Respuesta a una Pregunta de Didier Lauru – por Jacques-Alain Miller – 2021-05-29


Didier Lauru: Usted subrayó varios puntos que voy a retomar y luego le plantearé quizá una pregunta. Y luego pasaré la palabra a Marielle, quien va a intervenir.

Usted habló a justo título del pasaje a la dimensión política. No es algo nuevo el de subrayar que los psicoanalistas estadounidenses han perdido la batalla con el DSM y con la introducción de la salida de la homosexualidad. ¿Es algo que se está renovando de cierta manera? ¿Vamos a perder la batalla los psicoanalistas? Como usted lo subrayó, nos pueden tildar de conservadores, reaccionarios, etc., ¿o tenemos una oportunidad de hacer valer nuestro punto de vista clínico y teórico?

Usted dijo cosas que me parecieron muy interesantes y, además, muy fuertes. Usted habló de la ‘fuerza del deseo de transición’. Eso me parece diferente de la convicción. Cuando decimos ‘convicción’ como algo que viene de la clínica psiquiátrica, pensamos enseguida en la cuestión del delirio. Ahora bien, cuando habla de la ‘fuerza del deseo de transición’ no es ya la misma cosa -me parece-. Luego, el sujeto de derecho es algo bastante amplio. Es paradojal que la gente llegue hasta un cambio de identidad para seguir siendo idéntica a sí misma. Es efectivamente la paradoja del sujeto de derecho. ¿Es verdaderamente una antipatía total del inconsciente -puedo decir- a esa ideología de los derechos del hombre? ¿O estamos verdaderamente en una democracia y debemos trabajar con ese cambio de hábitos, esos cambios de la cultura?

Hay un punto que usted no habló. Sin embargo, son muchas personas que -gracias a usted- se han puesto a leer a Éric Marty. Le agradezco por ello. Él dice cosas muy fuertes. ¿Los intelectuales -e incluso Lacan indirectamente- no han preparado el terreno para esta noción de género del trabajo de Butler precisamente? Y sobre eso, ¿podría decirnos algo? ¿Cree que hay un vaivén entre Francia y los Estados Unidos y ahora recogemos -de una cierta manera- lo que indirectamente nuestras grandes figuras del siglo XX “sembraron”? Es mi pregunta.

Jacques-Alain Miller: Hay muchas preguntas. Tengo un papel y un lápiz y anoté sobre la marcha. Primeramente, lo de ‘perder la batalla’ como los psicoanalistas perdieron la batalla en los Estados Unidos. Cernamos las cosas. Los psicoanalistas. Hubo un debate interno al movimiento psicoanalítico donde la IPA –International Psychoanalytical Association, la madre de todos nosotros, si puedo decir- tenía la pretensión de reservarse el monopolio del número de psicoanalistas. Y entonces perseguían a las asociaciones psicoanalíticas que no estaban adheridas a la IPA delante de los tribunales para prohibirles llamarse psicoanalistas. Ahí perdieron la batalla. Eso fue una batalla interna al mundo psicoanalítico. Podemos felicitarnos que la IPA haya perdido esa batalla, que la llevó a los Estados Unidos y que no intentó traerla a Francia. Imagino que habrán reflexionado, que fueron prudentes.

Sobre la homosexualidad. Yo me regocijo del hecho que se haya cesado de considerar la homosexualidad como una patología. Considero, por mi parte, en mi utilización intelectual y teórica, que continúo refiriéndome al término perversión tal como fue entificado, construido por Freud. La tripartición neurosis, psicosis, perversión se mantiene para mí como algo fundamental. No le añado al campo de perversión una veta moral. Por ende, considero que es completamente una victoria -como se diría- de los derechos del hombre que la homosexualidad haya sido despatologizada y que eso haya abierto la vía al matrimonio homosexual. Nuestro amigo Jean-Pierre Banter -indiscutible lacaniano- se alió con el Vaticano y el rabino Bernheim contra el matrimonio homosexual, lo que me empujó a comprometer a los colegas de la Escuela de la Causa Freudiana a tomar partido a favor del matrimonio homosexual. Se marcó bien que nada en la teoría analítica, nada en la enseñanza no iría en el sentido de oponerse a ese deseo de matrimonio -que fue para mí sorprendente al comienzo-. Tengo tradiciones, pero admiré la libertad de los homosexuales en cuanto al matrimonio. Entonces, en un primer momento, no comprendí ese deseo de matrimonio. No era el único. En una emisión de televisión, estaba al lado de Pierre Bergès, quien tampoco suscribía al matrimonio de los homosexuales. Pero luego, oponerse a ello en nombre del psicoanálisis me parecía una impostura. Entonces, considero que es una batalla la cual no considero que el psicoanálisis la haya perdido. Pienso que ganamos en el hecho de que la homosexualidad no sea ya considerada como una patología.

