Posición Sexual: La Extrañeza de Habitar un Cuerpo – por Marcela Almanza – 2021/11/18

POSICIÓN SEXUAL: LA EXTRAÑEZA DE HABITAR UN CUERPO

Por Marcela Almanza

2021-11-18


Bueno, gracias. Gracias a ustedes por la invitación, al directorio -por supuesto- de la NEL-Medellín. Un gusto estar con ustedes.

Bueno, en principio el texto que escribí es muy breve. Es una aproximación también para mí. Me interesa repensar, sobre todo -tal cual le comentaba también a María Elena Lora-, el impacto que tiene la propuesta de las jornadas en nuestra práctica. Es decir, están los conceptos, está la teoría, pero me interesas sobre todo qué de esos conceptos impacta -uso nuevamente ese significante- en nuestra práctica y qué resulta de ese encuentro entre conceptos y escucha del analista a nivel de la transmisión del caso; la posición del analista frente a eso -no me parece tan evidente-. Entonces, sobre todo planteo preguntas en el texto.

Nombrar la propuesta de nuestras próximas jornadas bajo la modalidad de una pregunta y en plural nos invita a precisar aún más en el marco de nuestra época aquello que se desprende de la lógica analizante a nivel del caso por caso en el punto preciso donde se evidencian los constantes e inevitables embrollos del cuerpo hablante ante la ausencia de la relación sexual. Acordamos de entrada en que “el dato de la experiencia analítica es que hay goces en plural”[1]. Una de las consecuencias que Lacan extrae de esta imposibilidad lógica de hacer Uno es que no puede haber unicidad de la fórmula de aquello que pueda conjugar a los sexos. Así, planteó la fórmula lapidaria “no hay relación sexual”. Si para los seres hablantes esta cuestión está presente desde el inicio, desde el momento en que se produce la captura del viviente en las redes del lenguaje, este acontecimiento sin par que inevitablemente toca la vía del cuerpo y del goce tomará diversas formas y hará hablar a cada quien a su tiempo de esas marcas tan especiales. El síntoma encontrará su propia lógica bajo estas coordenadas.

En ese punto acoto algo. Me parece interesante pensar la extrañeza de pensar un cuerpo en la neurosis y qué de esa de esa extrañeza podemos escuchar en las psicosis, por ejemplo.

Así, la sustitución del inconsciente por el parlêtre pasa por la puesta en relieve del primer fundamento del cuerpo, el cuerpo como lo que se tiene. Para gozar hace falta un cuerpo, dice Lacan. Es el momento de báscula que se lee en Aún. Partiendo desde esta base, podemos aseverar que no habrá ningún discurso que, desde el ámbito de lo social, la ciencia o el corpus legal, sea capaz de anticipar y de nombrar lo que advendrá bajo la singularidad del parlêtre y su modo de arreglárselas con el goce. Por lo tanto, en el denominado discurso social no habrá la posibilidad de arribar asertivamente y sin resto a una conclusión unívoca sobre lo que es un hombre o una mujer. La proporción sexual no se puede escribir. El malentendido entre los sexos es irremediable y la extrañeza de habitar un cuerpo siempre tomará diferentes vías y soluciones a la medida de cada quien.

Eso es lo que me interesa pensar analíticamente hablando a nivel de la práctica, resonancias en la práctica.

En este sentido, tal como nos señala Lacan, oponer el concepto de sexuación al de identidad sexual nos permitirá establecer que para el ser humano no hay una identidad dada desde un inicio pues no se nace hombre ni mujer. Eso sería pensar el asunto bajo las premisas de la biología. Y el cuerpo concebido en términos analíticos, sabemos que tiene un estatuto de otro orden. ¿Cómo pensar entonces estas cuestiones a la luz de nuestro contexto más inmediato y a partir del modo en que ciertas intervenciones y prácticas sobre el cuerpo atraviesan las consultas actuales?

