Vivir – por Caroline Doucet – 2025/02/09

VIVIR

Por Caroline Doucet

2025/02/09


Kant había descrito la presencia de una fuerza vital en los seres humanos[1]. Freud llamará a esta fuerza la «pulsión de vida», y hará su lucha contra la pulsión de destrucción el contenido esencial de la vida[2]. Entonces comprendemos que la vida no es en absoluto obvia en los humanos. Lacan definió las condiciones del vivir en términos del sentimiento de la vida[3] y su desorden en la psicosis. Establecido muy temprano en la vida, el sentimiento de vida se basa en el anudamiento de las categorías de lo simbólico, lo imaginario y lo real, de las que proceden el sentido de la vida, el deseo de vivir y la existencia, es decir, la modalidad singular y primordial de articulación de la vida, el lenguaje y el cuerpo viviente. Este anudamiento asegura que cada uno tenga su propio estilo de vida. La vida va más o menos a la deriva según el nudo inaugural, que las circunstancias felices y desafortunadas ponen a prueba.

Mientras todo el mundo trata de encontrar estabilidad, los significantes-amos contemporáneos nos empujan a gozar de la vida cada vez más, en forma de un goce extremo que socava el equilibrio buscado. Ahora bien, este empuje al gozar de la vida es imposible: como real, está fuera de sentido, es abstracto, insoportable. No hay acceso directo a la vida. Solo experimentamos encuentros, ideas, una libertad recién descubierta, un amor en ciernes, «el rayo de sol de una tarde»[4] o «Baltimore en la madrugada[5]«.

A veces la impresión de malvivir o la ausencia del deseo de vivir lleva al análisis. Esto cambia la relación con la vida, no desde un ideal, un mandato superyoico o una identificación, sino a partir de los efectos de la existencia que el decir analítico ocasiona. De la misma manera, «Sade no es engañado por su fantasma»[6], el analizante ya no está constreñido por la homeostasis fantasmática y sintomática inicial, sino que obtiene una ganancia en el deseo que asegura un nuevo fundamento subjetivo para su vida.

Con el análisis, la inercia ya no está a la orden del día. La pulsión vital se alía con el objeto de deseo, la vida se reconfigura y encuentra coherencia. Un análisis ayuda a vivir. Un sujeto se siente más vivo cuando, a través de la transferencia analítica, se le da un sentido al vacío que lo habitaba, cuando identificaciones imaginarias llegan a sostener su cuerpo o cuando un nombre singular le da un lugar en el mundo. De la misma manera, un sujeto puede recuperar cierta alegría de vivir cuando el análisis alivia su angustia social o las exigencias aplastantes del superyó.

Así, vivir es una cuestión de inconsciente y de relación con el otro. Abandonado a su suerte, el sujeto está condenado a la repetición, el miedo se le impone, su mundo se encoge. Solo, el sujeto puede preferir la muerte a la vida. Tanto más cuanto que, en su dimensión ineludible, la muerte «fusiona» la vida. Al contrario, debido a que nos permite ver y dominar algo del agujero de la no-relación, un análisis proporciona una fuerza vital. El alivio de una existencia, su valor, el apego que tenemos a ella, sólo puede expresarse. Por lo tanto, la identificación de lo que constituye la juntura interna del sentido de la vida de un sujeto es esencial en un análisis.


*Doucet C., Vivre – L’HEBDO-BLOG

[1] Cfr. Kant E., Anthropologie du point de vue pragmatique, Dijon, Imprimerie J.-E. Rabutot, 1863.

[2] Freud S., “El malestar en la cultura” (1930 [1929]), Obras completas, tomo XXI, Buenos Aires, Amorrortu, 2003.

[3] Cfr. Lacan J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Escritos, tomo 2, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2018, p. 534.

[4] Loti P., Le livre de la pitié et de la mort, Paris, Petite Bibliothèque Payot, 2023, p. 3. 

[5] Lacan J., « De la structure comme immixtion d’une altérité préalable à un sujet quelconque. Conférence à Baltimore, 1966 », La Cause du désir, no94, 2016, p. 10.

[6] Lacan J., “Kant con Sade”, Escritos, tomo 2, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2018, p. 739.

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