Hablar, y Decir lo Falso sobre lo Verdadero – por Éric Laurent – 2021-01-23

HABLAR, Y DECIR LO FALSO SOBRE LO VERDADERO

Por Éric Laurent

2021-01-23


Buenos días. Sí, la mañana terminó con una lectura de Marie-Héléne Brousse de la prosopopeya de Lacan publicada en 1956. Bueno, al final de esta jornada, voy a proponer otra lectura. La voy a introducir con el comentario añadido 10 años más tarde por Lacan en La ciencia y la verdad. Lo cito. Trataré de darle el tono:

“Piensen en la cosa innombrable que, de poder pronunciar estas palabras, iría al ser del lenguaje, para escucharlas como deben ser pronunciadas, en el horror.”[1]

Poco después, en el Seminario XVII, al final, Lacan nos da un acercamiento a esta cosa indescriptible comentando los textos que son una de las principales referencias, que es una de las referencias de su apólogo, es decir Baltasar Gracián que, en El criticón, imagina la ciudad ideal de la verdad en el esplendor de la evidencia. Cito a Gracián:

“Las casas eran de cristal, con puertas abiertas y ventanas patentes; no había celosías traidoras, ni tejados encubridores. Hasta el cielo estaba muy claro y sereno, sin nieves de emboscadas, y todo el hemisferio muy despejado. […] Pero duróle poco el contento, porque yiéndose encaminando hacia la Plaza Mayor, donde se lograba el transparente alcázar de la Verdad triunfante, oyeron antes de llegar allá unas descomunales voces, como salidas de las gargantas de algún gigante, que decían: —¡Guarda el monstruo, huye el coco! ¡A huir todo el mundo, que ha parido ya la Verdad el hijo feo, el odioso, el abominable! ¡Qué viene, qué vuela, qué llega! A esta espantosa voz echaron todos a huir, sin aguardarse unos a otros, a necio el postrero.”[2]

En los siguientes capítulos, el héroe se entera de que el mundo no es transparente, que todo está cifrado. Se interroga: “De modo que todas las verdades están en cifra? —Dígote que sí, sin exceptuar un ápice. […] —Pues hágote saber que era el Odio, el primogénito de la Verdad.”[3] Vemos cómo el moralista Gracián precede al discurso psicoanalítico.

Vimos en Capitolio el camino del odio, dado a luz a la verdad del complot, bajo la apariencia de este sujeto con su cabeza de búfalo, chamán de QAnon que quería colgar al pobre Mike Pence.

Debemos dejar el lugar libre de la verdad, debe permanecer oculta. Cualquier intento de mostrarla, de decirla todo, es decir una mentira más o menos espantosa. En 1956, en la primera versión de su prosopopeya, Lacan enuncia las llamadas verdades que la época de la Guerra Fría quería mantener con seguridad a ambos lados del Telón de Acero. Cito: “[…]el mercado mundial de la mentira, el comercio de la guerra total y la nueva ley de autocrítica.” [4] Eran los fakes de la época. La mentira del mercado, del lado capitalista, el dulce comercio que conduce a la guerra total y los juicios de Moscú como la verdad del régimen.

Es este punto que Lacan repite en El reverso del psicoanálisis para precisarlo: “[…] nada es incompatible con la verdad: uno mea, escupe en ella. Es un lugar de paso, o para decirlo mejor, de evacuación, tanto del saber como del resto.”[5]

Decir que la verdad es un lugar de evacuación es afirmar los lazos de la verdad con el lenguaje porque fue Locke quien hizo del lenguaje una cloaca, en inglés “the great conduit”. La gran cloaca donde el hombre difunde sus mentiras sin, no obstante -decía-, lograr corromper las fuentes del saber. Las mentiras son todos objetos de desecho que pasan. Sin embargo, Lacan advierte a los psicoanalistas que quieren estar de pie en lugar de la verdad. Lo cito:

“Es notable que haya alertado al psicoanalista en contra de connotar de amor este lugar con el que, por su parte, está prometido por su saber. Le digo a continuación: uno no se casa con la verdad; con ella, no hay contrato, y menos todavía unión libre. No soporta nada de todo esto. La verdad es en primer lugar seducción, y para jorobarle a uno. Para no dejarse coger por ella, es preciso ser fuerte. No es el caso de ustedes. Así les hablaba yo a los psicoanalistas, ese fantasma al que le hago señas […]”[6]

