La Clínica del Sinthome – por Éric Laurent – 2021/10/09


LA CLÍNICA DEL SINTHOME

Por Éric Laurent

2021-10-09


Santiago Castellanos:

Buenas tardes a todos los que estáis participando de esta sesión inaugural del curso académico de la Sección Clínica del NUCEP de Madrid, del Instituto del Camp Freudiano de España. En primer lugar, agradecemos a Éric Laurent quien, desde París, va a dictarnos una conferencia que ha titulado La clínica del sinthome -una conferencia esperada por muchos- que seguramente nos va a enseñar y a orientar como siempre.

En la Sección Clínica de Madrid tenemos un especial cariño y agradecimiento a Éric Laurent por su relevante y decisiva orientación en la fundación del NUCEP hace ya más de 20 años y su colaboración continuada para que este lugar de formación en psicoanálisis se mantuviera y desarrollara hasta la fecha. La actualidad tras el aggiornamento forzado por la pandemia el año pasado, seguimos en marcha incorporando nuevos recursos tecnológicos que nos permiten ampliar la transmisión del discurso analítico. Las enseñanzas ya en este año se realizarán en streaming, es decir, presencial y online al mismo tiempo. Podéis visitar la web e informaros de las diferentes propuestas de trabajo. Empezaremos a partir del 14 de octubre con las sesiones de la Tétrada y ya el 22 con el Seminario del Campo Freudiano que en su primera reunión estará animado por la presencia de Miquel Bassols como docente.

Bueno, simplemente unas palabras para agradeceros a vosotros y a Éric la presencia y empezamos. Adelante, Éric.

Éric Laurent:

Gracias, Santiago, por la presentación. He titulado esta charla La clínica del sinthome. Utilizo el término de clínica en una cierta ambigüedad entre clínica psicoanalítica y clínica psiquiátrica, ambigüedad y tensión porque la clínica psicoanalítica en tanto clínica de la particularidad de un sujeto desorganiza las clasificaciones psiquiátricas. Desde este punto de vista, estaba la clínica de la edad de la mirada; luego, estaba la clínica de la edad de la medicación; y ahora, está la clínica de la edad de los algoritmos, la clínica del tratamiento masivo de datos: el Big Data. La clínica de los algoritmos es la clínica contemporánea de la edad del Uno de enumeración, de la edad del Haiuno -como Lacan había elegido nombrar en uno de sus seminarios-.

Esta clínica provoca dos consecuencias. Por un lado, se produce una ruptura entre los practicantes -los psiquiatras y clínicos practicantes- y los investigadores. Por otra parte, en 10 años de acento sobre esta clínica digital, no se ha producido ninguna perspectiva de tratamiento psiquiátrico nuevo. Los medicamentos son los mismos que hace 50 años y las novedades son un retorno a la estimulación eléctrica directa del cerebro cuyos efectos eran detectados desde antes de la II Guerra Mundial del siglo XX.

A esta clínica de la edad de los algoritmos, responde -como un revés- una clínica del sujeto que se manifiesta de múltiples maneras. En primer lugar, mediante la desviación por los usuarios del sistema de salud de las etiquetas diagnósticas que se les ofrece o se les impone. Se trata de una especie de creolización de la nueva lengua psiquiátrica. Luego, por los callejones sin salida que la imposible clasificación produce, hay multiplicación de efectos subjetivos. Se multiplican las burbujas diagnósticas y finalmente vemos la huella subjetiva por el lugar de la cuestión sexual en la nueva clínica. Nos llevará a la creencia en el sinthome.

Primero vemos la clínica de la edad de los algoritmos. No hay ciencia en el DSM, así lo constató el antiguo director del National Institute of Mental Health en su resonante intervención en abril del 2013 -quince días antes de la publicación del DSM-5-. Elimina con grandez las sutilezas de la inclusión-exclusión de nuevas categorías obtenidas por las largas horas de vigilia de las comisiones de expertos durante 5 años. Observaba pocas variaciones entre el DSM-IV revisado y la versión 5. Para él, el diccionario conservaba su fuerza y su debilidad. Su fuerza era la fiabilidad entre jueces, y su debilidad, su falta de validez científica. En otras palabras, para él el idioma del DSM-5 era perfecto, pero no significaba nada ya que había olvidado por completo que tenía que medir algo más que su lengua misma.

