VARIDAD: VARIACIONES DE LA VERDAD EN EL PSICOANÁLISIS
Presentación del Tema del Congreso NLS 2026
Por Patricia Bosquin-Caroz
2025/07/15
Yo digo siempre la verdad: no toda, puesto que, a decirla toda, no alcanzamos. Decirla toda es imposible, materialmente: las palabras faltan para ello. Incluso por ese imposible la verdad es solidaria de lo real.
JACQUES LACAN, Televisión
El 24º Congreso de la NLS se propone examinar las variaciones de la verdad en el psicoanálisis. Lacan condensó las variaciones de la verdad que se producen respecto a las sucesivas revelaciones en un análisis con el neologismo varidad.[1] Afirma que debemos estar abiertos a la dimensión de la verdad como variable, y añade que lo que dice el analizante no es la verdad, sino la vari(e)dad del sinthome. A lo largo de su seminario, Lacan nunca abandonó la referencia a la verdad, ya sea acercándola primero como La verdad, o luego como verdades en plural, variable y mentirosa. Sin embargo, una constante permanece: la articulación de la verdad, o los efectos de la verdad, con la estructura del lenguaje y del habla, o incluso con el «caldo del lenguaje».[2]
Verdad, exactitud y revelación
Al principio, Lacan destacó una dimensión del discurso diferente a la de la expresión y la mediación, a saber, la dimensión de la revelación. La revelación se refiere al desvelamiento de una verdad supuestamente oculta o velada y coincide con el instante de ver. Así, la verdad pasa del desvelamiento a la evasión o huida, mientras que el análisis se define como una serie de revelaciones específicas de cada sujeto. En su texto fundacional, «Función y el campo de la palabra y el lenguaje en el psicoanálisis»[3], Lacan opone la palabra plena a la palabra vacía, siendo la palabra plena aquella en el que se realiza la verdad del sujeto. Desde esta perspectiva, la verdad de la revelación concierne a la verdad en la palabra. «Tropezamos con la realidad de lo que no es ni verdadero ni falso».[4] Aquí, la realidad difiere de cualquier referencia a la exactitud y no se refiere a ninguna conformidad con la realidad objetiva. La verdad de la palabra hablada nose basa en ninguna adecuación entre la palabra y la cosa. El propio Freud, después de una larga investigación, había renunciado finalmente a la creencia en la realidad objetiva del trauma, que, en el inconsciente, es indistinguible de la «ficción que ha sido catectizada con afecto».[5] Jacques-Alain Miller lo expresó de la siguiente manera: En el análisis, «no se trata de decir lo que es», sino de «hacer verdad de lo que ha sido. Luego está lo que faltaba para hacer la verdad: los traumas, lo que hizo un agujero […] Se trata de llevar el discurso a lo que no podría ocupar su lugar dentro de él».[6]
Pero, sobre todo, Lacan va a situar la novedad del descubrimiento freudiano en relación con lo que irrumpe en el discurso del sujeto, que «normalmente se despliega […] dentro del orden del error, del desconocimiento, incluso de la denegación».[7] La verdad surge de un malentendido, de un lapsus, de un acto fallido, de algo que tropieza y revela «una verdad por detrás», otro significado. Emerge en forma de un tropiezo que rompe el curso de la narración del sujeto y lo alcanza. » la verdad caza al error por el cuello en la equivocación».[8] Significa que el sujeto no sabe lo que está diciendo, siempre dice más de lo que quiere decir, siempre más de lo que sabe decir.
Verdad, represión e historia
Como J.-A. Miller especifica en su texto «Una nueva alianza con el goce»[9], para Lacan, un análisis primero consistió para el sujeto en el progreso de La verdad, en singular, lo que significa que se supone inscrita en la continuidad de una historia. El término «historia», tal como Lacan la denomina en «Función y campo de la palabra y del lenguaje», corresponde al término «inconsciente». » El inconsciente es ese capítulo de mi historia que está marcado por un blanco u ocupado por un embuste: es el capítulo censurado».[10] En el análisis, se trata de reconstituir esta historia. La eliminación metódica de la represión, el levantamiento del velo, permite restablecer su continuidad y redescubrir la verdad oculta. La experiencia de Freud con la histeria lo llevó a no confundir la memoria biológica con el recuerdo, que se refiere a la historia reconstruida del sujeto. Implica la resubjetivación del hecho y su reestructuración retroactiva. Esta es la razón por la que Lacan definió por primera vez el psicoanálisis como la asunción que el sujeto de su historia, en la medida en que está formada por el discurso dirigido a otro.
A propósito del caso Dora, Lacan utilizará la expresión «desarrollos de la verdad», que participan en las «inversiones dialécticas»[11] y, por lo tanto, en el progreso del análisis. La represión y la verdad son, pues, antónimos. «El concepto de represión es llamado, exigido, convocado por la experiencia de la revelación».[12] En su retorno a Freud, Lacan reinstalaría sobre todo el filo del descubrimiento de Freud, que se aleja de la veracidad de los hechos. En «La cosa freudiana», explicó que el descubrimiento esencial de Freud consistió en afirmar que » ello habla, y sin duda allí donde se lo esperaba menos, allí donde ello sufre».[13] «Yo, la verdad, hablo».[14] Hagamos hincapié aquí en que esta afirmación es ante todo del orden de una enunciación y no de una afirmación yoica que afirme una convicción personal contra la doxa universal.
