La Letra y el Cuerpo Hablante – por Marie-Hélène Brousse – 2020-11-15

LA LETRA Y EL CUERPO HABLANTE

Por Marie-Hélène Brousse

2020-11-15


Gracias. Finalmente añadí algo a mi primer título: “La letra y el cuerpo hablante”.

Planteemos entonces una tesis que el trabajo de preparación de estas Jornadas impuso. No existe atentado sino sexual ya que, por el hecho de ser cuerpos hablantes, la significación sexual infiltra todo decir de los seres humanos. Hemos reconocido una fórmula construida sobre las fórmulas que Lacan inventó para la sexuación, fórmulas que ponen a trabajar el cuantor de la existencia. Sería diferente escribir: “Todo atentado es sexual” ya que pone en juego la fórmula del universal que precisamente elude ese “Hay”. Jacques-Alain Miller en su curso del 9 de marzo de 2011 despliega la diferencia entre ser y existir. El ser es entonces la ontología, moviliza la falta-en-ser del sujeto. El “Hay” es del orden de lo que Jacques-Alain Miller nombra como henología, doctrina del Uno, enunciado por Lacan el Seminario XIX con el aforismo Haiuno. Pone en juego el cuerpo que habla en juego y ya no solamente el sujeto.

Someter el tema de estas Jornadas al cuantor de la existencia es exigido también por el término atentado que impone la dimensión del trauma, del trouma como lo califica Lacan, cuando el cuerpo hablante encuentra la sexualidad. Esta dimensión traumática ligada a la emergencia de un real en una retroacción está redoblada con la noción de atentado ya que en el atentado se añade la veta de una tyché, el afecto de sorpresa, el avatar de un incalculable.

Es por el corte y el equívoco -me voy a servir de estos dos medios- que les propongo pensar el título de las 50 Jornadas de la Escuela de la Causa Freudiana. Corte, primeramente. Aislemos la A mayúscula de Atentado. Escribir el Otro con mayúscula implica definirlo, tal como lo hace Lacan en la primera parte de su enseñanza, es decir hasta la mitad del Seminario X La angustia. El Otro entonces designa al lugar del lenguaje tal como como está en juego en la palabra. Cito a Lacan: “Es el Otro como lugar del significante”. A mayúscula escribe entonces un lugar, un campo, la escena sobre el mundo sobre la que el sujeto se representa por un significante para otro significante. Cito de nuevo a Lacan: “El lenguaje es un sistema de signos y como tal, sistema completo”. Pero también es una presencia, la presencia de un deseo que se presenta bajo la forma de una pregunta: Che vuoi?  A mayúscula toma entonces la forma de una función virtual. Jacques-Alain Miller en un texto que presenta el Seminario XVI De un Otro al otro recuerda: “El gran Otro es un viejo conocido que comenzó su carrera en una lección del Seminario II que nombré Introducción al gran Otro, donde Lacan hace notar que hay dos tipos de otros; uno que escribe con mayúscula, y uno con minúscula”. Subraya entonces las cuatro definiciones que Lacan propone de esa A mayúscula: el lugar de la verdad -que es un lugar virtual, diferente de la posición del locutor en el espacio-; el lugar del código -en oposición al mensaje-; el tesoro de significantes; y nuevamente la batería de significantes, necesariamente completa.

Escribir entonces con mayúscula la primera letra del vocablo Atentado y separarla, hace interpretación. La dimensión del A-tentado es un atentado que recae en lo simbólico tal como está ligado con la ley. ¿Qué entender por ley? Se manifiesta al plural en tanto las leyes del lenguaje articulado, y también las leyes que ordenan las familias humanas, las estructuras elementales, ley de la cual derivan todas las instituciones que organizan el lazo social por la alianza. El A-tentado es un atentado a lo que hace lazo entre los cuerpos hablantes. Moviliza entonces un ideal de justicia siempre cojo.

También podemos escribir a-tentado con una a minúscula. En este caso, nos orientamos hacia el semejante y el yo. Lacan en el Seminario II lo aborda en una pieza teatral, o más bien dos: El anfitrión de Plauto y el de Molière, poniendo en juego el personaje de Sosia. Lacan afirma allí: “Sosia es el yo”. Cito el pasaje de Lacan en el Seminario II: “-¿Quién anda ahí? -Yo. -¿Yo, quién? -Yo. Valor, Sosia -se dice a sí mismo, porque aquel de seguro, es el verdadero, y se inquieta. -¿Cuál es tu condición? Dime. -Ser hombre y hablar.”[1] Lacan continúa: “Este es uno que no estuvo en los seminarios, pero lleva su marca de fábrica. -¿Eres amo o criado? -Según me venga en gana.” Lacan añade que es “una linda definición del yo. La posición fundamental del yo frente a su imagen es, en efecto, esta reversibilidad inmediata de la posición de amo y criado”[2]. Si escribimos entonces a-tentado implica una confusión entre el agredido y el agresor en marcha en el mecanismo de identificación al agresor, a veces llamado síndrome de Estocolmo. El yo nunca logra separarse del semejante. Es siempre al mismo tiempo amo y criado. El yo es su otro. El término de a-tentado reenvía entonces a toda agresión física o mental y se declina en la lucha de los sexos, la lucha de clases, la lucha de generaciones, etc., cada una pudiendo permutar del agredido al agresor.

