La Promesa de un Nuevo Amor – por Éric Laurent – 2021/10/08

LA PROMESA DE UN NUEVO AMOR

Conferencia en el X ENAPOL 

“Lo nuevo en el amor. Modalidades contemporáneas de los lazos”

Por Éric Laurent

8 de octubre de 2021


El título de este ENAPOL “Lo nuevo en el amor. Modalidades contemporáneas de los lazos” es muy justo. Articula una cuestión central en el amor, cuestión central para nuestra civilización, que no cesa de exigir una renovación de los vínculos sociales que venga a responder a las novedades que la ciencia no cesa de producir en las técnicas y en los objetos que no cesan de renovarse. Esta exigencia de nuevo fue sobre la que Baudelaire pone la última palabra a Las flores del mal en 1861. Dice Baudelaire: “Sumergirse en el fondo del abismo, infierno o cielo -¡qué importa!- en el fondo de lo desconocido para encontrar algo nuevo”. ¿Dónde hay que sumergirse? ¿En el fondo de nosotros mismos? Pero ¿qué es este “nosotros mismos” sin este Otro fundamental, nuestro inconsciente?

En el curso de Jacques-Alain Miller -en el que participé en el ’96- bajo el titulo El Otro que no existe y sus comités de ética[1], Jacques-Alain había tomado este poema de Baudelaire como objeto de su curso desarrollando lo que había presentado primero en San Pablo. Subrayaba que no es fácil de traducir “du nouveau” del francés al castellano porque el español y el portugués no tienen el artículo “du”-del-, por eso se traduce: “algo nuevo”. Pero Jacques-Alain seguía: “[…] sentimos en du nouveau algo más que en le nouveau [lo nuevo]. No designa ningún objeto en particular que sería nuevo, sino la dimensión misma de lo nuevo, una dimensión del ser.”[2] Esta dimensión de lo nuevo tiene dificultades para permanecer como tal en nuestra civilización. Dura cada vez menos, en menos tiempo y así es uno de los nombres de las formas contemporáneas de la pulsión de muerte. Este nuevo tan efímero cae en efecto sobre nosotros mismos. Lo nuevo en las formas del vínculo social amoroso está particularmente marcado por esta obsolescencia que acecha en nuestros discursos -especialmente en las redes sociales, lugares de una búsqueda desenfrenada de novedades y de nuevas formas de vivir propuestas por los influencers 

Mas allá de estas formas del vínculo donde la necesidad de novedad es caricaturesca, podemos considerar que las formas de lo nuevo aparecen en el movimiento general de la toma en consideración la voz de las mujeres en un estilo, más o menos marcado según los países, del derrumbe del sistema patriarcal. Incluso la toma Kabul por parte de los talibanes en agosto de este año, no se parece a la toma del ’96, sea lo que sea que suceda después. 

Una aceleración se hace sentir en el ascenso en potencia en el discurso de la civilización de la voz de las mujeres. Cuatro movimientos distintos han marcado en los últimos años el vínculo social:

  • En primer lugar, la lucha contra el femicidio que se ha desplazado de América Latina a Europa y a los EE.UU.
  • A continuación, el debate llevado a cabo por diversos movimientos feministas sobre la inclusión o no del sexo ordinario conyugal en la categoría de la violación.
  • En tercer lugar, el movimiento #MeToo que aparece en EE. UU. para ganar también los tres continentes.
  • Y finalmente, “la cuestión trans”.

Estas cuatro formas de lo nuevo en el vínculo social están particularmente iluminadas por el discurso analítico en la medida en que éste es el único discurso que sostiene a la vez que no hay relación sexual. Es así que su puesta a punto supera todas las definiciones sociales posibles. Y también, que el nuevo amor que pone al descubierto el psicoanálisis -el amor de transferencia- es un amor que se dirige al saber. Es un amor que pone en juego una creencia que no es ni narcisista, ni la caridad, ni el bien del otro; una creencia donde el lugar de la definición de lo que se ama es crucial. Y este lugar de lo que se ama Lacan lo nombra: una mujer. Es esto lo que hace que el discurso analítico cumpla su promesa de introducir algo nuevo en el amor como Lacan lo dice en Televisión.[3]

Veamos primero la importancia del movimiento de lucha contra la violencia hacia las mujeres. 

