De la Clínica de la Agresión Suicida del Narcisismo – por Jesús Santiago – 2021/10/30

Quiero agradecer en primer lugar al directorio del INES, a Ángel Sanabria, a Viviana Berger -directora de la FAPOL- y también a Raquel Cors -presidente de la NEL- por esta invitación que tanto me honra.

Llamé a esta breve intervención: De la clínica de la agresión suicida del narcisismo. De hecho, mi sorpresa al leer este texto -como dijo Raquel- es la fuerza de la orientación clínica que emana de este escrito -que como todos saben- forma parte de los antecedentes de la trayectoria en la enseñanza de Lacan. Es necesario que esta fuerza clínica tiene lugar a pesar del aspecto teórico-clínico de la dominación causal de lo imaginario y, por tanto, del narcisismo y de la función del yo.

Ángel Sanabria hablaba de los semblantes imaginarios fundamentales en una especie de una imagen reina que Miller trata en uno de sus cursos. De todas maneras, me gustaría tratar rápidamente tres puntos que me parecen importantes para comprender esa clínica de la agresión suicida del narcisismo presente en este escrito de Lacan.

Primer punto que me gustaría enfatizar es la bipartición de la libido. Para mí es la manera que Lacan trata -como subrayó Silvia- de resolver la cuestión de la pulsión de muerte. La concepción de la libido en este momento se divide entre dos lados: por un lado, la libido negativa y, por otro lado, la libido positiva. Tanto el lado positivo como el negativo emanan del proceso identificatorio en el que el sujeto debe pasar por el otro para tener acceso a una imagen de sí mismo. Esto va a resultar -señala Lacan- en una ambivalencia estructural, una tensión conflictual interna al sujeto y desde entonces la relación del sujeto con su semejante va a desdoblare en un registro doble: la agresividad y el erotismo.

En la identificación narcisista, tesis IV, existe un componente erótico por el que el sujeto ve en el otro una imagen narcisista ideal de sí mismo que inviste libidinalmente como su propia imagen. Existe también un componente agresivo porque si “Yo soy otro”, entonces este otro puede tomar mi lugar y, en términos de o yo se desdobla la relación. La única salida viene a ser consecuentemente la destrucción agresiva del otro. En Acerca de la causalidad psíquica, Lacan retoma y aclara que los fenómenos de transitivismo consiste en el tipo clínico fundamental para explicitar tanto la función de desconocimiento -Silvia a trabajo esto- del yo como su estructura paranoica. Como él mismo subraya: “El niño que imputa a su colega recibir el golpe que él recibe no miente. En el instante de captación en el que se identifica con el otro, el niño desconoce lo que viene de él y lo que viene del otro”. Como constatamos desde los comienzos de su enseñanza el yo es visto como un término primario y, por lo tanto, tampoco podemos calificarlo como la instancia que efectúa de las funciones del cuerpo y del espíritu, es decir, una función de síntesis de la personalidad como pensaban los post-freudianos. El hecho de que el yo desconoce radicalmente su participación en aquello de lo que él mismo se queja, o sea su inocencia, es lo que culmina en la caracterización de su estructura como paranoica. Es también lo que conduce a Lacan a introducir el término conocimiento paranoico para designar esta forma de desconocimiento que está en el fundamento de la génesis del yo. Para Miller, si el yo tiene una estructura paranoica, el estadio del espejo, por su parte, es una paranoia originaria inherente a su propia constitución de agredido y de agresor.

Un segundo punto que abordaré rápidamente es la paranoia originaria del yo. La contribución sobre la agresividad deja en evidencia lo que Miller trata en su curso Vida de Lacan, lo que él denomina como “la paranoia originaria del yo”. Esta definición del yo asume una importancia decisiva para la primera individuación subjetiva. Pues, si la paranoia es constitutiva, esto quiere decir que el sujeto se encuentra vulnerable a las agresiones suicidas del narcisismo que se ejemplifican en esta época por los diferentes fenómenos y tipos clínicos como el caso del transitivismo, del delirio de la bella que Lacan trata en su escrito acerca de El misántropo de Molière, los crímenes inmotivados y sobre todo en la anorexia y en la toxicomanía. Él utiliza esta misma construcción conceptual de la agresión suicida del narcisismo en estas manifestaciones clínicas. Enseguida, es posible identificar un segundo tipo clínico, diferente al que cité antes, también ejemplar que es exactamente lo que aparece en los estudios del psiquiatra francés Paul Giraud quien escribió un artículo acerca de los asesinatos inmotivados. Describe las etapas que precedieron al arribo del pasaje al acto homicida de un paciente. Después de todo un tiempo caracterizado por un sentimiento penoso de extrañeza anterior, el paciente disgustado con la vida y con los hombres, se vuelve primero hacia Dios y luego hacia el comunismo proyectando sobre la sociedad su pesimismo interior hasta que en un pasaje al acto violento intenta matar al tirano, matar a la enfermedad que lo invadía. De esta forma, señala Lacan, siguiendo a Giraud -en mi opinión- hace una formulación muy importante. Dice que se afana en reconocer que lo que el alienado trata de alcanzar en el objeto que golpea no es otra cosa sino el kakón de su propio ser. Primera vez que Lacan utiliza el concepto de kakón.

