Presentación de «Lacan Redivivus» en la librería Mollat – por Jacques-Alain Miller y Christiane Alberti – 2022/02/05

PRESENTACIÓN DE LA REVISTA «LACAN REDIVIVUS»

Por Jacques-Alain Miller y Christiane Alberti

2022-02-05


Buen día Jacques Alain Miller. Buen día, Christiane Alberti. Tenemos la oportunidad de estar en directo y en dúplex con ustedes hoy. Ustedes están en el estudio Mollat en París y nosotros estamos aquí en Burdeos en la estación de la librería Mollat.

Me gustaría empezar, en nombre de la ACF en Aquitania, agradeciendo a la librería Mollat por toda esta organización, toda esta tecnología desplegada tanto en Burdeos como en París. Les damos la bienvenida hoy para celebrar a Jacques Lacan. Para aquellos que están aquí hoy en el lugar, no sé si lo han visto, pero en la calle Vital-Carles hay una muy bonita vitrina que ha sido montada por Mollat con las obras por las cuales hoy estamos reunidos: Lacan Redivivus, Aux confins du Séminaire y La troisième/Théorie de lalangue. Y también con el evento de publicación que salió en la prensa apenas hace algunos días y que ya llegó a Burdeos, Comment finissent les analylses? Paradoxes de la passe de Jacques-Alain Miller. Estos libros se han colocado en esa bonita vitrina situada por la librería Mollat.

Jacques-Alain Miller han pasado unos diez años desde que vino aquí a la librería Mollat con motivo de la publicación del Seminario …o peor. Fue la oportunidad una aclaración importante en cuanto a su nombre y el importante papel que desempeñó en la edición de los seminarios de Jacques Lacan. Usted ha establecido el texto de los seminarios de Jacques Lacan. Es una tarea que se le ha confiado y este trabajo colosal que ha realizado permite que su enseñanza se mantenga en todo lo que tiene de más vivo y actual. La magnitud de su trabajo no puede ser evocada en unas pocas palabras como éstas, pero para los que no lo saben, usted ha estado con Jacques Lacan en la creación de la Escuela de la Causa Freudiana y posteriormente ha fundado siete Escuela de psicoanálisis en todo el mundo. Ellas se reúnen en la Escuela Una, la Asociación Mundial de Psicoanálisis para un esplendor internacional del psicoanálisis lacaniano.

También ha publicado varios libros importantes que se pueden comprar hoy en la librería Mollat o en línea para aquellos que ven el video. Durante una cura, por ejemplo, Carta a la opinión ilustrada y, por lo tanto, muy recientemente Comment finissent les analyses? Paradoxes de la passe. También está la publicación en línea de la cual es usted responsable, Lacan cotidiano, que es una guía para muchos lectores en todo el mundo.

Christiane Alberti, usted es psicoanalista y su trabajo es para el psicoanálisis y su difusión. Ustedes han dirigido con Jacques-Alain Miller la revista Ornicar? desde 2020 y la serie con Lacan Redivivus, esta obra magnífica y uno de los tres libros que hoy nos reúnen. Fueron publicados el pasado mes de septiembre para celebrar el cuadragésimo aniversario de la muerte de Jacques Lacan. Éstas tres son unas joyas y se han publicado en las ediciones Navarin. Me gustaría aprovechar esta oportunidad para destacar la importancia de su editora, Ève Miller-Rose, editora de las ediciones Navarin y que tuvo un papel muy importante para que este encuentro pueda tener lugar hoy. No pudo estar con nosotros, pero le agradecemos.

Con Lacan Redivivus, nos ofrece Jacques-Alain Miller y Christiane Alberti la posibilidad de encontrarnos con un Lacan nuevo, uno que no conocíamos como el hombre Lacan. Cito a Jacques-Alain Miller en una entrevista que tuvo para esta obra: “Un Lacan que es aún, un Lacan para Lacan”. Encontramos en este libro el hombre en su sutileza tal como no cedió nada en cuanto a su deseo desde su juventud edad hasta el final de su vida. Gloria González en la memorable entrevista que apareció en este libro también dijo que Lacan era un hombre con ojos frente al agujero. Vamos a descubrir al hombre Lacan tal como se anuda a su obra de psicoanálisis. Ustedes han hecho con este libro fuera-de-las-normas un acto editorial. La ola que su lectura ha generado en Aquitania atestigua de ello. Es una ola formidable de deseo de trabajo que se ha extendido aquí. Es una oportunidad excepcional para poder hablar de ello con ustedes hoy. Paso ahora la palabra a Catherine Lacasse-Paul, quien es el corazón de la preparación de este encuentro. Ella desplegó implacablemente una dicha y una clarividencia prodigiosa en el tono de Lacan Redivivus.

Catherine Lacaze-Paule:

Gracias. Buen día a todos y a todas. Buen día a Jacques-Alain Miller y a Christiane Alberti. Nos sorprenden obviamente con esta nueva edición de Comment finissent les analyses?, título increíblemente agalmático que también orientará sin duda una parte de las respuestas.

Entonces, la tarde se va a desarrollar así. Christiane Alberti va a hacer una introducción que escucharemos para hablarnos de Lacan Redivivus y luego Jacques-Alain Miller tuvo la amabilidad de responder a las nueve preguntas abordadas por los cárteles más cuatro preguntas directas, cárteles que se han puesto a trabajar juntos el número de Lacan Redivivus. Los colegas plantearán uno tras otro las preguntas y Jacques-Alain Miller responderá.

Entonces, Christiane, voy a pasarle la palabra. Una pregunta. Nos gusta y nos ha gustado leer Lacan Redivivus porque cada uno se pregunta quién era Lacan, cómo era Lacan, y qué era Lacan. Este volumen es hermoso y de alta calidad. Nos pusimos todos a leer a Lacan y nos dimos cuenta de que Lacan nos miraba desde la portada, esta magnífica foto tomada por Jacques-Alain Miller que hace que Lacan sea quien nos mire. Entonces, me gustaría preguntarte una cosa: ¿cuál es el secreto de fabricación de “Ornicar?”? Nosotros pensamos y hemos hecho la hipótesis que, como La carta robada, este volumen dice algo que tenemos bajo los ojos, un volumen que tiene peso, un volumen con su composición heterogénea, este volumen elegante, este volumen variado y nos dice algo sobre psicoanálisis hoy. Hay una carta/letra que leer.

¿Qué nos enseña este Lacan tan vivo, tan sapiente, tan tocante, tan conmovedor? ¿Qué es lo que Lacan Redivivus nos dice de la cuestión del psicoanálisis de ayer pero también de la de hoy y, por tanto, del mañana? Entonces, este Lacan Redivivus que ha inspirado y respira vida, fuerza y alegría y es tal vez ya un antídoto contra la pulsión de muerte, a la cobardía moral y la tristeza que acompaña a nuestra época. ¿Podrías decirnos, Christiane, cuál fue el secreto de su fabricación?

Te paso la palabra.

Christiane Alberti:

Sí, en primer lugar, me gustaría agradecer a la librería Mollat y a la Acf-Aquitania; a la librería Mollat por su acogida aquí en París, pero también en Burdeos; a la Acf- Aquitania en particular a Bruno Alivon y Catherine Lacasse-Paul para la organización que han creado en un tiempo muy corto. Así que gracias por esta bienvenida y gracias por darnos la oportunidad de hablar de la experiencia que fue la fabricación de Lacan Redivivus.

Entonces, Catherine tú hablas de secretos de fabricación. No podría decirte si hay un secreto de una fabricación sobre la brecha en una cierta urgencia y una urgencia que se sostiene al objeto en sí, al objeto absolutamente inédito. Inédito porque para este número de Ornicar? fuera de serie todo ha sido precisamente fuera de serie y fuera de la norma: el contenido primero, pero también la impresión del papel, la pasta cosida con la apariencia de un hermoso libro obviamente inspirado en las portadas de los cuadernos de l’Herne, los Cahiers de l’Herne que acogieron muy amablemente la publicación de este volumen. Entonces dije urgencia ya que se trata de conmemorar un aniversario, aquel de los 40 años de la muerte de Lacan celebrando al hombre Lacan más que al psicoanalista con fama internacional y, por lo tanto, una urgencia de decir quién era Lacan, quién era para aquellos que se han codeado con él. Desde el principio lo que nos pareció obvio, entonces cuando digo nosotros, me refiero al equipo de Ornicar?: Jacques-Alain Miller, pero también a Deborah Gutterman-Jacquet, France Jaigu y Ève Miller Rose. Lo que nos parecía evidente de entrada fue que sería un aniversario sin nostalgia, sin pathos que habría que pasar al público; un Lacan íntimo. Al principio no había un proyecto general. Al principio hubo un conjunto de tres piezas que Jacques-Alain Miller confió a la revista Ornicar? con tres elementos: una larga entrevista con Gloria González, quien era la secretaria de Lacan hasta los últimos momentos de su vida. Es una entrevista que hace escuchar la necesidad de la importancia de publicar testimonios de familiares de Lacan, su familia en primer lugar, pero también aquellos que se han codeado con él en su vida diaria. Son testimonios que yo diría eminentemente útiles para reparar la desastrosa reputación de Lacan que se ha difundido en el público ya que nos hacen descubrir a otro Lacan. La relación de Gloria y Lacan merecería que se mencione a muchas anécdotas que relata en esta conversación, pero podríamos mencionar una: Lacan se entera que Gloria está en la cárcel en Briançon y va a buscarla. La hizo liberar inmediatamente. Es toda la fuerza de sus lazos, es toda la fuerza del inconformismo del Lacan, del Lacan que escogió a esta mujer de carácter, fuera de la ley a su manera que aparece en este episodio. También es ética de Lacan que aparece al mismo tiempo. El que conocemos no dudó en los años de la ocupación nazi en salvar a Sylvia de una posible detención.

Así, luego de la entrevista con Gloria hay dos textos de presentación de enfermos que muestra de más cerca la forma en que Lacan practicaba el psicoanálisis y más allá, lo que la orientación lacaniana tiene de actual y cómo aún hoy inspira y orienta a generaciones enteras de practicantes. En sus presentaciones, si una vez más tuviéramos que ilustrar o retener sólo un momento, sería en la presentación de la Sra. Boyer, el momento en que Lacan le dice a la paciente que no lo va iba a tratar como una enferma. Ella responde. “Un poco, pero”. Él desajusta las cosas en las siguientes preguntas preguntándole: “Dígame lo que usted piensa. ¿Usted es una verdadera enferma o una falsa?”. No sólo sitúa la decisión de considerarse como enferma del lado de ella, pero también le permite hacer que esta respuesta sea tan precisa. “No lo sé. Entre verdadero y falso no atino. No soy ni una verdadera enferma, ni una falsa. Existo como enferma. Pero el problema no es de serlo o no serlo”. Esto para este fragmento.

