ENTREVISTA A JACQUES LACAN
Por François Wahl
1967-02-08
Entrevista concedida por Jacques Lacan a François Wahl con motivo de la publicación de los Escritos, emitida el 8 de febrero de 1967 y publicada por Le Bulletin de l’Association Freudienne n° 3 páginas 6 y 7 en mayo de 1983.[1]
JACQUES LACAN:
He publicado esta colección de mis escritos sólo para hacer manejable un cierto proceso constructivo a aquellos que están interesados en ella. No está dirigido a filósofos, aunque está escrito en un lenguaje que es común a los que tienen una formación clásica. Cada uno de estos Escritos está hecho para practicantes de la más difícil de las prácticas, lo que exige una disciplina del pensamiento que todavía está muy poco realizada, que es el psicoanálisis.
FRANÇOIS WAHL:
Que el libro esté dirigido sólo a los psicoanalistas, que esté dirigido a ellos, es cierto. Que se dirige sólo a ellos, tal vez volvamos sobre ello en un momento. Así que ahí está esta primera parte de su aportación, que es la denuncia de la capación por lo imaginario. Se puede agrupar en torno a este texto en un cierto sentido histórico, que es el informe de Roma de 1953, si no me equivoco, y luego hay textos como el famoso análisis sobre La carta robada; en torno a esto se puede agrupar un segundo tipo de estudios, por medio del cual el psicoanálisis se ha injertado en el llamado movimiento estructuralista. Se trata aquí de todo lo que está al principio en el hecho de que el análisis es terapia por el discurso, por el lenguaje y por todo lo que define el inconsciente, en su enseñanza, por el discurso del Otro. Por lo tanto, es el tema del Otro lo que está en juego aquí.
JACQUES LACAN:
El discurso del Otro es un tema de mi enseñanza. Es necesario escribir aquí el Otro con mayúscula, porque así se distingue un orden de alteridad de lo que comúnmente se llama, como una existencia que se impone más o menos a nuestro reconocimiento o asentimiento/resentimiento, digamos el semejante, semejante real si se distingue de la imagen de ahora. El Otro es el escenario de la palabra en la medida en que se plantea siempre como una tercera posición entre dos sujetos, ésta sólo para introducir la dimensión de la verdad, la cual se hace perceptible de alguna manera bajo el signo invertido de la mentira. Pero esto no es sino una aproximación. Si invoco a este Otro, es para fundar la fórmula de que el discurso (del hombre) es el discurso del Otro. ¿Qué significa esto? Este Otro no es un ser, precisamente. Se trata de situar el lugar posible y su carácter inaccesible del inconsciente porque el inconsciente es un discurso a su manera, por supuesto, y perfectamente reconocible por su estructura, que es la del lenguaje mismo; y aquí estamos en lingüística. Sólo esta disciplina -que afortunadamente es una ciencia tan bien establecida en sus principios que ha sido descrita en el llamado campo humano como una ciencia piloto- proporciona conceptos apropiados para dar cuenta muy adecuadamente de los mecanismos del inconsciente. Esto puede ser una sorpresa desde el exterior. Sepamos solamente un rasgo que lo confirma. La lingüística, en el sentido moderno, no se constituyó en la época de Freud; lo que Freud describe, sin embargo, se articula de una manera perfectamente legible como mecanismos lingüísticos. Es muy bonito, ¿verdad? Para hacer entender esto, que es banal, hay que combatir los grandes prejuicios, pero pueden reducirse a un simple prejuicio: confundir el inconsciente con el instinto. El instinto de muerte: ver a toda una escuela luchar con estos registros ridículos, que ni siquiera son manejables bajo esta rúbrica, de modo que para algunos de sus partidarios rechaza la mitad de ellos, es decir, el instinto de muerte, y que al mismo tiempo los demás se vuelven tautológicos (…), su función es perfectamente obsoleta en el plano biológico.
Freud nunca habló de instinto, sino de algo cuyo término es, después de todo, perfectamente intraducible, es el Trieb, que se traduce como «pulsión», pero en realidad se traduce mentalmente sobre todo como instinto, con el resultado de que se logra la confusión más perfecta. Por otra parte, ¿cómo no recordar aquí que debemos concebir (…) como algo que da cuenta del hecho de que la teoría del inconsciente estaba, en el descubrimiento de Freud, ligada desde su misma aparición a lo que se llama el complejo de Edipo? He ahí lo que nos lleva al Otro, pero al gran Otro, aparentemente en una encarnación que lo personifica, aquella del padre arcaico en la medida en que en su asesinato surge misteriosamente el pacto de la ley primordial. Este mito fundado permanece oscuro si no podemos articular adecuadamente la estructura. Ve usted repetirse esta palabra «estructura». Es una palabra que, aunque la actualidad se aproveche de ella para implicar ahí a los teóricos, entre los que me incluyo, que sin duda estamos muy conscientes de lo que implica para ellos mismos, desgraciadamente toma la pendiente que engloba otras bajo una acolada mucho más confusa.