La violencia contra el cuerpo de las mujeres hace particularmente eco con la frase de Lacan según el cual los hombres no saben qué hacer con el cuerpo de las mujeres. Cito a Lacan

“Solo hay una cosa con la que no se sabe literalmente qué hacer cuando, por ejemplo, uno es un hombre: es el cuerpo de una mujer. No hay nada con lo que se sepa menos qué hacer que con una mujer. Interróguenselo, ¿qué ha más embarazoso para un hombre que un cuerpo de mujer? Es a tal punto que incluso Platón se dio cuenta de esta. Se dio cuenta en El Banquete donde explica, a un nivel mítico -es muy cómodo, el mito, incluso indispensable- que no hacían más que uno, un cuerpo; y, cosa más fastidiosa, algo que no ha vuelto a verse nunca. Freud, cayendo en la trampa, nos cuenta que el Eros es la tendencia hacia el Uno. Está precisamente aquí donde está toda la cuestión. Lo real es definitivamente dos. A partir de ahí está claro que lo real, tal como yo me expreso -es Lacan que habla- es precisamente lo imposible. A saber, lo imposible de lo que daría un sentido a la llamada relación sexual.”[4]

El feminicidio da cuenta de que, frente al enigma del sexo, una exigencia de goce del cuerpo de una mujer puede hacerse absolutizar sin límites. En su Kant con Sade, Lacan había objetado el ejemplo de Kant que confiaba mucho en la ley para proteger a las mujeres. Cito a Kant:

“Supongamos que alguien pretenda no poder resistir a su pasión cuando el objeto amado y la ocasión se presentan. ¿Acaso si hubiera alzado un patíbulo delante de la casa donde encuentra esa ocasión, para atarle a él inmediatamente después de lo que hubiera satisfecho su deseo, le sería todavía imposible resistir?”.[5]

Y Lacan objeta precisamente que -cito-: “El deseo, lo que se llama el deseo, basta para hacer que la vida no tenga sentido si produce un cobarde”[6]. Este hombre de deseo, por supuesto, incluso no retrocede delante del patíbulo.

El hombre de deseo es aquel que se niega a perder lo que hace en ese deseo mismo el sentido de su vida. Lacan cita en latín la máxima de Juvenal, el hombre de deseo es el que se niega -cito a Juvenal-: “Para vivir a perder la razón de vivir”. Pero, si añadimos allí al hombre del deseo, el hombre de goce -el perverso sádico-, vemos entonces cómo el perverso también puede perfectamente no retroceder ante nada para conseguir su objetivo y matar sádicamente a una mujer. Es sorprendente constatar que en los de feminicidios ordinarios, los hombres que matan lo hacen a pesar de las advertencias de la ley, de las prohibiciones policiales y judiciales y, a menudo, después de largas peripecias.  Y la reincidencia también es muy frecuente. La violencia ordinaria testimonia claramente que lo único que un sujeto hombre tiene tendencia a hacer con el cuerpo del ser amado/odiado es marcarlo. Cito a Lacan: “El Otro, finalmente es el cuerpo y está hecho para que algo se inscriba, que se llama la marca […]. Siempre se lo ha hecho, […] el primer comienzo del gesto de amor es esbozar más o menos este gesto”.[7] Y esto va de las cosquillas a la marca violenta.

En el feminicidio o la violencia contra las mujeres en el sentido más extendido, podríamos hablar de una absolutización ordinaria del goce que viene a velar el agujero de la no-relación sexual. 

Pasemos al segundo punto: la extensión de la violación a las relaciones sexuales ordinarias.

La cuestión de la violación había sido planteada como un tema en los lazos sociales por las feministas norteamericanas en los años ‘70 del siglo pasado, y en particular por la feminista australiana Germaine Greer en su best seller, La mujer eunuca, publicado precisamente en el ’70. La misma Germaine Greer en el 2018 retoma y desplaza la cuestión publicando un libro sobre la violación, On rape, que expone sus nuevos puntos de vista sobre la violación ordinaria que distingue de la violación violenta y que quiere introducir como delito penal nuevo. Antes de su publicación, en una entrevista, define esta violación ordinaria -en la cual incluye el sexo conyugal- como no-violenta, pero con tres adjetivos importantes. La cito: “una relación perezosa, negligente, insensible.” 