Tercera pieza. Había un manuscrito inédito de Lacan que abrió la colección de todos los archivos inéditos que se encuentran en este volumen. Por lo tanto, es un volumen que fue diseñado de acuerdo con una composición que resultaba a posteriori ser una composición equilibrada entre archivos clínicos y testimonios. Me parece que esta composición funciona un poco como un caleidoscopio, un bricolaje a partir de elementos diversos: archivos, testimonios, imágenes, escritos personales, que finalmente compusieron un hermoso objeto a la vez equilibrado y siempre cambiante. En efecto, a la manera del caleidoscopio este Lacan Redivivus, según el ángulo que se lo aborde, según la puerta de entrada que se escoja, da a ver un nuevo Lacan: un padre, un abuelo, un suegro, un hermano, un amante, un analista, un clínico, un analizante, un intelectual, un epistolar. Desde este punto de vista, es un volumen que hace la economía de la pesadez de la forma biográfica. Pesa su peso, pero paradójicamente es ligero. Podemos balancear su peso según el orden que elijamos y sin duda tendremos que evocar la cuestión de la relación de Lacan con el tiempo. Y bien, esta libertad de lectura es la medida de la libertad de Lacan en relación a su historia.

Luego, acerca de los archivos, me gustaría mencionar que han dado lugar a un trabajo muy importante de formato, de desciframiento, de transcripciones de la escritura de Lacan y es un trabajo que le debemos en su mayor parte a Deborah Gutermann-Jacquet, quien ha hecho una cantidad considerable de trabajo y que me gustaría saludar aquí. Este trabajo de descifrado, hay que decir que a veces fue extremadamente divertido, la mayoría de las veces alegre cuando se trataba de preguntarse durante toda la tarde para si Lacan había escrito “coffre fort” o “roquefort”. Entonces, fue un trabajo muy muy alegre en general. Así, en lo que respecta a los archivos, me gustaría destacar que el volumen se abre con el libro de sueños de Lacan. Fue un momento -debo decir- muy intenso en el momento de la realización de este volumen. Primero porque tuvimos varias dudas en varios momentos sobre la transcripción, ya que el relato de un sueño no tiene la coherencia de un texto ordinario. Luego, porque cuando lo descubrimos lo descubrimos nos cuestionamos sobre el propósito de tal publicación. Los sueños que son contado por Lacan indican, no solo la forma en que se encomendó a analizarlos, sino también elementos de vida privada en un momento de compromiso crucial de las elecciones de amor, de dilemas en el amor: el hombre de deseo, pero también el universo fantasmático -que en todos no se puede compartir- encuentra aquí su exposición, pero sin un pudor para ser precisamente esta parece sólido de goce que se oculta en cada uno. Transcribirla para sí mismo es reconocerla como parte de uno mismo. En este sentido, la dificultad de descifrar también se debe en parte a la naturaleza íntima de este escrito y básicamente es literalmente no es para leer. Esa es la razón por la que algunas palabras son cortadas, presentando puntos suspensivos o simplemente se esbozan como codificados para sí mismo, mientras que otras presentan una grafía que contrasta mucho con los manuscritos teóricos de Lacan que son mucho más fáciles de leer. Entonces, ¿qué necesidad de hacer público un texto tan íntimo? Ciertamente no es sin evocar que el propio Freud en este avance en el siglo hizo saber al público su descubrimiento basado en sus propios sueños, pero fue en la época de la invención del psicoanálisis. Aquí me parece que es muy diferente. Se trata de Lacan en análisis, analizante y, por lo tanto, decidiendo publicar este libro de sueños, Jacques-Alain Miller impulsa lo que es la práctica del psicoanálisis en el campo de la opinión, en el ámbito social y me parece que la cuestión aquí es decisiva en cuanto a la difusión y la transmisión del psicoanálisis. Es decir, una práctica que puede empujar a alguien a ir muy lejos en la aproximación de su ser al desprenderse de los ideales, de lo bello, de las significaciones recibidas. Entonces, la dirección de este volumen me parece ser un ángulo fundamental de la publicación, es decir una dirección que no está reservada para los especialistas.

En los archivos también mencionaré el manuscrito de 60 páginas, “Mise en question du psychanalyste”, un texto muy fuerte sobre la ética, la posición del analista, su práctica, las trampas y los espejismos del narcisismo, los giros en los momentos de humor. Cuando se trata de las cartas, debo decir que había toda una interrogación sobre la elección de los corresponsales ya que había una cantidad muy importante de cartas. Así que tuvimos que hacer una selección. Hay una gran amplitud y diversidad de esta correspondencia que da testimonio del trabajo de Lacan -lo vemos en la correspondencia con Jacques Aubert-. Elegimos las cartas donde se habla de temas extremadamente agudos de los libros de los que intercambiaron. Es realmente esta elección la que guió nuestra selección de cartas con Jacques Aubert. Pero también hay una correspondencia que atestigua del lugar de Lacan en el medio intelectual con Althusser, con Fellini o institucional. Pienso en la correspondencia con Lévi-Strauss que ayudó Lacan después de su excomunión para encontrar una sala para estos seminarios. Y también, la correspondencia con Melanie Klein. Hay dos cartas muy divertidas en las que Melanie Klein se pone impaciente ya que Lacan tarda mucho tiempo en traducir su obra. Ella teme que nunca aparezca. Están también evidentemente las cartas familiares a su padre. Sentimos el carácter de Lacan, su firmeza y determinación y su rechazo de las convenciones. Los testimonios y las correspondencias de la familia de Lacan son extremadamente conmovedores y dan vida a un Lacan que a la vez desconcertaba a sus familiares y al mismo tiempo sabía tomar la dimensión de sus familiares, la dimensión del otro. Descubrimos a un Lacan muy tierno, muy presente en la entrevista con su hija Judith Miller en particular. Es muy conmovedora. Ella hace vivir a Lacan a través de los objetos de su escrito. Cada uno en este volumen atestigua su singular relación con Lacan y especialmente de la manera en que tenía de hacer vibrar en cada uno una cuerda sensible. También, le gustaba que no se le obedezca, no le gustaba que se haga de él un maestro/amo en ninguna parte y no le gustaba que hagan de él un maestro/amo.

Entonces, para terminar, diré una palabra del título Lacan Redivivus. Fue un título que Jacques-Aain Miller encontró. Es una forma de decir que este volumen no pone el acento en el pasado de un hombre, sobre un pensamiento que sería un pasado. Es un volumen que no se trata a Lacan como un personaje histórico. Es más bien un Lacan que mira a lo actual, un Lacan vivo que nos mira y que nos despierta. De ahí el título Lacan Redivivus.

Es lo que podría decir para presentar a la vez el volumen, pero también la aventura que fue su fabricación.

Catherine Lacaze-Paule:

Muchas gracias, Christiane. Efectivamente, has hecho sensible la forma en que el psicoanálisis se encuentra con la forma en que se transmite, cómo se enseña y cómo se practica. Muchas gracias por esta presentación. Entonces, Estelle Plançon es la primera que va a dirigirle una pregunta a Jacques-Alain Miller. Va a leerla para el público y luego podrá responderla.

Estelle Plançon:

Buenos días. Estoy contenta de dirigirle esta pregunta. Mi pregunta es acerca del efecto producido por esta obra, Lacan Redivivus, tan singular para su lector, sobre todo por su forma a través de la cual aparece Lacan auténtico como lo dijo tan bellamente el librero. Lo que me llamó la atención fue la presencia de la escritura de la mano de Lacan, las primeras escrituras que vi fueron del primer texto “Mise en question de la psychanalyse”. Antes incluso de leerlo, me impactó su estilo, el impacto de estos borrados, de las correcciones que resaltan su búsqueda del bien-decir sin decirlo. El texto retranscrito sin sus borraduras y correcciones de lado no hubiera sido la misma cosa. Sin embargo, no sé cómo formular mejor el efecto que lo produjo. ¿Puede haber algo del cuerpo allí? En cualquier caso, incluso antes de atrapar el fondo de este trabajo es de hecho su forma la que ha producido en mí un efecto que me ha capturado, un efecto inesperado de encuentro, ese Lacan que no conocía. Todavía no tengo las palabras para decirlo, pero tal vez podría usted aclararme.

Jacques-Alain Miller:

Así que usted se llama Estelle.

Estelle Plançon:

Sí.

Jacques-Alain Miller:

Sí. Lo que me llamó la atención a mí es que usted haya elegido pescar en este gran volumen primeramente la palabra «auténtico». Me parece que esta elección es muy acertada e inspiradora. Lo es aún más, ya que la ha acoplado con la emoción que se apoderó de usted al ver la escritura manuscrita de Lacan. Así que debo decir que me dieron las doce, las trece preguntas por adelantado e indiqué en qué orden quería que se las responda. Y puse su pregunta como encabezado. Primero porque no pude encontrar dónde situarla en la continuación que imaginaba. Pero sobre todo en razón de este encuentro entre la autenticidad y el manuscrito. De hecho, la palabra «auténtico» -perdónenme por ser un poco pedante en esto- viene del griego autós que quiere decir “mismo”, “tú mismo”, “sí mismo”, “yo mismo”. Su sentido original -si no me equivoco- es “hacer con la propia mano”. Lo que explica que de lo que se trata sea garantizado y fiable. Entonces, si no me equivoco, hay un fundamento en el lenguaje del acercamiento que usted hace entre lo auténtico y la emoción que ha sentido por el manuscrito. Si creemos en esta etimología, el manuscrito, lo escrito por la mano es por excelencia lo auténtico. Es también el porqué en un mundo que se desmorona bajo las escrituras computarizadas, electrónicas, permanece la función de la firma que es necesaria para certificar la autenticidad de la voluntad de quien escribe.

