La Despatologización Lacaniana y la otra – por Francesca Biagi-Chai – 2022/01/22

Despatologizar la clínica es una expresión osada. Ésta se impone, sin embargo, y se escucha un sustituto en el significante otra referencia, aquella que se centra en la búsqueda de un goce inflacionista. En efecto, si la opinión pública hasta ahora identificaba a la locura a través de los trastornos de la palabra, del lenguaje, las crisis, las maneras de hablar, ella no logra descubrirla cuando el goce está en primer plano hasta ahora. Desde este punto de vista, la sociedad desconoce la locura y, no solamente eso, desconoce también la estructura clásica de la neurosis. Ella opera una despatologización salvaje. Por esto, convendría oponer otra concepción de la despatologización que calificaría como lacaniana. Despatologizar no consiste en allanar la clínica, sino en mantener sus aristas. Que el goce venga a enmascarar y suplantar la estructura en los usos hechos, por ejemplo, de los semblantes en la suplencia en las psicosis no borra las aristas de lo real como tal. Lo real y los rasgos son siempre los testimonios de la estructura.

Punto de partida en Lacan. Lacan avanza en su tiempo en relación con la despatologización. En el momento en el que el goce toma su valor, su lugar al igual que el significante, se marca un pasaje en la enseñanza de Lacan -escandido como tal por Jacques-Alain Miller- alrededor del seminario Aún. Es a partir de ahí que se puede hacer responder, de cierta manera, al goce a la forclusión generalizada. Desde ese momento, Lacan comienza a unir, condensándolos, los significantes de la clínica -hasta entonces separada- haciendo aparecer neologismos que son una forma nueva -me parece- de matemas. Aparecen así términos como «lalengua» que se constituye a partir de “Función y campo de la palabra…”; así como el «parlêtre», del que dice Lacan “que vendrá a sustituir a lo inconsciente”; el sinthoma; el moteraliasmo. Podemos ver ese mismo principio en el pasaje del superyó al goce en sí, aquel del yo al ego, pasando por la dimensión megalomaníaca del yo que, en las psicosis, viene a menudo al lugar de la imposible subjetivación. Tenemos una suerte de continuum de la clínica, de hecho, bajo un fondo de estructura.

Este preliminar permite orientarnos en la concepción de la despatologización lacaniana que creo entrever en lo que señala Jacques-Alain Miller en el binario irreductible del ser y de la existencia. Estas dos versiones del parlêtre, costado significante y costado objeto, de hecho, se presenta como no-segregativo entre las estructuras y, no obstante, la estructura no ha sido excluida.

Consecuencia del lado del analista: la primera consecuencia concierne a la interpretación. La forma conocida de la interpretación lacaniana -el corte, la interpretación apofántica, el equívoco, etc.- viene desde entonces a añadirse a las maneras de hacer, o decir una vez que los signos discretos de psicosis aparecen, signos que los vemos en el consultorio de los analistas. Esto confiere un mayor alcance a la interpretación y esto me parece que se agrega al decir de Lacan:

“El analista es un rétor que no opera sino por la sugestión. Dicho de otra manera, él no impone otra cosa que tuviera consistencia […] Se suporta de existir. Lo que hace lo verdadero o lo falso es el peso del analista que opera por alguna cosa que no haga fundamento de la contradicción.”[1]

¿Acaso allí Lacan no designa al analista como semblante de objeto a?

En las psicosis, hacer un llamado a la lógica, por ejemplo, para que se produzca un asentimiento del lado del sujeto es una de las formas posibles de esa función de rétor. Sucede lo mismo cuando el analista desliza un significante entre dos S1 separados totalmente en el sujeto psicótico. Le queda al sujeto adueñarse de ello como un matiz que haga oficio de S2 atenuando la potencia y la rigidez de la cadena. ¿No podríamos decir que en la psicosis es conveniente nutrir el pez? Dicho de otra manera, de ir más allá de la referencia al falo para servirse de él y hacer con el objeto a en el bolsillo. En la neurosis, es conveniente pescar al pez ya que éste molesta. Impide el acceso al objeto a, aquí separable.

