El abordaje clínico del autismo
Por Daniel Roy
2026/02/17
El autismo es, ante todo, un enigma
El autismo infantil apareció desde el principio para los practicantes como un enigma, ya que testificaba la posición de los sujetos que parecían defenderse masivamente de todo lo que constituye la especificidad de los seres parlantes.
Señalemos algunos rasgos sorprendentes que merecen nuestra atención, entre ellos:
– mantenerse a distancia del lenguaje, o también vaciar el lenguaje de su dimensión enunciativa;
– parecer preferir la inmutabilidad al cambio, al punto automutilarse o de agredir otro cuerpo en caso de una modificación, a veces extremadamente frágil, del entorno;
-parecer rechazar todo contacto con otros, con los prójimos en particular y preferir los contactos con objetos inanimados, o animales, o conjuntos finitos de representaciones – libros, caricaturas, hasta extensiones enteras de saber constituido;
-estar muy enredados por las grandes «funciones de las relaciones» humanas: comer – ser alimentado, alimentarse –, separarse de los desechos – heces, orina –, mirar, ser mirado, oír, hacerse oír; y preferir a veces «nuevas» funciones – regurgitar, babear, efectuar gestos o secuencias motrices que pueden parecer «extrañas».
Interroguémonos: ¿de dónde puede provenir una posición así, que parece negativar punto por punto cada una de las conquistas que son las del niño en crecimiento?
¿Cuál es el enfoque clínico del autismo?
Un encuentro
El punto de partida de este abordaje es simple: toma su apoyo en el encuentro.
Ahora bien, la intensa dificultad, incluso el sufrimiento, del niño autista ante el encuentro dirigirá al clínico hacia el diagnóstico de autismo desde la primera cita.
Desde esta perspectiva, el autismo se presenta como «una patología del encuentro», en ambos sentidos del término:
-el sujeto autista sufre del encuentro con el otro
-el encuentro sufre de él, es decir, es «atacado» por el niño y, al menos, ignorado, lo que todos los tratantes de personas autistas han podido experimentar.
Tener en cuenta la defensa
Es la dimensión de la defensa del sujeto autista la que, si se la ignora como tal, induce una perspectiva desafortunada, la de atribuir al niño una «mala» intención, una voluntad de rechazo, que luego uno querrá forzar o domar mediante métodos donde se trata de que el niño se doblegue a una voluntad que le es ajena.
Para no ampliar el dominio del condicionamiento
Lo que a menudo es desapercibido es que los actores de estos métodos que gustan imponer a todo niño autista acaban encarnándose como agentes del proceso autista en sí. El proceso entonces es interminable y en extensión permanente. Las intervenciones toman el relevo del sistema autístico del sujeto: cada vez más intervinientes, cada vez más financiación. Estos procedimientos vampirizan a la familia, cuando ésta se presta a ello: padre, madre, otros niños, vecinos, abuelos, jóvenes psicólogos y educadores, todos son sensibilizados y movilizados por estas técnicas imperativas, en lo que parece como una extensión del campo del autismo.
A veces, el niño autista se pliega a comportamientos que parecen más adaptados socialmente, pero las consecuencias de un condicionamiento así de implacable también son que él se repliega. Es decir que es necesario que sean respetados los momentos compensatorios, sin que el método busque ampliar el. campo del condicionamiento.
Fundamentos de la eficacia del abordaje clínico del autismo
El encuentro con este niño
Los primeros rasgos identificados en el encuentro formarán las bases sólidas sobre las que el clínico podrá fundamentar su acción junto al niño y con el niño. Este abordaje se opone punto por punto a un enfoque en el que se privilegia la cosificación de los síntomas a partir de una cuadrícula preliminar de ítems, un enfoque que, de manera imparable, aumenta dichos síntomas cuando el sujeto es colocado en la posición de objeto de observación o estudio.
El clínico está concernido en el encuentro, su responsabilidad está comprometida en la manera misma en la que acoge las dificultades del niño y las preguntas de los padres.
El niño autista, un sujeto al trabajo
Consideremos al niño autista como sujeto al trabajo.
Cada niño llega con sus propias defensas, aquellas que ha elaborado y que le han sido útiles, aunque hoy parezcan inadecuadas, costosas en energía para el niño, fuentes de incomodidad para los padres y la familia, a veces hasta el punto de ser insoportables. Con los padres, con el niño, es decir, siguiendo la vía que el niño indica con sus actitudes, sus palabras, sus mímicas, el practicante sigue paso a paso la edificación de estas construcciones del niño y hace un relato de ellas buscando su lógica. Los padres pueden entonces reconocer en esta lógica un número de actitudes o situaciones que han permanecido misteriosas para ellos.
Lo insoportable para este niño
¿Qué es insoportable para el niño en el encuentro: la mirada? ¿La voz? ¿La detención de una secuencia? ¿Una sustracción o una carencia percibida en el entorno? A partir de estos referentes, el clínico podrá ajustar su presencia al lado del niño: mirar para otro lado, murmurar, elaborar con él rituales de entrada y salida, verificar con él para que la sustracción sea soportable, que realice una adición en otra parte y que las cuentas sean justas, etc.