Es por esto por lo que me interesa en todos estos dispositivos especiales que se hacen hoy en día, estos dispositivos con seguridades para crear una firma electrónica que sea auténtica. Es extremadamente entretenido. Estos dispositivos son definidos por decreto a principios de este siglo y se modifica en 2017 -entonces es algo muy reciente-, esto para asegurarnos de que la firma de dicha firma electrónica sea efectivamente aquella del sujeto. Es sumamente entretenido. Fui a ver esto porque en el trabajo de responderle -no lo expondré porque nos distanciaría de nuestro tema-, pero es algo para ir a ver.

Así que ahora tomemos esta expresión de «Lacan auténtico» que usted ha buscado en boca de Monsieur Clavreul, uno de los libreros de Lacan, sin duda el favorito que Lacan iba a visitar rápidamente entre dos pacientes e incluso ese librero se imaginaba que en un momento Lacan había dejado en el sofá a un paciente para venir a buscar algún libro antiguo donde él. Eso sin duda da cuenta que Lacan tenía mucha desenvoltura.

Entonces, hablar de «Lacan auténtico» es quizás asumir que hay otros Lacan que son inauténticos, pero sobre todo el Lacan de Lacan Redivivus es un Lacan privado, mientras que, hasta ahora teníamos principalmente la idea de un Laca público, público para sus analizantes, público especialmente en su seminario donde apareció -si puedo decir- magnífico y con un talento oratorio bastante notable, muy singular. Había dirigido en un momento dado a un periodista de lengua bien holgada llamado Michel Manceau que había escrito en el expreso de la gran época y quien me dijo a la salida -fue una cierta ayudita de Lacan, hay que decirlo, pero era su estilo propio-, que se parece mucho a Sacha Guitry.  De hecho, es mucho mejor y más profundo que Sacha Guitry. Aunque hay algo en este gusto por hablar de los hombres y las mujeres, de su relación, de ciertos estatutos, etc. Pero fue algo muy sorprendente que alguien como, por ejemplo, Philippe Soler, que conocía a todos los escritores intelectuales de la época y quien era un bromista, que se mofaba de mucha gente- y él dijo que nunca se habría perdido un seminario de Lacan en su vida. Era asiduo de cada lección y además hubo un período donde se inspiró mucho en Lacan, de su tono, de sus gestos en incluso de sus temas.

Entonces, había un Lacan magnífico en su seminario y cada semana entregaba una lección nueva, que no se repetía jamás. Así, Soler se imaginaba que Lacan improvisaba llevado por el impulso de su palabra. Eso es inexacto. Había todo un plan. Había un montón de hojas que son las notas que Lacan escribía antes de su seminario, notas que a veces eran una oración o a veces en dos palabras, un esbozo de esquema que le servían como hilo conductor para sus lecciones. Así, sin duda hubo una parte de improvisación para vincular estos elementos, pero no fue no prevista. Muchas veces no llegaba al final de lo que había planeado y dejaba en el aire una parte y cuando retomaba de nuevo para la lección siguiente, recomenzaba de nuevo desde cero y no retomaba el final de la lección precedente. Ese es Lacan público de su seminario.

Hay el Lacan de sus pacientes que era también magnífico de cierta manera, a veces horrible, más grande que la vida -si puedo decir- y hay que decir que era un Lacan visto a partir de los efectos de la transferencia -como decimos-. Entonces, hay una especie de inflado del personaje que responden a las transferencias -generalmente positiva, pero a veces negativa- de esos análisis años. Esta es también la cara de la creación de un Lacan-mito, de los mitos de Lacan.

Hay también el Lacan de sus colegas. No les sorprenderá si les digo que era difícil convivir con Lacan para los colegas de su generación o mayores que él. Era más fácil para sus estudiantes más jóvenes. En la mayoría de las veces, los intercambios entre analistas de la misma Escuela o de la misma sociedad son excesivamente corteses. Pero Lacan, cuando no estaba de acuerdo con un punto u otro, no se molestaba en no señalarlo. No eran solo respuestas amigables. Las personas podían en ocasiones salir lastimadas. Él era más amigo de la verdad que de Platón -para tomar una fórmula proverbial-.  

Ahora el Lacan privado. El Lacan privado era muy privado porque por su modo de vida estaba rodeado, protegido por el silencio de sus parientes, de sus familiares. Era entendido sin que diga nada. Y se comprendía que no había que hablar de él al exterior. No se hablaba de él y de su vida cotidiana. Y esa disciplina fue mantenida durante 40 años. Se expandió en el público una imagen difamatoria de Lacan -no sé si ven en quién pienso- y con una perseverancia realmente admirable. Comenzó diez años después de la muerte de Lacan y cada que vez que nombre “Lacan” aparecía por alguna razón en la prensa era seguido por un comentario despreciativo. A pesar de eso, nosotros no dijimos nada acerca de lo que hoy en día revela Lacan Redivivius. Siendo que han transcurrido ya 40 años y he reflexionado acerca de que el momento de romper de romper este silencio había llegado. Era menos obvio para mis hijos, por ejemplo, que fueron criados en esta disciplina y estaban muy sorprendidos por la idea de que íbamos a entregar al público elementos privados y tomó algún tiempo antes de que participen en el asunto y para mi hija, quien juega un papel muy importante en la fabricación de este volumen. Entonces esta prohibición en verdad ya había sido retirada por Catherine Guillot que había reeditado su La vida con Lacan que es un testimonio tenue, pero del mejor gusto cuando realmente era un tema difícil de tratar. Entonces, ella allanó el camino de cierta manera.

Lo que me llamó la atención entre otras cosas es la historia de los empleados de Lacan -para llamarlos así-; Gloria en París, quien estuvo -como Christiane Alberti recordaba- constantemente con Lacan desde que tenía 20 años, 21 años. Y cuando Lacan fue a buscarla a la cárcel sólo la conocía desde apenas dos años -creo-. Pero él se quedaba con las personas que apreciaba y ella se quedó con él hasta el 9 de septiembre de 1981 cuando Lacan fallece. Entonces, estaba Gloria en París, conocida por todo el mundo, y a quien nunca le sacamos una palabra sobre lo que sabía de íntimo del Dr. Lacan excepto con la familia y ningún secreto con Judith -hija de Lacan y mi esposa-. Ellas se adoraban entre ellas. Conmigo ella a veces era más reservada, pero finalmente hablaba mucho, pero con otros nunca.

Después estaban Jesús y Alicia, conocidos por todo el mundo, y quienes estaba allí en Guitrancourt, en la casa de campo de Lacan donde iba todos los fines de semana; tal vez no en los años 50, pero desde que yo lo conocí en 1964 invariablemente Lacan el viernes por la noche y si no podía lo hacía el sábado por la mañana a más tardar y tomaba sus cachivaches para ir a Guitrancourt y regresaba domingo por la noche a menudo en medio de los atascos de tráfico de la carretera -que no han sido aligeradas por otros tramos sino  bastante recientemente-. Y ustedes conocen la frase de Hegel según la cual “no hay héroe para su valet de cámara” y Montaigne ya había dicho algo similar y Goethe después de Hegel estaba de acuerdo con eso. Pero esto va en contra de Tolstoi que piensa al contrario que el valet puede observar perfectamente la calidad moral o la mediocridad del amo. Entonces, no eran sus valets de cámara, sino sus empleados y lo que leemos es que sentían por Lacan admiración y cariño. Y que para ellos era un héroe incluso cercano, amigable, un defensor, un bienhechor a pesar de la frase de Hegel, frase famosa de Hegel. Bajo maneras diferentes, Gloria era el ruido y el furor de la 5 Rue de Lille, mientras que con Alicia era la tranquilidad y la buena comida -buena cocina que había aprendido allí porque como ella lo dice, ella no sabía nada cuando ella comenzó a la edad de 23 años, fue en el trabajo que aprendió a cocinar al gusto de Lacan, quien la convirtió en maestra de sus menús-.

Bueno, así que añadimos a la familia, a los analizantes y luego un cierto número de personajes, los libreros. Christiane Alberti ya habló de ello.

Luego, este Lacan privado y auténtico o más auténtico que otros. La cuestión se plantea. Luego no pude evitar pensar en alguien por esa palabra “auténtico” y porque mi primera formación es en filosofía, no pude evitar pensar en Heidegger, aquel primer Heidegger de Sein und Zeit, para quien la palabra “autenticidad” tiene un peso particular hasta el punto de que cuando Adorno -el filósofo de la Escuela de Frankfurt se empecinó en demoler a Heidegger hasta el punto de enfatizar sobre su nazismo fundamental antes de que una serie de descubrimientos condujeran a atestiguarlo, aunque esto haya sido impugnado por los heideggerianos- se empecinó en demoler a Heidegger, él lo hizo bajo el nombre de «la jerga de la autenticidad». Esta autenticidad -voy a dejar el alemán de lado- es lo que, según Heidegger, llama el Dasein, lo que se traduce por la existencia, lo existente y luego los más puros heideggerianos lo tradujeron por el «ser ahí» -todo para no traducirlo por la conciencia o el alma- y los heideggerianos puros lo quisieron traducir por «el ser siendo ahí». Esto para decirles a qué punto difícil de traducir. Y Heidegger dice que el Dasein es esencialmente lo que puede ser auténtico, es decir, algo que le es propio. El Dasein es siempre mío, yo puedo captar lo que es mío, perderlo o al menos olvidarlo. Encontramos en Sartre -una versión de lo que ha leído en Heidegger- en El ser y la nada y análisis que hace de la la mala fe no es ajena a Heidegger y lo auténtico. Básicamente la autenticidad para Heidegger es un modo de ser, de existir según lo que yo llamaría para ir rápido un ideal de autorrealización. Y es en este sentido que podemos decir que alguien es auténtico. Decimos que alguien es auténtico cuando se trata de alguien que no presenta falsos semblantes, alguien no tiene falsas pretensiones, alguien que está firme en lo que hace o dice y que no tiene reservas mentales, que no tiene reservas mentales y que así realiza -lo que diríamos en lacaniano- su deseo. Lacan cuando dice que tiene 5 años de edad mental elige una edad antes del declive del complejo de Edipo donde se cristaliza precisamente la represión, la humanización del deseo y, por lo tanto, preserva algo salvaje y una exigencia innegociable. Y es incluso antes de que se forme el respeto por la figura paterna. He aquí está la referencia de Lacan. Y es en este sentido que creo que sí, que Lacan era auténtico en este sentido y que incluso sus oponentes o incluso sus enemigos lo han reconocido como auténtico -algunos dirán auténticamente malo, auténticamente desagradable, auténticamente perverso-, pero el hecho de que fuera auténtico nunca fue cuestionado.