Por esta razón, constataba el director del National Institute of Mental Health, esta organización había lanzado desde el 2010 un proyecto muy diferente de la clasificación DSM. Se trataba de reunir en una investigación titulada Research Domain Criteria (RDOC) todo lo que se había desprendido de objetivo en el campo de la psicopatología, neuroimágenes, probables marcadores genéticos, alteración de las funciones cognitivas, de los circuitos neurológicos en el triple registro de la cognición, de las ilusiones y de las conductas. La recopilación de estos elementos se hace sin tener en cuenta las categorías clínicas admitidas que son efectos de superficie. Y a partir del 2013, el National Institute of Mental Health vincula su proyecto de RDOC a las investigaciones sobre el funcionamiento y la modelización del cerebro, la Brain Initiative de la administración Obama. A partir del 2014, decide revisar completamente su política de ensayos clínicos. Se trataba de favorecer tratamientos que no solo pretenden reducir los síntomas según el DSM, sino propuestas que se dan, objetivos biológicos objetivables; lo que no impide en modo alguno incluir en estos ensayos no solo medicación, sino tratamientos llamados psicosociales a condición de que se reformule el problema en términos aceptables para el RDOC. Por ejemplo, uno simplemente desea remediar el problema de la cognición en la psicosis, sin mencionar la certeza psicótica.

El año pasado celebramos el décimo aniversario de la adopción del RDOC, y el director del National Institute señaló que, por el momento, se están produciendo nuevas reagrupaciones diagnósticas mediante -lo cito-:

“identificaciones de subgrupos de individuos más consistentes y menos heterogéneos que cuando los mismos individuos estaban agrupados por diagnósticos. Asimismo, los estudios transdiagnósticos de las dimensiones cognitivas o emocionales permiten detectar aspectos de la disfunción similares a través de individuos con diversos diagnósticos.”

Los ejemplos que aísla el director son entre sujetos bipolares y esquizofrénicos. En los ejemplos que da es mejor orientarse en las particularidades del funcionamiento de cada uno que en un diagnóstico global. Dicho de otro modo, en 10 años el principal beneficio de toda esta nueva orientación es que la deconstrucción de la clínica DSM está muy avanzada. “Hemos cambiado sobre todo la forma de hablar, la conversación sobre la enfermedad mental” dice el mismo director. Pero el gran problema es que esto no se traduce en nuevas perspectivas de tratamiento o enfoques realmente innovadores. De ahí la frustración. Seguimos en la ausencia de un principio unificador como lo notaba John Organ en el 2013 diciendo que estamos en la modernización de las neurociencias en una situación similar a la genética antes del descubrimiento de la doble hélice.

Esto se manifiesta no solo en los esfuerzos de clasificación de las burocracias sanitarias estatales. Vemos también en el sector privado, la Big Tech que busca también poner a punto una medicina personalizada reuniendo todos los datos sobre un individuo. Es precisamente a esta tarea que se dedicó el antiguo director del National Institute que lo quitó para pasar a Google Health. Y ahora mismo ha dejado el gigante de Moutain View para dedicarse a su nueva empresa, su nueva Star Tube. La mezcla de ciencia, mito y esperanza que encierra la medicina predictiva individualizada no puede hacer olvidar las dificultades de la modelización del cerebro. Como lo dice un autor de la Sillicon Valley: “Sostenemos que estamos modelando el cerebro cuando todo lo que hacemos es mezclar máquinas de procesamiento de datos. No entendemos absolutamente nada sobre cómo funciona el cerebro y todavía estamos muy lejos de poder modelar uno”.

Ahora vemos los callejones sin salida de la clínica psiquiátrica de precisión. El National Institute of Health americano que agrupa a todos los institutos especializados estadounidenses lanzó en 2016 el programa All of U.S. Research -con el juego de palabras sobre us y de U.S.– que recluta a un millón de participantes y que quiere desarrollar sobre esta base la precision medicine. Los participantes son 1.000.000. Rellenarán formularios médicos, proporcionarán muestras biológicas, darán su consentimiento para hacer público su historial médico-electrónico a efectos de investigación. Estarán constantemente conectados a un portal web para registrar los datos que le conciernen: sueño, alimentación, hábito de vida. Así, sobre esta base global, el Instituto Especializado de Salud Mental cree inscribirse en esta base de datos para tratar todos los datos relativos a la salud mental.

