De la insurrección poética
Por Caroline Doucet
2026/02/12
A propósito de La poesía salvará el mundo, de Jean-Pierre Siméon.
En este concierto ansioso e inestable que es el mundo, un libro llamó mi atención. Aunque su título sugiere que la época está en peligro, el libro de Jean-Pierre Siméon, ganador del Gran Premio de Poesía de la Academia Francea, propone la vía innegable de la literatura. Sin ceder a un goce de esperanza o la desesperanza, el autor propone una «insurrección poética»[1], argumentando que la lengua, a través de la poesía, es más que nunca el lugar del combate[2]. Este libro nos concierne porque, como señala Jacques-Alain Miller, «el psicoanálisis está ligado a la poesía».[3]
La poesía «se adentra en las dimensiones de lo real»[4], dice J.-P. Simeón. Captura el malestar existencial singular tanto como hace emerger el bien común. Trabaja la lengua tanto como ella es trabajada por ésta. La poesía impone la escucha, fuerza a la admiración. Es una «lección de inquietud»[5] cuando el trabajo poético se vuelve agotadoro; una lección de vida sin igual cuando, forzando la historia del sujeto indeterminada e inacabada, la poesía pospone la repetición, sublima los deseos, abre nuevas resonancias.
La poesía, como los sueños, alimenta lo imaginario, corona nuestras esperanzas o se adentra en lo imposible de escribir. La poesía «deslimita lo real»,[6] sostiene el poeta. A veces amplificadora, a veces reductiva, densa o despojada, la poesía se presta a todos los modos de decir. Así, al igual que el psicoanálisis, la poesía abre perspectivas, capaces de cambiar destinos.
La experiencia analítica implica «un esfuerzo de poesía»[7] similar al del poeta. Como Vigny, evocando la belleza de Glycère sorprendida en el fondo del bosque sagrado – «El sol y los vientos, en estos oscuros bosques. Las hojas en sus rasgos hacían flotar las sombras»[8]–, el analizante es llevado, al final de la experiencia analítica, a «hacer de su vida, de narrarla, una epopeya».[9] Sin embargo, si el psicoanálisis difiere de la poesía al menos porque, como J.-A. Miller, la poesía «sigue teniendo el valor de tener que ser bella[10]«, porque «la poesía salva la lengua»,[11] escribe J.-P. Simeón, su lucha es cercana a la nuestra, para producir las variedades del decir propias del parlêtre, ser hablante siempre singular.
*Doucet C., Lacan Quotidien n°29 – De l’insurrection poétique, de Caroline Doucet – Lacan Quotidien 2026
[1] Siméon J.-P., La Poésie sauvera le monde, París, Le Passeur, 2024, p.96.
[2] Cf. Ibíd., p.97.
[3] Miller J.-A., «Faire de sa vie une épopée», Hebdo-Blog, nº 100, 28 de marzo de 2017.
[4] Siméon J.-P., La Poésie sauvera le monde, op.cit., p.53.
[5] Ibíd., p.31.
[6] Ídem.
[7] Cfr. Miller J.-A., Un esfuerzo de poesía, Buenos Aires, Paidós, 2016.
[8] Vigny A. de, «La Dryade», Poèmes antiques et modernes, texto establecido por Edmond Estève, París, Hachette, 1914, p.122-129.
[9] Miller J.-A., «Faire de sa vie une épopée», op. cit.
[10] Miller J.-A., «En deçà de l’inconscient», La Cause du désir, n°91, noviembre de 2015, p.97-126.
[11] Siméon J.-P., La Poésie sauvera le monde, op. cit., p.103.
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