Así que no me voy a exceder. Ya he respondido extensamente por las asociaciones que han despertado en mí su referencia a Lacan auténtico en lo que refiere a los manuscritos y el interés que usted muestra en ello, el interés suyo en los tachones, en el bien-decir de Lacan. Recordaré que hay una disciplina bastante reciente que se ha desarrollado que se llama la «genética de los textos» a la que se dedican numerosos universitarios y que estudian la génesis las obras literarias o de algún escritos a partir de los estados anteriores a la versión definitiva. El borrador que estudian, las correcciones. Y hay que decir que la introducción del computador molesta mucho a toda esta industria y que básicamente es más en las alturas del siglo XIX y XX que podían ejercer sus talentos, más que hoy en día, aunque puede haber métodos para encontrar en el computador para encontrar textos antiguos.

Recordemos que Ponge, el poeta que hablaba de la fabricación del texto dio especialmente al final de su vida, múltiples versiones de un texto muy corto. Y así, él mismo daba las versiones anteriores a las definitivas e hizo un libro con eso. Así que, en cierto modo, la genética de los textos desacraliza el trabajo, no se pone en un pedestal ya que se muestra, por el contrario, que es el objeto de una industria, de una reflexión de corrección, etc., es decir -incluso usando palabras que Derrida que están de moda- deconstruir la obra. ¿Se aplica a Lacan la genética de los textos? -ésta ya existía en su época, pero no tenía el desarrolló que tomó después-.  Pienso en lo que escribió en su texto sobre Gide. Está en los Escritos, página 742. Gide guardaba muchas hojas de su mano y Lacan nota que hay un nuevo signo de valor que fue introducido en el mercado – en el mercado de los libros, etc.-y son los pequeños papeles. Y dice que los manuscritos que la imprenta había reprimido en la función de lo inédito recomienzan como parte interesada en la obra. No podemos decir mejor cuando pensamos en Ponge quien dio esto mucho después de la escritura de Lacan. Entonces Lacan nota que Gide había preparado cuidadosamente sus borradores para el uso de los exégetas y en particular del psiquiatra y que Jean Delay -el psiquiatra que escribió acerca de Gide- de cierta manera ya había sido previsto por el propio Gide. Podemos decir eso, por ejemplo, de Flaubert también, que ha conservado todas las huellas de la construcción de sus novelas y allí -leí eso en algún lugar- hay 20.000 páginas de Flaubert que aún están por explotar y son los borradores o quizás las deconstrucciones de base de sus novelas. Entonces, hay ese pequeño juego. Una vez que se sabe que va a ser estudiado, considerado como siendo parte de la obra, el escritor tiene en cuenta eso. Un escritor, un Chateaubriand, por ejemplo, destruyó absolutamente estos manuscritos. Stendhal, al contrario, los mantuvo, pero era porque todo eran manuscritos en su casa y dejó manuscritos enteros sin publicarlos.

Bueno, hasta aquí lo que me inspiró. Es un poco largo. Bueno es lo que me inspiró su pregunta y le agradezco.

Catherine Lacaze-Paule:

Bueno, es el turno de Carole Dewambrechies-La Sagna.

Carole Dewambrechies-La Sagna:

Buen día, Jacques-Alain. Buen día, Christiane. He aquí la pregunta que preparé para Jacques-Alain Miller. Barbara Cassin dice en la página 432 de este libro que su intercambio con Lacan alrededor de la lengua griega “fue placentera, agradable y fuente de dicha”. Este volumen me pareció -que tiene un formato poco común- placentero, agradable y fuente de dicha. Este libro parece una interpretación, siendo el resultado de la presteza de aquel que lo concibió. En relación con eso, un gran agradecimiento a usted, Jacques-Alain, y a los que lo han ayudado en esta empresa. ¿Quiere decirnos una palabra de cómo usted fabricó -usted ya comenzó a hacerlo- este libro que tanto placer nos ha dado tenerlo en las manos?

Segunda pregunta. Usted publica en este volumen dos presentaciones de enfermos hechas por el Dr. Lacan en Saint-Anne, una de ellas de la Sra. Boyer. En la discusión que sigue a la presentación, Lacan no duda en hablar con los psicoanalistas que lo rodean, de parafrenia imaginativa y a interrogar la dificultad de pensar los límites de la enfermedad mental. En nuestra época de despatologización acelerada, ¿quiere decirnos cuál es su idea al sumergir a los lectores en esta clínica tan fina, tan detallada, tan actual. Esa es mi pregunta.

Jacques-Alain Miller:

Es optimista decir que es tan actual. Diría más bien que es inactual en el sentido de Nietzsche, es decir -como uno traduciría también- intempestiva. Se necesita un esfuerzo para aclimatarla a la actualidad. Estoy seguro de que estamos de acuerdo en eso y esa es la orientación de la tercera pregunta que escuchamos hace un momento de Pénélope Fay.

Entonces, básicamente hay dos preguntas. Usted ha sido la única en plantear dos preguntas muy disparejas. Muy bien, acojo eso sobre todo porque estoy muy halagado por la palabra que usted ha empleado, la de «presteza» para calificar mi acción en este asunto del libro. Estoy tan honrado de este término que me viene el recuerdo de lo que Lacan dice en un momento en su texto llamado “Televisión”: “La interpretación debe ser presta”[1]. Es la rapidez, la presteza, pero con un anudamiento me parece -que revisé en Le Robert-, un anudamiento de habilidad, de fineza, de astucia, de dirección que puede llegar hasta la estratagema. No hubo una estratagema ya que fue necesario que yo admita -no sé si se lo dije a Christiane Alberti, pero creo que sí- que comenzó por una distracción. No pensé absolutamente al principio del año en el cuadragésimo aniversario de la muerte de Lacan y cien vigésimo de su nacimiento. Nació en 1901. Estaba pensando en otra cosa y creo que lo que me recordó a mí mismo es sin duda el aniversario de Lacan el 13 de abril, pero no creo que haya pensado en publicar algo alrededor de eso hasta mayo. ¿Exagero?

Christiane Alberti:

Sí porque las tres piezas de las que hablaba cuando usted me las envío me dijo que serían para el volumen de aniversario.

Jacques-Alain Miller:

¿Y en qué fecha fue eso?

Christiane Alberti:

Fue mucho antes. Fue en marzo.

Jacques-Alain Miller:

¿Ah sí? Antes del aniversario de Lacan entonces.  Estaba distraído, pero no demasiado finalmente. Normalmente debía haberlo preparado para el año anterior. Entonces, quedaban en realidad es menos de seis meses hasta la publicación. Entonces, fue necesario hacer -como decía Baltasar Gracián- lectura de Lacan rápido y bien rápido; rápido y bien es incluso mejor que bueno. Así que para mí el centro que verdaderamente tenía muchas ganas de publicar primero fue mi entrevista con Gloria, Gloria quien fue el silencio encarnado, quien no hablaba del Dr. Lacan a pesar de las solicitudes de sus analizantes -a quienes conocía ya que les abría la puerta-. Ella fue a veces su confidente dado que a medida que envejecía, Lacan hacía sesiones cada vez más cortas. Así, cuando los analizantes no encontraban la oportunidad de recostarse completamente en su diván, a veces completaban la sesión de confidencias con Gloria. Pero ella no decía sus propias confidencias. Ella permanecía muda y tuve la idea -que creo que fue en 2009 por una razón muy específica que no diré- de que iba a pedirle el interrogarla frente a una grabadora y esa sería básicamente la única vez. Tuvimos una cena con Judith y el marido de Gloria. La llamé por teléfono y le dije si aceptaba que esa noche en la cena le grabe y responda preguntas acerca Lacan. Y fue la única vez que sucedió y es un retrato del Lacan auténtico de la 5 Rue de Lille.

Así que tengo que decir que el texto que está en Lacan Redivivus no es integral. Es lo que tenía ganas de publicar. Es algo que había guardado debajo del codo desde hace mucho porque parecía demasiado íntimo para ser entregado al público y ahí sentí que el tiempo de publicarlo había llegado. Gloria había fallecido, desgraciadamente, Judith, Abdoul -el marido de Gloria quien era el único sobreviviente de este equipo de cuatro-. Y quise entregarlo al público después de completar las confidencias de Jesús y Alicia acerca del Lacan de Guitrancourt, quien era un Lacan calmado, encantador, que no daba órdenes, que cuando venían sus hijas tenía ganas de cenar con ellas, las ayuda a instalarse en su pequeña casa, les invitaba a cenar, en fin…Era absolutamente encantador. Evidentemente, Jesús y Alicia también se criaron en ese fondo de silencio. Sin embargo, cuando les llamé, Alicia me dijo enseguida: “De acuerdo”.

En cuanto a la familia, era una familia dividida ya que estaban los hijos del primer compromiso -Caroline Thibault Sybille- y luego Judith -la única hija del segundo compromiso, del matrimonio de Lacan y Sylvia Bataille. Hubo un vínculo entre Thibault y Judith. Thibault me confió recientemente que entre los 15 y 16 años estaba enamorada de su sobrina. Pero la familia estaba realmente separada en el momento de la sucesión de Lacan -como sucede a menudo- y esa sucesión duró diez años. También quise que este número marcase la reconciliación de la familia y los hijos de Caroline, Cyril y Fabrice aceptaron estar presentes en el número. Thibault quien ya se había reconciliado con Judith dio un texto muy conmovedor acerca de la relación con su padre. Cyril -que además de estar en el Consejo de Estado es un escritor que ya ha publicado textos literarios en Grasset- escribió un libro acerca de las visitas que Lacan hacía a sus nietos del lado de Caroline -ella ya fallecida-. Fabrice, que es un autor de obras de bulevar que han tenido mucho éxito -de la Escuela Normal-, él se conformó con dar una foto. Ahí fue un error de impresión. Debimos haberla puesto sobre papel estucado para que salga bien; la pusimos en papel ordinario y ella no tiene la brillantez. Ahí se representa a Caroline, su madre, el Dr. Lacan y el pequeño Fabrice a sus diez años.

En cuanto a mis hijos, realmente se aferraron a mucha discreción mientras conocían al Dr. Lacan, y tuvieron la oportunidad de verlo los fines de semana en Guitrancourt a partir de un cierto momento.