El nuevo director de este instituto de salud mental nombrado en el 2016 ha precisado su programa. Desea que todos los investigadores de neurociencia sean más formados en matemáticas y que todo investigador sea también un teórico. El motor es inyectar más matemáticas en todos los niveles de la actividad del instituto. Este llamado a un más de matemática tiene una versión francesa, la fundación FondaMental. Estoy seguro de que en España hay el equivalente y en cada uno de los países que nos escuchan hay probablemente también una versión de esto. Es este tipo de fundación cuyos agentes son poderosos y que un autor llama “la voluntad de adquisición de autoridad moral de parte de las neurociencias cognitivas”. Estas fundaciones reúnen investigadores biomédicos que quieren actuar en nombre de la ciencia. Trabajan en general con liberales que quieren reorganizar el campo de la psiquiatría con este enfoque multidisciplinario en ciencias duras.

Convergen estas disciplinas en centros ultraespecializados que quieren actuar con rapidez para introducir terapias basadas en neurociencias cognitivas. Se trata de sustituir en todas estas áreas los conceptos surgidos de la clínica psicodinámica por los surgidos de las neurociencias cognitivas como psicoeducación y remediación cognitiva. Y también estos centros quieren concentrar muchos recursos en la creación de base de datos. No tienen la ambición de alcanzar el millón del All of U.S., pero cada uno quiere hacer todo lo que puede y recoge financiación. El resultado, por lo menos en Francia, es escaso. Es realmente alta tecnología. En siete años, los centros expertos han acogido un poco más de 6.000 pacientes. Si se compara esta cifra de 6.000 pacientes con los 2.000.000 de casos que se ven cada año en la psiquiatría tanto pública como privada, la diferencia es vertiginosa y probablemente esto acentúa el quiebre entre los investigadores y los practicantes. Más allá del carácter difícilmente traducible en la clínica práctica de los resultados hi-tech, se percibe también un efecto de dispersión en la investigación digital en clínica real. Las correlaciones y la regularidad de las bases de datos son extrañamente dispares y centrífugas. Cito un informe de esta fundación:

“Entre los factores medioambientales que influyen en el riesgo de aparición de la enfermedad, se encuentran los tóxicos -en particular el cannabis, demasiado utilizado por los jóvenes-, los traumatismos craneales, las infecciones maternas durante el embarazo, las complicaciones obstétricas, los traumas psicológicos durante la infancia, la estación de nacimiento, la urbanidad, la migración -alto riesgo entre los sujetos migrantes y su descendencia- y la contaminación.”

Fin de cita de esta lista extraña. ¿Cómo deducir una política cuando no se puede prohibir ni nacer en una cierta estación ni la urbanidad ni la migración ni la contaminación? ¿Cómo definir incluso prioridades? Y hay cosas más extrañas aún. Los factores que favorecen la locura también favorecen talentos excepcionales. Un mismo estudio de esta fundación también se pregunta: “¿Son los factores de riesgo de la esquizofrenia únicamente perjudiciales?”. Porque este estudio constata que los riesgos en cuestión como la migración, el hecho de haber nacido en una ciudad, el hecho de haber nacido en invierno, el hecho de ser el mayor de sus hermanos y de una edad paterna avanzada, todos estos factores de riesgo son también son factores de destino excepcionales para los sujetos que pueden “padecer” de estos riesgos. Paso atrás. ¿Hay que revisar toda la prevención? En este tipo de estudio sobre la ambigüedad de los factores de riesgo, vemos una extraña manera de reformular el famoso problema 30 de Aristóteles de la vecindad entre locura y genio.

