El Aburrimiento – por Irene Kuperwajs – 2021-06-01

SÍNTOMAS ACTUALES: LOS NUEVOS MODOS

DE SUFRIMIENTO EN LOS NIÑOS[1]

Por Irene Kuperwajs

2021-06-01


La idea para hoy es transmitirles algunas cuestiones que hace tiempo trabajé sobre el “aburrimiento”[2] y hoy quiero retomar. Es algo que escuchaba en el consultorio en principio al modo de una queja, y me condujo a preguntarme por el aburrimiento en los adolescentes. Si tenía que ver con algo de la época o quedan ligados a éste por una cuestión estructural. La adolescencia en tanto síntoma de la pubertad, tiempo de elección y decisión respecto del deseo, de un nuevo goce sexual en el cuerpo, tiempo de elaboración de respuestas, ¿facilita la entrada del aburrimiento? ¿Por qué se aburren, a causa de qué? Y ¿A qué nos referimos cuando hablamos de aburrimiento?

Entonces, lo que pude comenzar a plantear es que el aburrimiento está desde nuestro discurso asociado a ciertos estados: pesadez, fatiga, fastidio, monotonía, rutina, saturación, desinterés, apatía. Etimológicamente aburrirse viene de abhorrere, aborrecer, tener aversión a algo, horror. Efectivamente en estas quejas uno escucha esto: “Estoy harto del colegio, harto de mis padres, aburrido de mis amigos. Me fastidia todo”. Ni hablar ahora en pandemia, es algo que se escucha y se ha multiplicado. Pienso que atraviesa a todos, no tiene que ver solo con los adolescentes; desde los niños hasta los adultos. Hay una especie de tedio universal que lleva al sujeto a pedir al Otro que dé cuenta algo del orden del ser. Y son quejas que denuncian una presunta inconsistencia del Otro. Pero, también se podría pensar que el aburrimiento aparece como un modo de mostrar la división subjetiva, el no saber qué se desea y al mismo tiempo que nada asombra. Entonces, hay una pregunta que nos podemos hacer: ¿qué es lo que lleva a un sujeto a perder la aptitud para el asombro, para ser sorprendido? Me parece que es muy importante porque toca lo que tiene que ver con un análisis y el acto del analista, que es la interpretación. El acto analítico está abrochado a la posibilidad de producir algo del orden de la sorpresa.

Vamos a desarrollar un poco el concepto. En primer lugar, ubicar el aburrimiento como un afecto. En el año ’86, Jacques-Alain Miller dio una conferencia excelente que llamó A propósito de los afectos en la experiencia analítica. Se la recomiendo, está en Matemas II, de Manantial. Vale la pena resaltar algunas cuestiones que planteó ahí. Por ejemplo, comienza diciendo que se le hicieron muchas críticas a Lacan de que no se ocupaba del afecto, suponiendo que la palabra y el lenguaje pertenecen a un plano intelectual oponiéndolo a lo afectivo. Ahí Miller es tajante porque argumenta que privilegiamos al afecto porque nos da un acceso directo a lo que tiene que ver con la verdad. Recuerden lo que Lacan dijo en Televisión, cuando afirma que “la verdad toca lo real”. Entonces, remite la cuestión de los afectos a ese toque de real que anima y soporta la cuestión del afecto. O sea que hay una relación entre el afecto y lo real. Respecto de la relación a la verdad, el afecto moviliza el cuerpo, da cuenta de un efecto de verdad; por ejemplo, cuando tenemos taquicardia, palpitaciones. Hay algo que produce eso en el cuerpo; o sea que hay que ligar el afecto al cuerpo. Por otro lado, Lacan plantea que la angustia es un afecto que no engaña, lo dice así en el Seminario X, y ubica a la vez otros afectos en la dimensión del engaño. Pero insiste -y me parece que esto es importante- en que la experiencia analítica no es una experiencia del orden intelectual, epistémico, del puro conocimiento. No tiene que ver con eso. Es una experiencia afectiva justamente porque toca el cuerpo. El cuerpo está comprometido en un análisis. El cuerpo para el psicoanálisis no es el cuerpo de la medicina. Es un cuerpo articulado a distintos registros, en donde Lacan ubica el goce. Entonces, por eso nos importa dejar en claro también que los afectos se relacionan con el cuerpo.

