A Propósito de la Política de las Identidades – Por Pierre Sidon – 2020-10-30

A PROPÓSITO DE LA POLÍTICA DE LAS IDENTIDADES [1]

Por Pierre Sidon

2020-10-30

Imágenes, palabras, representaciones, escritos… Cuestiones privadas, tweet, artículo u obra de arte… todo puede ser un atentado in the eye of the beholder[2]: nada escapa al insaciable apetito de polémica, de indignación, de escándalo. Ofensas, blasfemia, ultraje, apropiación, caricatura, estigmatización…: las víctimas responden: caza de brujas, anulación, desalojo, enjuiciamiento… La gente pide cabezas; y se cortan algunas. Viral indignación y polémica en los medios, odio y linchamiento en las redes. La injuria es vista por doquier, se condena a perpetuidad; lo peor.

Heredera de una larga tradición de libertad de expresión, Francia es, como todo el mundo, tomada por esta “vieja pasión unificadora de América, quizás su placer más peligroso, el más subversivo históricamente: el vértigo de una hipócrita indignación (…) virtuosa indignación”[3]. Antigua pasión ya revelada por Tocqueville: “No conozco país donde reine, en general, menos independencia de espíritu o verdadera libertad de opinión que en América. […] la mayoría traza un círculo formidable alrededor del pensamiento. Dentro de sus límites, el escritor es libre; pero pobre de él si se atreve a salir de esos límites”[4]. Tocqueville ha forjado la fórmula del “Individualismo democrático”. “¿Quién hubiera pensado que esta liberación tan brutal como profunda, que este individualismo, triunfante, iría acompañado de un totalitarismo intelectual generalizado?”, esto inquieta, desde los años ’90, a un George Dillinger, nostálgico del antiguo “modelo social francés” fundado sobre lo Sagrado, que evoca el “Individualismo terrorista” que “lo ha invadido todo con su metástasis, en el vacío ideológico que prácticamente caracterizó la mitad del siglo XX”[5].

Conducida durante mucho tiempo por la franja más nostálgica –calificada algunas veces como “nuevos reaccionarios” según la inmortal expresión de Daniel Lindenberg en 2002-. La inquietud ha ganado hoy todas las sensibilidades políticas de la sociedad, que se conmueven de la extensión de lo politcally corretcness y la confrontación que esto genera. El periódico Le Monde difundía por ejemplo en 2016, la posición del decano de los estudiantes de la Universidad de Chicago, respecto de la libertad académica frente a la invasión de los Trigger warnings y los safe space que impide que los estudiantes se “confronten con concepciones e ideas contrarias a las propias”[6], a lo que sigue inmediatamente después, una respuesta publicada en Los Ángeles Times a favor de la protección de “aquellos que se sienten discriminados y víctimas de los prejuicios”[7].

En La tache publicado en el año 2000, Phillip Roth ponía en escena la renuncia de un profesor acusado de comentarios racistas sobre un malentendido – que resultó ser más complicado que eso – y diagnosticó que “la indignación, cuando alcanza estas proporciones, es una forma de locura”[8].

En la reciente Letter on justice and open debate, 153 intelectuales y artistas están públicamente conmovidos por la imposibilidad de debatir sus diferencias debido al clima irrespirable de intolerancia y de conformismo ideológico reinante, que permitió a Donald Trump llegar al poder y que amenaza la democracia[9]. Como ilustración de sus inquietudes, la mordaz respuesta pone en entredicho, refleja las posiciones “intolerantes” de varios de sus signatarios como J.-K. Rowling acusado de “transfobia” por haber ironizado sobre la circunlocución de “personas que menstrúan” tras el odioso precedente de atreverse a crear un personaje asesino en serie travesti. Jeff Yang, en “The problem with ‘the letter [10] responde que los autores reclaman allí una libertad de expresión que ya tienen, con el acceso a enormes plataformas de expresión, por lo que se tragarían su “epístola” a “una elegante expresión de su elitismo y su estatus privilegiado”. Evitando cualquier argumento de fondo, considera que el momento de “la carta” es inapropiado en tiempos del coronavirus y los disturbios de Black Lives Matter. “La carta” simplemente desviaría la atención del público hacia una política de lo políticamente correcto que califica de “imaginaria”. Además, ciertas opiniones de los firmantes terminan por “disminuir y amenazar a las comunidades marginalizadas”, resonando con el presupuesto de la identidad de dichas comunidades –ellas son una-, agravado por los comentarios de aquellos que no comparten tales presupuestos, caracterizados ipso facto en la categoría de agresores, agresión legitimante, a cambio, el postulado victimario inicial, cerrándose así el círculo.

Con nosotros recientemente, el sociólogo Geoffroy de Lagasnerie que practica la cultura de la cancelación (cultura de la anulación) llegó a los titulares al abogar por “reproducir cierto número de censuras de verdad en el espacio público para restablecer un espacio donde las opiniones justas tomen poder sobre opiniones injustas”[11].