Vemos ahora los callejones sin salida de la clínica los psicotrópicos. El modelo de acción de la medicación fue fijado para la comercialización farmacéutica en su acción sobre los neurotransmisores. Esta regulación de los transmisores justifica la combinación de diagnóstico y tratamiento. Pero Steve Hyman, exdirector del National Institute of Mental Health que lo dejó para unirse a la investigación más avanzada del Broad Institute -que es un instituto conjunto del MIT y de Harvard-, científico de alto nivel, critica severamente este modelo. En el 2012 hizo un balance de los 50 años de uso de los neurolépticos -desde la Imipramina y los primeros IMAO- y observó:

“Los medicamentos antipsicóticos han alcanzado un pico de eficacia nunca antes igualado y todavía no aclarado con el descubrimiento de la clozapina a mediados de los años ’60. Los objetivos moleculares de todos los medicamentos psiquiátricos aprobados hoy son los mismos que los de sus prototipos anteriores y sus mecanismos de acción”, me gusta mucho su fórmula, “sus mecanismos de acción no se entienden más allá de algunos acontecimientos moleculares iniciales.”

Lo que hace que en sus guidelines más recientes, el National Institute of Mental Health ha advertido finalmente contra la prescripción contigua de los neurolépticos, poniendo en duda la eficacia supuestamente superior de los neurolépticos de nueva generación tan costosos para el sistema de salud. Y esto indujo a los grandes laboratorios a mucha desconfianza en proponer nuevas moléculas. El espectro de una psiquiatría sin Big Pharma se ha hecho realidad. Han cerrado uno después del otro todos los laboratorios de investigación de psicotrópicos. Esto no impide que nunca de ninguna manera la prescripción, por ejemplo, de antidepresivos que aumentase en un 100 por 100 anual en todos los países de la OCDE a pesar de estas contradicciones. Con los laboratorios cerrados y sin verdaderas novedades, se abre una vía nueva para el alza de nuevas moléculas, así como la declinación de familias ya conocidas. Y lo nuevo viene más bien del lado de la estimulación eléctrica del cerebro con inserción de aparatos de estimulación muy localizados.

Las nuevas esperanzas ahora vienen de lo que tuvo lugar el mes pasado, es decir, la homologación de un nuevo medicamento para la enfermedad de Alzheimer y que por primera vez lucha precisamente contra el mecanismo preciso del Alzheimer. Por supuesto, hay grandes esperanzas de que se pueda alargar esto a toda clase de problemas, pero por el momento no es el caso. Lo que es muy llamativo es que esta medicación nueva, tan nueva que no tuvo lugar una homologación tan excepcional desde hace 20 años, fue puesta a punto por una startup -la BioGen– y no por una Big Pharma. Es decir, que estamos en una situación en que las novedades vienen de la startup biogenética y no más de Big Pharma como en el resto de la medicación y como lo hemos visto en la pandemia con la invención extraordinaria de las vacunas en un año de parte de las startup.

Tenemos así una psiquiatría sin Big Pharma, pero esto no es un problema. El gran problema es que se desdibuja una psiquiatría sin psiquiatras. El estado de emergencia de la psiquiatría en Francia y los países europeos constatan que el sistema de atención psiquiátrica en general está agotado. En Francia, desde el comienzo de la década se han absorbido 300.000 pacientes nuevos con una baja del número de psiquiatras del 40%. He ahí un fenómeno real: el abandono. Abandono de los pacientes que se enfrentan a la escasez de los fondos asignados a una psiquiatría considerada demasiado costosa; para los adultos, abandono en la calle, en la cárcel a la medicación excesiva, al aumento del número de suicidios sin causas psiquiátricas claras; para los niños, el paso a la escuela inclusiva que necesita incluir el mayor número posible de niños confiados anteriormente a la psiquiatría empieza a producir efectos paradójicos. En Francia, la secretaria del Estado para las personas discapacitadas puede afirmar alegremente: “Con nuestro plan se trata de no colocar a más niños autistas ante un psiquiatra. Frente a un espectro muy amplio del autismo, hay que dejar de hablar de psiquiatría”. Los psiquiatras abrumados le responden que es precisamente por falta de estructuras médico-sociales adaptadas y por falta de disposiciones inclusivas que la psiquiatría es solicitada de manera excesiva, y que a ellos mismos les gustaría mucho no tener que ocuparse de tanto niños como se les pide. Y que, por otra parte, algunas personas -con problemas asociados graves- necesitan hospitalización de protección específica de urgencias cortas para protegerles a ellos y a las familias que lo soliciten.