Entonces, paso las otras contribuciones y diría que es un Lacan inesperado en cuanto a la imagen del mito y que nos damos cuenta desde ya que su singularidad tiene raíces muy antiguas. Debo decir que los documentos que están ahí provienen en su mayoría de un solo lugar. En verdad no tenía tantos documentos y le dije a mi hija: “Vamos a Guitrancourt, pasamos el día ahí, buscamos papeles del Dr. Lacan que están ahí a granel”, ya que desde hace 40 años no quise acercarme y profanar ese depósito que me había dejado con la misión de hacer con él lo que yo quisiera.  Enseguida meto mis manos en una caja de cartón donde había piezas de textos que Lacan había guardado para sí.

Había particularmente lo que se encuentra en la página 147 y que para mí es absolutamente irresistible, es decir el aprecio del director del Colegio Stanislas -siempre ha sido un establecimiento religioso-, el director del Colegio Stanislas que hace sus observaciones sobre el Lacan a sus 17 años. Y lo escribe y Lacan conservó eso. Encuentro eso irresistible. Escribe: “Jacques es inteligente, pero bizarro. Su trabajo es así irregular. Nos quejamos de su diplomacia de pasar al lado del reglamento”. No se puede haber resumido mejor básicamente lo que fue la vida del Dr. Lacan. En efecto, él dio la vuelta a todos los reglamentos de IPA -Asociación Internacional de Psicoanálisis- fundada por Freud. Y tuvo su propia práctica del psicoanálisis. No desistió de ella. De hecho, así le parecía a la mayor parte de sus contemporáneos, incluidos a sus familiares como alguien que no era como los otros, algo raro -si se quiere- y vemos que su personalidad ya se formó en a los 17 años. Básicamente, dijo de Gide que su personalidad se deformó a los 25 años precisamente; aquí tenemos la sensación de que su personalidad se formó a los 17 años.

Por tanto, yo diría que aún más es que su posición realmente es la opuesta a la de sabiduría tradicional, por ejemplo, la estoica. Por ejemplo, se encuentra en Séneca la idea de que el sabio debe acordar su fachada a aquella del pueblo, es decir que debe hacer como el común de los mortales al mismo tiempo que se distingue de ellos en su fuero interior. Pero por prudencia se hace en Esparta lo que se hace en Esparta.  Está en el “Epistuale morales au Lucilium”. No daría más referencias de ello. Siempre digo que Lacan era todo lo contrario, es decir que se distinguía del pueblo por su fachada y por su pensamiento paradojal mientras que en su lado privado -de cierta manera- era como todo el mundo, excepto que era más amable, más atento que el promedio de la gente. Está al revés de la sabiduría estoica. Bueno, eso es para divertirse.

Lo que ha sido muy inesperado para mí también ha sido las cartas de Lévi-Strauss. Yo sabía que eran amigos, por supuesto, sabía que iba a cenar con Lacan. Lévi-Strauss estando presente se hacía su cocina aparte porque tenía requisitos muy específicos sobre lo que podía comer. Entonces, sabía que eran amigos, incluso cuando Lacan buscaba una casa de campo para comprar y recorría las lejanías de Île-de-France, a menudo Lévi- Strauss estaba con él en los años ’50. Pero cuando vi a Lévi-Strauss era alguien austero, que hablaba poco, que tenía un aire muy privado y me sorprendió ver en estas cartas la profundidad de la afección que tenía por Lacan.

Christiane Alberti:

La admiración…

Jacques-Alain Miller:

Conocía de su admiración ya que dijo que nunca había conocido a nadie que supiera tanto como el Dr. Lacan. Eso me dejó estupefacto porque conocía a Dumézil, y Georges Dumézil era una fuente de saber, por ende, estaba en un altar. Pero lo más importante de lo que me llamó la atención es la afección más que la admiración, la afección de Lévi-Strauss quien no me daba la impresión de ser mu afectuoso.

Para terminar con la historia del volumen, su primera pregunta, diría que ahí suscité la realización de un volumen en español porque en la lengua española Lacan está muy presente en América Latina así como en España y, por ende, suscité un libro que apareció bajo el nombre de Lacan hispano y que tiene una originalidad -libro que hice en compañía de la editora, Alejandra Glaze, quien trabaja magníficamente y quien lanzó en tiempo récord este libro- y que tiene como característica que ahí no se comenta a Lacan como en Lacan Redivivus, pero se pidió a los autores de lengua española que utilicen los conceptos, los matemas de Lacan para hablar de grandes personajes hispanos ya sean de escritores, de pintores o de músicos para revestir los conceptos de Lacan en el tratamiento de los autores. Es un volumen que me gusta mucho, que es distinto de Lacan Redivivus y que circula en el mundo hispano.

Bueno, ahora tomemos -después de todas las distracciones, de esas confidencias que hago a su pedido- el tema serio, el del Lacan clínico. Hay que recordar lo que es la presentación, primeramente, para el público que seguía esto. Consistía en que un practicante -que podía ser del hospital o del exterior- dialoga en público con un paciente y enseguida hace un comentario frente al público -que reúne a otros practicantes, enfermeras y algunos invitados- hace algunos comentarios clínicos y esto es un método de enseñanza. Yo no tenía una formación clínica, tenía una formación en filosofía, y aprendí los conceptos básicos de la clínica clásica que completé con abundantes lecturas, por supuesto, pero aprendí los conceptos básicos en la presentación de los pacientes de Lacan que se hacían en Sainte-Anne cada quince días y que hacía regularmente -yo no faltaba a ninguna reunión- frente a unas 50 personas y eran en un estilo completamente diferente de sus seminarios. En sus seminarios su presencia ocupaba todo el espacio y allí, en cambio, teníamos a un Lacan modesto, muy atento al otro y quien daba una lección de escucha de orden psicoanalítico.

Usted señala el comentario que hizo la presentación de la señora Boyer, tal como se le llamaba -era un apodo, un nombre de convención que no era el suyo propio-; el comentario que me dio de esta presentación tuvo para mí una importancia muy grande y es un pivote de los textos que escribí que se llama “Enseñanzas de presentación de enfermos” donde dije lo que había aprendido. Y a partir de estas pocas palabras del comentario de Lacan, elaboré toda una teoría de la enfermedad mental sobre la cual voy a pasar, pero básicamente él hacía de lo que llamaba la parafrenia imaginativa la enfermedad mental por excelencia; entiéndase que lo mental habla por sí mismo y para él era una enfermedad -si puedo decir-. Lo mental en sí mismo como flotante, como resbaladizo y de orden imaginario. De ahí la palabra «imaginativa», que no es una invención de Lacan. La parafrenia imaginativa es una categoría de Kraepelin. Si no sé si la tomó antes de que Kahlbaum o no, pero la he leído en Kraepelin. Y entonces habla de parafrenia imaginativa. Es justamente porque esta enfermedad sería la esencia misma de lo mental -que esta enfermedad mental estaría condenada a lo imaginario, que siempre se está deslizando- que el sujeto debe engancharse a lo simbólico, al significante, para fijar un orden y una coherencia. Y luego, lo real -la tercera categoría de Lacan- en su definición es invariable, opaco y que se diferencia a la vez de lo simbólico y de lo imaginario -para ir rápido-.

Entonces, para Lacan, básicamente lo que escucha en la señora Boyer, lo que resalta es un estado preclínico -si puedo decir- y como lo dice con mucha precisión: “Sería tranquilizador si se tratara de una enfermedad mental típica”. «´Típico» tiene todo su valor ya que precisamente la clínica se define a sí misma al distinguir los tipos, por lo que sería muy tranquilizador si estuviéramos lidiando con una enfermedad típica, es decir, que se cristalizaría. Y como él dice, nadie ha logrado cristalizar la enfermedad de la señora Boyer. Tuvo que lidiar con personajes importantes con los que se identificaba, pero nunca se detuvo en una identificación. Ella siguió deslizándose en todas partes. Por lo tanto, no hay estrictamente hablando ningún tipo de síntoma, que son siempre tipos de significantes-amos, es decir, de lo que hace que se mantengan unidos lo mental de un sujeto.

Luego paso un cierto de cosas para evocar en efecto la despatologización, la que consiste en referirse a un estado de sujeto en que todos somos iguales. Todos tendríamos nuestro estado fundamental y preclínico y nos distinguiríamos según los modos en que se fija la enfermedad mental. Ésta se puede fijar [se fixer] en psicosis, se puede fijar en neurosis, se puede fijar en perversión -como se decía antiguamente-. Pero fundamentalmente “todos iguales” frente a la debilidad mental -si puedo decir-. Y después de eso va a decir -pienso haber podido captar eso, por eso di todo su valor a una palabra que Lacan dijo una vez en una charla y muchos podrían haberla pasado por alto; por el contrario, consideré que estaba en la línea principal de su enseñanza- que “Todo el mundo es loco”, “Todo el mundo delira”. Es la misma inspiración y en efecto es la despatologización lacaniana, es decir una cierta renuncia a la clínica; o considerar que más que renunciar a la clínica hay que considerar que hay este estado primario del sujeto.

Entonces, ¿qué es el clínico? El clínico es aquel que tiene experiencia con enfermedades mentales y tipos de síntomas, e incluso la experiencia de lo que Lacan reconoció como parafrenia. Entonces, esto permite a los clínicos con su experiencia -el hecho de haber visto muchos casos durante mucho tiempo- anticipar de lo que se trataría a partir de algunos rasgos. Es cómo podemos hacer «controles» -como se los llama en psicoanálisis-: hay un aprendiz que viene a explicar un caso y, a partir de algunos rasgos, se le permite avanzar porque uno llega a anticipar algo a partir de esos rasgos. Y es así como creo que hay que leer las presentaciones de Lacan. Se ve que en cierto momento que él plantea preguntas para verificar si tales síntomas están presentes en lo que está empezando a cernir como parafrenia. Parafrenia es un término que creo que ya no empleamos, que está realmente fuera de uso. Consulté a Kraepelin y en la prisa en la que estaba lo encontré en una traducción inglesa de “La locura maniacodepresiva y la paranoia” -que no es un libro muy largo de Kraepelin, que tiene casi 250 páginas-. Ahí hay una página sobre la parafrenia, no más, y que no es tan informativa, pero considera que “muchos casos del delirio de la imaginación o retrospectiva que para los franceses se toman al mismo tiempo que el delirio de interpretación pertenecen sin duda a la parafrenia confabulante”. Entonces, ahí se traduce el término francés y considera que lo que se trata generalmente como “una debilidad psíquica, una falta de juicio, una apatía emocional la mayor parte del tiempo es en realidad una parafrenia”. Bueno, no está muy desarrollado. Puede que en otros libros de Kraepelin esté más desarrollado, pero no creo. Ya había buscado en aquella época pues había anotado ya el diagnóstico de Lacan.