¿El afecto habla? Lacan dice que hay que verificar el afecto, lo dice en Televisión. Indica que el afecto no es verdadero de entrada, sino que se trata de hacerlo verdadero. Podemos preguntarnos: ¿qué quiere decir hacerlo verdadero? Fue tratado por diversas teorías de las emociones que se ocuparon de la relación del yo y del mundo y Lacan no intenta hacer una teoría global, pero tampoco pone el afecto del lado de las emociones. Los separa de las emociones. Dice que es translingüístico, pero empuja el afecto en dirección a las pasiones. Los separa de las emociones y los empuja a las pasiones. Esa es la orientación que él va a indicar.

Podemos seguir diciendo que el cuerpo es un cuerpo que habla y que no hay palabra que esté fuera del lenguaje. En este sentido, no hay una expresividad natural. Me parece que esto es importante, si no, diríamos que todo el mundo comprende y que no es necesario decir sobre eso. Entonces, habría una coalescencia entre el significante y el significado, habría señales que no tienen que ver con el significante. Pero, para nosotros los analistas es muy importante inscribir esto del lado del decir. Hay que verificar el afecto en el punto donde se dice de él. Verificar el afecto quiere decir, en el campo del lenguaje, establecer en qué el afecto es efecto de verdad. Miller dice que el afecto es mostrativo, es pariente del semblante, en este sentido es pariente de la verdad porque la verdad tiene estructura de ficción. El afecto -podríamos decir- también tiene en cierto momento estructura de ficción.

Recordemos lo que dice Freud. ¿Dónde se ubica el afecto freudiano? ¿Del lado de la emoción o de la pasión? Freud decía que todos nuestros afectos son histerias codificadas. Él decía en Inhibición, síntoma y angustia que los estados afectivos fueron introducidos en la vida psíquica en tanto precipitados de viejas experiencias traumáticas que son revividos en situaciones similares del lado de la huella mnémica. Lacan recuerda que para Freud los afectos son señales equivalentes a los ataques histéricos fijados en la especie y Miller agrega que en la Metapsicología el nudo del afecto es la repetición. Dice que el problema que tenemos en el campo del psicoanálisis es que, si reducimos el afecto al significante en esa coalescencia con el significado, terminaríamos postulando que los afectos se reprimen. O sea que sería posible mediante la interpretación levantar eso. Entonces, el problema de esa perspectiva es pensar que se progresa en el análisis levantando las represiones mediante la interpretación. Pero Freud es categórico -recordemos lo que dice- cuando demuestra que ni los afectos ni las emociones están del lado de lo inconsciente. Freud no ubicaba estas cuestiones del lado de lo inconsciente. Él decía que la división de aguas entre lo que es representación, por un lado, y, por el otro, lo cuantitativo, que lo que se reprime es la representación. Para Freud, este representante -que es lo que Lacan va a llamar significante- es lo que se reprime. Para Freud, el factor cuantitativo va a la deriva. Y eso es el afecto. Ambos formulan entonces que el afecto se desplaza, está desamarrado. El afecto no viene -para ninguno de los dos- de una psicofisiología que tendría que ver con descargar tensiones. La versión de Freud en Inhibición, síntoma y angustia respecto a que la causa de la angustia es una pérdida escribe al mismo tiempo el plus, el quantum de afecto, y la castración, que es la pérdida, a la cual la angustia está ligada. Lacan va a escribir a -para hablar del objeto a-y –φ para hablar de castración. La escritura de Lacan da la clave de esta oposición del afecto, del excedente libidinal, a, objeto plus de gozar y –φ, la función de castración.

Miller argumenta que para entender cualquier cosa referida a la teoría de los afectos es necesario salirse de esa psicofisiología del lado de la descarga y pasar más del lado de lo que tiene que ver con la ética analítica. Recuerda que Lacan en el Seminario de La angustia, dice que es un afecto, pero que en el afecto hay algo del significante, del Otro y del goce. Y eso nos sitúa en el terreno de lo que es la ética analítica y de los efectos del lenguaje en el cuerpo. Es un poco de lo que nos ocupamos en un análisis cuando tratamos de aislar cuáles son esas marcas de goce en el cuerpo de un parlêtre, lo que tiene que ver con el choque de lalengua en el cuerpo y llamamos trauma. Vemos que la perspectiva tiene que ver con estas marcas o afectos ligados al cuerpo, nada que ver con la idea de descargar tensiones.

