lectura de este párrafo de Freud: si algunas mentiras pueden tener una significación particular, la verdad mentirosa es un hecho de estructura – tanto para niños como para adultos. Freud y Lacan coinciden así en este punto esencial: la cuestión de la verdad y la falsedad no es epistemológica, sino ética. En este preciso punto, el deseo del analista se opone al deseo pedagógico o terapéutico.
*Vander Vennet L., Freud et les mensonges infantiles – NLS Congress 2026
[1] Freud S., “Dos mentiras infantiles” (1913), Obras completas, tomo XII, Buenos Aires, Amorrortu, 2003, p. 323.
[2] Freud S., “Sobre las teorías sexuales infantiles” (1908), Obras completas, tomo IX, Buenos Aires, Amorrortu, 2003, p. 190.
[3] Freud S., “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (1909)”, Obras completas, tomo X, Buenos Aires, Amorrortu, 2003, p. 58.
[4] Ibíd., p. 59.
[5] Ídem.
[6] Lacan J., “Televisión”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2021, p. 558.
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