La cuestión trans es otra cosa. Creo que la ideología de los líderes activistas trans es una ideología que es necesario que la combatamos. Es delicado porque, en efecto, las fuerzas reaccionarias, tradicionales en la sociedad se oponen a ello bastante y nosotros debemos encontrar una manera de hacer comprender nuestra posición en relación con esto -admitiendo la fuerza del deseo de transición-. Los trans, claramente, desean un mundo en el que las personas estén en un tránsito permanente de género. Podemos adoptar un género, cambiarlo; y entonces ellos ponen a los demás en una posición de ser conservadores que quieren un mundo inmóvil y fijo. Entonces, en muchos aspectos, ellos están de acuerdo, en sintonía, con corrientes muy presentes y poderosas en la civilización contemporánea. Pienso que no hay que dejarlas de lado.

A propósito del sujeto de derecho. Usted dice que estamos en favor de los derechos del hombre. Sí, estamos a favor. Estamos a favor del Estado de derecho. El Estado de derecho -que nuestra amiga Blandine Kriegel ha hecho mucho para popularizarlo en Francia- es una condición del psicoanálisis; igualmente la libertad de expresión. A propósito de esto, hay un libro reciente de Monique Canto-Sperber[1] absolutamente sobresaliente en los dédalos presentes en el debate acerca de la libertad de expresión -ciertamente estamos a favor-; pero si llegamos al punto en el que el sujeto de derecho domina todo aquello que es del sujeto, ahí debemos inscribirnos en falso, ya que el sujeto con el que tenemos que vérnoslas -el sujeto del inconsciente- no responde, no es del mismo registro y cada uno debe conocer su lugar. Tenemos ya algunos problemas con el discurso analítico y con su imposible; no lo vamos a mezclar con el discurso del amo y con su propio imposible, sino que cada uno en su terreno.

Entonces, usted habló del libro de Éric Marty. Para mí, muchas cosas comenzaron con el libro de Éric Marty. Es verdaderamente con la entrevista que tuve con Marty en la que tropezamos con la cuestión trans -en una entrevista que duró bastante tiempo- y eso suscitó en los amigos de la Escuela de la Causa Freudiana un interés apasionado. Esto hizo que realizáramos números de Lacan Cotidiano de 70 páginas, de 100 páginas de textos que llegaban sin cesar suscitados por este debate. Entonces, desde luego, lo que fue extraordinario del libro de Éric Marty es que demuestra que todo esto viene de Lacan. Butler finalmente ha reciclado las ideas de Lacan con pedazos de Foucault y escondiendo también lo que ella le debe a Deleuze.

