Entrevistas Preliminares: Una Práctica Lacaniana – Por GUilaine Guilaumé – 2026/02/10

Entrevistas preliminares: una práctica lacaniana

Por Guilaine Guilaumé

2026/02/10


¿Cómo comienza un análisis? ¿Cuál es el contenido y el propósito de las primeras entrevistas? Freud y Lacan prestan mucha atención a las primeras sesiones. En 1971, Lacan incluso declaró: «Cada uno sabe – muchos lo ignoran – la insistencia que pongo en las entrevistas preliminares en el análisis con quienes me piden consejo. No hay posible entrada en el análisis sin entrevistas preliminares.»[1] La forma en que se abordan estas entrevistas da testimonio de la ética propia del psicoanálisis y su orientación.

Flash-back

En «Sobre la iniciación del tratamiento», un texto de 1913, Freud indica, para el practicante analítico, algunas reglas que anuncia a título de «consejos y no pretenderlas incondicionalmente obligatorias» para evitar una «mecanización de la técnica».[2]

Entre las preguntas que aborda Freud está la de la elección de los pacientes. Completó lo que había propuesto en «Sobre la psicoterapia» en 1905:

«[…] he tomado la costumbre de aceptarlos primero sólo provisionalmente, por una semana o dos. Si uno interrumpe dentro de ese lapso, le ahorra al enfermo la impresión penosa de un intento de curación infortunado; uno sólo ha emprendido un sondeo a fin de tomar conocimiento del caso y decidir si es apto para el psicoanálisis.»[3]

La dimensión provisional de los primeros encuentros de Freud con quienes acudieron a él estaba, por tanto, destinada a evitar un fracaso, así como el permitir al practicante una facilitación del diagnóstico, aunque en este punto Freud se mantuviera muy prudente. La decisión de interrumpir o continuar corresponde al analista, que debe tener cuidado de no introducir en el dispositivo a un «enfermo», para usar el término freudiano, que no podría soportarlo. Freud especifica que este «ensayo previo ya es el comienzo del psicoanálisis y debe obedecer a sus reglas»[4]. Entendemos entonces que las entrevistas preliminares pueden constituir una especie de prueba antes de entrar o no en el análisis. El tratamiento de ensayo no tiene una regla específica. En su aplicación, está completamente conforme a las reglas de la práctica del aparato psicoanalítico del que forman parte estas entrevistas, no le son exógenas.

Anamnesis vs amnesia

Dejar que el paciente hable desde el tratamiento preliminar es lo que Freud demuestra en el caso de Dora, que publicó en 1905. Abandonó su práctica anterior que consistía en resolver, uno tras otro, los síntomas de sus pacientes histéricos. Con Dora, modifica la experiencia y deja que la chica hable lo que quiera según la regla de la asociación libre:

«Es cierto que yo inicio después el tratamiento pidiendo que se me cuente toda la biografía y la historia de la enfermedad, pero lo que me dicen ni siquiera me alcanza para orientarme. Este primer relato es comparable a un curso de agua atajado en parte por masas rocosas, y en parte interrumpido por bancos de arena que le quitan profundidad. […] En realidad, los enfermos son incapaces de dar sobre sí mismos un informe de esa clase. Sin duda, pueden informar al médico de manera suficiente y coherente sobre tal o cual período de su vida, pero viene después otro período para el cual sus noticias se empobrecen, quedan lagunas y enigmas; y aun otras veces nos enfrentamos a épocas totalmente oscuras, no iluminadas por ninguna comunicación utilizable. Los nexos, hasta los ostensibles, están las más de las veces desgarrados, y la secuencia de los diversos hechos es incierta. […] La incapacidad de los enfermos para dar una exposición ordenada de su biografía en lo atinente a su historial clínico no es sólo característica de la neurosis, por otra parte, también tiene gran importancia teórica.»[5]

La importancia teórica que Freud evoca se refiere a la «insinceridad consciente» —el paciente, por razones de modestia y reserva, no dice todo lo que sabe— y a la «insinceridad inconsciente»[6], es decir, los elementos que el paciente omite sin querer conscientemente hacerlo.

Por tanto, establecer una anamnesis completa, como una reconstrucción de la historia del sujeto, no es ni posible ni deseable. La anamnesis invoca recuerdos y los ordena en una cronología. Es lo contrario del proceso analítico, que trata sobre la amnesia, con las asociaciones llamadas libres y con el enigma.

Es ahora

«¿Qué te ha hecho venir a hablar conmigo ahora?». Quienes acuden a los consultorios de analistas no llegan en cualquier momento. Aunque lleven mucho tiempo pensando en ello, aunque ya tengan los datos de contacto del analista, aunque evoquen una serie de pruebas difíciles, un síntoma del que han sufrido durante años, ¿por qué vienen precisamente ahora? Hacer esta pregunta suele sorprender al propio sujeto, que puede dudar, encontrarse desestabilizado y/o dar una respuesta disruptiva.