Verdad y saber
Lacan comenzó contrastando la verdad con el saber y destacando la primacía de la verdad sobre el saber. Su referencia, especialmente a la paradoja de Meno, sostenía la idea de que «la episteme, el saber ligado por una coherencia formal, no abarca todo el campo de la experiencia humana».[15] Con respecto a alèthès doxa, la opinión verdadera, Lacan señaló que «lo verdadero que hay en ella no puede ser aprehendido por un saber ligado».[16] Al igual que el procedimiento dialéctico que opera en el diálogo entre Menón y Sócrates, Lacan enfatizó la dimensión creativa y emergente de la verdad con la que estamos trabajando, que no es la de un saber preconstituido.
Inversión
Lacan no mantendrá esta oposición entre verdad y saber. Habrá que esperar a su «Proposición sobre el psicoanalista de la escuela» para ver aparecer una articulación entre ambos, formalizada en el matema del discurso analítico. La verdad y el saber no pueden dividirse en dos clases. «Lo que, en su momento naciente, se presenta como verdad, se convierte en saber al ser registrado y depositado».[17] La Proposición del Pase es parte de esta perspectiva de saber sobre la verdad inconsciente. La verdad se presenta primero como no-saber, apareciendo a través de la asociación libre y finalmente tomando la forma de un saber. «Se articula en cadena de letras tan rigurosas que, a condición de no fallar ninguna, lo no sabido se ordena como el marco del saber»[18], afirma Lacan. Lacan establece también en términos de saber la mutación que opera al final del análisis, del ser del deseo al del saber. Como vemos, ya no se trata de la verdad que dice Yo hablo, sino «de una verdad encadenada, vaciada de sentido y, por lo mismo, de pasión».[19] El proceso analítico consiste entonces en recoger los significantes que tienen un valor de verdad, aquellos que han contado para el sujeto. El acto del analista consiste en aislarlos.
Sin embargo, Lacan terminaría desvalorizando el saber como forma de acercarse a lo real. En su Seminario Aún, habla de «la descabellada elucubración del saber sobrela lalangua». La estructura del lenguaje se reduce entonces a la ficción, mientras que el inconsciente se entiende como «un saber hacer las cosas [savoir-faire] con lalangua».[20] Entonces, ¿qué pasa con la verdad? ¿Y qué hay de las revelaciones?
Verdad mentirosa y ficción
Los efectos de la revelación marcan el recorrido analítico hasta cierto punto. Indican que la verdad se produce en la palabra. Es por eso por lo que Lacan argumentó que la verdad tiene la estructura de la ficción. Desde el principio, precisó que el término ficción no representa nada ilusorio o engañoso. El carácter ficcional de los mitos y de las teorías sexuales infantiles dan fe de ello. La estructura narrativa de estos relatos permite abordar temas como la muerte, la existencia y la inexistencia, es decir, el registro de lo indecible. También es una dimensión esencial de la experiencia analítica.
Y, sin embargo, el análisis puede ser llevado hasta el punto en que la verdad ya no se aplica. El goce es este punto límite de la narración como vehículo de las revelaciones. No podemos decir la verdad sobre el goce. Tampoco podemos decir toda la verdad. A este respecto, vale la pena señalar que Lacan se opuso constantemente a la idea de la transparencia de las palabras en relación con la Cosa, o la aprehensión de la verdad como algo completo. Solo podemos rodearlo o decirlo a medias. En consecuencia, el discurso establecido por el discurso analítico es una cuestión de ficción, una verdad mentirosa. El lenguaje es un semblante y con respecto a lo real, sólo puede mentir. Freud ya había señalado la función del proton pseudos en el caso Emma. La mentira, entonces, no se relaciona con una oposición entre la veracidad y la mentira.
Desde su primer seminario, Lacan subrayó que el discurso se despliega en la dimensión de la verdad engañosa. La verdad es mentira porque depende de la narración, de la construcción, del sentido que le damos a los acontecimientos. En su «Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI«, Lacan evoca el término «verdad mentirosa», referencia que podría leerse como un contrapunto a «Función y campo», según J.-A. Miller ya nos había invitado a hacerlo. Lacan menciona así otro registro en el que la verdad ya no es relevante, excepto como mentira: el del goce y su satisfacción. La verdad mentirosa se convierte entonces en una elucubración del saber sobre lo real, que no impide que se produzcan efectos de verdad y que el analista esté atento a ellos. «El psicoanálisis es lo que hace la verdad, pero ¿cómo se ha de entender el hacer verdad [faire vrai]? Es un trazo de sentido, un sens blanc [homofónico con semblante]»,[21] dice Lacan.
