Franquear Las Puertas – Por Valérie Morweiser – 2026/01/16

Franquear las puertas

Por Valérie Morweiser

2026/01/16


En L’École Débat 16, Jacques-Alain Miller nos propone participar en el debate con N*, a quien previamente había designado como un «economista de la salud y colaborador de FondaMental».[1] Colaborador de FondaMental, ¿qué quiere decir? La respuesta está en el propio texto de N*.

En la penúltima línea, aparecen in extremis algunos términos que se supone que son agradables a los oídos de los psicoanalistas: palabra, clínica y singularidad. Esto deja aún más claro cuánto faltan la palabra de los llamados «enfermos mentales», faltan en sus comentarios, como en la web de la fundación FondaMental.

Por lo tanto, tengo una proposición que hacer a N*, que también fue dirigida recientemente a nuestros diputados en relación con la Enmienda 159. Es simple: es una invitación, una invitación a venir y pasar algún tiempo a nuestro lado, junto a aquellas y aquellos quienes trabajan en psiquiatría. Venga, querido N*, a las salas psiquiátricas abiertas y cerradas donde trabajo. Venga y escuche, si tiene el valor, las palabras de los sujetos hospitalizados, esta palabra forcluida de su texto. ¡No basta con susurrarle al oído a los psicoanalistas lo que cree que les gustaría oír para que se vuelvan sordos a lo que guía su trabajo!

Lo que orienta nuestro trabajo es lo que la gente dice, ya sea que se les llame, como en la web de FondaMental, bipolares, esquizofrénicos, autistas, resistentes, depresivos, suicidas o postraumáticos con estrés: a condición de interrogarlos de otra manera que con cuestionarios preestablecidos, ellos le dirán lo que han encontrado en su historia, aquello que no se aloja en las convoluciones de su cerebro.

Algunos pacientes dirán, por ejemplo, que recientemente hicieron una tentativa de suicidio porque se enfrentaron a un acontecimiento, aparentemente anodino, no necesariamente de tinte traumático, que no pueden soportar. A veces les lleva el tiempo de una estancia hospitalaria poder nombrar lo que han visto, oído o experimentado en su historia y que estructura los síntomas que padecen.

Le contarán su sorpresa, a veces su alivio al descubrirlo, de que la medicación no les permitía, aunque les permitiera dormir, estar menos angustiados y aliviados también, lo cual no es despreciable.

También le dirán lo aliviados que se sienten al encontrar a alguien que no está especialmente interesado en su cerebro o en la medicación. Cuando son hospitalizados en salas cerradas porque se les considera peligrosos para sí mismos o para otros, le sorprenderá conocer a hombres y mujeres dispuestos a buscar lo que les está ocurriendo.

Le contarán sobre su delirio y, interrogados de la manera adecuada, tomándose el tiempo necesario, buscarán con usted las circunstancias precisas de la aparición de su delirio. Quizá le sorprenda, como a mí cada vez que esto ocurre, que es en el transcurso de un encuentro o un acontecimiento que los fenómenos con los que están lidiando se desencadenaron. Entonces depende de nuestros pacientes y de nosotros mismos encontrar algo que hacer con estos señalamientos, a veces con medicación, a veces sin.

Tomarse el tiempo para escuchar, día tras día, sesión tras sesión, en el hospital o en consulta privada, es exigente. Esto requiere estar orientado, en este caso mediante psicoanálisis, para soportar el sufrimiento de quienes luchan contra el delirio, la pulsión de muerte y diversos síntomas que a veces son difíciles de escuchar. Silenciar la p alabra de estos sujetos sufrientes centrándose en la medicación nunca silenciará la necesidad de que un ser parlante desamparado se dirija a otro ser parlante busque, en la palabra, lo que le está ocurriendo.

Quienes se sienten incomodados por lo real de los síntomas ruidosos no están obligados a confrontarlos, sino que ellos dejan a quienes están trabajando en ello ofrecer el espacio y el tiempo necesarios para llevar a cabo este trabajo. Si todos los presupuestos están absorbidos por la medicación, ¿qué espacio para el decir? Muchos de los pacientes que usted encuentre en el hospital testificarán, sin embargo, de la tranquilidad de poder decir lo que les está pasando, a alguien que contribuye a identificar apoyos posibles, propios para cada uno.

Para escuchar a los pacientes, para escuchar estos detalles pertinentes, es necesario el valor para salir de los estudios, de las estadísticas y los laboratorios de investigación para franquear las puertas… del hospital psiquiátrico.


*Morweiser V., « Franchir les portes », Lacan Quotidien N °10, disponible en : Lacan Quotidien n°10 – Angèle Terrier – Valérie Morweiser – Lacan Quotidien 2026. Último acceso : 2026/01/16.

[1] Cf. L’École Débat, nº 15 y 16, 23 de diciembre de 2025, disponible en lacanquotidien.org.

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