El futuro del psicoanálisis depende de lo real
Esthela Solano-Suárez
2026/01/30
¡Patatrás!
Vivíamos en un compromiso inquebrantable y en la puesta en acto de un deseo decidido por la Causa Analítica, con los efectos del entusiasmo manifestados durante la permutación de la presidencia de la ECF, cuando una bolsa de basura cayó sobre nuestras cabezas.
La poubelicación provenía de unos pocos senadores, más concretamente de lo que en una democracia constitucional se llama el poder legislativo. El contenido del cubo de basura y las lecturas basadas en la razón le han iluminado: de ello surge una forma de tomar el control de la salud mental de una manera que cumple con los principios científicos, propicia para apoyar una concepción gerencial acorde con el espíritu de la empresa y responder a los imperativos ciegos de «precisión» y «eficacia» en el campo de la psiquiatría.
Tras el instante de sorpresa e incluso de estupor, se nos impuso la constatación del regreso de lo mismo, pero esta vez fue un proyecto minuciosamente programado, dirigido en el campo de la salud mental a la forclusión del parlêtre, o incluso del inconsciente y la palabra. Lo que queda como producto de la operación es el individuo digitalizado, diseccionado mediante cuestionarios, cuyos datos alimentarán el corpus del big data.
Acción lacaniana
Tomar nota de lo que se está dibujando en el horizonte es de suma preocupación para el psicoanálisis. Sin demora, la Escuela se dio los medios para responder. Bajo el impulso de su presidenta, Laura Sokolowsky, la Acción Lacaniana contribuyó el programa del evento Question d’École, así como la reactivación de la publicación de Lacan Quotidien.
Lo que está en juego es muy importante, ya que el futuro del psicoanálisis está en juego. Desde el punto de vista de la Acción Lacaniana, no se trata de un problema social, sino de los efectos y consecuencias de los discursos.
Lacan nos legó la formalización de los discursos como modos distintos cuya estructura «se apareja», caracterizando las modalidades del vínculo social específicas de cada discurso. La mutación introducida en el discurso del amo por el discurso capitalista transmuta el malestar de la civilización de una manera sin precedentes. Como señala Jacques-Alain Miller, el discurso del amo, estableciendo una barrera entre el sujeto barrado y el objeto a plus-de-gozar, impone que el goce del sujeto se inscriba dentro del marco de la satisfacción proporcionada por la realidad del fantasma, mientras que el discurso capitalista, al levantar este límite, produce un «cortocircuito, una conexión entre el objeto a y el S barrado»[1], el sujeto barrado, como resultado del cual el objeto a no solo sostiene la realidad del fantasma, sino que está en proceso de sostener la realidad como tal.
La ciencia combinada con el discurso capitalista proporciona los artilugios que contribuyen al «plus-de-goce no regulado»,[2] gadgets gracias a los cuales el sujeto liberal del capitalismo encuentra los medios para hacer rentable el goce y manipular el deseo. Desde esta perspectiva, la salud mental puede integrarse como un valor rentable, así como el ideal de «bienestar», mientras que, más lejos, en las fronteras oscuras de dicha civilización, haciendo parte del tráfico en uso, el mercado de los cuerpos y el mercado de órganos prosperan.
El futuro del psicoanálisis
El «futuro del psicoanálisis depende de lo que sea de lo real»[3], afirma Lacan en La Tercera. ¿Cómo podemos leer esta proposición?
Por un lado, sería una cuestión de lo real lo que forma parte del discurso de la ciencia: un real del que la ciencia ha podido extraer, gracias al uso de números y letras minúsculas, un saber escrito en términos de leyes, las cuales van a desnaturalizar la naturaleza.
Sin embargo, J.-A. Miller señala que hoy en día: «Tocamos lo real por todos lados según los avances del binario capitalismo-ciencia, de forma desordenada y peligrosa, sin poder recuperar una idea de armonía».[4] En este sentido, Lacan indica que, cuando los propios científicos se ven invadidos por la angustia, esto es efectivamente un signo del «síntoma típico de cualquier llegada de lo real»[5] – este fue el caso de Oppenheimer.
Por otra parte, Lacan señala que «si el psicoanálisis tiene éxito, desaparecerá para no ser más que un síntoma olvidado».[6] En este caso, en relación con el éxito del psicoanálisis, sería una cuestión de su éxito frente a la exigencia de que logre eliminar el síntoma y lo real.[7]
En este sentido, debemos tener en cuenta las indicaciones dadas por Lacan en esta ocasión, relacionadas con la interpretación del síntoma. La vía del sentido nutre el síntoma mediante su proliferación o extinción, pero siendo el sentido del síntoma real, incluye por tanto el sinsentido. En consecuencia, Lacan postula, para tratar el síntoma, el camino del equívoco, equívocos que evocan lalengua, y no las leyes del lenguaje. Este camino probablemente hará corte a nivel del el velo del querer-decir y la elucubración del saber, para afirmar la letra del goce, una peligrosa traza del encuentro del lenguaje con el cuerpo que haciendo troumatismo. Lacan nos indica que la vía del moterialismo de lalengua para tratar el síntoma y definir lo real de lo sexual en los parlêtres. Un real que traduce lo que no está escrito como la ley de un saber inscrito en el organismo.
Como resultado, el parlêtre se entrega al régimen de la contingencia del encuentro sexuado. En este nivel, el psicoanálisis fracasa, ya que no proporciona un saber sobre lo real de lo sexual, y no hace sino reducir el síntoma al Uno, que itera como sinthome, sin borrarlo. Es a este precio que el psicoanálisis no se convierte en religión.
Compromisos resbaladizos
En consecuencia, podemos deducir que lo que se espera del psicoanalista de la Escuela es no deslizarse hacia concesiones con los principios de utilidad y rentabilidad instaurados por el discurso capitalista. Oponerse a la ley sadiana que rige a los hablantes de los discursos dominantes, posicionándose según las exigencias del acto analítico en oposición a la ley del superyó, como imperativo de goce – lo que implica renunciar a las identificaciones. Quizá tampoco para ceder a lo útil recurriendo a gadgets en el ejercicio de su praxis, sustrayendo los cuerpos para reducirlos a la imagen en una pantalla.
En consecuencia, podemos esperar que el deseo del analista en acto sea la punta de lanza del futuro del psicoanálisis, el deseo del analista que, según la propuesta de J.-A. Miller, «no es un deseo puro», dice Lacan, «no es una metonimia infinita pura, sino uno que nos aparece como un deseo de alcanzar lo real.»[8]
La Acción Lacaniana juega la partida.
*Solano-Suárez E., Lacan Quotidien n°20 – Esthela Solano-Suárez – Leander Mattioli Pasqual – Lacan Quotidien 2026
[1] Miller J.-A., «Jouer la partie», La Cause du désir, n°105, febrero de 2020, p. 27-28.
[2] Ibíd.
[3] Lacan, «La Tercera» en Lacan J., La Troisième y J.-A. Miller, Théorie de lalangue, París, Navarin, 2021, p. 47. En el título: intertítulo introducido por J.-A. Miller, quien estableció este texto de Lacan.
[4] Miller J.-A., «Le réel au XXIe siècle», La Cause du désir, n°82, marzo de 2012, p. 93.
[5] Lacan J., «La Tercera», op. cit., p. 23.
[6] Ibíd., p. 21.
[7] Cfr. Ídem.
[8] Miller J.-A., «Le réel au XXIe siècle», op. cit., p. 94.
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