El Lugar de lo Secreto – Por Marie-Hélène Brousse – 2020-11-13

EL LUGAR DE LO SECRETO

Por Marie-Hélène Brousse

2020-11-13


Es como psicoanalista que estoy invitado a esta conferencia. Es la tecnología que hace posible mi presencia con ustedes hoy para este debate en Turín.

Podría contentarme con eso. Pero no es todo. Me gustaría estar en Turín, “en carne propia” como decimos en francés. Respirar el aire de la ciudad, abrazar a mis amigos, ir por algo de beber y cenar en una ciudad donde la comida es exquisita, así como el vino, reír y caminar ahí “de verdad”, como dicen los niños… La tecnología me permite participar en una discusión sin el cuerpo: todo lo que queda es la voz, el discurso y el pensamiento. ‘Es mejor que nada’, dirían. Sin duda. En mi disciplina, el psicoanálisis, trabajamos con el anudamiento de lo que Lacan llamaba “las tres dimensiones”: lo imaginario, lo simbólico y lo real. Lo imaginario está aquí: ven la imagen de mi cuerpo y yo veo la suya. Lo simbólico también está aquí: ustedes escuchan mis palabras, habladas en italiano con mi acento francés. Pero ¿lo real? Solo puede ser aprehendido en esta conferencia por la ausencia de mi cuerpo.

Vayamos al tema propuesto y pensemos acerca de los efectos de la tecnología en los seres humanos. La tecnología no es nada nuevo. Incluso es uno de los fundamentos de la sociedad humana, como la arqueología lo ha demostrado. En 1964, el eminente etnólogo, arqueólogo e historiador, André Leroi-Gourand, trajo a la luz el lazo fundamental entre la cultura y la evolución de la tecnología en su trabajo Gesto y Discurso. Hoy, siendo el modo de producción hegemónico de producción el capitalista, nos hemos movido hacia el consumo de las masas. ¿Cómo se produce en las masas la sed de objetos? La acumulación de data y la circulación de información, vía teléfonos celulares inteligentes y computadores se moviliza: “¿Te gustó este objeto, este libro, esta música? También podría gustarte este otro producto”. Los mensajes nos llegan por centenares, jugando con nuestro apetito por estos objetos que Lacan bautizó como letosas en su Seminario de 1970, El reverso del pscioanálisis. “El mundo cada vez está más habitado de letosas[1]. Este es el mundo en el que vivimos. La acumulación de data y sus aplicaciones estadísticas dominan hoy en día el mercado de los objetos. Los mensajes que nos vienen dirigidos lo hacen a nuestro nombre propio, incluso por nuestro nombre de pila. Es la familiaridad de los Unos-completamente-solos, o mejor dicho, Unos que creen que están completamente solos. Las masas son manejadas por algoritmos que reflejan objetos desechables que enganchan sus deseos.

La verdad tiene estructura de ficción, decía Lacan. Recientemente, una de las películas de James Grey, Ad Astra, en francés Aux étoiles, revela la magnitud y el futuro de las nuevas tecnologías que continúan desarrollándose en nuestra mundana realidad. Un astronauta de la NASA, el héroe de la película, quien es puesto a cargo de una misión para encontrar a su padre quien desapareció dieciséis años antes durante una operación de investigación extraterrestre. Dejemos este clásico guion de la película ahí y volvamos nuestro interés al universo en el cual está gente está viviendo. Es un universo donde la tecnología gobierna. Un ejemplo: regularmente, los humanos dondequiera que estén, en la Tierra o en otros planetas, deben presentarse ante las máquinas: bajo su piel, están diseñados para habilitar a las máquinas el ejecutar un diagnóstico mental y físico. En otras palabras, los llamados instrumentos, que emergieron de la tecnociencia, verifican -mientras atajan todos los discursos- si son aptos para llevar a cabo la misión a la cual han sido asignados, incluso si son presas de un afecto que podría obstruir sus capacidades operacionales. No hay ya necesidad de psicólogos o doctores. Las máquinas bastan para apreciar la salud física y mental, los pensamientos y emociones que habitan ese cuerpo.

¿También lograrán las nuevas tecnologías, a través del uso de algoritmos, venir a vencer a los seres hablantes? Ya están en la búsqueda de nuestras elecciones, nuestros gustos, nuestros hábitos y nuestros movimientos. ¿Es una sentencia a muerte anunciada para el psicoanálisis? Esta disciplina, que desagrada siempre a los poderes del Estado, está fundada en el lenguaje articulado y el poder del discurso y cuyo objeto es el material verbal de las palabras, ¿será obsoleta pronto? ¿El analista será remplazado por una terminal en una calle o en un hospital?

