Los Modos del Sexo – por Marie-Hélène Brousse – 2021-05-23

LOS MODOS DEL SEXO[1]

Por Marie-Hélène Brousse

2021-05-23


Laurent Dupont: Querida Marie Hélène Brousse muchísimas gracias por haber aceptado la invitación de Lacan web Televisión. Quisiera plantear la pregunta de inmediato, en relación con la cuestión del género y más particularmente a la cuestión del niño transgénero como se dice hoy. Hubo dos documentales, particularmente, que han tenido gran éxito: Petite fille y Stella. Vemos que hay un tratamiento de la palabra del niño en una cierta literalidad, transformando una palabra, una reflexión, un sentimiento, una experiencia, en una demanda articulada a una certeza de parte del Otro. Es la respuesta del Otro sobre un fondo de certeza. Le hago la pregunta: ¿qué de lo íntimo en ese momento? ¿qué, finalmente, del inconsciente del sujeto?

Marie-Hélène Brousse: Es efectivamente una verdadera pregunta que plantea el problema del cambio de época. Hay la apertura de una palabra pública -es decir discurso común, en el discurso corriente- donde la dimensión de la metáfora se debilita. Dicho de otro modo, la palabra se convierte – dudo en decir literal, pero – ya no hay tanta diferencia entre la palabra y lo real. Estamos en un periodo de mutación de los semblantes, como si la dimensión de lo real se impusiera.

Ahora, ¿a qué le llamo lo real, allí? Llamo real a lo contrario de la realidad psicológica, la realidad psíquica, de la que sabemos, gracias al último Lacan, que “todo el mundo delira”. Y bien, hoy, esa dimensión de “todo el mundo delira”, de alguna manera ha pasado a lo real. Hay una pérdida del lado de los semblantes.

Pienso que es fundamental, que se necesita captar este giro de la época porque el psicoanálisis tiene algo para decir. Lo ha dicho de entrada con Jacques-Alain Miller cuando él ha inventado la dimensión del inconsciente real y la del cuerpo hablante. Pero hay que estar bien conscientes de que del hecho del ascenso al poder de las ciencias y en particular de las ciencias biológicas que trabajan sobre el cuerpo, que pueden modificar el cuerpo sin temor a la muerte -que sigue siendo el amo absoluto- debido a este ascenso, progresivamente se ha hecho posible el hecho de que estamos ante un cuerpo biológico al que le damos, si puedo decir de manera “forzada”, la palabra.

Ahora sobre la anécdota que usted evocaba del niño que quería convertirse en trans, es decir, cambiar de sexo biológico – como lo recordaba François Regnault y como lo twitteó Jacques-Alain Miller: sí, hay sólo dos sexos orgánicos, pero hay géneros, por un lado, y hay también un real que tiende a liberarse de los semblantes.

En consecuencia, diría que estamos en un período en el que se necesita más bien referirse a la clínica borromea del nudo que a la clínica estrictamente estructural, que es de alguna forma, no superada si no integrada en la clínica borromea. Y en el fondo, el abordaje de este niño por una clínica borronea es interesante.

Diría también que he leído dos artículos de periódicos en los cuales dos homosexuales tomaban la palabra diciendo que cuando eran niños se habían preguntado si no eran trans. Y, de hecho, explicaban que era porque no conocían el modo de gozar homosexual que estaba en gestación en ellos, que habían recurrido a esta perspectiva. Pero evidentemente, a partir del momento en el que, si puedo decir así, “su modo de gozar homosexual” se les apareció claramente, comprendieron que efectivamente no eran trans, sino que eran propiamente homosexuales.

Por lo tanto, creo que en última instancia podemos considerar a nivel político el hecho de que este pensamiento trans se impone como el signo de una cierta emancipación de lo real biológico en relación con lo real de la palabra, y creo que tenemos que escuchar estos sujetos como escuchamos todos los sujetos.