Entonces, ¿qué es la parafrenia? Hay estudios recientes que no he leído del todo, pero finalmente es una esquizofrenia light. No es una paranoia. Hay un delirio paranoide. Se ven sus elementos figurar en la presentación de enfermos. Hay una desconfianza; hay elementos de persecución que aparecen, que no están desarrollados. No hay trastornos cognitivos, es decir que no se encuentra disociación y no se encuentra deterioro cognitivo -estrictamente hablando-. Es simplemente un deslizamiento. No hay nada que se fije. No se encuentra la diferencia de lo verdadero y de lo falso. No sabe lo que dice profundamente y no podemos llegar realmente a saber lo que dice. No es coherente. Sus respuestas son impredecibles.

En cuanto a las confabulaciones, se dice a menudo que son abundantes en la parafrenia. Aquí más bien son pobres, peor se reconoce discretamente temas de influencia, de persecución, de grandezas -porque hay un tinte megalómano- y vemos que, en las preguntas de Lacan, él verifica la presencia o no de estos elementos. Lo hacía de manera muy dulce, de manera muy gentil, muy discretamente, pero era un interrogatorio muy metódico que no aparecía como tal, pero era así. Entonces aparte de eso, no hay muchas parafrenias en el mundo. La paranoia está muy presente. La parafrenia es un número reducido de casos cuyo diagnóstico data de la gran clínica clásica que Lacan conocía perfectamente y que lo volvió tan apasionado. Durante ese periodo, yo dejé de lado a Descartes, Kant y Hegel para leer la clínica clásica. Entonces, pasemos el hecho de distinguir la parafrenia imaginativa y la parafrenia fantástica -fantástica es cuando la megalomanía está en primer plano-. No es el caso aquí. Aquí dice imaginativa.

Bueno, Lacan, inclusive por sus adversarios era reconocido como un clínico eminente. Fue formado por de Clérambault y tenía un gran conocimiento de la clínica clásica del siglo XIX. Por ejemplo, hizo su tesis sobre “La psicosis paranoica en su relación con la personalidad”. La «personalidad» es aquí de inspiración de Jaspers, de quien eran los últimos escritos en esto en aquella época. Lacan se inspiró en él sin decirlo. Tuve que recomponer la cosa para decir que es jaspersiano. Es por lo que Lacan no tenía ganas de republicarla.

Hoy, evidentemente, la gran clínica psiquiátrica no es de actualidad ya que lo que es de actualidad es la despatologización. Y ahora lo tomamos así, es que los enfermos toman la palabra. Todos los enfermos toman la palabra. Han sido invitados a eso. Hay todo un discurso de Estado que es para que tomen la palabra. Se les ha metido en la cabeza eso y finalmente toman la palabra para reivindicarse, entre ellos los escuchadores de voces. Mi hermano, Gérard Miller, hizo un documental sobre los sindicatos de escuchadores de voces. Esto era absolutamente impensable en la época de Lacan. Es realmente un fenómeno muy reciente y en el que absolutamente quieren ser reconocidos como normales y que, básicamente lo que se llamaba enfermedad, es su estilo de vida, su life style. Los homosexuales han ganado que en los Estados Unidos no se considere más a la homosexualidad como un trastorno o una enfermedad. Realmente el momento de haber hecho eso debía ser hace mucho, pero finalmente lo han obtenido de manera política. Los perversos han obtenido que ya no se hable de perversiones. Ahora son las personas trans que absolutamente quieren que la transición no solo sea normal, sino que sea el avenir del ser humano cuando se escucha a los líderes trans hablar. Entonces, es un efecto de democracia, es decir, que los derechos humanos ganan por encima de la clínica.

¿Podemos deplorar eso? Digamos que es el efecto del Estado de Derecho cuando el sujeto es de entrada jurídico. Entonces, tenemos el deber de ignorar la clínica. Clinicizar los casos sería antidemocrático y, por lo tanto, tan pronto como comienzas a hacer la clínica uno es un supremacista clínico dominante. Entonces, básicamente, incluso si estamos de acuerdo en lo que la despatologización representa de progresista, eso no impide -en mi opinión- lo necesario de conocer la clínica. Es la condición para conocer sus propios límites y para poder ultrapasar el punto de vista clínico.

Es lo mismo con lo que Lacan sorprendió a todo el mundo. Había un congreso sobre transmisión y allí él había cerrado ese congreso diciendo: “No hay transmisión del psicoanálisis. Cada uno debe reinventar el psicoanálisis”. Fue un escándalo. Pensé precisamente por el contrario que él no dice «inventar el psicoanálisis» -porque ya se lo ha hecho-, sino que dice «reinventar el psicoanálisis». Para reinventar el psicoanálisis hay que conocer los autores clásicos del psicoanálisis. Es la condición para reinventar. Por ejemplo, cuando se dice que Manet reinventó la pintura -o Picasso- fue porque fueron grandes conocedores de la historia de la pintura. Y, de la misma manera, yo aplicaría eso a la clínica: despatologizar -de acuerdo- a condición de conocer a fondo la clínica clásica. He ahí mi veredicto.

Espero poder haber respondido a Carole.

Carole Dewambrechies-La Sagna:

Gracias. Fue formidable.

Catherine Lacaze-Paule:

Le damos la bienvenida a Pénélope Fay, quien le va a dirigir su pregunta.

Pénélope Fay:

Buenos días, Jacques-Alain Miller. Buenos días, Christiane Alberti.

Mi pregunta está en línea un poco con lo que se acaba de decir -por lo que se trata de las dos presentaciones de enfermos-, para decir que hoy los servicios -no solo el de la psiquiatría-, sino los servicios que acogen las presentaciones de enfermos quedan reducidos a casi nada [réduits à peau de chagrin], que el paisaje ha cambiado y que hoy en día los formularios a rellenar han sustituido ese tiempo. A veces, por ejemplo, un paciente que puede tener pensamientos suicidas primero tiene que marcar la casilla “¿Tiene pensamientos suicidas?” sin poder decir cuáles son sus ideas, de qué orden, cómo podría calificarlas, cuándo le vinieron por primera vez, si están relacionadas con los eventos, cuál es la intensidad de sus ideas, etc., así cada vez hay menos espacio para el despliegue de una palabra sin rúbricas preconcebidas ni esperadas. Entonces, al contrario, la sección clínica en la orientación lacaniana apunta a un más allá del diagnóstico. Es una clínica más allá de la clínica -usted nos lo acaba de recordar- que se interroga sobre sí misma y sus logros y por lo tanto, ¿nos podría hablar un poco sobre esta práctica clínica que estaría más allá del diagnóstico?

Jacques-Alain Miller:

Bueno, creo entender que Catherine Lacaze-Paule me invita a ser más rápido en mis respuestas. Voy a tratar.

Bueno, subrayé que usted, Pénélope, cuando evoca la reducción de presentación de enfermos en los hospitales, usted dice “réduction à peau de chagrin”. Me gustó mucho que usted empleara esa expresión balzaciana, pero sobre todo porque veo ahí la palabra “chagrin” por lo que pienso que a usted le entristece [chagrine] de hecho que las presentaciones de los pacientes tiendan a desaparecer. Eran muy cuestionadas ya durante la vida de Lacan cuando ya aparecían los inicios de lo que es hoy en día algunos llaman el movimiento Woke y, en particular, Maude Mannoni estaba en contra de que Lacan hiciera presentaciones de enfermos. Él me ha había dicho: “Le cuento siempre al público que ella puede berrear sobre esto, pero que continuaríamos haciendo esta práctica”.

Me gustó mucho el ejemplo que tomó sobre los pensamientos suicidas en los que se les pide a los sujetos el marcar la casilla. Vemos que la hipótesis implícita es “Es eso lo que dice el sujeto. Entonces para qué interrogarlo si es realmente lo que dijo”. Eso es el reverso del psicoanálisis, que supone -por el contrario- el no-saber del sujeto acerca de lo que dice y de lo que es, al menos un saber en pedazos que necesita ser cifrado y ser interpretado. Esto no impide que también encontremos en el sujeto el presentimiento de que lo que le espera o de lo que le amenaza. Por ejemplo, el sentimiento de que si no encuentran la manera de contenerse se volverán locos. Son sujetos psicóticos que pueden tener este presentimiento y, por supuesto, hay que tenerlo en cuenta y no ocultarlo.

Entonces, las secciones clínicas que usted menciona, de hecho, están hechas para que normalmente encontrar sentido de la clínica y en particular de la clínica clásica, especialmente cuando se piensa que la psiquiatría es un resto que queda del DSM -esa invención americana de clasificación de síntomas, de síndromes, de trastornos y que es una mezcla de la clínica clásica ya que le subyace la idea de los tipos de medicamentos que hay que dar; está dominada por la referencia a lo medicinal-. Bueno, es lo que pienso, en todo caso. Entonces, ¿las secciones clínicas cumplen totalmente su misión? No realmente porque, de hecho, apuntan a alcanzar mediante un cortocircuito un más allá de la clínica. Es una expresión que usted utiliza que me parece muy precisa, pero que muchas veces conduce a las secciones clínicas a tener un cortocircuito frente a la enseñanza de la clínica clásica para hacer uso de categorías psicoanalíticas. Me parece que debemos seguir enseñando el arte del diagnóstico. Lacan da el ejemplo precisamente en la presentación de la Sra. Boyer. Saca del baúl lleno de polvo la categoría de parafrenia imaginativa. A mí me impresionó mucho en esa época. Jamás había escuchado hablar de parafrenia imaginativa. Fui a buscar en libros para encontrar la referencia y, entonces, antes de ir más allá del diagnóstico hay que empezar a aparcarse un poco en el diagnóstico.