De ahí se extiende, en el campo social en la institución lacaniana, una institución que despatologiza -el lugar alfa como lo nombró antaño Jacques-Alain Miller-.

En tanto que una psicosis no ha sido desencadenada, ¿podemos hablar de psicosis? La psiquiatría comienza allí donde el lazo social se rompe y donde, en el desencadenamiento, no hay ningún lugar en el discurso donde el sujeto pueda alojarse. Es por lo cual la institución equivale a una patologización. Es la institución psiquiátrica la que suscribe la patologización clínica. La pregunta es entonces, ¿cómo subvertir la institución y llevarla a un cambio de paradigmas que sea isomorfo al tratamiento del goce? Es lo que tuve la oportunidad de situar en Villejuif, y es de lo que doy cuenta en Atravesar los muros. Una institución concebida según una topología moebiana reglada por el discurso y la clínica y no por el lugar y el tiempo. Esta topología -que no tiene temporalidad- es entonces un apoyo contra el dejar-caer y la ruptura. Participa de la despatologización en el sentido de que el paciente -seguido por su psiquiatra- hace uso de él y éste se vuelve un instrumento y nada más que eso. En efecto, lo puede solicitar por diferentes modelos de hospitalización de seguimiento fraccionado a medida de sus propios significantes amos. Es evidente, por ejemplo, en un contexto así, el concepto de recaída pierda todo su sentido, así como los prejuicios, las manipulaciones, etc., que desconceptualizan la clínica y no se basan en nada más que la voluntad y no sobre el inconsciente con el solo objetivo de evitar la transferencia.

Despatologización ahora y variación de la responsabilidad penal -diría también el crecimiento relacionado con los pasajes al acto- están sin duda en el campo de la criminalidad. La despatologización lacaniana puede hacer resonar en la opinión pública el sentido de la ética del psicoanálisis. En efecto, las categorías de la clínica psiquiátrica avanzan como un saber ya listo de la clínica -por los expertos, por ejemplo- no pueden dar cuenta de lo que ha precedido del pasaje al acto ya que éste continúa separando al sujeto de su acto. Extraer la lógica de un crimen propio a un sujeto, a saber, la potencia de la coerción, la tentativa o no de resistir el crédito hecho a sus respuestas o a sus signos, es lo que podríamos llamar una referencia tomada sobre el goce y -¿por qué no?- un diagnóstico de goce.

La clínica no desaparece, sino que se vuelve una brújula para interpretar y no un objetivo que alcanzar. Uniendo el “Todo el mundo es loco” de Lacan a su “De nuestra posición de sujetos somos siempre responsables”, se trata del goce en cuanto éste no se detiene sino con la muerte física y puede ser siempre interrogado en la retroacción. Despatologizar no es algo que escuchar en el sentido común de una sustracción de la patología, sino que puede ser elevado a la altura de un concepto lacaniano, a saber, estar enfermo del significante -lo que no es sin relación con la estructura clínica-.

Anaëlle Lebovits-Quenehen:

Muchas gracias, Francesca. Una primera pregunta algo simple, pero de la cual me parece que tiene que ver mucho con tu texto, es la oposición entre una despatologización lacaniana y una -que podríamos llamar- salvaje. ¿Podrías retomar este punto?

Francesca Biagi-Chai:

Sí es salvaje. La despatologización salvaje está en curso a través, por ejemplo, de la temática trans, la cual hemos subrayado. Es decir, ahí donde se dice que las palabras son una igualdad de los hechos, la evacuación del inconsciente, la evacuación de los síntomas, son evidentes. Al mismo tiempo, cuando se dice eso, se dice “No hay patología”, sino que lo que cada uno experimenta vale como su realidad y a partir de allí una realidad que debe ser reconocida como tal. En ese momento, es un totalitarismo hacer equivaler la palabra a la cosa. No habría la posibilidad para un sujeto de plantearse la pregunta de su propia división, su propio malestar, de una interrogación, de una sutileza. Ya no habría cosas de finura. Es en eso que sería totalitaria. Por ejemplo, las asociaciones dicen “No hay que dirigirse para nada a un psiquiatra, a un psicoanalista ni a nadie ya que el hecho mismo de encontrarse con ellos da el riesgo de patologizarlos”. Entonces, si quiere cambiar de sexo, eso se haría automáticamente. Hay una reducción, una desaparición del inconsciente, lo que es muy inquietante. Y esto sería salvaje ya que el sujeto no podría desarrollar los significantes de su propio cambio, la significación de su propio deseo…