Las esperanzas de poner a cada paciente delante de un computador, un chat box, un software personalizado en lugar de delante de un psiquiatra son del mismo orden. Si es posible enamorarse de una máquina como lo señalaba la literatura del S. XIX en La Eva futura de Villiers de l’Isle-Adam -esta fantasía actualizada en la película Her con la excelente Scarlett Johansson como asistente personal de la que un sujeto se enamora-, ¿podremos hacer psicoterapias con robots? Hay que decir que ya hablamos mucho con los llamados asistentes personales como Siri, Google Assistant o Alexa. Una de las estrellas de la alta tecnología, Andrew NG, quiere ir más allá y desarrollar un robot para responder a las llamadas con dificultades subjetivas, estados depresivos y otras desgracias de la existencia -lo que se llama woes en inglés -. He así que quiere hacer un Woebot, el robot de los woes basándose en una base de datos formada a partir de conversaciones TCC -comportamentalistas- online. Este sistema ha tenido acceso a más conversaciones terapéuticas comportamentales que cualquier terapeuta en su vida profesional. Sin duda son buenas noticas, el Woebot dará sin duda un diálogo más estimulante que un terapeuta humano que intenta atenerse a un único manual protocolizado de terapia conductual. El humano fingiendo ser un robot será superado por el robot fingiendo ser humano. El sitio promocional de Woebot asegura que también podrá hacer juegos de palabras. Eso es una buena señal. Los terapeutas TCC no hacen juegos de palabras.

Por otra parte, la videoconferencia ha conquistado ahora el mundo -como lo hacemos hoy- y remodela el espacio psi. Las distancias se suprimen de una nueva manera. Estaba la época de los transportes aéreos, masivos, locos que han permitido el transporte de los cuerpos. Ahora existe la época Zoom que permite también una nueva alianza, incluso en el confinamiento pandémico. La alegría de encontrarse en presencia y de constatar los efectos diferentes en el encuentro es aún más fuerte después.

Vemos ahora el reverso subjetivo de la nueva lengua clínica frente a estas nuevas formas de hablar de la salud mental, los sujetos responden aferrándose a los diagnósticos menos estigmatizantes y aquellos que dan acceso a los mejores cuidados. Se trata de fenómenos de respuesta subjetiva, de creencia y de deseos.

Hay dos facetas de la cuestión del tema que se revelan en la pregunta diagnóstica. El sujeto es lo que puede encontrar un lugar ubicuo en una clasificación o se puede decir que el sujeto es lo que escapa a toda clasificación. La dificultad del psicoanálisis para inspirar clasificaciones estables no está ligada a una impotencia contingente, es consustancial a su discurso. Es un imposible lógicamente inscrito desde el comienzo. Allen Frances, el americano, lo decía de la manera siguiente: “El modelo analítico tenía tendencia a pretenderse un poco para todo con una notable excepción: lo normal no encontraba ahí verdaderamente su lugar. Para Freud, nadie jamás es completamente normal. Somos todos más o menos neuróticos”. Esto fue lo que Lacan radicalizó con su “Todo el mundo es loco”, es decir, delirante. Es un paso más allá de lo que decía Freud. El sujeto del inconsciente lacaniano radicaliza su perspectiva.

Vemos como esta incidencia del sujeto desconcierta a las clasificaciones y se ve en la forma en que los sujetos hablan por sí mismos en la lengua del especialista. Utilizan todas las etiquetas, pero de una manera desviada. Y también florecen los testimonios de sujetos que proponen su caso como ejemplo de narración de modalidad de vida perturbando el diagnóstico global vivido de manera singular. Estos relatos atraviesan ahora todo el campo clínico: autismo, TOC, fobias, esquizofrenia, ataques paranoicos, etc. Así, vemos la constitución de un modelo narrativo en psiquiatría permitiendo al sujeto alojarse en estos impasses y callejones sin salida de las clasificaciones.

El sujeto en su lengua particular quiere albergar la falla fundamental de su mentalidad en el sentido en que decía Lacan: “La enfermedad mental no es para nada una entidad esencial. Es más bien la mentalidad que tiene fallas. La falla de la mentalidad abre así el agujero en los discursos”. Esta falla de la mentalidad para el psicoanálisis es la imposibilidad de representarse la sexualidad en lo mental, la imposibilidad de inscribir lo sexual en lo consciente como lo decía Freud. Es lo que Lacan radicalizó al hablar de la no-relación sexual. Esto se manifiesta en las clasificaciones clínicas por la decisión que fue tomada a final del siglo XX de excluir de todas las clasificaciones toda autodeterminación sexual del sujeto.