Lo que es cierto es que Lacan criticaba a los clínicos en el psicoanálisis porque precisamente el psicoanálisis experimentado en la clínica se sirve del saber adquirido, del saber que ya ha adquirido a través de su larga experiencia. De hecho, eso es lo opuesto de la experiencia analítica, la que requiere el no prejuzgar el caso y eso es muy difícil para un clínico: no prejuzgar un caso. Esto es básicamente lo que Lacan llama la «pasión de la ignorancia», la pasión de descartar el saber que conocemos para abrirnos al saber que va a llegar, lo que supone que uno admita su ignorancia. Me gusta mucho la reflexión sobre este tema de Bion -el psicoanalista inglés del cual Lacan ya hacía un elogio cuando Bion era psiquiatra en Inglaterra durante la guerra-. Bion decía: “Hay que olvidarlo todo incluso las sesiones anteriores”. Cuando uno tiene que vérselas con un paciente es como si siempre se tratara de la primera vez y la página estuviese completamente en blanco. Tal vez sea excesivo, pero da una orientación francamente anti-clínica. Así que en vez tener la idea de celebrar al clínico y al psicoanalista experimentado, Lacan pensaba que su experiencia como clínico negaba en él su experiencia analítica como analizante. Es decir que la experiencia de ser analista le hacía olvidar la experiencia que había tenido como analizante. Y eso le había llevado a distinguir en su Escuela lo que él llamó el AME -analista miembro de la Escuela- que alcanzaban este título porque se reconocía su experiencia como clínicos y supieron cómo hacer funcionar el aparato psicoanalítico, pero también había inventado el AE -analista de la Escuela- situado en un lugar de su cura y que podía no tener práctica alguna, pero que Lacan sin embargo llamaba analista porque este analizante suponía haber adquirido una posición subjetiva original correspondiente a aquella del analista. Por lo tanto, decía: “No me interesan los AME, los únicos que me interesan son los AE”. Bueno, es evidente que los notables se sintieron sin cabeza y totalmente desautorizados, mientras que los jóvenes se sentían empujados hacia adelante por Lacan. Hay una pregunta más delante de cómo Lacan se conectó con la juventud y es en particular haciendo estas malas pasadas a los ancianos y los notables.

Bueno, voy a abreviar. Para ir rápido, según lo pidió Catherine, les remito al volumen de los Otros escritos, páginas 556-557[2], donde hay consideraciones preciosas de Lacan sobre la clínica que van en este sentido. No me resisto a citarle en Lacan Redivivus la página 59 en su escrito “Mise en question du psychanalyste” donde Lacan escribe que “la práctica del análisis está hecha en gran medida del evitamiento de su propio campo”. Y eso es realmente decir que cuanto más experimentado se es, cuanto más lejos se está de lo que se trata. Es una de las paradojas de Lacan. Es una paradoja.

Gracias, Pénélope, por haber planteado esa pregunta.

Michèle Elbaz:

En la diversidad sin igual de documentos que componen Lacan Redivivus, nos atrapa bajo el modo casi de suspenso: aquel de captar finalmente quién era Lacan. Lacan surge en cada uno como presente, vivo, actual, incluso dirigiéndonos a cada uno de nosotros. Es una obra barroca, un modelo de anti-biografía, diría yo.

Entonces surgen muchas preguntas y nos tocan en el detalle de un giro, de una posición, de una escritura, de un acto, pero lo que me pareció es un Lacan que ek-siste a toda clausura y a toda asignación del Otro -para el cual no hay Otro del Otro, ausencia de garantía entonces-; lo es como lo que él dice del psicoanálisis: extraterritorial, finalmente.

También retengo también la insistencia de la centralidad de la noción de experiencia a la cual usted dice que tiene una relación inmediata. Eso realmente me planteó la pregunta de qué es esa relación inmediata. Y lleva esta experiencia al rango, a un nivel de exigencia hasta el punto de querer -mediante su elaboración- transmitir, como él dice, un dispositivo hecho para que el psicoanalista se ubique en su experiencia. Por ende, un viático para abordar la época de la subjetividad. De esa subjetividad, ¿podría decir unas pocas palabras?

Y luego, la segunda pregunta, con relación a esta fuerza que tiene -como usted dice-, que no se obstruye con un «pasado desactivado», que piensa en contra de sí mismo, incluso que se niega a sufrir. ¿Diría usted que ahí se dibuja allí -una palabra que me atreveré a usar- el enigma del resorte del “genio” –“genio” entre paréntesis- de alguien con una cierta versión de la posición del profeta?

Jacques-Alain Miller:

Sí. Gracias. Pasaré la palabra si lo permite -incluso si no me lo permite- a Christiane Alberti para decir unas palabras que eventualmente las completaré y eso nos permitirá ir más rápido.

Christiane Alberti:

Gracias, Michèle Elbaz, por su pregunta. Lo que me interesó es la palabra «experiencia» que pone en primer plano y que se une al desarrollo previo que acaba de hacer Jacques-Alain Miller, a saber, básicamente recordar que para Lacan el psicoanálisis es ante ante todo una experiencia, no sólo una terapéutica, que no es un discurso de masas -Lacan no se ató a un discurso a las masas sobre el psicoanálisis- y avanza a partir de la experiencia. Es en relación con este punto que estaba básicamente en desacuerdo con la IPA, es decir que toca la cuestión de la formación del psicoanalista y colocó en su centro la experiencia analítica, ésta como núcleo central que fundamenta la posición del analista. Me parece que este es un punto que ha desarrollado en todas las etapas de formación, por tanto, en la autorización para ocupar la posición de analista, pero también en el control -el lugar que se le da a la experiencia del análisis de quien pide un control- y la experiencia en el examen del caso -el hecho de considerar que no habría un saber ahí de entrada-. Me parece que, en todas las etapas, incluso en el pase, es la misma orientación que lo guía. Esa es la primera reflexión que me sugirió su pregunta.

La segunda es esta expresión en la que me detuve -expresión que emplea también Jacques-Alain Miller-: la relación inmediata a la experiencia de Lacan. Me dije que básicamente lo que podemos esperar como lo mejor de un análisis de Lacan parece estar absolutamente en lo que él hace. Él está en lo que hace. No está en lo que dice o en lo que él cree ser. Él está realmente presente -de hecho, ni siquiera es para sí mismo- en aquello que hace. Me parece que esto es lo mejor que se puede esperar de un análisis.  

Jacques-Alain Miller:

Gracias. De acuerdo. Escuche, Michèle Elbaz, para ir rápido le voy a decir los puntos en los que estoy de acuerdo y los puntos en los cuales no estoy de acuerdo en lo que usted ha dicho.

Entonces, cuando dice que Lacan Redivivus es un modelo anti-biográfico, encuentro eso muy preciso. Es nuestra intención no hacer síntesis ni de hacer comentarios, propiamente hablando; es dejar piezas sueltas que cada cual puede conectar como desee de acuerdo con diferentes perspectivas -como explicó Christiane Alberti al principio-. En eso estoy de acuerdo. No estoy de acuerdo, en segundo, lugar cuando habla de psicoanálisis extraterritorial de manera positiva. Lacan, en efecto, utiliza la palabra «extraterritorial», pero justamente para decir querer un psicoanálisis extraterritorial es una afirmación completamente abusiva del psicoanálisis en cierto momento, de estar fuera de su alcance y de no tener que responder a nadie; mientras que la idea de Lacan es, por el contrario,  traer de vuelta el psicoanálisis para el común de los mortales y que responda a las exigencias de orden científico; no fuera del alcance de todos ni refugiado en su isla o en su comarca. Creo que no es para nada extraterritorial, al contrario, Lacan llegó a decir al principio que el Estado tendría que estar interesado en el psicoanálisis para pedirle razones de lo que profesa. Realmente, exagerada porque ahora que el Estado se ha interesado muy de cerca en lo que hacemos quiso asimilarnos a prácticas universitarias que pasarían por diplomas universitarios, etc. Nosotros tratamos de hacer lo que se necesitaba para que eso no se realice. Entonces, la idea de una benevolencia del Estado realmente ya pasó.

Tercero, cuando usted evoca el genio o Lacan como genio, Lacan dijo: “Cuando me llaman genio, yo lo considero una injuria”. ¿Por qué? Porque en el fondo la genialidad no se conoce. Uno se puede inclinar frente al genio y precisamente el genio tiene un privilegio de extraterritorialidad, de extra-humanidad. Lacan, al contrario, insiste en la necesidad de demostrar con pruebas, de mostrar y de argumentar. No se trata de estar en lo sublime.

En cuarto lugar. Estoy de acuerdo con el acento que usted pone en lo que yo había dicho de «pasado desactivado» para Lacan. Y esa es la esencia de la finalidad del análisis. Uno va más allá de su pasado. Uno se separa de su pasado y es de eso que se trata de escuchar en el pase: el sujeto está suelto de lo que antes lo obstaculizaba y lo mantenía prisionero.

Quinto. Ahí tampoco estoy de acuerdo con el término «profeta». Profeta es aquel que está inspirado y habitado por Dios. Es mediante una visión y una intuición por las que accede al futuro. Lacan tenía la idea más bien de que el psicoanalista pueda ser capaz de interpretar la época, es decir resaltar el deseo que la habita o la pulsión, o digamos -para ser más modestos- despejar las líneas de fuerza de la civilización para decir a dónde va. Por ejemplo, la medicina: La medicina empezó por ser humanista -como dijo Lacan, ella actuaba primeramente por las palabras-, y luego progresivamente entró en el discurso de la ciencia. Progresa de acuerdo con el grado de los gadgets producidos, los aparatos producidos por el discurso de la ciencia. Cada vez más esperamos de estos dispositivos respuestas y, finalmente, esta línea de fuerza lleva a la idea de que la ciencia terminará remplazando a la medicina, es decir una desaparición de la medicina. Entonces, esto se habrá de completar en el peor de los casos con la brujería y en el mejor con el psicoanálisis.  [risas]

Diría también que Lacan, así como Freud, había discernido una amenaza en la aparición de la american way of life -como se dice desde antaño-. Freud tenía horror de ella. Lo dice explícitamente. Lacan se mofa de esa american way of life porque son los estadounidenses los que dominan la IPA -la cual finalmente lo excomulgó-. Finalmente, él se burlaba del psicoanálisis al estilo americano. Ahora hay que decir que ya no hablamos más de american way of life porque se ha convertido para muchos en nuestro modo de vida. Uno toma algo como Netflix, que fue una verdadera infección, ahora se lo ve en el mundo entero y todas las cifras muestran que ésta descarrila la lectura, descarrila las salidas culturales, descarrila el teatro, etc. Todo el mundo está Netflixado. Y para los que quieran resistir a eso, ¡buena suerte!