Una vez más para orientarnos resulta fundamental no olvidar que “el goce no tiene una relación directa con los signos de género. Los caracteres sexuales que aparecen en el cuerpo y que las maniobras trans pueden interrogar permanecen como secundarios. Por lo tanto, el goce del cuerpo no depende de estos rasgos “en tanto que simbolizan al gran Otro”[2], dice Lacan. “El Uno involucrado en el goce tampoco es el del amor, el de hacer Uno, sino el Uno en el sentido de la iteración que destaca Jacques-Alain Miller en su último curso.”[3]

Nuestra práctica, orientada por lo real alojará entonces aquello que inexorablemente itera operando desde una escucha psicoanalítica que, al no desconocer lo imposible, se diferencia de otros discursos pues

“para el psicoanálisis, el sexo está regido de plano no por un ideal de la diferencia sexual, sino por el hecho de ser asexuado, es decir, estar en relación con el objeto a. Hacer el amor no consiste en encontrarse como hombre o como mujer, sino que consiste en bordear el quiasma del encuentro con el objeto a y volver sobre el cuerpo.”[4]

Ese cuerpo, lo sabemos, siempre es Otro respecto a aquel que se pretende abordar bajo la ilusión de una supuesta justicia distributiva del goce -como si dijéramos “a cada quien lo que le corresponde”-, vía en la que se empeñan ciertas prácticas tomadas por el ideal y por la búsqueda de una reivindicación permanente que haga valer a cada quien lo suyo -como si eso fuese posible-. Es aquí donde es importante destacar

“que la subversión lacaniana se enuncia de otra manera. Lacan no parte de un campo de apertura de derecho al goce, sino que parte del hecho de que el psicoanálisis tiene que ver con el goce como imperativo. Eso se experimenta y eso se exige. El superyó es el imperativo de goce.”[5]

¿Cómo abrir entonces una pausa propiciada por el dispositivo analítico para alojar ciertas demandas actuales y así comenzar a bordear aquello que resta por fuera del sentido y de los imperativos de la época? Cuestión que sabemos que se articula con una exigencia muy íntima, de otro orden. ¿Cómo escuchar lo que no anda, lo que no encaja, que a veces toma el sesgo de lo extraño que toca el cuerpo para abrir una brecha que introduzca una temporalidad diferente a la de la prisa en torno a cada elección? ¿Cómo hacer resonar alguna pregunta que comprometa al parlêtre y su modo singular de habitar el cuerpo? Y agregaría también cómo introducir una pausa que permita quizá sintomatizar algo de esa división y quizá de una pregunta en lugar de empujar a veces a la vía del acting.

Retomo aquel planteo de Miquel Bassols cuando destaca que a la luz de

“los nuevos simulacros de la sexualidad y sus objetos vemos que esta disyunción entre el significante del falo y el goce del cuerpo aparece de modo más claro. […] Es justamente en esta disyunción donde se sitúa el discurso creciente a la intervención en lo real del cuerpo para dar soporte al simulacro de la sexualidad.”[6]

Es así que “lo que se manifiesta como las identidades sexuales sigue la lógica de las identificaciones como una multiplicación de los Unos diversos en los que la sexualidad se complace en instituir sus simulacros.”[7]

Para finalizar y tomando en consideración estos “simulacros” -entre comillas-, considero crucial cernir el uso y función de los mismos contemplando la lógica de cada caso a la par de despejar lo que propician las diversas intervenciones sobre el cuerpo, cuestión que resultará fundamental para precisar el modo en que responderá el analista.

Bueno. Hasta allí.


*Intervención para la NEL-Medellín en las noches “Hacia las Jornadas NEL 2022 ¿Sexualidad(es)?”, vía Zoom. 2021-11-18.

[1] É. Laurent. Subversión de la subversión. [En línea]: Subversión de la subversión | Virtualia, Revista digital de la EOL (revistavirtualia.com). Último acceso: 2021-11-18.

[2] J. Lacan. El Seminario, libro XX, Aún. Buenos Aires: Paidós, 2017, p. 13.

[3] É. Laurent, op.cit.

[4] Ídem.

[5] Ídem.

[6] M. Bassols. El objeto (a)sexuado. [En línea]: El Caldero Online de la Escuela | Publicación de la Escuela de la Orientación Lacaniana (eol.org.ar). Último acceso: 2021-11-18.

[7] Ídem.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

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