Esta consideración sobre la violación ordinaria ha sido muy comentada y algunas feministas consideran hirientes su minimización de la violencia; algunas otras han señalado que tienen un eco de su transfobia. Ella, Germaine Greer, había afirmado que -la cito-: “no alcanza con cortarse el sexo y ponerse una falda para convertirse en una verdadera mujer”. En su definición de la verdadera mujer, esto pasa también por su afirmación de que la condición de mujer supone esta violación ordinaria. El libro es más matizado que las incisivas declaraciones en la entrevista de la autora, y otras feministas han considerado de interés la nueva penalización de la violencia que ella propone. “Desearía que haya más condenas” y afirma que sería necesario un delito nuevo más liviano que el crimen de violación para calificar la violación ordinaria. Es un debate ahora muy actual en Europa, en España especialmente, donde la calificación de simples abusos sexuales es a menudo retenida por los jueces para definir lo que era una violación. Es un debate que probablemente va a desembocar en efectivamente la creación de algo nuevo en el lazo social con este nuevo delito. 

El hecho de considerar la recalificación del sexo ordinario no solamente es de los años ’70. Como lo subrayó Jean-Claude Milner en un texto, el problema parte de Kant porque Kant señala bien que la copula carnalis -como lo llama- implica -lo cito-: “un uso igualmente recíproco de las características sexuales”. Entonces surge un problema mayor. Cada uno de los partenaires,contrariamente a los principios de la ética, trata al otro como una cosa, como un medio para su goce. La solución para Kant reside en la forma contractual, suponiendo un consentimiento explícito que justifica esta falta de ética. Este contrato es -cito a Kant-: “la consecuencia jurídica de nuestra obligación de no comprometernos en un vínculo sexual más que por la mediación de la posesión recíproca de las personas”. Para Kant, el consentimiento explícito era formulado en el contrato matrimonial y después en nuestra civilización, a medida en que el lazo matrimonial pierde su necesidad y su brillo, es más bien introducir otras formas de consentimiento explícito, sea bajo todas las formas inventadas desde los países del norte de Europa -muy formales para cosas menos formales de otros países-.

Sobre este punto, el psicoanálisis se separa de la solución contractual, por un lado, o de la enunciación de la pura relación de fuerzas. Lacan hace del apareamiento sexual, sea cual sea su forma, el vínculo de goce que viene en lugar de lo que hace impasse en el significante y que siempre lo hará sean cuales sean las inclusiones sutiles con las que intentemos convencer al otro. Tenemos una doble lectura: a nivel del significante y a nivel sexual. Lacan hace del apareamiento de los cuerpos a nivel sexual un apareamiento sintomático que hace del impasse a nivel significante una solución. Es lo que Jacques-Alain Miller ha extraído como teoría del partenaire-síntoma. Supone dos maneras de leer la relación que no hay. 

En este sentido lo nuevo del amor en los lazos sociales viene de lo que el discurso psicoanalítico subraya. Cito a Lacan en Televisión: “[…] no se puede construir lo nuevo en el amor a partir de lo que cae bajo el sentido, es decir, la perversión.”[8] Del lado de la perversión no hay nada nuevo. Todo ha sido explorado y clínicamente descrito. Lo nuevo viene de estas exigencias “nuevas” de inscripción de la relación sexual y de cómo calificarla. 

Pasamos al tercer punto: el movimiento #MeToo.

Esta separación entre perversión y lo nuevo en el amor se acentúa con la problemática #MeToo que desplaza la voluntad de contractualismo. Si en EE.UU. la preocupación explícita era menos marcada que en Europa, se suponía que la teoría del consentimiento mutuo regía en las relaciones sexuales entre adultos y permitía resolver las asimetrías de poder entre partenaires. Según Milner, el caso del predador Weinstein ha arruinado la creencia en la posibilidad del consentimiento mutuo. Cito: “El caso de Weinstein ha hecho explotar esas creencias […] las relaciones estaban todas basadas en la desigualdad.”[9]

Lo constataba a su manera Germaine Greer, comentando sobre el movimiento #MeToo y tomando distancia de lo que ella llamaba el #MeToo business, un movimiento que le parecía quejoso. Consideraba que no funcionará porque -la cito-:

“[…]todos estos hombres poderosos que tienen problemas ya están preparando su defensa con sus abogados. Va a el juicio de O.J. Simpson una y otra vez. Temo que las mujeres que han testimoniado sean destrozadas porque el poder es el poder y las que se quejan no lo tienen.”[10]

Y, finalmente, Green lamentaba que este movimiento no se dirija a las mujeres de minorías que tienen empleos comunes y corrientes. 