Entonces y luego está lo que evoqué del sujeto jurídico que se come al sujeto psicoanalítico porque el primero es un sujeto que puede decir: “Soy lo que digo que soy”. Por ejemplo, ese joven hombre barbudo puede decir: “Soy una mujer” -incluso sin cirugía, sin hormonas, etc.- y debe ser legalmente inscrito como mujer. Ahí está el “Yo soy lo que digo”. Podríamos decir que es una confianza maravillosa en la palabra, pero más bien es la destrucción de toda posibilidad de interpretación. Y hay que decir que la ECF se moviliza para hacer añadir una enmienda a una ley que acaba de pasar por la Asamblea Nacional y que proscribía toda reserva que se podía hacer acerca la transición como un delito -como el racismo, el antisemitismo, etc.-. Fue necesario adjuntar una enmienda que dice: “Los terapeutas tienen el derecho de cuestionar a pesar de todo al sujeto sobre lo que quiere hacer a través de su transición. Usted ve dónde estamos y esto puede ser recién el comienzo por mala suerte. Y esto es algo de hace 5 años, es decir muy reciente.

Bueno, eso.

Catherine Lacaze-Paule:

Sébastien, le escuchamos.

Sébastien:

Buenos días. Pensaba encontrar respuestas en Lacan Redivivus acerca del enigma del deseo de Lacan, lo que lo animaba. ¿Cómo hacía Lacan para sostenerse en su deseo? Es lo que a menudo me pregunto. Escribe a Ferdinand Alquié para hacerle parte de ese algo que yace en el fondo de nosotros de lo cual no somos libres de acelerar su llegada, de orientar su forma, al menos sin daños.

Habría algo que se trabaja bajo los medios de un constante esfuerzo cotidiano para hacer avanzar el psicoanálisis. Pero no se trata tanto del hecho de un obtener algo lo que cuenta, sino en lo que nos ejercita: a mantenerse despiertos no importa cualquier desencadenamiento o incluso la inercia. Es a lo que apunta Lacan -respondiendo a un joven etimólogo-: aquel que pone a buena distancia su pregunta de cómo se hace el amor. Lacan lo provoca dándole vuelta a su pregunta: “Venga a encontrarme ya que su primer síntoma -ya que usted no siente que usted ya lo apresura- es un síntoma en lo social. Hay que atreverse”.

Mi pregunta es: ¿es la posibilidad de ejercitarse en hacer accionar por medio del amor lo que yace en nosotros lo que empuja hacia un psicoanálisis en vez de una psicoterapia?

Jacques-Alain Miller:

Entonces, no voy a hablar de Alquié. Habría muchas cosas que decir, de su tratamiento con Lacan. Se sabe que estuvo en tratamiento con Lacan, que lo interrumpió y Lacan busca cómo hacerle regresar sin darle órdenes, de manera sutil. Tomo enseguida lo que usted dice -para ir rápido- acerca del etnólogo. Usted recuerda que Lacan lo ubica como un síntoma en lo social. No es tan paradojal como parece ya que Lacan llega a decir incluso que fue Marx quien inventó el síntoma en el sentido siguiente -vea la página 234 de los Escritos– donde Lacan dice: “Y que una parte del vuelco que opera a partir de Hegel está constituida por el retorno […] de la cuestión de la verdad” [3]. No voy a explicarlo, pero ese retorno es el síntoma ya que Lacan dice que el síntoma es una irrupción de verdad e incluso que el síntoma es verdad, en su lenguaje de 1966 -no necesariamente en lo posterior-. Pero finalmente es reconocer el disfuncionamiento ya es hacer emerger una verdad del cual el síntoma el síntoma se constituye al inicio en lo social. Se puede encontrar en los Otros escritos, en el texto llamado “Radiofonía”, donde hay todo un desarrollo de Lacan -que no voy a retomar aquí- acerca de la etnología, acerca de los etnólogos, la elección de los jóvenes universitarios para entrar en la etnología -donde están fascinados por la multiplicidad de abordajes del falo en otras culturas y por ende hay un interés de orden sexual que los hace escoger la etnología-.

Voy a dejar eso de lado según las instrucciones de Catherine Lacaze-Paule. Bueno, usted habla del enigma del deseo de Lacan. Bueno, yo no lo encuentro tan enigmático después de Lacan Redivivus, en todo caso. Y hay otros además de usted quienes tratan de descifrarlo.

Gracias.

Catherine Lacaze-Paule:

Vamos a escuchar a Véronique Pantier.

Véronique Pantier:

Buenos días. En su entrevista con France Jaigu -quien subraya que el Dr. Lacan tenía poco interés en su propia historia-, usted precisa que no estaba enamorado de su pasado, ni de sí mismo. Y usted añade esto: “Él tenía esa relación inmediata a la experiencia que debió asumir diciendo siempre que tenía 5 años”. Tener siempre 5 años es tener siempre en la novedad de lo que viene: tener esa mirada y esa escucha agudas cuando cada experiencia viene como una sorpresa y donde nada está adulterado. Esa hace resonar la idea de que la pulsión de muerte no le concernía realmente y cuando le pasó bajo las narices -bajo la forma de ese odio con la que tuvo que vérselas, usted también- en ese momento de la historia de la Escuela que usted describe, él no se estancó. ¿No es así estar en la pista del deseo del analista, ese deseo más fuerte que todos los deseos?

Jacques-Alain Miller:

Sí. Ustedes tratan de resolver el enigma del deseo de Lacan y usted lo hace equivaler al deseo de lo que él llama «el deseo del analista». Usted dice que el deseo de Lacan responde a lo que él llama el deseo del analista. Eso me parece una buena manera de abordar el deseo del analista. Usted subraya que Lacan dijo que era un deseo más fuerte que todos los deseos. En efecto, hay un cierto ascetismo de la posición analítica. El analista supone renunciar a todo deseo de dominación, a renunciar al deseo sexual ya que hay la regla de la abstinencia en el análisis -no hay contacto de los cuerpos- y lo que domina al deseo del analista es que el sujeto hable sin detenerse en consideraciones de urbanidad. A ese deseo se le aplica lo que Freud llamó la regla fundamental del análisis que es eso: hablar sin retenerse al analista. Podemos decir que a lo que conduce esa regla fundamental es que el sujeto acepte hablar sin saber lo que dice. Entonces, eso deja lugar a la interpretación. Para que haya interpretación es necesario que el deseo del analista -de un analista- permanezca enigmático para el paciente. Es ahí que hay un enigma en el deseo del analista -no de Lacan-, sino del analista. Es necesario que su deseo permanezca como enigma, que el sujeto en análisis se plantee la pregunta: “¿Qué quiere? ¿Qué me quiere?”, es decir que el deseo del analista sea una x -como Lacan lo escribió una vez-. Es necesario que sea tanto más enigmático ya que cuando uno sabe lo que quiere el interlocutor, el movimiento se ajusta a eso. Vemos eso en particular cuando hay exámenes donde hay que hacer tesis y uno sabe que hay que saber dónde está el deseo de los examinadores para hacer algo similar, para conformarse con eso, básicamente para ser reconocido. Lacan, para el final del análisis, hace exactamente lo contrario. Quiere hacer nombrar a aquellos -como doctor de Estado, si puedo decir- por los inferiores y no por los superiores; para aquellos inferiores que dirían: “Sí, aquel no es superior”. El invertir las cosas fue una idea que tuvo en 1967. Algunos meses más tarde fue mayo del ’68 y tuvo la misma inspiración básicamente. Luego dijo que afortunadamente lo hizo en el ’67 porque si lo hubiera hecho más tarde se hubiera dicho eso. Bueno, he ahí alguien que percibía las líneas de fuerza de cada época.

El paciente es conducido así a interpretar el deseo del analista y así revela su propio deseo. Entonces, el deseo del analista es un deseo de ser un enigma del deseo. Podríamos ir más lejos. Lacan no retrocede en decir que el deseo del analista es un deseo de ser una madre. Es decir, dejado por el paciente detrás de él, el analista acepta eso. Eso comenzó con la transferencia -generalmente positiva-, por ese gran apego del paciente al psicoanálisis y a su analista y luego el analista hace todo lo que pueda para que finalmente su paciente lo abandone. En esto, juega el papel de lo que Lacan llama el objeto a minúscula, es decir, el objeto desecho alrededor del cual gira el discurso del paciente. Es en esto que Lacan puede decir al final del Seminario XI que el deseo del analista no es un deseo puro, que no es un deseo de nada; dice que es el deseo de obtener la diferencia absoluta. Hay que comprender ahí -me parece- la diferencia pura del sujeto una vez despojado del conformismo con el fin de que cada uno se encuentre en la posición de no ser idéntico a ningún otro. En eso Lacan representaba un buen ejemplo de este “no idéntico a ningún otro”.

Y ahí estamos más allá de la clínica, como lo quería Pénélope Fay. Eso.

Catherine Lacaze-Paule:

Queremos agradecerle una vez más por habernos sorprendido. No pensábamos verdaderamente ir hasta el fondo de estas preguntas. Usted se ha mostrado verdaderamente estupendo y formidable. Gracias por toda esta publicación. Usted hizo ese juego de palabras de publica-acción, acción pública de la exposición de la práctica del psicoanálisis. Y creo que fue un buen momento y habrá un podcast que va a retomar esto. Un gran agradecimiento a ustedes, Jacques-Alain Miller y Christiane Alberti, por todo esto este trabajo resplandeciente. Muchas gracias. Hasta la próxima.

Christiane Alberti:

Muchas gracias a ustedes.

Jacques-Alain Miller:

Gracias.

[aplausos]


[1] J. Lacan. “Televisión”, in Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 571.

[2] Corresponden a las páginas 582-584 de la edición en español.

[3] J. Lacan. “Del sujeto por fin cuestionado”, in Escritos, tomo 1. México: Siglo XXI, 2009, p. 227.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

Un comentario en “Presentación de «Lacan Redivivus» en la librería Mollat – por Jacques-Alain Miller y Christiane Alberti – 2022/02/05

  1. Gracias , veo que no tiene mucho que el trabajo psicoanalítico con la nueva vertiente de psicoterapia , soy estudiante y aun sigo aprendiendo y esto llega a esclarecer lo que aun no entiendo a la perfección, gracias

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