FRANÇOIS WAHL:
¿Acaso otros más que los analistas no están más concernidos por estos Escritos de lo que usted dice y preocupados, entre otras cosas, por el hecho de que, al describir aquí una estructura a través de la escucha del inconsciente, que es la estructura del sujeto, de lo que tradicionalmente se entiende por sujeto, lo que usted está describiendo, cuestionando la simplicidad y el centramiento de este sujeto?
JACQUES LACAN:
La estructura del sujeto es precisamente el punto en el que todo estructuralista no está en algo en el discurso interesado. Y, sin embargo, es una pregunta que se hace todo el mundo, en todos los campos, siempre que se trate de formular estos campos de una manera científica. Es equivalente a la pregunta: ¿qué es la unidad pensante? Como el sujeto es esto es lo que significa, al menos todo el mundo lo cree. Si el inconsciente existe, debe ser revisado hasta la raíz. No hay unidad en el sujeto. Esto no quiere decir que volvamos al redoblamiento de la personalidad, que es tan romántica como desafortunada tesis. La falta de unidad no quiere decir que haya dos, lo que no es más que redoblar el impase, un impase que nos propone el inconsciente. Hay personas que se acostumbrarían gustosamente a la idea de establecer toda una pequeña población de unidades en algún lugar que consideren la psique. No, el inconsciente no es el yo malo, como solía decir alguien que no era precisamente una luz, y que tuve que practicar asiduamente durante un tiempo. El problema es un poco más complicado. Está ligado a la estructura de la repetición en la que cualquiera que piense bajo el modo de la última muestra que acabo de dar está condenado a errores irremediables, necesidad de repetición o repetición de la necesidad, por ejemplo. La repetición, ese fenómeno fundamental del inconsciente, tan fundamental que es tal vez el más fundamental, se remonta al retorno del cólico matutino y, por ejemplo, es necesario recurrir en esta deducción a las adquisiciones más recientes de la lógica, lo que probablemente nos muestre que esta lógica no es en absoluto una ciencia atrasada, lo cual es muy afortunado, que resulte ser una ciencia fundamental en sí misma. Hay que decir que las irregularidades de su desarrollo en la historia, junto con la ceguera que todavía se manifiesta en nuestro tiempo en la apreciación de los tiempos positivos de este desarrollo, muestran claramente que aquí hay un dominio más resistente. Cualquier tipo de (…) manifiesta que, para no ser en absoluto referible a este cajón de sastre llamado afectivo, nos trae de vuelta la cuestión de qué es realmente la resistencia, y que es en la estructura, es decir, en algo que tiene la ventaja de ser analizable, donde tal vez debamos encontrar su raíz.
Por supuesto, sólo se pone en tela de juicio la pretensión teórica, que sin duda adquiere toda su incidencia cuando se trata de formar analistas. Esto deja de lado al terapeuta -quédese el público tranquilo-. El equilibrio se mantiene en la única forma cuyo campo está ordenado en la práctica que, en todo caso, no conoce sino la palabra bastante autónoma, después de todo, del pensamiento del practicante. Su tacto y sentido clínico y los objetivos afortunadamente limitados a cumplir (alivio de una situación patógena, por ejemplo, o resolución local de un síntoma). La pregunta planteada en el nivel en el que la estamos planteando se refiere a la transmisión y, sobre todo, al progreso de esta práctica, pero la sentimos, no sólo ella; interesa, digamos, no tanto al filósofo, en el sentido de que la filosofía se aísla en nombre de una enseñanza autónoma, sino al filósofo en el sentido de que ésta está presente en todos aquellos a quienes una práctica específica plantea problemas radicales. Que por las soluciones que aportamos a estos problemas, las nuestras, reciban aplicaciones singulares a nivel de otras disciplinas, nos hemos visto impulsados a publicar este volumen, destinado sobre todo a disipar los malentendidos que surgen de una difusión oral de la que fuimos los primeros en sorprendernos.
[1] Cfr. Jacques Lacan à l’écoute de l’inconscient (radiofrance.fr). Último acceso: 2024-02-18.
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