Lacan plantea más adelante, que no solo hay efectos de significado, sino efectos de afecto en un cuerpo, lo que perturba, lo que hace huella en el cuerpo, lo que hace marca. El efecto de afecto incluye el efecto de síntoma, el efecto de goce, el efecto de sujeto situado en un cuerpo. El síntoma también lo ubicamos en relación con el cuerpo cuando decimos que el síntoma tiene que ver con ese padecimiento de ese sujeto; y vemos cómo ese padecimiento está enraizado en el cuerpo. El síntoma es el modo en que el sujeto goza de su inconsciente. ¿De qué goza cuando sufre?

Miller destaca en Biología lacaniana la pareja del acontecimiento traumático y la huella. Esto fue develado por Freud justamente a propósito de lo que afecta. Lacan enfatiza la vertiente de ese acontecimiento traumático del lado del agujero, troumatisme, lo que hace agujero en la sexualidad. Algo de esto tomé cuando hablamos del trauma y decíamos que, desde Freud, la cuestión tenía que ver con este excedente de la sexualidad y cómo esto hacía agujero y marca el cuerpo de un sujeto del lado de lo que no se puede simbolizar.

Lo que Freud nombra como la separación de la representación y quantum de afecto deviene en la teoría lacaniana la articulación entre el significante y el objeto a. Diría que es el problema de Lacan, el que se avoca a lo largo de toda su enseñanza e intenta resolver, cómo hacer -y esto lo repito porque me parece que es central- para tocar con la palabra algo del goce del cuerpo. ¿Cómo hacer con estos elementos tan heterogéneos que son el significante y el goce?

Lo central es que esta orientación distingue las emociones del registro animal, de su aspecto de reacción, de lo que van a ser los afectos en tanto son afectos del sujeto, de un parlêtre. Y cuando decimos parlêtre -una noción muy avanzada del último Lacan, cuando quiere ir más allá y más lejos que el inconsciente-, Lacan no se queda solo del lado del sujeto de la falta-en-ser -el sujeto marcado por el significante-, sino que inventa el parlêtre para hablar de un sujeto al que le añade un cuerpo. Es el sujeto más el cuerpo. Pone el acento en esa dimensión de goce del cuerpo y articula las dos cuestiones, el significante y el goce.

Bien, Lacan traslada el debate de los afectos y las emociones a las pasiones, el aburrimiento como pasión. Para nosotros es importante situar no solo lo que dice Kant, que las emociones son cortas y las pasiones son duraderas, sino que en la pasión Lacan nos despierta a un lazo entre el pensamiento y el afecto que “no es de oposición, sino que es de nudo”. Esto lo señala Éric Laurent en un texto que se llama Los objetos de la pasión. Dice entonces que es un nudo entre el pensamiento y el afecto, y la pasión preserva esa relación con el objeto.

Descartes distingue 6 pasiones primitivas: la admiración, el amor, el odio, el deseo, el goce y la tristeza. Son algunas de las que retoma Lacan en Televisión en el ’73. Las considera como ejemplos y dice que la tristeza se opone al gay savoir. El gay savoir es el saber alegre. La beatitud está ligada al aburrimiento. El entusiasmo al mal humor -en oposición-. Lacan define en ese texto a los afectos como “pasiones del alma” cuando se refiere al sujeto justamente en tanto parlêtre. De hecho, el sujeto del inconsciente no toca al alma más que a través del cuerpo, introduciendo el pensamiento. Esta vez hay que contradecir a Aristóteles. Dice que el hombre no piensa con su alma, como lo imagina el filósofo. Lacan opone entonces las “pasiones del alma” a las “pasiones del ser”, esto fue retomado por Laurent quien afirma que, por un lado, las pasiones del ser son pasiones de alienación, de la relación con el Otro: el amor, el odio y la ignorancia. La falta-en-ser determina la pasión del ser y eso hace que vayamos a buscar en el Otro aquello que va a colmar la falta-en-ser. Es lo que sucede en la relación al Otro, buscamos en esa relación al Otro colmar esa falta-en-ser. Eso está ligado al primer momento de la enseñanza de Lacan.