Porque, de hecho, si hay algo que Lacan denuncia, es la postura de los analistas que creen en este poder, pararse en el lugar de la verdad sin tener que pasar por el saber que por sí solo permite deshacer las creencias en la verdad. La seducción de la verdad, uno puede querer apegarse a ella, es el resorte de la posición anti-intelectualista en el psicoanálisis o inclusive la de los defensores de la clínica separados de la teoría, o de la escucha sacralizada que se supone que proviene de la fuente misma de la inspiración. Esta ilusión es un punto de debilidad del psicoanalista del que habla Lacan, es decir, de ningún psicoanalista en particular, es una ficción que Lacan convoca, pero para engancharla al saber. No es la verdad que se aprende, debemos saberlo, el pedazo de verdad es lo que se puede escribir. Es lo que dijo Lacan al comienzo del capítulo IV del Seminario XVII, cito:

“[…] verdad no es un término que deba manejarse fuera de la lógica proposicional, que hace de ella un valor reducido a la inscripción -una letra- al manejo de un símbolo, […]. Este uso, como veremos está muy particularmente desprovisto de esperanza. Esto es lo que tiene de sano.”[7]

Con la condición de dejar en el lenguaje el lugar de lo verdadero acerca de lo verdadero libre entonces el inconsciente puede manifestarse ahí como saber, es decir, como una ruptura, una raja, un yerro de la cadena lenguajera de intercambios de la llamada comunicación. El saber tampoco debe tomar el lugar de la verdad, y Lacan reformula así la advertencia de Heidegger, que cito:

“Nada se resiste a las alas del saber cuando la capacidad técnica de dominar las cosas se despliega en una agitación sin fin. Es precisamente en esta nivelación omnisciente de un saber, que ya no es sólo saber, que la revelación se hunde en la apariencia de nulidad de lo que ya ni siquiera es indiferente, de lo que ya no es sino olvido.”

Lacan generaliza y desplaza la advertencia de Heidegger repitiendo el término espantoso término que Gracián usa. “Lo que es espantoso en la verdad”, dice Lacan, “es lo que ella pone en su lugar”. El saber del que Lacan habla no es el de la tecnociencia, por lo que no creo que el psicoanálisis deba ser considerado como una ciencia, no debe ser considerado como la ciencia, es un juego con la ciencia, tiene una respiración introducida en la ciencia. El saber en cuestión es lo que se recoge, que se deposita en un psicoanálisis particular. Es el inconsciente como un aparato, en primer lugar, del goce como real. Éste es el único saber sobre el goce dentro del alcance del sujeto. El programa de goce del fantasma se basa en la pulsión como Trieb – en alemán – y se desprende de los efectos de la verdad. El Trieb podría ser traducido por Lacan como deriva del goce. Es este punto que Jacques-Alain Miller destacó en su comentario sobre L’esp d’un laps:

“Lo verdadero está a la deriva cuando se trata de lo real”[8], es decir, está ligado a la pulsión y la verdad es hermana del goce. El rechazo del pasaje a través del saber del sinthoma para apuntar directamente a lo verdadero acerca de lo verdadero tiene otro rostro, es el del sujeto que se niega a toda deriva del inconsciente, esa que se instala con su palabra, sabiéndolo o no, en lugar de lo falso sobre lo verdadero. Es el atasco, es el fake absoluto.


Traducción de la intervención de Éric Laurent. “Parler, et dire le faux sur le vrai”. [En línea]: (2) “Parler, et dire le faux sur le vrai” – Éric Laurent lors de la Question d’École du 23 janvier 2021 – YouTube. Último acceso: 2021-01-31.

[1] J. Lacan. “La ciencia y la verdad”, in Escritos, tomo 2. México: Siglo XXI Editores, 2018, p. 863.

[2] B. Gracián. El criticón. [En línea]: Gracian-Baltasar_El_criticon (mec.es)

[3] Ídem.

[4] J. Lacan. “La cosa freudiana”, in Escritos, tomo 1. México: Siglo XXI Editores, 2018 pp. 386-387.

[5] J. Lacan. El Seminario, libro XVII, El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 200.

[6] Ídem.

[7] Ibíd., p. 58.

[8] J.-A. Miller. El ultimísimo Lacan. Buenos Aires: Paidós, 2014, p. 26.

Version en français ici.

Publicado por Patricio Moreno Parra

Psicoanalista Practicante en Quito, Ecuador. Université Paris 7 Diderot: Doctorante en Investigación en Psicopatología y Psicoanálisis. Université Paris 8 Vincennes-Saint Denis: Máster en Psicoanálisis opción Investigación. Université Paris 8 Vincennes-Saint Denis: Máster en Psicoanálisis. Universidad Católica del Ecuador: Diploma de Psicólogo Clínico.

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