¿Qué abrió la vía a la teoría de género? Es la proposición “no hay relación sexual”, que no haya una relación programada entre los dos sexos. Eso ya había abierto la vía a Deleuze y Guattari que dijeron que no hay dos sexos, sino mil pequeños sexos. La teoría del género LGBT etc., viene directamente de ahí, toma su fuente de ahí. Es la abundancia que viene del hecho de la no-relación y en este momento es la explosión, cuando todos llegan con su sexualidad. Es lo que encontré de extraordinario en el libro de Marty. Dice que la teoría de género está hoy en día presente en todas las democracias avanzadas y esto hace presión en los poderes públicos de todas estas democracias y que todo esto viene de nosotros -viene de Lacan-. Si tenemos consciencia de eso, eso da a Lacan una actualidad que no nos esforzamos en darle. Es un punto que escribí en algunos tweets para saludar el aniversario del nacimiento de Lacan -el 120simo aniversario el 13 de abril-. Lo escribí en tiempo real, entonces me puse a hablar de Judith Miller -su hija-, y después la comparé con Judith Butler -la llamé la hija espiritual de Lacan-. Es la hija espiritual de Lacan. De cierta manera, ella lo logró; yo no lo logré. Fui a Estados Unidos durante un cierto tiempo, quería interesar a los clínicos, algo absolutamente imposible porque no tenían acceso a ninguna de las referencias de Lacan -culturales, filosóficas, literarias-. Yo había interesado a los universitarios, pero a mí eso no me interesaba porque los universitarios me decían: “I use Lacan” para hablar de Shakespeare, “I use Lacan” para hablar…bueno, no quería dejar la clínica por la filosofía y en cierto momento tuve suficiente. Quería dedicarme a la América Latina y a los países latinos donde sabía que podía ayudar a crear instituciones analíticas. Y en ese vacío que dejé -entre otras cosas- apareció Judith Butler quien supo -tomando y torciendo a Lacan- hacer pasar algo -no sé cómo porque para mí ella es bastante confusa-. Tal vez lo logró porque nadie entendía de ella nada, logró hacer pasar algo -y la historia le rendirá homenaje por ello-. Dio recientemente una conferencia en Zoom -hace tres días- en París en diálogo con la famosa señora Horvilleur -que siempre está de acuerdo con todo el mundo-, también con Najat Vallaud-Belkacem. Decían que con el ministro habían hecho mucho para expandir las tesis de la teoría de género y Butler les dijo que ya no estaba interesada en la teoría de género, que lo estaba en otras cosas y que el género ya tenía 33 años y las cosas habían cambiado. Pero eso se mantendrá como su título de gloria y debo decir que, por primera vez, pude penetrar en algo de esa teoría gracias a Éric Marty y que pienso que le debemos mucho. Finalmente, pienso que ciertos miembros que han seguido a Butler vendrán a interesarse en esa fuente, que los llevará de nuevo a Lacan.

Didier Lauru: Muchas gracias por esas precisiones, Jacques-Alain Miller. Es verdad que en el ’68 estaba prohibido prohibir. Ahora está prohibido interpretar y eso algo fuerte que nos ha dicho.

Jacques-Alain Miller: Sí, todo está prohibido. Todo el mundo ha notado la inversión del liberalismo de mayo del ’68. El “prohibido prohibir” de mayo del ’68 se transformó en lo políticamente correcto que es, a pesar de todo, una voluntad de cerrar la boca -sino a todo el mundo- al menos a todos los que hablen mal. Esto es completamente extraño a la ideología de mayo del ’68. Lo mismo con el matrimonio homosexual, en mayo del ’68, todo el mundo se habría reído; nadie tenía esa idea. Todo el mundo tenía la idea que, al contrario, el matrimonio era una prisión del deseo. Entonces, hay que comprender cómo pudo invertirse. Es una historia que vivimos, y ahora debemos retroceder para ver cómo esto pudo invertirse. Sobre todo, no hay que hacer de ello una sátira -lo digo para mí mismo también porque hay cosas tan ridículas en la ideología woke de las cuales quisiéramos hacer sátira-, pero finalmente la sátira no explica nada. Es mucho más interesante comprender cómo ese fenómeno se produjo, a qué lógica responde. Por ejemplo, pienso que la toma creciente de los derechos sobre las actividades sociales explica mucho ese fenómeno. Sin duda que la toma de los derechos es creciente en la medida de la recesión que experimentan las tradiciones. Menos tradiciones, menos costumbres, menos maneras de hacer implícitas, más reglas, más juicios, más llamamientos a los derechos. Eso es ya una manera de abordar la cuestión.

Didier Lauru: Sí. Hay muchas otras cosas que preguntarle sobre el constructivismo, etc. Hay en el chat muchas reacciones muy positivas en cuanto a la intervención de Catherine Millot y la suya. Había que decirlo.


*Intervención en la Jornada “La feminidad, lo fálico y la cuestión transexual” organizado por Espace Analytique. Presentación vía Zoom. 2021-05-29.

[1] Cfr. M. Canto-Sperber. Sauver la liberté d’expression. París: Éditions Albin Michel, 2021.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

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