El Niño, Cuna de la Democracia – por Christiane Alberti – 2022/01/22

Tomé como eje de mi intervención el tema de la autodeterminación de los niños en materia de identidad de género, lo que marca el presente. Se lo podría calificar como desestructuración generalizada.

En su intervención reciente en Rusia, Jacques-Alain Miller afirmó que la autodeterminación de los niños en materia de identidad de género es “una monstruosidad al nivel incluso de lo que quiere decir un ciudadano. Si borramos toda diferencia entre niño y adulto, son los fundamentos mismos de la democracia que se ponen en cuestionamiento”. El lazo entre infancia y democracia concierne al psicoanálisis.

La autodeterminación está de viento en popa. Hoy en día, muy particularmente, se trata de sensibilizar a los padres y a los niños al hecho de que todo el mundo -sin excepción- puede ser autodeterminado y puede ejercer un control sobre su vida y hacer elecciones libremente sin estar influenciado de manera importante por un tercero. Ese determinismo no tiene nada que ver con el programa de lo inconsciente. El inconsciente se borra ahí y uno es conducido al sujeto de la voluntad. La emergencia de la autodeterminación hay que situarla en el cambio incurrido de la desinstitucionalización que el sostén comunitario ha remplazado progresivamente. Se trata allí del pasaje de una visión médica a una visión social del síntoma, lo que nos lleva al núcleo de la cuestión de la despatologización.

La autodeterminación es contraria a la esencia misma del psicoanálisis en la medida en que el sujeto no es jamás causa sui, y su existencia depende del Otro precisamente -según la fórmula de Lacan-, depende del Otro en una singularidad propia de cada uno.

No se trata aquí solamente de evocar el lobbying de los militantes que hacen escuchar su voz. De lo que se trata aquí es de los niños, de los niños en el seno del Estado que, haciendo un paso más, los consideran de entrada como ciudadanos. Estado de derecho que no formula ninguna interrogación sobre la naturaleza de la infancia -su espesor, su complejidad- y, por ejemplo, sobre la relación fundamental de la infancia a la sexualidad; una sexualidad cuya “maduración” -entre comillas- hay que concebirla como una construcción de la relación al objeto a y no con un desarrollo cualquiera. ¿No es tema el que ha abierto numerosos debates acerca de la edad del consentimiento?

La situación italiana en su relación al Vaticano nos pone en la vía para tomar la medida de la importancia de la infancia en materia de democracia. En efecto, el Vaticano se ha conmovido fuertemente en varias ocasiones por la penetración de la teoría de género en las escuelas, incluidas las escuelas maternales a través de programas de sensibilización a la noción de identidad de género. Es en ese momento -en todo caso- que el estado religioso se ha sentido suficientemente amenazado como para hacer venir un alto diplomático al Estado italiano. En esa ocasión, reclamó una discusión a título de los Pactos de Letrán -que constituyen una premier desde su firma- en relación con el tema de la libertad que la Iglesia para desarrollar su acción pastoral, educativa y social. El programa de sensibilización y de inclusión no le dejaba sino un margen estrecho.

Vemos bien que los enfrentamientos tienen lugar en ese terreno -lo que el Vaticano percibió bastante bien-. Nuestra colega Francesca Biagi-Chai atrajo nuestra atención a ese punto en nuestra última asamblea general. La referencia a Italia no se puede sino recordarnos que en el régimen autoritario y fascista son primero los niños que son el objetivo privilegiado de la propaganda.

Consideremos ahora la situación en los Estados Unidos. La presión sube en América del Norte empujando a los estados a legislar y a favorizar las prácticas intervencionistas sobre los niños jóvenes. Helen Joyce, en su obra Trans, evoca la posición del clínico muy reputado y militante de la transición médica en los niños y adolescentes. Cita sobre todo a Diane Ehrensaft -directora de la Gender Clinic del Hospital de la Universidad de California, en San Francisco- que plantea en un manual los beneficios de la transformación precoz, The Gender Creative Child -nombre del programa-. Ha llegado a sostener hasta que un niño que un niño que aún no sabe hablar es sin embargo capaz de indicar a sus padres por medio de un gender message -mensaje de género- no verbal que tiene una identidad trans. Aquí se observa que la incidencia de la penetración del psiquismo de los niños es evidente, desaparición subjetiva y mundo pre-verbal en primero plano.

La ciencia viene al socorro de los Estados afirmando -y allí me refiero a la American Academy of Pediatrics– que, a pesar de la ausencia de evidencias y estudios clínicos serios de los efectos de esas sustancias, los gender affirmation treatments son los tratamientos éticos para los niños que sufren de disforia de género. En Wyoming, la situación es interesante también porque es en retroacción que el ambiente se ha vuelto más precavido y que el Estado ha dado un paso atrás en su práctica intervencionista sobre todo después del proceso tan mediatizado de Keira Bell. Se trata de una joven de 23 años que dejó su transición para volver a ser una mujer. Ella introdujo una acción legal contra la Clínica Tavistock porque esa clínica no cuestionó su anhelo de convertirse en muchacho cuando dejaba atrás su infancia, después de haberle prescrito a los 14 años bloqueadores de pubertad después de tan solo tres citas de una hora.

La insistencia de lo real -que no es la realidad- hará, sin duda, regresar a los estados sobre sus prescripciones activas de la autodeterminación para tomar en cuenta la singularidad subjetiva. En España, recordemos que un sujeto puede vivir sin registrar su estado civil, su cambio de sexo -con el consentimiento de sus padres-, y si estos se oponen, puede ponerles un juicio legal para hacer escuchar su voz. Aquí, el niño ilustra perfectamente la situación del Uno-completamente-solo. Lo asombroso de la autodeterminación no parece traducirse bien ya que dicen que es en el nombre de la libertad que toman esa autodeterminación. Pero ¿de qué libertad se trata sino de una libertad propia a la locura, una libertad mortal? La locura -dice Lacan- “exige el inasible consentimiento de la libertad” y precisa que “solo se manifiesta […] en la “edad de razón””[1]; dicho de otra manera, un niño no puede ser reclutado como ciudadano.

Una obra de Mariella Colin, Les enfants de Mussolini, muestran en ese sentido el rol central del libro del régimen. La educación siempre ha sido uno de los medios de difusión de la ideología, ideología masiva propia del régimen totalitario y de la ermita bien conocida de la construcción del hombre nuevo.

Gracias.


[1] J. Lacan. “Acerca de la causalidad psíquica”, in Escritos, tomo 1. Buenos Aires: Paidós, 2009, p. 184.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

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