Luego, la pasión es entendida como algo que se apropia del cuerpo. Acá se ve ese pasaje de la falta-en-ser al parlêtre, y el intento de articular el significante con el goce del cuerpo. Entonces, la pasión va a ser entendida como algo que se apropia del cuerpo, que se impone al cuerpo -como por ejemplo en la excitación jubilatoria, al contemplar la imagen; la imagen va a ser correlativa al lugar de esos afectos. Lacan destaca también, al hablar de Joyce, por ejemplo, el momento en que Joyce abandona el cuerpo. Si la pasión se apropia del cuerpo, Joyce no siente el cuerpo en el momento en que le dan una paliza. No siente el cuerpo ni en ese momento ni después. Tampoco siente odio, ni ningún tipo de hostilidad. No siente ninguna pasión. Y dice que eso fue olvidado, pero también agrega que eso es anormal. Joyce tiene una relación particular con su cuerpo, una relación que no pasa por la imagen y es una relación directa con el objeto a como agujero. Dice E. Laurent: “Joyce es el verdadero nombre de la pasión del alma para la experiencia del análisis: la pasión del a.” Lo fundamental para destacar es que en la pasión se da la articulación de lo inconsciente con lo real del goce. En esa soldadura tenemos las pasiones del alma. Y esas pasiones del alma son pasiones de separación -se podría decir-.

Lacan coloca la tristeza como pasión central y la va a distinguir de la depresión. Él dice que la depresión está más ligada al tedium vitae. Para Lacan, la tristeza es lúcida, separada de lo real del goce.  Y puede quedar muchas veces ligada a la impotencia, a la cobardía moral. En cambio, el saber alegre es lo contrario de la tristeza. Y el mal humor es un afecto que él distingue en Televisión como un “verdadero toque de real”. El mal humor responde cuando uno dice: “Las cosas no están donde uno quiere. Las cosas no están en el lugar que deberían estar.”, es poder sentir que el objeto de goce nunca es esto, es un resto, no es la Cosa. El mal humor implica decir que lo real es imposible de soportar. Recuerden que Lacan dice también que la clínica analítica es lo imposible de soportar.

Opone el entusiasmo a la beatitud -que es un afecto que toma de Spinoza, es un estado del sujeto al que no le falta nada, que está de acuerdo con su goce-. Y dice que la beatitud no está ligada al sujeto, sino a Dios, al Otro. Es más que la felicidad porque es durable, y supone que el Otro no quiere nada del sujeto, que no hay nada que sacrificar. Sería una especie de desasimiento sereno excepcional en relación con el deseo humano. Y el tedio está del lado de las pasiones de separación o del objeto a. Es importante distinguir el aburrimiento del tedium vitae, un tedio existencial más ligado a la depresión en donde se añora el deseo mismo y el sujeto se siente completamente desvitalizado, inmovilizado en esa tristeza.

Germán García decía que el aburrimiento profundo es lo que nos trae y nos lleva como una niebla silenciosa por los abismos de la existencia. Y reduce todas las cosas y todos los hombres -y hasta uno mismo- a una notable indiferencia. Justamente, Miller agregó a esas pasiones que Lacan llamó fundamentales, el amor, el odio, y la ignorancia, puso en la serie la indiferencia, que podemos decir es una pasión heideggeriana surgida del aburrimiento.