Verdad, discontinuidad y variación
Para Lacan, la verdad no pasa sin una narración que devuelva la continuidad a la historia del sujeto, dando sentido a lo que no se pudo decir o que apenas se pudo decir. La narración se hace cargo «de lo que queda como un agujero en lo real del sujeto, y así da sentido a sus traumas, a sus imágenes indelebles, a sus escenas monumentales»[22]. Se trata de restablecer una continuidad entre los agujeros contando una historia para otra persona. Pero en lugar del ideal de una historia restaurada en su continuidad, Lacan terminó sustituyéndolo por el concepto de una historia discontinua hecha de retazos dispersos, fragmentos, emergencias y revelaciones. La discontinuidad narrativa vuelve a poner en cuestión la idea de una verdad única y unívoca. «La articulación misma del discurso analítico lleva al analizante a construir y tejer una trama de una verdad mentirosa, variable y cambiante, sólo transitoria, que se derrumba incesantemente en la mentira; y tejer esta trama a partir de contingencias pasadas y contingencias cotidianas».[23]
Así, en un análisis, una revelación sigue a otra, a veces poniendo en tela de juicio las anteriores. Además, a través de sus escansiones y puntuaciones, el acto del analista participa de la variación de la verdad. Así es como el inconsciente adquiere sentido, y cómo ese sentido se reinterpreta constantemente de manera diferente. La verdad varía y se pluraliza, mientras que la historia debe entenderse en adelante como aquello que se construye para otro en una dimensión transferencial. No hay una continuidad ideal, sino una historia transferencial y singular.
Lo cierto es que la varidad, las variaciones de la verdad siguen siendo una preocupación del psicoanálisis. En la era de la posverdad, va a contrapelo del discurso dominante, en el que la referencia a la verdad ha desaparecido con la desvalorización e incluso la degradación de la palabra hablada. Por lo tanto, nuestro congreso se dedicará a poner de relieve la dimensión ética de la relación que los sujetos tienen con la verdad y con el discurso, que es la condición misma de su analizabilidad. «La prueba de la verdad, eso es el análisis, donde uno trata de decir lo que es verdad, el partenaire-analista está ahí para inspirar en ti una cierta pasión por decir lo que es verdad».[24]
*Bosquin-Caroz P., ARGUMENT-NLS-CONGRESS-2026-PBC.pdf
[1] Lacan J., «L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre», lección del 19 de abril de 1977, inédito, «bouillon de langage».
[2] Ídem.
[3] Lacan J., “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”, Escritos, tomo 1, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2018.
[4] Ibíd., p. 212
[5] Freud S., Las cartas completas de Sigmund Freud a Wilhelm Fliess, 1887-1904, ed. y trad. J. M. Masson, Belknap Press, Harvard, 1985, carta del 21 de septiembre de 1897, p. 264; también en la Edición Estándar: «Extractos de los Fliess Papers», S.E. I, p. 260.
[6] Miller J.-A., «L’orientation lacanienne. Choses de finesse en psychanalyse», conferencia pronunciada en el Departamento de Psicoanálisis de la Université Paris 8, 18 de marzo de 2009, inédito.
[7] Lacan J., El Seminario, libro I, Los escritos técnicos de Freud, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2017, p. 385.
[8] Ibíd., p. 386.
[9] Cf. Miller J.-A., «Una nueva alianza con el goce», Revista Lacaniana, número 2, ed. V. Voruz, otoño de 2016.
[10] Lacan J., «La función y el campo», op. cit. Pág. 251.
[11] Lacan J., “Intervención sobre la transferencia”, Escritos, tomo 1, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2018, p. 212.
[12] Miller J.-A., «La verdad está unida al significado», The Lacanian Review, número 2, op. cit, p. 12.
[13] Lacan J., “La cosa freudiana, o Sentido del retorno a Freud en psicoanálisis”, Escritos, tomo 1, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2018, p. 390.
[14] Ibíd., p. 386.
[15] Lacan J., El Seminario, libro II, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2016, p. 31.
[16] Ídem.
[17] Miller J.-A., «La paradoja de un conocimiento sobre la verdad», La Cause freudienne, nº 76, diciembre de 2010, p. 124.
[18] Lacan J., “Proposición del 9 de octubre sobre el psicoanalista de la Escuela Freudiana de París”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2021, p. 268.
[19] Miller J.-A., «Le paradoxe d’un savoir sur la vérité», op. cit., p. 129.
[20] Lacan J., El Seminario, libro XX, Aún, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2016, p. 167.
[21] Lacan J., «L’insu que sait…», op. cit. lección del 10 de mayo de 1977, inédito.
[22] Miller J.-A., «La verdad está unida al significado», The Lacanian Review, número 2, op. cit., p. 14.
[23] Miller J.-A., «L’orientation lacanienne. Choses de finesse en psychanalyse», conferencia pronunciada en el departamento de psicoanálisis de la Universidad de París 8, curso del 11 de febrero de 2009, inédito.
[24] Miller J.-A., «Pass Bis», Cuadernos Psicoanalíticos, Nº 17, ed. P. Dravers, 2007, p. 100.
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