Se entiende que la pregunta es ética y no técnica.

En efecto, la técnica psicoanalítica no se priva de la orientación del sujeto de la ciencia a la cual está enlazada desde el origen. Escuchamos a nuestros analizantes. ¿Qué implica esto? Determinar un elemento en la secuencia de las palabras que brotan de la asociación libre que Lacan llamó “punto de capitón”, un elemento que comanda la deriva de la cadena hablada. Esto también implica el establecimiento de una cadena de significantes que constituye el ser del sujeto o, mejor dicho, su falta-en-ser. Este objetivo, como los testimonios al final del tratamiento nos enseñan, es la reducción y extracción de un término que nombre la elección del sujeto de una satisfacción o goce. Que, como psicoanalistas, funcionamos sin ignorar lo que puede ser llamado el programa del goce del ser hablante. Como analistas podemos deducir esto de los dichos del sujeto, quien es requerido. Nuestro objetivo, sin embargo, es otro. Aunque veamos este boceto venir a definirse, no tiene otro valor sino el saber que el sujeto saca de esto para orientar su vida y sus elecciones. El saber ganado que está en juego en un análisis es una ganancia debida al sujeto y solo a él, en su irreductible singularidad. Además, el analista es borrado al final del trabajo, sicut palea, como estiércol dice Lacan, usando la expresión de Santo Tomás de Aquino[2]. Es lo que nos permite mostrar que el discurso psicoanalítico, contrario a otros tipos de discurso, no es un discurso de dominación. El saber adquirido en y por el análisis propio es así el otro lado del saber adquirido por el data y las estadísticas que apuntan a interferir en las elecciones del sujeto. Incidentalmente, una nueva profesión salió del cascarón en las redes sociales, Facebook, Instagram, Twitter: los “influencers”. Los psicoanalistas son el reverso de los influencers.

El reverso del psicoanálisis es el secreto. Si la tecnología de hoy en día permite la colección de las elecciones del sujeto -incluyendo las más íntimas- en una carpeta de datos, en el encuadre psicoanalítico las expresiones enunciadas ahí son el objeto de un absoluto secreto. Ninguna carpeta, ninguna grabación, ninguna colección de información. Si alguien pide hacer un análisis, las entrevistas preliminares permiten al analista decidir si la persona puede entrar en el dispositivo analítico. Es lo que algunos de nuestros colegas hacen en Latinoamérica dicen cuando han recibido pedidos de narcotraficantes. Rechazaron su entrada en análisis. Hay contraindicaciones para la experiencia psicoanalítica. El secreto es algo escaso. Se entiende que la obligación de confidencialidad no es del analizante. El secreto está impuesto solo al analista. Obviamente, esto se soporta en la identidad tanto como en el síntoma en que es atribuido al nombre propio. Lugares para lo secreto tienden a ser cada vez más escasos. Aun así, el secreto es uno de los fundamentos de la posibilidad de una coexistencia social pacífica como de la posibilidad para vivir. Está asociado con fuertes afectos; modestia, vergüenza y angustia. Está asociado con lo que podemos llamar los objetos causa del deseo, o los objetos que son sacados del cuerpo, que son el origen de todo deseo. Este secreto no está solamente orientado hacia los demás, incluso al Otro, también es secreto para quien se lo guarda.

El cuerpo humano está en juego aquí; este cuerpo habitado, agujereado, y cortado por el lenguaje y las palabras recibidas desde la niñez; este cuerpo hablante cuyas facetas Jacques-Alain Miller explicado ya.

El psicoanálisis es una de las raras locaciones donde lo secreto del goce de los cuerpos hablantes todavía tiene un lugar.


*Texto presentado en el Biennale Tecnología, Turín, 13 de noviembre del 2020, “Psicoanálisis y Tecnología”, de la IPOL [Instituto Psicoanalítico de Orientación Lacaniana].

[1] J. Lacan. El Seminario, libro XVII, El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2016, p. 173.

[2] J. Lacan. “Proposición del 9 de octubre acerca del psicoanalista de la Escuela”, in Otros Escritos: Buenos Aires: Paidós, 2012.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

@pachuko84

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