El aburrimiento como afecto del deseo de Otra cosa

También está el aburrimiento inscripto como efecto del deseo de Otra cosa. Lacan en Sobre una cuestión preliminar a todo tratamiento posible sobre la psicosis, p.529 dice: “…Una dimensión que se hace sentir como la de Otra- cosa, el deseo, el hastío, el enclaustramiento, la rebeldía, el pánico están ahí para testimoniar de la dimensión de este Otro sitio y para llamar sobre él nuestra atención… en cuanto principios permanentes de las organizaciones colectivas fuera de las cuales no parece que la vida humana pueda mantenerse mucho tiempo”. Y en el Seminario V Las formaciones de lo inconsciente, recuerden afirma que la queja del aburrido, de que siempre es lo mismo,puede ser presentada como el deseo de Otra cosa: “Hay también una dimensión en la que no piensan lo suficiente porque viven ahí como el aire que respiran desde que nacieron. Y se llama aburrimiento. Tal vez nunca pensaron bien hasta qué punto esta dimensión esencial que es aquella de la que les he hablado bajo el nombre de lo que se puede llamar Otra cosa…como que se quisieran ´otra cosa´. Bien se puede comer mierda… pero no siempre la misma. Todo esto son especies de coartadas, ya simbolizadas, de esto que es esta relación esencial con otra cosa”. Aparece entonces la cuestión de que recurrir a cualquier otra cosa, es signo del aburrimiento. Lacan se pregunta cómo nadie se ha podido dar cuenta que toda la vida está inmersa en el inconsciente estructurado como esa Otra cosa. Y acá hace una relación con el inconsciente. Dice que nadie antes de Freud había pensado en esa Otra escena, en ese lugar presentado por Freud como algo inaccesible, esa Otra cosa del inconsciente. Ahora bien, está dimensión está presente en el deseo, hay la Otra cosa del deseo. Lo interesante es entonces que Lacan hace también del aburrimiento una dimensión del inconsciente.

Menciona en Radiofonía en el ’70 el ascenso al cénit social del objeto a por el efecto de angustia que provoca ese vaciamiento del discurso. Y destaca entonces la evidencia de la caída del significante en signo y todo lo que se produce alrededor del efecto del lado del consumo. Se compra cualquier cosa. Y ahí hay un par entre ese discurso capitalista y ese empuje que nosotros veíamos a llenar el vacío y el aburrimiento. Ese efecto del deseo de Otra cosa, “siempre otra cosa, siempre otra cosa; nada colma”. El consumo de objetos por aburrimiento lo vemos hoy más que nunca y desde hace tiempo donde efectivamente hay un empuje a gozar que produce y está ceñido de ese afecto/efecto de aburrimiento.

El aburrimiento como la identificación del Otro al Uno

En Televisión, Lacan hace un juego de palabras entre aburrimiento que en francés se dice ennuie y lo Uniano, l’Unien; o sea la identificación del Otro al Uno, se reduce el Otro al Uno. El tedio es de lo Uno que se repite, el Otro ahí se reduce al Uno. A Lacan le interesó el Uno que supone la identificación y enuncia que Haiuno, pero que no es el Uno de la relación sexual. Dice que el aburrimiento es una función que vuelve lo diferente Uno. Me parece que esto es central, como lo diferente se termina volviendo Uno. Por eso en la queja aparece el deseo de Otra cosa, deseo de lo Otro; pero lo que termina ocurriendo es que hay una reducción de lo Otro al Uno, a lo mismo.

El aburrido con su llamado estúpido a un “podría haber otra cosa” -dice Miller- y la distancia tomada con la inercia de lo que hay, se queja de lo que hay todo el tiempo. Hay de lo Uno, pero enuncia con su enunciación: “No hay de lo Otro”. Esta perspectiva de lo Uno lo desarrolla Miller en un curso que se llama Los signos del goce. Trabajó ahí el Uno que Lacan toma del Parménides de Platón para decir que nos muestra algo de la estructura del lenguaje, del sujeto del inconsciente, a partir de dos términos que son el ser y lo Uno. Cuando se refiere a los neoplatónicos como Plotino y Damascio, resalta que se refieren al Uno para alcanzar lo inefable, lo que no puede decirse. Me interesa destacar algunos aspectos de este Uno que va a distinguir de lo Unario; el Uno que aspira a lo Uno, a lo siempre idéntico, porque el aburrido está del lado de lo universal. Y lo Unario queda del lado de lo particular. Y podemos agregar que en el aburrimiento se da esa repetición bajo este sesgo de lo monótono, siempre lo mismo, algo que se siente en el cuerpo. Puede estar sometido a veces a una ley exclusiva de lo real. Y Lacan lo dice: “Es cuando el cuerpo pesa”. Pareciera que está acentuada la cuestión de la gravedad. Y dice que es distinto cuando el cuerpo está sometido al significante que lo aligera, da como ejemplo la manía. Se ve en la manía que el cuerpo vuela y que no hay lastre del objeto, el cuerpo se aligera, por ejemplo, en la fiesta y en el amor. “Ustedes se vuelven de tal modo ligeros o aligerados que en el límite pierden vuestro lastre y devienen locos, ya no pesan nada, pierden el cuerpo y la cabeza”. Lo dice Lacan en uno de sus últimos seminarios, La topología y el tiempo.