Sin embargo, ya en 2016, el académico Mark Lilla, que se define a sí mismo como liberal centrista, alertó y suscitó polémica sobre el deslizamiento del liberalismo estadounidense hacia “una especie de pánico moral sobre la raza y el género, haciéndolo incapaz de convertirse en una fuerza unificadora capaz de gobernar (…) La fijación de nuestras escuelas y la prensa en la diversidad ha producido una generación de liberales y progresistas narcisistamente ignorantes de lo que está sucediendo más allá de los grupos autodefinidos e indiferentes al proyecto de involucrar a los estadounidenses en todos los sectores de su existencia”[12]. Evocó “la locura de los campus” donde los estudiantes se concentran en sí mismos ignorando que “el primer movimiento de identidad estadounidense, aún activo, fue el Ku Klux Klan”, donde la elección de Trump como Whitelash, (contracción de white y backlash (reacción violenta)), llamaba a un liberalismo “post- identitario” inspirado en los sucesos del liberalismo “pre-identitario”.

Pero, ¿podemos realmente utilizar las recetas del pasado para construir el futuro? Mark Lilla señaló bien, en su libro de 2017, el tipo de “terapia” que constituían los meetings.

¿Pero sabremos realmente utilizar las recetas del pasado para construir el futuro? Mark Lilla, remarcaba, en su obra de 2017, que los encuentros contemporáneos constituían una suerte de “terapia” en detrimento de la ciudadanía y del deber que contribuye a los objetivos comunes que hacen sociedad[13]. ¿Qué “terapia” para esta “locura” de victimización universal y de sus consecuencias odiosas? ¿Un retorno a los calores? ¿A lo sagrado? ¿Al Padre? Antífona muy difundida también entre nosotros, que pretende tratar los síntomas a los que confunde con su causa[14].

Así, del empobrecimiento léxico, del cual un lingüista recientemente señalaba que “una parte importante de los jóvenes franceses dispone solamente de una centena de palabras, cuando requerirían de miles para intentar examinar y aceptar pacíficamente sus diferencias y divergencias” [15]. El escritor Frédéric Beigbeder evoca “una fase de desaparición léxica”, “la victoria de Disney sobre Proust” a propósito de la invasión de los emojis[16]. En esta misma línea, George Orwell precisaba “la tendencia dominante de la prosa moderna (…) de alejarse de lo concreto” y “el caos político actual (…) no sin relación con la decadencia de la lengua” propugnando “mejorar un poco la situación comenzando por el lenguaje” [17]. Pero ¿No se trata ahí también de deplorar un síntoma entre otros sin poder aprehender la causa? ¿El lenguaje: síntoma o causa?

Es en esta « casa del Ser”, “refugio donde vive el hombre” donde Martin Heidegger quiso ver la causa: si “los pensadores y los poetas (…) velan por este refugio” [18], es para proteger “el Ser en tanto que elemento del pensamiento (…) abandonado en la interpretación técnica del pensamiento.” [19] Y en este proceso que es una reducción al signo, el mundo del hombre desaparece porque: “… el esclarecimiento del Ser (…)[,] solo este esclarecimiento es ‘mundo’.” Así, el lenguaje es “a la vez la llegada esclarecedora y celadora del Ser mismo.” [20] Más que un empobrecimiento léxico, esta substitución del signo al Ser, como una esclerosis de la lengua, es evocadora. ¿Sería así, como interroga en Ser y tiempo, que la lengua pueda morir?: “¿Qué modalidad tiene el ser de la lengua para que pueda estar ‘muerta’?” [21] O que se convierta en insignificante: ¿El Ser fantasma de ningún Dasein? “El discurso, que forma parte esencial de la estructura de ser del Dasein, cuya aperturidad contribuye a constituir, tiene la posibilidad, continua Heidegger, de convertirse en habladuría y, en cuanto tal, de no mantener abierto el estar-en-el-mundo en una comprensión articulada, sino más bien de cerrarlo, y de encubrir así el ente intramundano (…) al no volveral fundamento de las cosas de que se habla, la habladuría es siempre y de suyo una obstrucción.” [22] 

¿Habladuría capaz de aclarar “el alejamiento de lo concreto” de Orwell, citado antes? Despojada por la “razón instrumental” y comprimida por la velocidad, la lengua, nuestra patria según Barthes[23],  ya no es ningún abrigo y despoja al Dasein de su “historicidad”, ésta “facticidad” que lo vestía[24]. ¿No está ahí la fuente de esta “sociedad del desprecio” que un Axel Honneth, último representante de la Escuela de Fráncfort, esperará, después de Habermas, arrancar a esta “reificación” (Marx, Adorno) correlativa del “apresamiento de la técnica”, por una acción directa sobre la comunicación? “En la teoría del actuar comunicacional (Habermas) muestra que la incursión de las formas de regulación sistemáticas en el dominio hasta ahí intacto de la practica comunicacional constituye una patología determinante de nuestro tiempo… El proceso de racionalización en el seno de las sociedades modernas toma así un doble aspecto, a la vez de liberación y de restricción de la comunicación” [25]. Aún si añade el conflicto a la teoría del “actuar comunicacional” de Habermas, Honneth se enfrenta con la necesidad del reconocimiento hegeliano. Despojada, cree, de lo real que se atraviesa en su camino, la razón instrumental renvía a los actores sociales despreciados espalda con espalda en una concurrencia victimaria sin piedad.