En este sentido, el periodo preliminar es también el de la atención particular prestada a la petición, cuya formulación puede ser vaga, sin forma, basada en una impresión, de un afecto o muy precisa dirigida a un síntoma embarazoso claramente declarado del que el sujeto desea liberarse. En cualquier caso, la «demanda, la primerísima demanda, cuenta. Siempre hay que estar muy atento a ello», dice Jacques-Alain Miller, quien añade: «He notado que en la práctica lacaniana, olvidamos las sesiones preliminares. Ahora bien, esto forma parte del corpus clínico que Lacan nos ha dejado. Cuando un sujeto se presenta y pide un análisis, no le abrimos inmediatamente las puertas del dispositivo. En primer lugar, uno tiene que asegurarse de que él pueda asumir lo que implica. Se comienza con una fase de observación, evaluación, preguntas.»[7] Este tiempo necesario para preguntar, recopilar la información necesaria y evaluar si —cuándo y cómo— implicar a alguien en un análisis es un requisito previo.

Insistir en las entrevistas preliminares, en lo que precede al umbral constituido por la entrada en el análisis, es cuestionar la posición del analista en dichas entrevistas. Argumentemos que se trata de ocupar una posición activa de investigación que no sea incompatible, en el periodo preliminar, con las reglas del dispositivo analítico: «Hay información que obtener», dice J.-A. Miller, «e incluso se aconseja realizar un verdadero interrogatorio, no en modo policial, sino en modo paramédico. De lo contrario, si se produce un análisis y estas preguntas no se hicieron claramente al principio, uno puede quedar incómodo durante años en lo que sigue.»[8]

Un asunto de cuerpos

En junio de 1972, en su Seminario … o peor, Lacan vuelve sobre las sesiones preliminares:

«Cuando alguien viene a verme a mi consultorio por primera vez, y yo escando nuestra entrada en el asunto en algunas entrevistas preliminares, lo importante es la confrontación de cuerpos. Justamente por partir de ese encuentro de los cuerpos, estos quedarán fuera de juego una vez que entremos en el discurso analítico.»[9]

El cuerpo es convocado durante estos primeros encuentros, en su dimensión simbólica moldeada por el discurso del amo, en su dimensión imaginaria (alguien viene a verme) y también en su dimensión pulsional, de goce a través del objeto en juego. Lacan escande, no la entrada de quien se dirige a él en el recurso analítico, sino nuestra entrada en el asunto. Es una entrada para dos, una confrontación, un encuentro de cuerpos, también de goce. El analista no está ahí todavía en una posición de semblante y quien venga a verlo experimentará una nueva relación con la palabra, una palabra que tiene peso y de la que podrá hacerse sujeto.

Las entrevistas preliminares pueden entonces permitir una conexión con el inconsciente y el establecimiento de la transferencia, convertir la queja en un síntoma analizable, medir lo imposible para que un sujeto se apoye en significantes comunes, identificar la estructura singular más allá del diagnóstico particular: tantos objetivos para los que se necesita el tiempo necesario,  dependiendo del caso, de modo que el cuerpo quede, o no, atrapado por el discurso analítico y que el analista decida si debe incluir esto o aquello en el dispositivo de análisis.

Conclusión

En «Sobre la iniciación del tratamiento», Freud propone una analogía entre el análisis y el ajedrez, especificando que las maniobras al principio y al final se prestan a la descripción, mientras que el proceso del juego o análisis, una vez iniciado, ya no lo permite debido a su extrema complejidad. Tras detallar el mecanismo preliminar para el análisis (la duración y el ritmo de las sesiones, el pago de honorarios, el ceremonial), examina la resistencia de sus pacientes a la formulación de la regla fundamental, así como a la implementación de la transferencia para la cual, escribe, debe permitir al tiempo actuar.

Más allá de la descripción del dispositivo preliminar del cual algunos elementos ya no nos guían, Freud indica que no hay sistematismo, sino una nueva experiencia iniciada a partir del discurso del paciente invitado a hablar a su antojo. Esto siempre nos guía desde los primeros encuentros.

Es esta experiencia previa al análisis la que J.-A. Miller quería volver al trabajo: «Todos estamos ocupados con el pase, es decir, con el final, pero también cuidemos el principio e incluso el ‘pre-comienzo’. Quizá haya una relación estrecha entre las sesiones preliminares y el pase, esos momentos que están en ambos extremos, en los márgenes del análisis. Para ser de interés en las sesiones preliminares, puede ser necesario decir que ya constituyen una prefiguración del pase.»[10]


*Guilaumé G., Ironik-63-GUILAUME-DEF.pdf. Último acceso: 2026/02/10.

[1] Lacan J., “Hablo a las paredes”, Mi enseñanza y otras lecciones, Buenos Aires, Paidós, 2022.

[2] Freud S., “Sobre la iniciación del tratamiento (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis, I)” (1913), Obras completas, tomo XII, Buenos Aires, Amorrortu, 2003, p. 125.

[3] Ibíd., p. 126.

[4] Ídem.

[5] Freud S., “Fragmento de un análisis de un caso de histeria (1905 [1901])”, Obras completas, tomo VII, Buenos Aires, Amorrortu, 2003, pp. 126-127.

[6] Ibíd., p. 17.

[7] Miller J.-A., en la discusión posterior al caso de N. Wülfing, «‘Patogénesis’ de un sinthome», La Cause du désir, nº 113, marzo de 2023, p. 96 y 95.

[8] Ídem.

[9] Lacan, J., El Seminario, libro XIX, …o peor, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2016, p. 224.

[10] Miller J.-A., en la discusión posterior al caso de N. Wülfing, op. cit., p. 95.

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