Alguien que haya realizado una operación biológica en su cuerpo, que haya transformado su cuerpo: ¿tendrá menos ganas de hablar? ¿Sufrirá menos por la relación que pasará o no pasará por su fantasma? ¿Sufrirá menos del lazo social? ¡No! Lo que lleva a la gente al análisis es un sufrimiento, sea el que sea. Creo que tenemos que conservar esta brújula.

L. D: Es formidable esta respuesta. Eso querrá decir que finalmente las cuestiones que afectan a los niños, los adolescentes -quizás desde siempre con los cambios del cuerpo, con los desafíos sobre lo sexual que no se reabsorben ni en lo biológico ni en lo simbólico ni en lo imaginario-, llevan finalmente hoy por la ciencia, a nuevas respuestas, a otras respuestas. En consecuencia, la pluralización de los modos de goce como Lacan…

M-H. B: Solo una palabra, cuando te escucho, me doy cuenta, para resumir mi idea, que básicamente lo que hace la subjetividad de la época es cortar entre el cuerpo y el hablante. Esta formidable expresión de Jacques-Alain Miller el cuerpo hablante, y bien, nos encontramos ante un movimiento que separa el cuerpo del hablante. Y la perspectiva del psicoanálisis es precisamente mantener ligado el cuerpo con el hablante.

Alguien que quiera ser operado para convertirse en un género que le convenga, esta persona elimina la noción de cuerpo hablante, se define a sí misma sólo por su corporeidad biológica. Pero toda la experiencia analítica va en la dirección del hecho de que este corte nunca marchará. Nunca marchará en el sentido de que jamás esta ruptura constitutiva, esta división, esta figura de división entre el cuerpo hablante, nadie podrá deshacerse de ella, aunque se haga operar de todas las maneras.

L. D: El lugar del psicoanálisis es, por lo tanto, restablecer la palabra allí donde ha sido cortada, ha sido cortada del cuerpo, esto es importante.

Entonces tenía otra pregunta Marie-Hélène. Hemos visto, en la manifestación del 8 de marzo por el Día de los Derechos de la Mujer, un enfrentamiento entre trans y feministas. Ahora, usted ha escrito un libro absolutamente formidable, Modo de goce en femenino, un libro muy importante. Me parece que allí, la disputa -fue más que una disputa, fue una confrontación- concernía precisamente a la pregunta: ¿qué es ser una mujer? Entonces, ¿tiene algo que decirnos, no sobre lo que es ser una mujer, sino sobre lo que el psicoanálisis puede esclarecer sobre este interrogante que desembocó en un enfrentamiento violento?

M-H. B: Hablábamos de la cuestión trans, en tanto que sitúa al sexo más del lado de lo real del cuerpo biológico. Sería bueno, no obstante, no olvidar tener todo el tiempo en mente -lo que será un tema de trabajo durante los próximos dos años- a saber, el tema de lo que fue el Congreso y que ahora será virtual.

L. D: La Gran Conversación Virtual Internacional de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

M-H. B: Así que ese es el tema futuro: “La mujer no existe”. Esto ancla de cierta manera lo que el psicoanálisis concibe como lo femenino, el La tachada. No hay universal, hay individuos singulares, cuerpos hablantes singulares. Y que hoy en día algunos cuerpos hablantes se reivindican de un género o de una biología específica no cambia en nada el hecho de que incluso haciéndose operar, de una forma u otra, no se alcanzará una L (de La mujer) que fundamentalmente se sustrae porque está barrada. Podremos convertirnos en una mujer, pero no podremos convertirnos en La mujer.

La única forma de hacer existir a La mujer es ser histérico, es decir, creer en ella. Nunca he tenido dificultades -¿cómo decirlo?-a nivel de mi análisis personal -y esto ha sido relanzado en muchas ocasiones por el trabajo de analista- nunca tuve dificultades de ser una mujer, nunca encontré que fuera una maldición. Esto no me impidió ser feminista, en el sentido clásico del término, es decir, luchar por el aborto, la libertad, etc., -aunque considero que sigue siendo un drama, estuve por esa libertad de las mujeres y lo sigo estando-, pero nunca pensé que fuéramos toda-mujer.