Así es que se conecta la falla de lo mental y la no-relación sexual. El rechazo de incluir las clasificaciones de las prácticas sexuales en las clasificaciones psicopatológicas ha comenzado en el último cuarto del siglo XX. Sitúa bien la particularidad del trastorno sexual en la civilización. Este trastorno sexual es más bien trastorno en el género para los teóricos queer. Este trastorno no cesa de desplazarse en los discursos, fuera de las clasificaciones. Para el psicoanálisis es la no-inscripción de lo sexual como tal que está en juego. La hipótesis psicoanalítica como la formuló Lacan -radicalizando a Freud- es que en el inconsciente el hombre no sabe nada de la mujer ni la mujer del hombre. En el lugar de un saber que permitiría a los humanos que hablan orientarse en las cosas del sexo con la seguridad del animal, las mujeres y los hombres hablan de amor. Hablar de amor es el principio del placer entre los sexos. Intentan así, a través de esta palabra, depositar un trazo que se mantenga. Es la importancia de la carta de amor.

Lacan generaliza la castración freudiana al notar que la chicana de los sexos a nivel del significante se establece con la relación con el significante fálico. Lo llama como un punto mítico de la relación entre los sexos, jugando sobre el hecho de que, si bien el complejo de Edipo es un mito, el complejo de castración no lo es. Dice Lacan en Radiofonía: “En el falo se resume el punto mítico donde lo sexual se hace pasión del significante”[1]. Jacques-Alain Miller, comentando este texto, pone bien en valor la oposición entre lo sexual como tal y este punto de lo sexual que padece del significante. Lo cito: “Los seres sexuados tienen una relación diferente con el falo según sean hombre o mujer. Esta es una versión de no hay relación sexual. Es la manera de decir que solo hay relación significante con el falo”[2]. Para Freud el falo era una solución. Respondía a lo visible del sexo. Hacía de resto para la cópula. Por el contrario, para Lacan, el falo hace obstáculo para que los sexos puedan hablar de manera conclusiva.

Lacan comienza su Seminario Aún suponiendo a su público en cama, “una cama de pleno empleo, una para dos”[3] y opone el Uno del amor y del significante, y el Uno del goce. Al nivel del goce, como también lo subraya Jacques-Alain, lo cito:

“La relación de pareja supone que el Otro se vuelva el síntoma del parlêtre, es decir un modo de su goce. […] Primero es un modo de gozar del inconsciente, del saber inconsciente de la articulación significante y, en segundo lugar, es un modo de gozar del cuerpo del Otro que es tan tanto el cuerpo propio como el cuerpo del Otro.”[4]

La identificación al síntoma define un saber-hacer con el partener sexual como modo de goce en el momento del encuentro de los cuerpos siempre contingente. Es así como Lacan incluye a la vez a las prácticas eróticas del manejo del cuerpo, la manera con la que se los marca y el arreglarse a través del cual se extrae los objetos a del cuerpo del Otro. El hecho de arreglárselas incluye la creencia que el síntoma es un síntoma para descifrar. Lo era en el síntoma histérico freudiano, pero este síntoma es desplazado por la extensión del síntoma al sinthome, al partenaire-sinthome. El partenaire-sinthome habla, está animado por un querer decir, especialmente del lado femenino que hace de partenaire-síntoma con forma erotomaníaca.

Del lado del hombre, a pesar de su inercia fetichista, el sujeto no se queda atrás. Lacan lo decía de forma poética mientras elaboraba la forma lógica del partener-síntoma de la sexuación. Exploraba la intervención en el modo fetichista de los hombres, la intervención de Dios -decía-, de Un Dios que venía en contra, en ruptura con la lógica inerte fetichista. Durante una conferencia en los EE.UU., Lacan presenta de forma resumida la creencia en el partenaire-sinthome como un modo de la creencia en Dios, el modo contemporáneo que tiene que ver con el ateísmo. Lo cito: “El ateísmo es la enfermedad de la creencia en Dios, creencia de que Dios no interviene en el mundo. Dios interviene todo el tiempo, por ejemplo, bajo la forma de una mujer.”[5]

