No Hay Sino Una Flecha en la Aljaba – por Marie-Hélène Brousse – 2022/01/22

El presidente de la Escuela me pidió un texto de reflexiones sobre el pase y se los entrego hoy.

Esta expresión de «flecha en la aljaba» se me impuso tal como lo hizo anteriormente en ese muy corto de pasaje al analista. Es justamente porque ese pasaje es un momento relámpago en el análisis y tiene una temporalidad que no es reproductible. Que ese acto produzca o no una nominación no entra en ninguna cuenta. No es del orden del aprendizaje por ensayo-error. Es fulgurante, consecuencia de un decir que puede ser banal, pero que produce un efecto de real en cortocircuito de lo simbólico y lo real, un decir que se ata de su enunciación.

En el hilo de esta reflexión, fui conducida hacia dos referencias fundamentales en mi elección decidida por el psicoanálisis, elección que no estaba presente en mi entrada al análisis determinada por razones terapéuticas. La primera en referencia a un seminario de un año cuyo título “Sentido y significación”, seminario hecho y sostenido por Jacques-Alain Miller. La segunda era el texto de Lacan publicado en los Otros escritos, “Discurso en la Escuela Freudiana de París” presentado el 9 de octubre de 1967 a los psicoanalistas de la EFP. Extraigo ciertos elementos a título de observaciones: “Es que, cuando se llega a escribir que mi proposición tendría como finalidad devolver el control de la Escuela a no analistas, no haré menos que recoger el guante”[1]. Algunos párrafos después: “el no analista no implica el no analizado, al que evidentemente no pienso hacer acceder, dada la puerta de entrada que le doy, a la función de analista de la Escuela”[2]. He aquí tres categorías: el no-analizado, el no-analista y el analista de la Escuela. Añadamos una cuarta que aparece en un párrafo posterior, aquel de psicoanalizante al cual el psicoanalista está -dice Lacan- siempre a la merced[3]. Eso me divirtió porque esa notación está al revés de la opinión común, la de que el psicoanalizante está a la merced del psicoanalista. Pero la frase que para mí hace punto de capitón es la siguiente: “El «deseo del psicoanalista», ahí está el punto absoluto desde donde se triangula la atención a lo que, por ser esperado, no debe dejarse para mañana”[4]. De ahí, me parece que la fulguración es la flecha de la cual hablaba al inicio. Lacan sitúa aquí la expresión «deseo de psicoanalista», de la cual afirma después que no tiene nada que ver con el deseo de ser psicoanalista. Ese deseo de ser analista compete de una ensoñación, aquella de una identificación de sustitución que apunta como solución el sufrimiento del síntoma.

La formulación de «punto absoluto» es muy fuerte. Reenvía, según yo, a lo que se produjo por un acto. No da la consecuencia una interpretación sea cual fuere la forma que ésta última pueda tomar: corte o equívoco. Este punto absoluto surge en el momento en el que lo real prevalece sobre el saber, a definir como efecto de significante y sobre el decir, siempre correlacionados a la verdad. Examinemos los elementos requeridos por la triangulación operada por este punto absoluto. El primero es la caída de sentido, modo de gozar que compete del recubrimiento de lo imaginario por lo simbólico. El sentido es el delirio en cada uno, vamos a hablar de ello esta tarde. A partir del momento en que éste se disocia de la función de sustitución que es la metáfora, produce un efecto de agujero – agujero de ratón evocado esta mañana- y toma entonces un modo de real. En cuanto al decir, es igual por el peso que debe a lo simbólico y a lo imaginario; cesa de estar casado con la verdad, es decir de ser imaginariamente simbólico. Es la mentira.

A continuación, podemos hacer declinar como lo hace Lacan en el Seminario XXIII lo simbólicamente imaginario -la geometría- y lo realmente simbólico -la angustia-. Arrancado el sentido a la verdad y a la angustia, el significante deviene significación. Puede entonces -como lo dice Lacan en ese mismo seminario- “hacer parte de lo real”, el cual no habla. De ahí para mí la importancia de ese año de trabajo con Jacques-Alain Miller sobre “Sentido y significación”. Es apoyándome en el axioma puesto por Lacan sobre la materia en ese mismo seminario que propongo la tesis siguiente: “El momento fulgurante del pase tiene lugar cuando el significante deviene significación”. Todo el mundo conoce el ejemplo famoso de la diferencia entre sentido y significación, la diferencia entre el nombre “Venus” y la “estrella de la mañana”. Que un vocablo sea una significación hace de ello un análogo de un nombre propio. Lo que tiene una significación designa entonces el anudamiento entre un vocablo y otro vocablo, sabiendo que lo que falta en el lenguaje es el referente. Esto me parece la razón por la cual se invita el término de moterialidad construido a partir de materia. Cito a Lacan: “La noción de materia es fundamental ya que ésta funda lo mismo. Todo lo que no está fundado en la materia es una estafa. Lo material no miente”.  O después: “La materialidad no es nada más que el significante en tanto que ha hecho significación”.

Si miramos hacia atrás en la enseñanza de Lacan y releemos “La ciencia y la verdad”, encontramos ahí las cuatro categorías de la causa. Al psicoanálisis, Lacan le designa la causa material. He aquí entonces mi idea, el acto de la demanda de pase se hace a partir de una doble transformación. La primera es la del significante en vocablo [mot]; la segunda, aquella de un vocablo en nombre. Estas dos transformaciones extraen el vocablo de la dimensión de lo imaginario y de lo simbólico. La reduce a continuación a una significación y hace caer en lo real. Eso implica que el Otro ya no responde, y que esa pérdida del imperio del sentido, es decir del delirio, no puede tener lugar sin el recorrido preliminar del mito individual que se construye el analizante. Esta construcción, cuyo maestro de obra es el fantasma, deviene hoy en día cada vez más larga. La satisfacción que conlleva ha podido deformarse hasta el testimonio de pase. De ahí el surgimiento de otra pregunta: ¿por qué la duración de los análisis es cada vez más larga? Pasando de 2 a 3 meses en Freud a decenios hoy en día.


[1] J. Lacan. “Discurso en la Escuela Freudiana de París”, in Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 288.

[2] Ídem.

[3] Ibid., p. 291.

[4] Ibid., p. 290.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: