Verdad compleja por esencia
Por Nassia Linardou
2026/01/21
«Nombrar algo es un llamado. También en lo que escribí, la cosa en cuestión, freudiana, se levanta y hace su número.»[1] Se trata de la famosa prosopopoeia que Lacan evoca una vez más en su Seminario: Yo, la verdad, hablo. Esta verdad del inconsciente que Lacan invoca en el escenario, en la batalla que enfrenta a los teóricos de la ego psychology a mediados de los años cincuenta, es una verdad que vagabundea en lo que los hombres consideran lo menos verdadero en esencia. «El comercio de largo alcance de la verdad no pasa ya por el pensamiento […], parece que en lo sucesivo pase por las cosas», comunica mediante acertijos. Una verdad que ya es una mentira, pero no exenta de efectos. Lacan se refiere en esta ocasión a la nariz de Cleopatra. Una nariz que entraba en el discurso del mundo, en una contingencia, «era suficiente, pero tenía que ser una nariz parlante» para que cambiara el curso del mundo.[2]
La verdad inconsciente con la que tratamos en la experiencia no dirá lo verdadero sobre lo verdadero: «La verdad habla, en efecto. […] Pero no le hice decir, por ejemplo: «Yo, la verdad, hablo para decirme a mí mismo como verdad, ni para deciros la verdad.» El hecho de que hable no significa que esté diciendo la verdad[3]. Sabremos algo sobre esta verdad «cuando se desencadena»[4], dice Lacan. En su prosopopeia, hace que la diosa de la caza, la ctónica Diana, encarne la verdad, a quien la mirada de Acteón, el cazador, atrapa desnuda en su húmeda cabaña. Diana, la virgen desvelada, invicta e inhumana, hará que Acteón pague por su pasión. Ella lo transformará en un ciervo que pronto será devorado por perros[5]. Así (Diana) – la verdad será contada por Lacan como «no sumisa a la elección del sexo» o, en otro momento de su enseñanza, se calificará como una «pareja imposible de follar» denunciando el semblante acé-falo.[6]
La «deslumbrante» prosopopoea del Yo hablo, a la que Lacan regresa, nos enseña que hablar significa que hay una división irremediable entre el goce y el semblante: «La verdad es gozar haciendo semblante y no confesar en ningún caso que la realidad de cada una de estas dos mitades solo predomina afirmando ser del otro, es decir, mintiendo alternadamente. Tal es el medio-dicho de la verdad. »[7]
*Linardou N., Vérité complexe par essence – NLS Congress 2026. Último acceso: 2026/01/21
[1] Lacan J., El Seminario, libro XVIII, De un discurso que no fuera del semblante, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 137.
[2] Lacan J., “La cosa freudiana, o Sentido del retorno a Freud en psicoanálisis”, Escritos, tomo 1, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2018, pp. 387-388.
[3] Lacan J., El Seminario, libro XVI, De un Otro al otro, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 159.
[4] Lacan J., El Seminario, libro XVIII, De un discurso que no fuera del semblante, op. cit., p. 68.
[5] Cf. Miller J.-A., «Variaciones sobre Diana y Acteón,» ¿Ornicar?, nº 61, noviembre de 2025, pp. 80–86.
[6] Lacan J., El Seminario, libro XVIII, De un discurso que no fuera del semblante, op. cit., p. 137.
[7] Ibid., p. 141.
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