Al revés, Milner subraya la diferencia entre feminismo universitario y el movimiento #MeToo porque el #MeToo permite incluir en una serie a mujeres ordinarias sin estatuto especial. El hashtag MeToo tiene en su enunciado mismo una lógica agregativa sin límites que implica “un mecanismo de adición indefinido”[11],  y que puede incidir sobre las mujeres como tal y renovar el lazo social y el lugar de estas mujeres. El movimiento #MeToo tiene una oportunidad de volver a empezar y marcar una ruptura con el feminismo universitario. Ya no se trata de microagresiones identitarias en los campus, sino de la redefinición de lo que es la relación sexual en los discursos del amo y la opinión pública en general.

Pasamos ahora al cuarto punto, la cuestión trans, en la cual se juega el nivel de definición, el más general, de lo que es la relación sexual. Comentando en su Seminario …o peor las posiciones transexuales y las posiciones de las homosexuales femeninas frente a la relación sexual, Lacan subraya que estas dos maneras de abordar la imposibilidad de inscribir la relación sexual implican en su discurso que la diferencia sexual es hecho de discurso y no de esencia. Tanto los transexuales como las homosexuales femeninas testimonian que el hecho de que haya un órgano que hace una diferencia imaginaria entre los sexos no es más que una ilusión de encarnación. El órgano no da la ilusión de acceder al otro sexo, sino dejando de ser órgano para convertirse en significante, en un hecho de discurso. Se inscribe en la cháchara sobre el sexo que hace olvidar lo inconmensurable de los placeres y del goce de los lados hombre y mujer de la sexuación.

Un lado puede soñar localizarse en un órgano, el otro lado no. A partir de ahí, Lacan opone dos maneras lógicas de hacer con el significado fálico, la del transexual, la de la homosexual. 

El transexual ya no lo quiere como significante, sale del discurso y pasa a lo real a través de la cirugía. La homosexual tampoco quiere más el falo como significante, pero se queda en el discurso sexual, desarrolla el discurso amoroso de manera que arruina todo prestigio del falo -cito a Lacan-: “[…] rompiendo su significado en la letra misma”.[12] El ejemplo prínceps de esto es el movimiento literario de Las Preciosas, Les précieux.

Para el transexual, Lacan muestra la lógica que se desarrolla en dos etapas. En primer lugar, la posición del sujeto transexual participa del error común, este error común de encarnar la diferencia sexual en un órgano. Cito a Lacan: “[…] la pequeña diferencia que pasa engañosamente a lo real a través del órgano […]”[13]. En un segundo momento, después de haberse sometido al error común, nace una pasión particular, nueva – cito-: “[…] Su pasión, para el transexual, es la locura de querer liberarse de ese error, el error común (…) pasando a lo real”.[14] Allí Lacan habla de pasión y de locura. La liberación deseada por el transexual apunta al órgano como medida común. Esta liberación quiere ignorar que los dos sexos son inconmensurables por la no-relación de los goces más allá del órgano. Dice Lacan: “El error lógico es querer forzar por la cirugía el discurso sexual que, como imposible, es el pasaje de lo real”[15]. Aquí se lee la distinción entre el paso de lo real y el paso a lo real. El paso de lo real -como se dice “el paso de un tifón”- es lo imposible de la relación sexual en el discurso. El error lógico es querer inscribirlo pasando a lo real.

El sujeto transexual, por su pasión de pasar al otro lado, esencializa la diferencia sexual y hace existir la identidad de uno y otro bando sin tener en cuenta la alteridad radical del goce femenino. Es por eso que al sujeto transexual operado no le importa si la prótesis del pene o de la vagina le dará sensaciones. No es una pasión sensualista, es más allá. Siempre habrá suficientes sensaciones.

