Obsesiones Diagnósticas, Obsesiones Identitarias – Por Jean-Pierre Klotz – 2026/01/28

Obsesiones diagnósticas, obsesiones identitarias

Jean-Pierre Klotz

2026/01/28


El diagnóstico, proveedor del nombre dado a una «patología», es una cuestión de medicina. Se supone que indica una actitud a seguir, que hoy en día está voluntariamente protocolizada. Importado al psicoanálisis desde la nosografía psiquiátrica clásica, no es imperativo, sino orientador: se trata de estar siempre dispuesto a cambiarlo, caso por caso, según Freud. La evolución contemporánea de las prácticas psicoanalíticas también ha cambiado su lugar y su uso.

Un sujeto data center

Gran parte de la psiquiatría, siguiendo los sesgos de una medicina identificada con la ciencia y, por tanto, dessubjetivada, busca la «precisión» bajo un modo cosificante. Así, rechaza la interpretación, esta latitud constitutiva del sujeto, que se dice, nunca sin agujeros, así como no hay articulación de palabras sin agujeros entre las palabras. Por lo tanto, es imposible que el sujeto certifique con qué se le identificaría; en términos absolutos, es incualificable y, por tanto, irreducible a aquello que le «diagnostica».

Sin embargo, la ambición de toda agencia contemporánea que busque extraer datos bajo el modo data center, trabajando hacia el futuro radiante de una psiquiatría de precisión desubjetivizada, es el eliminar la miasma imprecisa de la interpretación. Sin embargo, la interpretación no puede prescindir del sujeto, por mucho que pase por algún molino. La incompatibilidad sigue siendo constitutiva entre el sujeto que se interpreta y los datos que pueden introducirse en las máquinas más perfeccionadas posibles.

Inteligencia artificial versus gilipolleznatural

El diagnóstico así concebido es un fin en sí mismo ya que su producción tiene la consecuencia «automática» de la realización de un protocolo. Esto será sin duda infinitamente perfectible, pero siempre será bajo modalidades contables. No tiene en cuenta aquello que no puede contarse.

La inteligencia artificial (IA), con todo su poder potencial, nunca podrá unirse, salvo asintóticamente, a la gilipollez natural [connerie naturelle] (CN). Es con la NC con lo que trabajamos, no hay impacto en la «vida» del sujeto sin él, y es el practicante quien lo lleva, lo asume y es responsable de su presencia. Esto no está exento de lagunas -lo que nunca faltan en un sujeto en la medida en que no puede sino decirse-, y que no lo hace sino como habitante de un cuerpo sin el cual no está.

Este asunto de CN es más serio de lo que su aspecto de broma sugiere. No se trata de negar o rechazar la ciencia moderna, ni las asombrosas posibilidades de los desarrollos de la IA en múltiples campos donde el sujeto puede estar concernido. Pero el agujero que forma la CN solo es identificable por sus orillas, solo puede identificarse por lo que lo cruza, lo sobresale, lo describe sea por modos de interpretación. No es por falta de intentar, en el mundo contemporáneo, forzar la identificación, estar bajo el dominio del Yo soy lo que digo, pero esto no elimina en absoluto el agujero.

El diagnóstico identitario

Esto es lo que me hace hablar de «obsesiones diagnósticas»: es lo que nos empuja infinitamente a nombrar lo innombrable, a intentar llenar los agujeros con maquinaria compleja sin lograrlo salvo decretando «datos» que pretenden borrarlos – en vano.

El diagnóstico como fin —cada vez más refinado, pero reducible a un dato— roza las actuales «obsesiones identitarias» en todos los campos humanos, donde nada debería escapar a la investigación, lo que lleva a nominaciones que están pensadas para ser equivalentes a las cosas mismas. Lacan había predicho durante mucho tiempo que las consecuencias no serían el progreso ni el bien, sino, ante todo, segregación y exclusión.[1]

El goce del cuerpo

En una mesa redonda con médicos fechada el 16 de febrero de 1966, Lacan se presentó como el «misionero del médico»[2], en tanto que junto a la ciencia del cuerpo, existe el goce del cuerpo, que es cada vez más difícil de ser considerado. No es «la ciencia sin conciencia no es sino la ruina del alma» de Rabelaire lo que hizo debatir a los escolares franceses, sino más bien sería «la ciencia sin goce es solo mortificación de los cuerpos». ¿No es la «misión» del psicoanálisis con estos cuerpos en psiquiatría argumentar que estos cuerpos hablan, uno a uno, en las fallas de un protocolo, sea cual fuere, porque los restos insisten y, si se dejan en la puerta, inevitablemente entran por la ventana?

El amor, ¿un final?

En el mundo actual, lleno de ruido y furor, donde la cuestión de los fines nunca cesa de llamar a las puertas cerradas, a menudo oímos que el final último, el sueño de la armonía, es el amor, absoluto y universal, con todas sus variaciones. El psicoanálisis transmitido por Lacan nos ha enseñado que el uso del amor no es el de un fin, sino el de un medio, que no va sin lo no-identificado, propio a cada uno, nunca automático, insistiendo en ello y golpeando sin premeditación, citas u otras figuras. Nunca es algo prefabricado, por muy sofisticado, poderoso o absoluto que sea la máquina basada en datos o «evidencia», como nos gusta decir.

Este no-identificado singular es abordable para quien quiera, a través de la experiencia del psicoanálisis.


*Klotz J.-P., «Obsesiones diagnósticas, obsesiones de identidad», Lacan Quotidien n°18 – Marie-Hélène Brousse – Jean-Pierre Klotz – Lacan Quotidien 2026

[1] Cfr. Lacan J., «Note sur le père», La Cause du désir, n°89, París, Navarin, marzo 2015, p. 8.

[2] Lacan J., «Psicoanálisis y medicina», Lettres de l’École freudienne de Paris, nº 1, febrero-marzo de 1967, p. 51.

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