Una Clínica de Precisión, el CPCT-París – POr Bénédicte Jullien – 2026/02/15

Una clínica de precisión, el CPCT-París

Por Bénédicte Jullien

2026/02/15


El CPCT-París fue creado en 2003, en respuesta a la enmienda Accoyer, cuyo objetivo era regular la práctica de la psicoterapia, excluyendo el psicoanálisis de estas prácticas como trasfondo. La experiencia del CPCT ha demostrado afortunadamente la eficacia de la orientación analítica en tratamientos de duración limitada y ha permitido a nuestra comunidad una elaboración precisa y nutrida de la operación analítica con efectos terapéuticos patentes.

Hoy en día, ya no se trata de terapéutica. La extensión de las llamadas ciencias cognitivas, acelerada por el «progreso» técnico de la inteligencia artificial en un matrimonio cínico con el capitalismo liberal, está empujando la salud mental hacia la educación. Ya no se trata de tratar, y mucho menos de curar, sino de educar el «trastorno» para adaptarse al sistema, para trabajar por el crecimiento: la remediación cognitiva, la educación terapéutica y el trabajo en habilidades sociales son los nuevos signos de esta empresa socioeducativa. «¿Para qué sirvo?» se ha convertido en la modalidad capitalista del sentido de la vida, empujando al sujeto a fundirse con el objeto. Ya no es una cuestión de patología, sino de «disfunción». El ordenador sustituye al parlêtre, el pensamiento es una red de conexión y el lenguaje es información para procesar, excluyendo al sujeto. Esto no es nuevo, pero la escala es sin precedentes y la docilidad ante esta nueva alienación es impresionante.

En este contexto, ¿qué lugar puede seguir ocupando el CPCT?

En primer lugar, el de hacer espacio al malestar, al sufrimiento, al » eso falla», al corazón palpitante del psicoanálisis. Hay una «radical insuficiencia de pensamiento respecto a la realidad del sexo»,[1] nos recuerda Lacan. Los síntomas, el malestar, son testimonio de esta desarmonía, de esta relación imposible. Expresan que el goce no está en el lugar donde debería estar, es decir, en la relación sexual. Es la marca del lenguaje en lo viviente, que lo exilia de su instinto. Es aquello que escapa, lo que excede la ley, la regla, la norma y, por tanto, obstaculiza la adaptación y la educación.

El sujeto siempre se ve obligado a inventar su propia forma de relacionarse con el sexo, sin ser guiado por ninguna programación natural. Es en esto donde los síntomas son necesarios, porque son la respuesta del sujeto a esto imposible. Son el índice de lo más íntimo y lo más singular y, en esto, no pueden entrar en ningún cálculo, aunque uno intente nombrarlos y clasificarlos. Son reales y eso es lo que acogemos en el CPCT.

El CPCT también es un lugar de formación para jóvenes profesionales. Los protocolos, buenas prácticas y otras instrucciones de uso que promueve la formación de psicólogos son inútiles en el encuentro con un sujeto. No saber lo que significa hablar deja a los practicantes en completo desorden. El CPCT no ofrece ningún saber listo para llevar, sino un rigor en la elaboración, atención al detalle, trabajo regular de redacción y una ética de responsabilidad. Dar valor a un decir, a una formulación; acompañar al sujeto en la lectura de sus síntomas, sus tropiezos, sus callejones sin salida, sus repeticiones; apoyar al sujeto en velar, bordear, ceñir un real que ha vacilado, ha irrumpido; tantas brújulas múltiples para estar lo más cerca posible de la singularidad de la persona que se dirige al CPCT. Esto requiere tacto, contención, un «deseo advertido»[2] como enfatiza Lacan, es decir, que el propio practicante debe tomar el control de su propia turpitud, su propio malestar, su propio fracaso.


*Jullien B., Une clinique de precision, le CPCT-Paris – L’hebdo-blog

[1] Lacan J., El Seminario, libro XIV, La lógica del fantasma, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2024.

[2] Lacan J., El Seminario, libro VII, La ética del psicoanálisis, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2017, p. 358.

Deja un comentario