Estoy Sola a las Cinco – por Nicole Borie – 2025/10/02

ESTOY SOLA A LAS CINCO

Por Nicole Borie

2025/10/02


Christelle Sandras:

Comencemos, entonces, por Nicole Borie, quien va a esclarecer el apólogo “Estoy sola a las cinco” que encontrarán en el seminario con un pequeño esquema que describe Lacan. Para este apólogo, nosotros lo hemos reproducido para esta oportunidad y Patricia Loubet va a describirles este esquema.

Patricia Loubet:

Gracias. Sí. Son algunas líneas que uno encuentra y que preceden al esquema que ustedes han mostrado.

Una joven y su amante acuerdan encontrarse con el signo siguiente: “cuando las cortinas se recojan en la ventana, eso querrá decir que estoy sola; tantas macetas de flor haya, tantas horas. Las cortinas recogidas, cinco macetas, estaré sola a las cinco”.[1]

Nicole Borie:

Sí, todo compete en este pasaje en la distinción del signo -que representaría a algo para alguien- y del significante -que representa al sujeto para otro significante-. Lacan escoge, así, un ejemplo que fue propuesto para el lingüista que quiere ilustrar lo que es un signo. Precisa que falla, que “fracasa radicalmente” -dice en la página 246-. No he logrado encontrar quién era ese lingüista en la medida en que Lacan dice que no es totalmente el mismo mensaje. Pero tengo dos pistas: Pierce o Chomsky. Pero bueno, probablemente Chomsky.

Entonces, una joven acuerda con su amante con un código para que pueda encontrarla -bueno, lo suponemos- sola a las 5. Un escenario tiene una intención para aquel que recibe el mensaje. ¿Es identificable a un signo? Primera pregunta. Y Lacan responde que no, que es en una palabra que está convención ha sido fundada, es decir que el signo no será interpretado sino porque su sentido está ya determinado. Esta convención organizada en un pequeño escenario que es legible, siendo legible es en esto significante. Lo que así se expresa deja abierta una hiancia donde se estructura la función de un deseo. El punto-fuga de la subjetividad supone la construcción del cuadro de todo el sujeto lacaniano -en este seminario, la cuestión de esto está por todo lado-. Es una construcción hecha a partir de la relación del sujeto con la función del lenguaje. Es algo que ya se avanza en el seminario en la página 107: “El instante de ver es siempre un cuadro”. Ustedes ven, el amante ve eso. Es un cuadro.

El acento puesto en la fórmula “el significante representa al sujeto para otro significante” consiste en diferenciar el significante no del lado del receptor -aquel que lo recibe-, como los lingüistas lo hacen y donde se confunden con el signo, sino del lado del emisor. ¿Qué es lo que pasa? Si el significante representa al sujeto para otro significante, eso da la medida de que el sujeto del cual se trata es aquel del emisor. Aquí el emisor anuncia: “Yo estaré sola”. El arreglo que precede a las cortinas recogidas o no supone que éste habla. En esto, él lo reconoce como un mensaje, un signo legible, recibido por él únicamente.

Lo legible en este pasaje se vuelve el lektón, la escena, la escena que se comprende. Guardemos la referencia del lektón como aquello que será expresable y que estará para Lacan en este ejemplo del lado del significado. Entonces, Lacan hace el inventario de las maneras de recibir este mensaje -esto es bastante interesante-. El sujeto no lee de la misma manera los signos según la estructura. Recibimos a parlêtres que vienen a explicarse, expresarse de aquello que no comprenden de los signos que le dan los otros, incluso un Otro. Estos sujetos buscan saber si son signos del deseo de un emisor. En este pasaje, Lacan sitúa las cosas de manera diferente: “Si el inconsciente es lo que les enseño, ahí donde eso habla, ustedes deben poner al sujeto detrás del significante que se anuncia”. Subrayo: “deben poner al sujeto detrás de los significantes que se anuncian. Y ustedes, quienes reciben los mensajes de su inconsciente” -aquel que lo ha emitido a estos mensajes- “ustedes están en lugar del Otro, del abobado”.

