El Niño: Una Sexuación en Plena Obra – por Lilia Mahjoub – 2021-04-12

EL NIÑO: UNA SEXUACIÓN EN PLENA OBRA[1]

Por Lilia Mahjoub

2021-04-12


Estamos ahora en un debate que está tomando más y más amplitud, una amplitud mundial, aquel de la elección de la pertenencia sexual, lo que conlleva todo tipo de reivindicaciones, de polémicas y de nuevas leyes.

La sexualidad: efecto del lenguaje

Desde el nacimiento, desde el punto de vista de la anatomía, un niño es declarado como de sexo masculino o de sexo femenino. Pero esta binariedad, para el psicoanálisis, no es suficiente para determinar aquello de lo que se trata de ésta en un ser hablante. La sexualidad son toda una serie de cosas, es la manera de vestirse, de comportarse, de identificarse a los ideales de su sexo, o de aqullos del otro. Pero con su descubrimiento del inconsciente, Freud va a ir mucho más lejos al elaborar que la sexualidad tiene que ver con efectos de lenguaje, que está tomada en las palabras.

Desde el inicio, antes incluso que el lenguaje se ponga en marcha para sexualizar el cuerpo de un niño, éste es hablado por aquellos que lo han concebido, es decir, ligado de una manera u otra a sus fantasmas, a sus síntomas. Y si el psicoanálisis liga la sexualidad al inconsciente, me parece difícil que pueda validar las demandas que conciernen la elección de un sexo como algo que va de por sí, incluso su transformación en el otro sexo -sobre todo para un niño-. Una demanda esconde siempre otra, sobre todo cuando aquella del niño está combinada, acompañada, mezclada a aquella de sus padres.

¿Qué sucede entonces con la demanda de un niño? ¿Es síntoma de la pareja parental? ¿Está ligada al fantasma de uno de sus padres? Se trataría para ello que un psicoanalista tome su tiempo antes de zambullirse en lo que se dice en esa demanda del niño, aquella de querer ser chica cuando es chico o viceversa. Esto compete de su fantasma en construcción, cuando se saba que éste va a sufrir todo tipo de acomodamientos antes de fijarse más tarde.

La extrañez del sexo: más allá del binarismo

En el caso del pequeño Hans que es comentado por Freud, este pequeño chico se mofa a priori de ser un chico o una chica, pasa de uno al otro con una facilidad desconcertante. Lo que le preocupa, pero de lo cual es incapaz de comprender y de simbolizar solo, es lo que le sucede cuando su órgano peniano se manifiesta como algo extranjero para sí mismo. Ahora, sentirse chica cuando se es chico, o al contrario, tiene que ver para mí absolutamente con esa extrañez. Hans deberá entonces, a través de su fobia, pasar por toda una elaboración para construir paso a paso uno o varios fantasmas que le servirán de eslabones para “realizar su programa” como lo formula Freud, es decir, para asumir su sexo.

El fantasma es el pivote de la sexualidad en la neurosis, ciertamente, pero también está en marchan en las demás estructuras psíquicas. Constituye el soporte del posicionamiento sexual inconsciente del sujeto y pone a éste al resguardo de lo real del sexo que es el suyo. Volverse hombre o volverse mujer no se limita entonces a “parecer” uno u otro, a sentirse uno u otro, dicho de otra manera, a corresponder a las manifestaciones ideales o típicas del comportamiento de cada uno de esos sexos. Eso no compete tampoco solo de la voluntad que encuentra su apoyo en la ciencia, en el ámbito médico para la obtención de una solución que será desgraciadamente, en muchos casos, irreversible y que cortocircuitará al sujeto y su inconsciente.

Si el psicoanalista debe tomar en consideración lo que su época le entrega como nuevos síntomas, debe sobre todo cuidarse de las sirenas que la ciencia hace escuchar como aquello que podría rectificar los errores de “la naturaleza”. Ya que la naturaleza tiene poco que ver con lo que hace la sexuación humana.

Es por lo que Lacan, después de Freud, y a partir de lo que entrega la exploración de lo inconsciente -que está lejos de ser un simbolismo sexual universal- va a tomar una vía completamente diferente. Que haya desde el comienzo el hombre y la mujer, es una cuestión de lenguaje y es lo que ha permitido durante mucho tiempo soportar lo real del sexo que se define como un imposible de decir -sobre todo de decir aquel de la mujer-. Así insistirá Lacan que el lenguaje no podría reducirse solamente a la combinación de dos significantes, es decir a una binariedad, es decir hombre-mujer.

La repartición sexual: una cuestión de lógica

Desde 1972, para Lacan, el lenguaje -es así como lo enuncia- tiene un origen topológico, matemático, que llega al ser hablante al ser hablante por la vía de la sexualidad. Para abordar la repartición sexual de los seres hablantes, Lacan va a proceder en base a nueva lógica, esa lógica matemática. Este acceso a la repartición que concierne a la sexuación no podrá hacerse sino por esa vía lógica. Como sabemos, la lógica siempre ha procedido de un núcleo de paradojas, desde siempre. Es lo que continuará con la lógica matemática. Es entonces a partir de esas fórmulas que se trata para Lacan de articular entre ellas que podemos acercarnos a la sexuación. Pero esa lógica, a través de esas fórmulas, no es para nada una tienda de accesorios donde uno vendría a servirse de ella como un teatro para escoger su sexo. Ella no puede aprehenderse sino a través de la experiencia de la cura psicoanalítica.

Todos traumatizados por el sexo

Del hecho que entramos en el lenguaje, estamos desde el inicio traumatizados por el sexo. Es la razón por la que la sexualidad está hecha de síntomas, de fallas, de fiascos, y que la relación sexual es imposible. Y si hay la suerte no de ser realizado, sino de ser “simplemente esperado”, no será sino a través del encuentro con el partenaire de síntomas, de huellas, dejadas por su exilio de lo real del sexo. Así, el goce sexual no compete como tal de los órganos llamados sexuales que la naturaleza ha dado, sino de una función: de la función del falo que es un significante que simboliza ese goce sexual. Es por se así simbolizado que este goce puede ser de cierta manera pacificado o vuelto vivible para los seres hablantes. El acceso al goce fálico para todos los hombres es posible porque pasan por la castración. Cuando ésta no es asumida simbólicamente, eso produce un insoportable que se traduce por síntomas, pero también para algunos el apuntar al recurso de una castración real. Podemos decir entonces que la castración es algo que concierne a todos los hombres y, en este último caso, desgraciadamente, esto no hace sino confirmarlo de la manera más radical.

Este goce fálico es también accesible a las mujeres, como se puede concebir fácilmente. Ellas no tienen que ver con la castración de la misma manera que los hombres. De esta manera, se puede decir que ellas están no todas tomadas en ese goce fálico. Y ellas encierran así lógicamente un goce diferente que no depende de ello, que no es entonces complementario de ese goce fálico, sino suplementario. Desde el punto de vista de la lectura lógica a la cual el psicoanalista debe formarse y debe dejar lugar para intervenir en el análisis de un sujeto, para hacer un análisis. Se comprenderá que no se precipitará en lo absoluto para definir de lo que se trata en la sexuación de un sujeto, sobre todo cuando se trata de un niño cuya sexualidad se muestra aún en plena obra.


[1] L. Mahjoub. L’enfant: une sexuation en plein chantier. [En línea] : L’enfant : une sexuation en plein chantier // Lilia Mahjoub – YouTube

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

@pachuko84

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