Jacques-Alain Miller:

Basta con una declaración, sin duda, delante de las autoridades, una declaración: “Soy una mujer”, para serlo, aun si no se ha hecho nada en el cuerpo. Eres ahora Francisco.

Francesca Biagi-Chai:

Eso es. Yo soy lo que digo que soy.

Jacques-Alain Miller:

Lo que es enorme es que a partir del momento en que somos ciudadanos es que podríamos decirlo. ¡No! Si sucede a los 3 años, a los 4 años, todo el mundo se moviliza. Eso es el discurso del Estado de derecho que se ha vuelto loco. Es decir que el Estado de derecho lo sabe muy bien. Si uno empuja hasta sus últimas consecuencias y se encuentra el punto de contrapelo donde todo el mundo es loco, pero en particular el Estado de derecho.

Francesca Biagi-Chai:

Eso va bastante lejos porque sucede también en las acusaciones. Basta con que se acuse a alguien para que lo que se haya dicho de esa persona sea verdadero. No solamente el inconsciente desaparece, sino también la justicia, todo ese trayecto judicial desaparece…

Jacques-Alain Miller:

No se plantean preguntas. Y así se entiende que el solo hecho de que los analistas quieran ocuparse de eso es patologizar. No es solo el riesgo de patologizar. No quieren nada que ver con los psi. Con los médicos es diferentes.

Francesca Biagi-Chai:

Los necesitan.

Jacques-Alain Miller:

Los necesitarán hasta el final de sus días. Pero eso no se tiene en cuenta delante del poder del derecho y el poder jurídico. Hay que reflexionar sobre el poder jurídico. ¿Cómo se ha llegado a dar las llaves de nuestra civilización a los jueces? Cuando se franquea los límites de los países desarrollados, el Occidente, etc., ahí la cuestión se plantea de manera diferente porque no tienen el Estado de derecho, por ende, están protegidos de sus locuras.

Francesca Biagi-Chai:

Sí porque es totalitarismo contra totalitarismo.

Jacques-Alain Miller:

Ahí es el totalitarismo jurídico. Es verdaderamente un rollo y ellos tienen el poder de meterte en chirona o de infligir multas si uno no obedece. Esto es absolutamente enorme.

Francesca-Biagi Chai:

Lo que me sorprende es que todos los saberes desaparecen. El trauma desaparece. Ya no hay shock de lalengua en el cuerpo.

Jacques-Alain Miller:

La Escuela de la Causa Freudiana construyó un pequeño dique con esas dos enmiendas. Uno puede pensar que es un dique frágil que puede ser rota por esta ola, sumergida por esta ola. Habrá siempre cosas por las que nos pueden buscar, pero es verdaderamente la perspectiva de la clandestinidad. Como fue el caso del psicoanálisis en el Este, donde se continuaba psicoanalizando en Hungría de manera totalmente honorable, en Rusia, etc. Pero había que hacer estrategias para sostenerse.

Francesca Biagi-Chai:

Hay que hacer escuchar que identidad no es identificación. Ahora se identifica a alguien con una pequeña parte corporal de sí mismo. Es identificado a un pedazo de su piel, del color de su piel. Tenemos trabajo. Creo que este término de «identidad» participa en la desaparición del inconsciente y el totalitarismo.

Jacques-Alain Miller:

Tenemos trabajo, pero quizá lo hagamos desde un campo de concentración.

[risas]


*Presentación realizada en «Question d’École: Despathologisation de la clinique», 2022-01-22.

[1] Lacan, J., El Seminario, libro XXV, El momento de concluir, clase del 1977/11/15. Inédito.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

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