Mi tercer y mi más esencial punto es el kakón y la agresión suicida del narcisismo. Entonces, en El malestar en la cultura, Freud se interesa en las barreras e interdicciones que la sociedad erige para contener esa: “inclinación agresiva que podemos registrar en nosotros mismas y con derecho presuponemos en los demás como el factor que perturba nuestros vínculos con el prójimo”. Lacan en su texto del ’48 retoma esta cuestión al afirmar que lo que permite al sujeto trascender -cito a Lacan-: “la agresividad constitutiva de la primera individuación subjetiva es la identificación primordial al padre. En consecuencia, consideramos que en el Edipo que se realiza una identificación que no es ya la identificación narcisista y al semejante -con su consecuencia agresiva-, sino una identificación al gran Otro en posición de Ideal del yo”. Lacan reconoce en lo tocante a la identificación una función pacificadora y normalizadora del padre la cual da eficacia al Nombre-del-Padre cuya función es unir el deseo a la ley.

Sin embargo, es necesario preciso considerar críticamente esta función simbólica del orden paterno y sus ideales frente al diagnóstico que en el mundo contemporáneo existe un declive de estos ideales y una fragilización de las referencias simbólicas del Nombre-del-Padre. Sabemos que la última enseñanza de Lacan se encarga no solo de cuestionar la identificación narcisista, sino también la identificación simbólica al Nombre-del-Padre. Entonces, está cada vez más clara la condición inoperante de la función del Ideal del Yo, así como su dificultad para tratar el problema de los nuevos circuitos de la agresividad y de la pulsión de muerte. Esto no significa en mi punto de vista que Lacan abandone su tesis sobre la agresividad, pero cambia sustancialmente cuando adopta el carácter primario del goce como el núcleo de lo que considera el parlêtre, el hablanteser. Este declive de los ideales y de los valores civilizatorios los convierte en una parte integrante del goce del superyó y, por lo tanto, suprime su función pacificadora de las pulsiones agresivas. La hipótesis clínica de Jacques-Alain Miller de la forclusión generalizada -que es en mi opinión una premisa fundamental de la clínica de las psicosis ordinarias- surge para circunscribir el hecho de que el goce de la pulsión de muerte, el kakón, jamás es completamente absorbido por la operación significante del Ideal del Yo y, por lo tanto, se puede decir que la metáfora paterna no es algo que se realiza completamente sin dejar restos. Lacan incluso considera que donde está el goce del kakón y no simplemente el goce fálico es lalengua en su conjunto que se encarga de tratarlo. La metaforización del goce -esto es fundamental- con lalengua se hace con la ayuda de elementos que no tienen más su fuente en el Nombre-del-Padre. Es el punto que ha subrayado Silvia. O sea que estos elementos que constituyen un factor de contención de los excesos son extraídos del sinthome y aseguran la articulación entre una operación significante y el goce, articulación ésta ligada al cuerpo. La perspectiva del sinthome no tiene el propósito de la creación de nuevas categorías clínicas, especialmente cuando se espera la proliferación del kakón en la civilización del goce. Lo que la práctica lacaniana busca en cada caso donde predomina la agresión suicida del narcisismo es la singularidad de la distribución de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario.

Muchas gracias.

*Intervención en la presentación del Cuaderno del INES #15 «Lacan y la agresividad en psicoanálisis». Vía Zoom, 2021-10-30.


Presentación del Cuaderno del INES #15: «Lacan y la Agresividad en Psicoanálisis.»

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

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