La pasión transexual hace que la imposibilidad de la relación entre los sexos pase a ser real. Si bien se trata de una imposibilidad de una medida común de los goces, se transforma en una polaridad radical entre esencia masculina y esencia femenina encarnada en cuerpos sexuados según el voto del sujeto. En esto se separan la pasión transexual y la pasión trans. La pasión trans es pasión de la autodeterminación de la elección del sexo, pasión del self-made, del cambio, de la reversión de los cambios, y quieren inscribir esta posibilidad en las leyes que permiten el cambio de estado civil, sin acompañarlo necesariamente de un tratamiento hormonal-quirúrgico. Al revés, un teórico transexual como Jay Prosser, de la Universidad de Leeds, ha expresado en su obra, en sus propios términos, su rechazo decidido a la reducción de su propia transición a un camino trans o queer

Parece ser la revelación de estas diferencias, de estas oposiciones, de estos callejones sin salida en feroces e irreductibles luchas diferenciales que han alejado finalmente a Judith Butler de la disputa sobre el género. Ahora está en otra parte, haciendo del racismo el verdadero fundamento interseccional de las reivindicaciones de las minorías de los precarios y de los dominados. Allí en ese más allá del género la reunión parece posible. No lo es en el género.

Para terminar, quiero subrayar que la cuestión trans es, de los cuatro movimientos que hemos examinado y que marcan el surgimiento en el amor de nuevas pasiones,  la que acentúa más la definición de lo que es una mujer como crucial en nuestra civilización; o más bien, como dice Lacan: “se trata de examinar la formas que toma la creencia en una mujer, las formas del nuevo amor de lo que ama a la mujer”. Por eso, la exploración del “algo nuevo” -que van a explorar los trabajos de este ENAPOL- se inscriben en lo que Jacques-Alain Miller ha llamado El año trans que moviliza y orienta los trabajos en toda la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

Buen trabajo en este ENAPOL.


*Transcripción de [En línea]: ÉRIC LAURENT Conferencia: ¨Las Promesas del Nuevo Amor / As Promessas do Novo Amor – YouTube. Último acceso: 2021-10-15.

[1] Miller, J.-A., El Otro que no existe y sus comités de ética, Buenos Aires, Paidós, 2005.

[2] Ibíd., p. 329.

[3] Lacan, J., “Televisión”, en Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012.

[4] Lacan, J., « Le phénomène lacanien » (1974), texto establecido por J.-A. Miller, extraído de los Cahiers cliniques de Nice, n° 1, junio 1998, Sección Clínica de Nice, 2011, p. 24.

[5] Kant, E., Critique de la raison pratique. París: PUF, 1971, p. 30. Citado por Lacan en “Kant con Sade”, in Escritos, tomo 2. México: Siglo XXI Editores, 2009, p. 742.

[6] Lacan, J., “Kant con Sade”, en Escritos 2, México, Siglo XXI Editores, 2009, p. 743.

[7] Lacan, J., Seminario XIV, ‘La lógica del fantasma”, Lección del 10 de mayo de 1967. Inédito.

[8] Lacan, J., “Televisión”, op. cit., p. 559. Cito Textual: “Como hace un momento lo di a entender, es más bien de la sexología de lo que no hay nada que esperar. No se puede por la observación de lo que cae bajo nuestros sentidos, es decir la perversión, construir nada nuevo en el amor”.

[9] Milner, J.-C., « Reflections on the MeToo movement and its philosophy », Problemi International, vol. 3, n° 3, 2019, p. 74.

[10] Beard, M., « The Greer Method », London Review of books, 24 de octubre del 2019.

[11] Milner, J.-C., « Reflections on the MeToo movement and its philosophy », op. cit., p. 65. 

[12] Lacan, J., El Seminario, libro 19, …o peor, Buenos Aires, Paidós, 2019, p. 17. Cita textual: “Solo al romper el significante en su letra acabamos con él en última instancia.”

[13] Ídem.

[14] Ídem.

[15] Ídem.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

Un comentario en “La Promesa de un Nuevo Amor – por Éric Laurent – 2021/10/08

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