Pero recordemos otra escritura del a minúscula, a-tentado. Escribir en itálicas a minúscula, que pone en juego el objeto, no el objeto deseado sino el objeto que causa el deseo. Este objeto extraído por recorte del cuerpo hablante produce las zonas erógenas. El goce salido de las huellas de esos recortes es el material del cual está hecho el fantasma de cada uno. Pongamos entonces una a itálica en a-tentado sexual es el reverso del fantasma. Es por eso que es traumático, develándolo a vista de todos al darlo la vuelta, lo que hace que lo más íntimo del goce secreto del cuerpo hablante. Demandar a las víctimas el describir el servicio y las partes tocadas de su cuerpo les resulta algo insoportable. Es la obscenidad de todo atentado sexual.

Equívoco, ahora. Pasemos a la perspectiva que abre la lalengua, y así el equívoco. Adoptemos la forma de un relato. Es la historia de un bebé. Ese bebé tuvo un nacimiento trágico ya que, luego de un alumbramiento difícil, es puesto en el vientre de su madre y ya no respira. Entonces no lúgubre [morné] sino nacido-muerto [né-mort]. Inmediatamente tomado a cargo por el equipo del hospital, al cabo de algunos minutos, entre 3 y 5, regresa a la vida. Guarda en su cuerpo, en su organismo una pequeña huella de este acontecimiento. Esta huella afecta únicamente sus capacidades motrices y siempre lo va a acompañar en su motricidad. La muerte dejó una marca en su cuerpo y va a acompañarlo por todos sus días. Colorea su motricidad como una huella de la muerte como un atentado a la vida. Este bebé entra muy tempranamente en el Otro del lenguaje, como auditor y como locutor. Se pone a hablar muy precozmente. Sus primeras palabras son, por una parte, dos variaciones del nombre de pila de su padre y, por otra parte, un pedazo de frase muy sorprendente a su edad. Utiliza en efecto el modo imperativo y lo completa con un complemento de objeto directo. El niño, desde que capta que uno de sus semejantes queridos va a abandonar el cuarto donde él mismo se encuentra y dice y repite esta fórmula: “¡Espérame! ¡Espérame!”*. Al contrario, si es él quien se va, él se va decididamente, y podríamos resumir en tres palabras su singularidad: vitalidad, vigor y voluntad. Su estado al nacer había impedido a sus padres el tomarlo en sus brazos, mimarlo. El contacto físico debió esperar. Ese pequeño cuerpo hablante que era, aislado en una incubadora, conectado por todos lados, prohibido de lazos carnales, inició su vida con las palabras impuestas entre su cuerpo y aquel del otro. Y las técnicas científicas de la medicina que cuidaban su vida biológica, se pagaban con ausencia de lazo carnal con sus semejantes. La separación entonces conllevada sobre la alienación. El lazo al otro entonces fue, desde los primeros días, reducido a lo visual. El objeto mirada tomó rápidamente un lugar fundamental conjuntamente a la voz, pura palabra. El resultado fue el llamado. La vida en un momento lo dejó, su “¡Espérame!” responde a eso. Los cuidadores, los padres, iban y venían fuera de su expectativa. Este desnudamiento de que el Otro está barrado, que no hay Otro del Otro, empujó muy rápidamente a este niño al lenguaje y al decir: “¡Espérame!”. Cuando el otro, tanto el otro como el Otro están ahí, pero que le ek-sisten, ya que es Uno completamente solo, es que el deseo que lo causa comienza a hacerle descubrir. Su “¡Espérame!” se transforma hoy en un “¡Ahí voy!” decidido.


[1] J. Lacan. El Seminario, libro II, El yo en la teoría de Freud y la técnica psicoanalítica. Buenos Aires: Paidós, 2016, pp. 395-396.

[2] Ibíd., p. 395.

*N. d. t.: En el original: “Attends-moi!”, donde resuena “attente” (espera/expectativa) y “attentat” (atentado).

Traducción por Patricio Moreno Parra.

Versión en francés: https://psicoanalisislacaniano.com/mhbrousse-la-lettre-et-corps-parlant-20201115/

3 comentarios en “La Letra y el Cuerpo Hablante – por Marie-Hélène Brousse – 2020-11-15

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