El vacío de la verdad
Por Elena Petrova
2026/02/04
El psicoanálisis nos enseña a leer textos, historia y producciones culturales de forma diferente: no como conjuntos cerrados, portadores de un sentido inequívoco, sino como discursos marcados por cortes y silencios. Lo que es censurado o se corta nunca desaparece sin dejar restos; insiste, vuelve y produce efectos. La historia en sí misma puede abordarse así como un texto a descifrar, atravesado por sus vacíos y por las variaciones de verdad que en él se encajan.
Es desde esta posición de lectura que se impone la novela Vida y destino de Vasily Grossman. Terminada en 1960 y prohibida de inmediato, la novela solo se publicó en el extranjero en 1980, antes de ser publicada tarde en la Unión Soviética. Nunca ha sido objeto de una verdadera transmisión colectiva. Paradójicamente, poco leído en Rusia, toca el corazón de la experiencia del estalinismo, vivida directa o indirectamente por generaciones enteras.
Sin duda porque uno de los gestos más insoportables de la novela consiste en trazar paralelismos entre el estalinismo y el nazismo, una comparación que hoy en día sigue siendo difícil de asumir en Rusia. Pero la dificultad no reside únicamente en la violencia de esta comparación. Esta se debe a que rompe un marco simbólico que organiza lo que se puede decir y protege de lo que tal paralelismo podría hacer surgir. No consentir a este trabajo significa mantener una censura que no apunta tanto borrar una verdad como preservar la coherencia de una historia. Porque lo que está amputado de la historia no desaparece: vuelve de otra manera, de otro modo, en lo real.
Es en este sentido como podemos leer esta censura de lo que Jacques Lacan llama mito en la «Televisión». «El mito es esto: el intento de dar forma épica a lo que se opera desde la estructura.»[1] Por tanto, no es una ilusión ingenua, sino una ficción estructuradora, que viene a ocupar el lugar de una verdad imposible de decir toda. Podemos entonces hablar de un mito soviético: una construcción ideológica que no se presenta como ficción, sino como una verdad plena, precisamente porque tiene la estructura de ello.
En Vida y destino, hayuna escena de conversación entre oficiales en la que esta lógica aparece con una precisión casi clínica. La conversación se desvía hacia los hilos de los líderes, aquellos que están al frente. Se mencionó el nombre de Stalin, luego el de su hijo, prisionero. Por un instante más, las palabras circulan. Entonces algo se congela. Se instala un malestar. Se tocó lo que no podía ser evocado, ni por diversión ni en serio.
No es el contenido de lo que se dice lo que hace acontecimiento, sino el hecho mismo de que aquello no puede decirse sin producir un vacío y una inquietud. La verdad, en esta escena, surge en la necesidad inmediata de cerrar la palabra.
Lo que muestra esta escena no es una verdad oculta que deba revelarse finalmente, sino la imposibilidad misma de decirla. Donde se mantiene el mito, la palabra se detiene. Y es precisamente en esta detención donde insiste la verdad. No es el silencio lo que oculta la verdad, sino la necesidad misma del mito.
*Petrova E., El vacío de la verdad – Congreso NLS 2026
[1] Lacan J., «Televisión», Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 558.
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