Un poco antes en este año ’75, durante su seminario, Lacan había desplegado la relación de la creencia al síntoma y al partenaire-sinthome. Lo cito: “Una mujer en la vida del hombre es algo en lo que él cree. Cree que hay una, a veces dos o tres, y ahí precisamente está lo interesante. Él no puede creer solo en una. Él cree en una especie”[6]. La mujer. Este enganche del sujeto sobre su medio de goce a través del amor es una reformulación en el ’75 de lo que Lacan decía: “Solo el amor permite al goce condescender al deseo”[7].

Con el partenaire-sinthome y su creencia, Lacan afrontó una figura del superyó distinta de la que había conocido Freud. Freud había conocido el superyó de la época represiva. Lacan enfrenta el superyó de la época de la permisibilidad, un superyó insaciable que no cesa de exigir: ¡Goza! Este imperativo se hace escuchar tanto en el consumismo sin límites como en la pornografía generalizada, la búsqueda del goce que sería el mejor -el más intenso- o la búsqueda de la última droga. Desde esta perspectiva, tendremos fenómenos clínicos cada vez más marcados alternando entre adicciones más frenéticas como a los retiros del mundo más marcados como los que experimentan los adolescentes en la extensión del planeta. Frente a esta creencia del goce sin fin, Lacan opone la creencia al síntoma como partener y dice que nuestra época puede ser la de la creencia en el síntoma. El partener-síntoma como medio de goce da forma y un punto de detención a la búsqueda superyoica de gozar.

La igualdad de los derechos entre hombres y mujeres, el derrumbe del sistema patriarcal hace surgir terrores nuevos y saca a la luz angustias de castración masculinas nuevas. La verdadera encrucijada es poder descifrar el enigma que hace que, a pesar de la igualdad de los derechos, una mujer sigue siendo radicalmente Otro para un hombre. Es entonces que ella puede ser sinthome y partener-síntoma.

El goce, según Lacan, no tiene nada que ver con el hedonismo. Se separa entre una parte que es el goce más allá del límite fálico y lo ilimitado que se civiliza por su inscripción del lado femenino de la sexuación. Esto es particularmente iluminado por el discurso analítico en la medida en que éste es el único discurso que sostiene a la vez que no hay relación sexual, así que supera todas las definiciones sociales posibles y también que el nuevo amor que pone al descubierto el psicoanálisis, el amor de transferencia es un amor que se dirige al saber, un amor que pone en juego la creencia, que no es ni narcisista, ni busca la caridad, ni quiere el bien del Otro. Es una creencia donde el lugar de la definición de lo que se ama es crucial. Y este lugar, Lacan lo nombra Una mujer. Es esto lo que hace que el discurso analítico cumpla su promesa de introducir algo nuevo en el amor, como Lacan lo dice en Televisión[8].

En este sentido, como lo decía ayer en la apertura de la ENAPOL, la pasión trans es ella la que acentúa más la definición de lo que es Una mujer como crucial en nuestra civilización, o más bien como dice Lacan, se trata de examinar las formas que toma la creencia en una mujer, las formas de un nuevo de lo que ama en Una mujer en la época de la clínica del sinthome.


*Transcripción del video de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=N2YkcoJQfNs . Último acceso: 2021-10-15.

[1] J. Lacan. “Radiofonía”, in Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 434.

[2] J.-A. Miller. El partenaire-síntoma. Buenos Aires: Paidós, 2013, pp. 410-411.

[3] J. Lacan. El Seminario, Libro XX, Aún. Buenos Aires: Paidós, 2017, p. 10.

[4] J.-A. Miller, op. cit., pp. 408-409.

[5] J. Lacan. Conferencia en la Universidad de Yale. 1975/11/25. [En línea] Charlas con universitarios, en la Universidad de Yale, Noviembre y Diciembre de 1975 (psicoanalisis.org)

[6] J. Lacan. El Seminario, Libro XXII, R.S.I. Lección del 1975/01/21. Inédito.

[7] J. Lacan. El Seminario, Libro X, La angustia. Buenos Aires: Paidós, 2017, p. 193.

[8] J. Lacan. “Televisión”, in Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 556.


Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

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