Ya vemos aquí al practicante en acción tomando la responsabilidad de tratar una parte de las «fuerzas» de los seres vivos y hablantes que están en presencia. Es sobre esta operación donde recae gran parte de la eficacia del abordaje clínico.
Acontecimientos de cuerpo e invenciones de mediación
También hay acontecimientos en este encuentro que parecen procurar al niño una satisfacción indescriptible, que a menudo es difícil de soportar para quienes le rodean. ¿Qué estatuto otorgarles? ¿Qué actitud adoptar?
Todos estos acontecimientos no son del mismo orden: algunos están directamente en contacto con el cuerpo, otros ocurren gracias a una mediación, a menudo por un «objeto autista», permanente o efímero, que asegura una primera condensación fuera del cuerpo. Esta «solución espontánea» indica al practicante la vía, que consiste en buscar con el niño el tipo de objeto, huella, bricolaje, que podrá tomar para lograr una mediación manejable entre él y el otro, para lograr una primera separación entre el cuerpo y esta invasión por una extraña satisfacción – la de la boca, aquella de las excreciones, aquellas de la mirada y la voz, el goce masturbatorio.
¿Cómo se evalúa el enfoque clínico del autismo?
Un consentimiento para la presencia
La pertinencia de este abordaje clínico, que toma en cuenta las condiciones iniciales del encuentro con el sujeto autista, se evalúa por el consentimiento progresivo del niño a la presencia del o de intervinientes, en la medida en que se encarguen de él.
Modificación de las condiciones del intercambio
Lo que al sujeto autista le cuesta más aceptar es pasar, como cualquier niño en crecimiento, las condiciones de intercambio —intercambio de palabras, miradas, objetos, sonrisas, etc.— con las personas que tienen un interés particular en él, como regla general los padres y los familiares. Como resultado, lo que se ha convenido en llamar «tratamiento» consiste para los intervinientes en modificar estas condiciones de intercambio: estrictamente hablando, es su modo de presencia que ellos «tratan», y no el del niño.
Resultados
Los resultados de la drástica reducción de las restricciones de demanda son, al principio, espectaculares: detención de la autoagresión o heteroagresión, apaciguamiento de las estereotipias, ampliación de los intereses del niño.
En un segundo tiempo, un largo traje se pone en marcha en el que se elabora un equilibrio complejo entre el «sistema» autista —que se basa en una gran lógica formal— y el consentimiento del niño para integrar «una dosis de vida» en él, basado en la confianza que deposita en los intervinientes que le acompañan. Este periodo de trabajo está afortunadamente puntuado por los descubrimientos e invenciones originales del sujeto, que son tantas creaciones estables y dignas de valor tanto para el sujeto como para quienes le rodean.
Nuevos sufrimientos
La apertura al mundo también se ve dolorosamente puntuada por momentos de sufrimiento para el niño, cada vez que se encuentra con un acontecimiento potencialmente inaceptable en su «sistema autista»: acontecimientos de alto valor simbólico – nacimiento, muerte de un prójimo, desastre natural, separaciones – o relativos al cuerpo – dolores, enfermedades, pubertad, etc. Cuando los encuentros regulares con su practicante-partenaire sirven de apoyo al niño, encuentra la manera de depositar ahí, a veces nombrándolo, un poco de lo que hace disrupción.
Un trabajo entre varios
El abordaje clínico es una evaluación en acto, en el sentido de que consiste en regular cada una de sus acciones según sus efectos inmediatos y mediados. Este feedback está siempre presente, y aún más evidente en las instituciones que ponen en marcha un «trabajo entre varios», es decir, donde los intervinientes se autorizan a «tratarse unos a otros» para crear alrededor del niño un entorno que sea a la vez regulado, cálido y lleno de sorpresas.
Una evaluación digna de ese nombre no tiene ninguna necesidad de estar adornada con los oropeles de la gestión, de los objetivos de calidad y de las cuadrículas de experticia para permitir a los intervinientes apreciar en todo momento la precisión y efectividad de su acción, para rectificar las modalidades si es necesario, para preservar la parte de enigma y no-saber en el corazón de todo encuentro.
El obstáculo de lo simbólico y sus consecuencias
No tratamos el autismo como una enfermedad en el sentido médico del término, aunque haya ocasiones en que ciertos sufrimientos requieran ayuda médica.
Tampoco lo tratamos como una discapacidad, aun si es absolutamente legítimo que las personas autistas se beneficien de todas las disposiciones de la ley de discapacidad de 2005.
Tratamos el autismo desde el punto de vista del obstáculo que representa lo simbólico para él. ¿Qué quiere decir esto? Esto significa que un sujeto autista se mantiene lo más alejado posible de los lazos y lugares simbólicos, tal y como los pone en funcionamiento el lenguaje, en todos los sistemas de intercambio y dones, de ganancias y pérdidas, en los sistemas de alianza y filiación que rigen las sociedades humanas. Esto es lo que hace que los sujetos autistas se presenten con una «minusvalía» del lazo social, moviéndose allí con cautela, incluso desconfianza, rápidamente aislándose si el otro es insistente. Pero, aunque es posible tomar medidas de protección contra la invasión externa, es mucho más complejo tratar los fenómenos que afectan al cuerpo o a lo «mental».
*Roy D., Lacan Quotidien n°33 – El enfoque clínico del autismo – Daniel Roy – Lacan Quotidien 2026
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