Siempre he pensado que los hombres, los “dichos hombres” como dice Lacan en Aún y las “dichas mujeres”, eran LOM como las demás, es decir, cuerpos hablantes. Por tanto, no encuentro que la diferencia biológica sea esencial en la práctica analítica en tanto que ella se refiere a los modos de gozar. Más aún cuando, siempre en Aún, Lacan es muy prudente. Primero es ofensivo, se cuida muy bien de decir que no hay complementariedad entre los “dichos hombres” y las “dichas mujeres”, ya que lo que pone en la fórmula de sexuación es precisamente lo suplementario.

Entonces, si entendemos lo femenino, el goce femenino, como suplementario, no se ve por qué no podría suplementar a los “dichos hombres” y las “dichas mujeres”. No se ve por qué los hombres no lo conocerían -y además, por eso trabajé sobre la cuestión del éxtasis este año con Laura Sokolowsky-por qué los hombres no conocerían el goce femenino. ¿Por qué su género se los impediría? El modo de gozar no es del registro de identificación.

El género femenino y el género masculino, además de ser principalmente de la gramática -y todavía, allí tenemos la ortografía inclusiva- entonces ¡viva la ortografía inclusiva, así que incluyamos!

¡Incluyamos hombres con mujeres! Los seres hablantes hablan y se incluyen. ¿Qué se puede pedir mejor? ¡Nada!

¿Por qué, entonces, esta experiencia de goce femenino suplementario no vendría del lado hombre? San Juan de la Cruz habla de ello: se pone en posición de ser la mujer del Señor. Apunta alto desde el punto de vista del partenaire, pero es parecido con Santa Teresa de Ávila. Ella fundó, creo que entre 16 y 20 conventos, fundó una orden, se dirigió al Papa: una empresaria decidida. Lo que no le impidió tener éxtasis donde ella conoció este goce femenino, al que además le dio un nombre, realmente lo conoció.

No creo que, en términos de goce suplementario podamos excluir los hombres en tanto que biológicamente definidos y en tanto que definidos por el género. Creo que no es posible.

Cuando el goce sexual está en juego…

Entonces, evidentemente, el goce femenino es inconsistente, es aleatorio, es todo lo que el goce fálico no es. Es todo lo que el goce del órgano no es. Pero cuando una mujer se masturba, ella conoce el goce fálico. La cuestión es que no todo se reduce al sentido fálico.

Esto es lo que me hace pensar que el psicoanálisis que, sin embargo, está más bien interesado en los diferentes modos de goce, ya sea el objeto a, ya sea el goce del sentido, ya sea el goce…

¿Por qué Lacan hace una diferencia entre -φ y ϕ mayúscula, lo imposible de negativizar? Esta es también una pregunta que también puede orientarnos sobre esta suplementariedad del goce femenino en relación con el goce del órgano o el goce del fantasma. Además, cuando se utiliza un fantasma para gozar fálicamente, se está en todos los lugares. Que no es el caso del acto en sí.

Por eso creo que hay suficientes recursos en el psicoanálisis para tratar las novedades que se presentan en el discurso actual. Pero es seguro que la especificidad del psicoanálisis es poner cuerpo hablante, el parlêtre, allí donde la primera clínica estructural puso esencialmente al sujeto. El sujeto no es el parlêtre, el sujeto no es el cuerpo hablante. El sujeto es un efecto, un efecto de representación, el sujeto está representado por un significante para otro significante. El sujeto no tiene ser, además se define por la falta en ser.

L. D: Muy bien. Le agradezco enormemente.

M-H. B: Gracias a usted, sobre todo.

L. D: Hasta muy pronto.

M-H. B: Hasta pronto.


[1] M.-H. Brousse. Les modes du sexe. [En línea] : Les modes du sexe // Marie-Hélène Brousse – YouTube. Último acceso: 2021-06-15.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

@pachuko84

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