Retorno sobre la Experiencia – por Myriam Chérel – 2022/01/22

La Escuela, dice Lacan en su “Acto de Fundación, es el organismo donde debe cumplirse un trabajo. Aquellos que vienen a esta Escuela se comprometerán a cumplir una tarea sometida a un control interno y externo.

El tema propuesto hoy invita a un trabajo acerca de lo que se trata el pase de la Escuela, tanto del lado del lo que hace pase y final de análisis como del lado de la enseñanza del pase en la Escuela. En este tramo voy a proponer dos reflexiones. Primeramente, un retorno en mi experiencia de las enseñanzas del pase por los AE y un punto de doctrina sobre el final del análisis.

Desde mi ejercicio de AE terminado hace algunos meses, cada una de las noches del pase las he tomado como una suerte de carteles fulgurantes. Tres AEs en general se ponen al trabajo, cada uno con su estilo, alrededor de un punto de la doctrina poniéndose a prueba para responder a una pregunta conceptual o para cernir sus contornos. Primero está la lectura de los textos de orientación de Jacques Lacan y de Jacques-Alain Miller. Este tiempo 1 de trabajo desemboca en la redacción muy ceñida de un argumento teórico que actualiza el eje de trabajo de la noche, argumento dirigido y difundido por la Escuela. Tiempo 2, cada AE solo aísla, cierne, extrae un punto de su experiencia analítica capaz de hacer enseñanza. El tiempo 3 es el producto de esa puesta en trabajo enunciada por cada uno frente a un público restringido o local de la Escuela.

Un Más-uno, un éxtimo viene a interrogar los trabajos, los avances en la lectura propuesta; Más-uno que por sus comentarios o preguntas empuja a la precisión, fuerza al paso suplementario. Esta conversación me ha parecido esencial para la producción de una enseñanza. Opera un forzamiento. Este forzamiento jamás me coerció, sino que me llevó hacia un medio-decir, hacia un hablar más de mi experiencia analítica y no mi caso. Se trata en este tiempo de elaboración de recuperar un poco más acerca de lo que no se puede recuperar. Se transmite algo sobre un deseo decidido y una transferencia de trabajo inscritos en la Escuela del pase.

En este tiempo llamado de enseñanza del pase que conjuga a la vez transmisión y elaboración, las repeticiones, las reediciones del caso pueden a veces ahogar los avances. Esto consiste también en una paradoja del pase en sí mismo. A la vez, el pase no es sino una vez que las ficciones caen y las verdades mentirosas cernidas y asumidas. Por lo tanto, para intentar decir algo de ello, se trata de regresar sobre esto. Una atención particular sobre esta manera de regresar sobre esto es un punto mayor de transmisión con el fin que éste esté del lado del Witz cómico del pase. ¿No es una manera de evitar tropezarse en las gradas, como dice Lacan? Y algo muy poco digno de la función de analista.

A la vez para separarse de su testimonio en su conjunto y meterse en la tarea de interrogar por la doctrina punto a punto a su experiencia, ponerla a prueba, hacer enseñanza por sí mismo y a algunos otros presentes y así participar en los avances en cuanto a los problemas cruciales del psicoanálisis.

Y luego, el tema escogido para cada año va a reinterrogar en cada una de las noches mensuales. No es un tema decidido sin intención. Por ejemplo, con la efracción de la Covid, se propuso trabajar acerca del nudo del tiempo y la acogida de la contingencia. El año siguiente, en la época del Zoom generalizado, se puso a trabajar la cuestión del cuerpo hablante, el eco en el cuerpo por el hecho de que hay un decir, bajo el título “Cuerpo y resonancias”. Estas elecciones constituyen para mí una forma de interpretar la época y sus modos de gozar. ¿Qué efectos? Los veremos porque no los podemos medir la dimensión de nuestro acto sino en el après-coup.

Ahora quisiera regresar sobre un punto de la doctrina que me parece que hace pregunta: la satisfacción. Es a menudo leída como un punto de final de análisis, a pesar de que no es sino uno de sus corolarios. Si Lacan insistió en ello, es para decir que el final no se decide sino por el analizante en sí al término de una experiencia que lo satisface. Sin embargo, toda satisfacción del hecho no es por lo tanto pase. Y todo satisfecho no se vuelve analista. El análisis es un proceso de transformación, no del yo ni del ego, sino de la relación con el inconsciente. Jacques-Alain Miller ha hecho valer últimamente una indicación preciosa de Lacan extraída de su “Proposición de octubre”: “La paz no viene de inmediato a sellar esta metamorfosis en que el partenaire se desvanece por no ser ya más que saber vano de un ser que se sustrae[1]”, dice Lacan. ¿Qué indica con este significante de la paz como efecto a venir? ¿Podemos leer ahí la intención de un más-allá del atravesamiento del fantasma tal como Jacques-Alain Miller lo ha desplegado en “El pase del parlêtre”? ¿Un après-coup del deser y del sujeto supuesto saber? De ahí, ¿qué diferencia entre satisfacción y paz? Propongo considerar a la paz como un más-allá de la satisfacción del final, efecto por añadidura donde se esconde el deseo del analista.

Precisemos. El análisis es una travesía de múltiples creencias en las que el sujeto sostenía su existencia, haciendo caer los ideales, las identificaciones, la partición fálica que recelaba el fantasma y el incesante llamado al Otro -no obstante, inconsistente-. Este trayecto de insatisfacciones no lleva al final. El final se obtiene con una producción asemántica, eco en el cuerpo de que hay un decir, interpretando un “Entonces, yo soy eso”, efecto del goce ya ahí irreductible, a veces doloroso, convertido en satisfacción. Nueva satisfacción entonces obtenida de la deflación del goce y del saber-arreglárselas con el sinthoma, con lo real.

El final compete de un acto tomado del deseo de analista que hace que de reverso del discurso analítico. Lacan dice que es un relámpago. La paz adviene como efecto del proceso, más allá de la satisfacción, del hecho de que de ahí en adelante el ser sabe lo que causa su deseo según la metamorfosis que hace que podamos acoger las eventualidades efectivas de la vida sin garantía. Se despliega un nuevo amor de lo que hay de más singular en cada individuo, la huella de su propio exilio que permite usar la función para alguien con el fin de hacer que eso falle de la buena manera. Así, la paz está en el asiento de una nueva ética fundada sobre el rehusamiento de ser no-incauto. De ahí, ¿no se trataría de hallar huellas de ella en los análisis terminados?

Gracias.


[1] J. Lacan. “Proposición”, in Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 273.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: