¿Quién es el Dueño del Objeto Autista? – por Jean-Claude Maleval – 2021/11/24

¿QUIÉN ES EL DUEÑO DEL OBJETO AUTISTA?[1]

Por Jean-Claude Maleval

2021-11-24


¿Ahora me escuchan? Bien. Tenía el micrófono apagado. Bueno, muchas gracias. Buenos días a todos. Agradezco a Silvia Tendlarz y a la Universidad de Buenos Aires por esta invitación. El título de esta conferencia es “¿Quién es el dueño del objeto autista?”.

Este objeto está al servicio de un aprendizaje. Se inscribe en una aproximación psicodinámica. ¿Está diseñado como una simple herramienta educativa o puede eventualmente volverse un borde autista? Entonces, ¿con qué objetivo se utiliza? ¿Acaso contribuye a la construcción de un sujeto o se limita, por el contrario, a mejorar los aprendizajes de un alumno?

En la actualidad, está ampliamente consensuado que el autismo es un problema de interacción social, pero para protegerse de estas interacciones angustiantes, el autista acude espontáneamente a los objetos, estos objetos que van a protegerlo de las manifestaciones del Otro y que le permiten, a veces, una comunicación indirecta y tranquilizadora. El tratamiento del borde autista comienza y se apoya en la pasión que tienen por ciertos objetos.

Ahora bien, ¿cuáles son las principales pasiones del autista? En primer lugar, su objeto autista, pero también su doble y su interés específico. Estos elementos constituyen las tres encarnaciones del borde autístico. ¿Y qué tienen en común? Suscitan un gran interés en el niño autista, condensan lo que más importa para él. Son sus tesoros. Por cierto, en el comienzo, su investidura es excesiva. Se trata de que se atempere, pero la mayor parte de los autistas de alto nivel coinciden en señalar que suprimirlo sería algo inapropiado. ¿Por qué entonces llamarlos borde? Porque el niño autista los sitúa como intermediarios, tranquilizadores entre él y los otros. Los utiliza espontáneamente -cuando nadie se lo impide, claro- para protegerse de las interacciones con los otros, para regular su vida emocional y para entrar en contacto con su entorno a través de su intermediación.

Es una armadura construida por un niño en tratamiento que estaba con Francis Tustin que llevó a Éric Laurent a introducir el concepto de borde en 1992. Este borde puede encarnarse en objetos concretos o ficticios, pero también puede encarnarse en animales o personas. Los compañeros imaginarios de Donna Williams y la máquina de abrazar de Temple Grandin son las dos encarnaciones más conocidas del borde autístico. Conocemos los beneficios que han obtenido de su utilización. El borde más simple, el que se encarna en una cuerda o en un trapito, incluso en peluches, como para Williams, posee un valor defensivo y protector y constituye, además, un puente con el mundo exterior. Demostraciones convincentes de la utilización del borde para protegerse, construirse y socializarse son a menudo relatados por los padres que se opusieron a los métodos que les aconsejaban los especialistas y que confiaron en las pasiones y en los intereses de sus hijos. Han constatado que esto los ha llevado a éxitos importantes y ha habido pruebas como La chispa de Kristine Barnett, Nuestros mundos enlazados de Valéry Gay-Corajoud, Una vida animada de Ron Suskind o incluso Escuchar al autismo de Anne Idoux-Thivet que son los más conocidos y los más convincentes de estos testimonios. Revelan hasta qué punto los dibujos animados, los juguetes y los objetos más diversos pueden ser muy valiosos en la construcción de los sujetos autistas cuando los han investido y cuando se los deja a su disposición. Gran parte de estos padres han debido tomar la decisión difícil que la de Kristine Barnett, que es irse en contra la opinión de los especialistas dejándole al hijo su objeto autista y alimentando también sus pasiones sin centrarse en los puntos débiles -como lo hacen las terapias clásicas-, sino que se centran en lo que el niño tiene ganas de hacer.

Cuando un niño autista entra en el consultorio de un psicoanalista, la mayoría de las veces lo ignora, no le habla, pero demuestra un interés por los objetos. No es sorprendente comprobar la asombrosa atracción que tienen por ciertos objetos del mundo moderno. Ya en los años ’70, los Browner -educadores- observaban hasta qué punto era sorprendente la relación que tenían los autistas con las grabadoras de voz. Ellos señalaban que la estabilización tímica de los niños autistas en esta situación de escucha era asombrosa: “Parecen perder todo signo de ansiedad y preocupación ante esta grabadora”. No es sorprendente, por tanto, observar el mismo fenómeno en ciertos autistas que se muestran obedientes frente a ciertos robots humanoides. Todos los terapeutas concuerdan en que los autistas son muy receptivos a la información transmitida por los objetos.

Esta observación pragmática incita desde hace algunos años a algunas empresas a lanzarse al mercado de equipos y herramientas perfeccionados para el uso y el aprendizaje de personas autistas. En Europa, en EEUU, los robots humanoides educativos están actualmente disponibles en el mercado. Estos robots son capaces de tomar decisiones, de conversar, de actuar y de moverse en función del contexto y del interlocutor. También es posible darles un nombre al que reaccionan. Tranquilizados por su voz monótona y sus ojos sin mirada, los autistas se muestran bastante interesados en estas máquinas. Se las utiliza de diversas maneras, tanto para jugar con los niños, como para iniciarlos en su programación o incluso para utilizarlas como herramientas del aprendizaje. Algunos de los inventores quieren limitarlos al uso pedagógico; otros buscan crear un lazo afectivo con el estudiante sugiriendo que el robot es un verdadero compañero y que puede expresar emociones a través de distintas luces, palabras y movimientos. El precio elevado de estos robots limita, por ahora, su uso a algunas instituciones en donde además hay una cantidad limitada de ellos, pero llegará el momento -si esto no se ha hecho ya- en el que los niños autistas se apropiarán personalmente de un robot para convertirlo en su borde autista, ya sea para tenerlos en su casa o para llevarlos a todas partes con ellos.

Sin embargo, esta herramienta de aprendizaje indiscutiblemente adaptada ya que les permite superar sus dificultades en el intercambio social, ¿puede cumplir las funciones de protección, regulación y mediación del borde autista? La capacidad de estos robots de cobrar vida por sí mismos, su aspecto tranquilizador, los hace bastante aptos para ser elegidos por algunos como un objeto autístico protector. Por otro lado, ya se ha observado que se pueden utilizar como un compañero imaginario permitiéndole al niño expresarse a través de él. Nada impide que este objeto que tiene una dinámica propia pueda ser considerado como un doble que ofrece la posibilidad de tomar distancia de los afectos. Si el autista es capaz de programarlo, su preocupación por mantener el control sobre su borde, podría también ser satisfecha. El robot humanoide -para quienes lo adopten- va a cumplir las funciones protectoras y reguladoras del borde. En cambio, no resulta adecuado para ser un mediador social. El solo hecho de no poder desprenderse de esta máquina llamaría fuertemente la atención sobre la extrañeza del comportamiento de la persona autista. Quedaría entonces la solución de Temple Grandin quien conservaba su máquina en su habitación, pero sabemos que esto podría generar dificultades, sobre todo en internados o instituciones. Un aula en que cada estudiante autista viniese acompañado por su voluminoso robot sería algo socialmente estigmatizante. Los robots actuales pueden ser excelentes herramientas pedagógicas para los autistas, pero no son los mejores objetos prèt-à-porter con los que se puede constituir el borde. Reúnen ciertos inconvenientes: son caros, voluminosos, estigmatizantes y difíciles de usar. El borde más apropiado no solo debe poder encarnar una presencia tranquilizadora y ser capaz de facilitar el aprendizaje evitando pasar por intercambios sociales directos, sino que también debería ser socialmente discreto de modo que pueda ser un objeto utilizado comúnmente también por personas no autistas. ¿Existe un objeto de estas características y dónde encontrarlo entonces?

La observación ampliamente compartida respecto del interés de las personas autistas por las pantallas lleva nuestra atención a las computadoras, a las tablets electrónicas y a los teléfonos celulares. A los autistas les atrae de manera espontánea estas máquinas pues les permiten controlar videos, películas, música y canciones rebobinándolas muchas veces, pudiendo detenerse en ciertas secuencias, interrumpiéndolas o relanzándolas según como deseen. A veces esto puede ser molesto para el entorno del niño, pero también puede ser una fuente de conocimientos asombrosos. Para muchos autistas, el aprendizaje de la lengua empieza con las ecolalias, los diálogos de muchas películas o de muchos programas de televisión. Algunos autistas como Owen Suskind o Jay Barnett aprendieron a leer solos gracias a las películas. Cuando los autistas disponen de una pantalla que pueden conectar a Internet, descubren rápidamente que es una excelente manera de alimentar su interés específico. Mejor aún, hoy sabemos que la pantalla puede constituir un lugar de encuentro con un compañero imaginario de un nuevo tipo, más consistente y mejor perfeccionado que las máscaras de Williams y de otros autistas -un compañero imaginario que puede ahora responder a las preguntas del niño-.

Por ejemplo, Gus -el hijo de Judith Newman- adoptó a Siri, una aplicación de su celular, como un compañero imaginario. Su madre cuenta que cuando él descubrió que existía un sistema capaz no solo de darle informaciones sobre sus diversas obsesiones -como los trenes, los colectivos, las escaleras eléctricas y todo lo que tiene que ver con la meteorología-, sino que, además, le permitía mantener pseudoconversaciones con estos temas sin cansarse nunca. Entonces ahí se volvió un adicto a estas máquinas. Gus entiende intelectualmente que Siri no es una persona. De todos modos, la trata y le habla con mucha consideración. Le tiene tanta simpatía a Siri que a veces hasta trata de saber si ella desearía algo que él podría conseguirle. Incluso a veces le pregunta si se casará con él cuando sea adulto. En resumen, a través de su teléfono inteligente, Gus encontró acceso a un compañero imaginario, moderado y mediador capaz de cumplir las funciones del borde.

Ron Suskind ha desarrollado una aplicación más específica destinada a personas autistas, Sidekicks. Difiere de Siri por su orientación educativa más específica y por poner al niño en contacto con un adulto y no con un programa. Permitidas por el avatar -compañero imaginario, amigo imaginario-, la información es mejor recibida que en un intercambio directo. Siri y Sidekicks poseen el mérito de proponer un enfoque cognitivo y emocionalmente adaptado al funcionamiento autista. Proponen un doble no intrusivo hecho a medida. Queda entonces por examinar si resulta más beneficioso concebir estos programas como refuerzos de herramientas educativas en cuyo caso excesivo y lúdico debería ser rigurosamente supervisado o habría que considerarlos como amigos imaginarios que permiten abrirse al mundo siguiendo el ritmo del niño.

En este sentido, un experimento realizado en 10 aulas de niños con distintas dificultades en el aprendizaje -incluidos niños autistas- en la región de París demostró ser muy interesante porque no se limitó a considerar a las tablets solo como herramientas de aprendizaje. Los estudiantes pudieron apropiarse de este objeto ya que podían llevarlo de la escuela a sus hogares y podían también personalizar las explicaciones según su parecer. Las conclusiones del primer año de experiencia fueron muy positivas. La mayoría de los niños invistieron fuertemente sus tabletas. Salvo raras excepciones, éstas no fueron dañadas ni olvidadas en las casas y estaban cargadas cuando volvían a las clases. Al principio, algunos niños tenían miedo de no poder llevárselas a sus casas y otros se mostraban molestos por no poder trabajar con ese soporte todo el tiempo. Su valor pedagógico fue evidente para los autistas por su aptitud para aprender rápidamente el uso de esta herramienta y por el apoyo que su pensamiento encuentra en los soportes visuales. Con las tablets encontraron cómo satisfacer su voluntad de control -lo que les hace intolerables a cualquier tipo de fallas- y les permite también experimentar sin temor a equivocarse y dándoles también la posibilidad -cuando debían confrontarse a un bloqueo- de pasar rápidamente a una actividad que fuera más accesible. La Tablet fue entonces una fuente de motivación, de incitación al trabajo y de apertura al mundo. En definitiva, además de un excelente soporte pedagógico, la Tablet demostró ser capaz de constituirse como un objeto mediador, tranquilizador y relajante para estos niños. Permite intercambios que no involucran ni la voz ni la mirada; se adapta muy bien a la necesidad que tienen los autistas de apoyos concretos para la adquisición de conocimientos; permiten acceder a dibujos animados a partir de los cuales muchos niños comienzan a interesarse por el lenguaje y las relaciones sociales; les da asimismo la posibilidad de navegar en Internet para nutrir sus intereses específicos. No es de extrañar por esto que muchos autistas de alto nivel sean considerados geeks.

Los celulares y las Tablet serán mejor utilizados con fines de aprendizaje y socialización más que para satisfacer funciones de protección contra la angustia y de regulación de los afectos. Esto supone que el objeto tecnológico digital sea utilizado no solo como una herramienta de aprendizaje de uso temporario, sino que sea también una posesión permanente del autista. Para poder distinguir su implementación como borde psicodinámico y su uso como una herramienta de aprendizaje, la pregunta esencial que debemos plantearnos es: ¿quién domina el objeto? ¿Es una posesión del niño o una extensión del educador?

Actualmente, las autoridades sanitarias están de acuerdo en apoyar experimentos con robots y objetos tecnológicos digitales para ayudar a las personas autistas. Paradójicamente, la mayoría de las veces se oponen e incluso prohíben el uso de la comunicación facilitada. ¿Debería estar prohibida porque no está validada científicamente? Sin embargo, cuando por medio de una computadora o de un teclado o guiado por ciertas letras de cartón, algunos autistas que no hablan pueden acceder a la palabra y pueden realizar intercambios. Ellos son unánimes en elogiar los méritos de la comunicación facilitada. Todos esos tenores de silencio ratifican que escribir es el primer paso para salir del otro mundo y que eso los ayuda a estructurarse social y mecánicamente.

En la actualidad, la utilización de robots para el tratamiento de personas autistas seduce a los responsables de tomar decisiones porque es movilizado por los atractivos del discurso de la ciencia y por la fascinación por las innovaciones tecnológicas que parecen prometer aprendizajes que pueden ser evaluables. En cambio, la comunicación facilitada genera desconfianza porque permite a los autistas expresar su subjetividad librando la palabra, pero esto sería difícil de evaluar. Esta oposición entre objeto tecnológico y la comunicación facilitada pone en evidencia claramente en cuanto al uso de los objetos tecnológicos digitales con los autistas que la cuestión fundamental -que generalmente es evitada- consiste en saber quién controla o quién domina ese objeto. El objeto psicoanalítico insta a entregárselo al niño para que pueda hacer un borde permanente, un borde que le permita no solo comunicarse, sino también que le permita protegerse y regular sus afectos.

Por su capacidad para integrarse a nuestra vida cotidiana, las Tablets electrónicas y los teléfonos celulares tienen la particularidad de constituirse en borde autista prêt-à-porter que por esta función les augura a las personas autistas un futuro más promisorio que el de los robots humanoides. Toda institución que trabaje con autistas debería proponérselos. Sin embargo, estos objetos también tienen sus límites. No todos los autistas se apropiarán de ellos. Algunos prefieren otro objeto como borde. Pueden preferir una persona o un animal, quienes van a funcionar como borde. Por más apegado que pueda estar al animal, siempre mostrará más independencia que un robot, por lo que sigue siendo más constructivo para la persona autista y lo llevará progresivamente a asumir cambios. De todos modos, el borde más apropiado que a menudo genera autistas invisibles está constituido por un hermano o una hermana o por uno de los padres o por un familiar. El borde más discreto, más flexible y que es capaz de introducir prudentemente un cambio sigue siendo un humano. Sin embargo, no es algo que se pueda prescribir. El niño debe tomar la iniciativa de adoptarlo eventualmente en un consultorio psicoanalítico.

Les agradezco mucho por su atención.


[1] Intervención en el XIII Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología por la Facultad de Psicología de la UBA. [En línea]: Simposio Internacional: El Autismo y los Objetos Tecnológicos. – YouTube. Último acceso: 2021-11-25.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

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