O sea que el aburrido no se sorprende. No experimenta la contingencia, la aplasta. El tiempo se le eterniza, se le hace insoportable. Es diferente de lo que ocurre con la angustia.

Todas estas cuestiones las vemos hoy agudizadas con lo que sucede frente a la pandemia. Parece que nada alcanza a sorprender, hay un sentimiento de tiempo eternizado. No hay cortes. No hay nada que se pueda introducir del orden de la contingencia. Por eso me parece que es interesante para pensar estas cuestiones y pensar cómo se las arregla el analista. Podríamos decir que está del lado del que tiene que sorprender, del sorprendedor de lo real. No podemos quedar del lado del Uno que aplasta, del siempre lo mismo, de lo que aburre, para llegar a tocar algo ahí.

Por eso es fundamental ubicar el “aburrimiento bajo transferencia”. Recuerdo el caso de un adolescente que se quejaba de su aburrimiento y que todo le daba lo mismo. Lo habían suspendido en el colegio por empujar a un compañero por las escaleras. El habla de lo que en general tiene bajo control pero que esa vez, se liberó. Puede aislar en el análisis su relación al vacío y un significante que daba cuenta de una “presencia que descoloca” y una sensación de soledad que tenía desde siempre de la que finalmente se responsabiliza.

Volviendo a una pregunta que yo me hacía respecto a si la adolescencia consiste en acercarse a una zona donde uno podría decir que el saber sobre el sexo falta, el aburrimiento aparece a veces en el adolescente como índice de su angustia, o de su inhibición en un momento de franqueamiento, de encuentro con un vacío, de un pasaje de un ser a un querer ser, o del encuentro de un nuevo goce en el cuerpo. De lo que se controla o lo que se libera, lo que se acumula o se descarga. Uno podría decir que el aburrimiento aparece ligado a la estructura en un momento de construcción de nuevas identificaciones o elecciones; ese empuje a tener que salir a buscar objetos sexuales por fuera de lo familiar. Pero me parece que más allá de la cuestión estructural que se puede encontrar, a mí lo que me interesa es destacar cómo hacer entrar algo de esto al análisis y cómo trabajarlo en transferencia. En el caso de este sujeto que comenté, su lazo al Otro y al Otro sexo no lo terminaban de sacar de ese goce autista, pero algo de la apuesta del análisis hace que esa orientación lo lleve a interrogar su lugar en el Otro, su lazo al Otro.

Entonces, podríamos decir que para el analista se trata de verificar el afecto, de ubicar lo real y articularlo al significante y al cuerpo. Ver de qué manera se fuerza esa palabra, apostar al sujeto del inconsciente y hacer del síntoma un síntoma analítico, para así poder leerlo. O sea que lo único que nos queda a los analistas en definitiva es ir en contra de ese tedio y de ese aburrimiento encontrando la vía de la invención, una intervención del analista que no va por el lado de la identificación.

El aburrimiento puede meterse en el análisis, no solo para el analizante, muchas veces también para el analista. Ahí podemos decir que el deseo del analista no opera.

Bueno. Abramos la conversación. Tenemos unos minutos. ¿No les parece que el dormir también puede estar del lado del aburrimiento? ¿Cómo hacen ustedes para no aburrirse y despertar?  Porque el analista despierta de alguna manera, cada tanto nos despertarnos para poder despertar.


[1] I. Kuperwajs. Síntomas actuales: los nuevos modos de sufrimiento en los niños. 8va reunión del curso 2021 vía Zoom.

[2] I. Kuperwajs. “Sobre el aburrimiento”, en Púberes y Adolescentes. Lecturas lacanianas, comp. M. Recalde. Buenos Aires: Grama, 2008.  

Publicado por Patricio Moreno Parra

Psicoanalista Practicante en Quito, Ecuador. Université Paris 7 Diderot: Doctorante en Investigación en Psicopatología y Psicoanálisis. Université Paris 8 Vincennes-Saint Denis: Máster en Psicoanálisis opción Investigación. Université Paris 8 Vincennes-Saint Denis: Máster en Psicoanálisis. Universidad Católica del Ecuador: Diploma de Psicólogo Clínico.

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