El mensaje enviado que anuncia a la jovencita que estará sola le retorna bajo un significante “sola”. Este ejemplo de “sola a las cinco” ilustra las informaciones que están por todos lados en dimensión de recepción y que sería suficiente descodificar. Es ahí que la cuestión -me parece- del código es en este pasaje completamente crucial. Desde mi punto de vista, hay una serie: signo, significante, significado y podríamos poner precedentemente código, signo, significante, significado.

¿Por qué considerar las cortinas, las macetas como produciendo significantes? “Es un código”, dice Lacan. Pero la pregunta es: ¿dónde está el sujeto y cómo la función del significante lo hace surgir? Aquí se trata de la jovencita, la amante. Este arreglo es aquel de una jovencita que espera los signos de reconocimiento de su lector privilegiado -si puedo decir- ya que él conoce el código. Está ahí el deseo de la jovencita, aquella que espera aquel previsible de su amante que espera la señal de que la vía esté libre, pero es ella que espera.

En este seminario, Lacan habla de la espera como una posición subjetiva en cuanto al deseo del Otro. Este único es efecto de la espera del lado de la jovencita y al lado de esta espera está esa soledad más allá del mensaje e incluso en el mensaje “Yo estaré sola”. Una suerte de encuentro con ella misma, lo que es como sujeto entre el envío de su mensaje y el retorno de éste con o sin la respuesta del receptor. 

Entonces, mi pregunta: ¿un deseo se formaliza? Es lo que me decía en el fondo si habría como situar esto así. Tal vez podríamos retomar a partir de la cita del inicio:

“Este camino nos lleva a la función del significante y de los efectos por los que determina al sujeto singularmente por rechazarlo, de rechazarlo a cada instante de los efectos mismos del discurso.”

¿Podemos decir que el deseo se formaliza en el momento en el que el sujeto se encuentra rechazado? Es una pregunta.

El comentario sobre la soledad de la jovencita da una indicación de este deseo y de la posición del sujeto en cuanto a este deseo: ella lo espera. En este ejemplo, está la diferencia entre signo, significante, código. El signo, desde la expansión que le dio Jung, tiene algo de certeza más que el significante. Sería el mismo para el emisor como para el receptor. Esa es la gran idea de los lingüistas. Lacan se opone a esta versión en este pasaje, pero, en efecto, el signo, por este hecho, es más verosímil. Esta verosimilitud pegada al signo viene de la certitud de que indica una presencia. Podemos precisarlo con la referencia citada igualmente en este pasaje de que no hay humo sin fuego. Es una fórmula que Lacan retoma en varios lugares. Escoge este ejemplo en varias ocasiones y dice al mismo tiempo la misma cosa, a veces con variantes que son muy interesantes: “Hay en el signo una verosimilitud que se sostiene en la certitud de una presencia”. Es justamente lo que nos propone el escenario: “Estaré sola a las cinco”. Es la tentativa de hacer signo que diga de la presencia. Esta verosimilitud del signo tiene consecuencias ya que siempre parece más verosímil que el significante.

Y en esta soledad en la espera de la jovencita de que su mensaje codificado sea recibido, hay esa vacilación producida por el significante que suspende la certitud de la presencia. Ella hace valer, así, la afánisis del sujeto mientras que el signo en sí parece siempre más verosímil. Entre “estar sola”, “Yo estoy sola” en cuanto a su mensaje, o bien “ser la única”, etc. Todo esto es significante.

El signo está correlacionado a una presencia mientras que el significante en sí está correlacionado a una articulación. Articulación quiere decir que vale para otro significante con el cual hace sistema y que no es signo de la presencia de un ser. Es una cita de Miller: “Es aquella de una presencia, pero ¿cuál?”. Es señal de una presencia, pero ¿cuál? El significante produce la afánisis del sujeto para reaparecer allende en otro significante. El significante articula la ausencia del sujeto, su falta-en-ser y tenemos, así, del lado del lenguaje una serie: el sujeto barrado, $, significante ausencia, falta-en-ser y otra serie, el signo, presencia, ser.

Helo ahí.


*Borie N., «Estoy sola a las cinco», intervención en la presentación del Seminario XII Problemas cruciales para el psicoanálisis en la ECF, 2025/10/02.

[1] Lacan, J., El Seminario, libro XII, Problemas cruciales para el psicoanálisis, lección del 7 de abril de 1965. Inédito.

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