En una entrevista sobre el libro Miholocausto (Mon Holocauste) de Tova Reich, Alain Finkielkraut puntuaba: “esos que, bajo el color de honrar a los muertos, celebran su propio culto (…) [:] los Juegos olímpicos de la victimización.[26]” André Lehman, antiguo Juez ahora abogado, ve por su parte este enfrentamiento imaginario en un “retorno de la ley del Talion”: “hoy se hace justicia uno mismo” en el “Tira tu Qué” (Balance ton quoi) que se hizo posible por las redes porque la libertad de expresión hizo lugar a la difamación en la impunidad que confiere la velocidad de la masa[27]. Es, en efecto, a la condena de los inocentes que conducen “estos movimientos decididos a sacrificar la justicia en favor de sus nobles objetivos (…) edificando sociedades caracterizadas por una injusticia invasiva.” [28] Más aún, son “horrores innombrables cuando el paroxismo de la indignación conduce a ejercer represalias en nombre de la justicia y se introduce en el ciclo de la venganza”[29]. Roth estima: “el heroísmo” de la denuncia del “monstruo”[30] y la perspectiva de pureza “aterradora”, “demente.” [31] 

Los Dioses tienen sed y es en los neo-bacanales de la risa que se asesina mejor a quien: el triunfo del Imperio del Bien, celebrando la derrota de la dialéctica, se ejerce en forma de manía contemporánea institucional retratada por un Philippe Murray: “la Fiesta, que era hasta ese entonces desorden efímero y derrocamiento de prohibiciones, se convirtió en norma y policía.” [32] Es el superyo contemporáneo en su cara de imperativo de goce. “¡El Bien, todo entero, contra todo el Mal! ¡Al máximo! Ahí esta la epopeya. Todo lo que tiene definitivamente razón contra todo lo que está siempre equivocado. La Nueva Bondad tiene viento en popa contra el sexismo, contra el racismo, contra la discriminación en todas sus formas…”[33] Un Bien todo Uno sin reverso, “casado” con la Fiesta. No un ideal luchando entre otros ideales por su preeminencia, sino el reino sin compartir slogans, aneantizando la legitimidad de todo diálogo. Y el “espectáculo (que) es el reverso del dialogo”, según Debord[34].

Así los humoristas asesinos actúan de manera continua sobre los canales oficiales de demolición oficial en las horas de mayor audiencia como testimonia Frédéric Beigbeder en su última novela – ensayo “El hombre que llora de risa”: es el “bufón quién se vuelve rey, (…) un nuevo sistema: el cómico-populismo”[35] que ya ha instalado numerosos dirigentes en los puestos de control estos últimos años en Europa.

La clínica de nuestra época es bien irónica, según la expresión de J. – A. Miller[36]: “La modernidad irónica, la modernidad que sabe que todo es semblantes”[37]. Incluso es maniacodepresiva, camina entre la melancolía de la identificación de “carácter sin mediación e infatuado”[38] al desecho – víctima – y la elación atestiguan de la autonomía de lo real desencadena: “el punto de partida encontrado en el goce es el verdadero fundamento de lo que aparece como la extensión, incluso la demencia, del individualismo contemporáneo”[39]. La identidad, nos recuerda C. Leguil, es un “llamado (…) por la corriente romántica (…) destinado a luchar contra “el vértigo de la desidentificación””[40]. Y “el “Nosotros” comunitario es una manera para el “Yo (je)” perdido en un mundo sin referencias, de establecer una identidad en común con algunos otros, ahí donde la mundialización conduce a renunciar a toda identidad subjetiva.”[41]

Pero completamente otra que la “soldadura de la identificación” del “sujeto captado en el Discurso del amo”[42], la identidad es la máscara lábil, el velo inconsistente, el maquillaje chillón, la vanidad inflada… que disimulan, mal, la “mancha” real (cf. Roth) que cada uno es: pues “Sólo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir, que no tiene ningún discurso con el cual establecer un vínculo social, dicho con otro término, semblante.”[43] En Roth la mancha real, y, como tal, forcluida, retorna de manera irónica y absurda: precio a pagar por el rechazo, impensable, del personaje de su color de piel.

¿Es este el destino prometido a cada uno de nosotros, que tiene como única salida la agregación a algunos semejantes en una “guerra de nosotros contra nosotros”[44], preludio de un “todos contra todos”[45]? Es esta la salida común de la relación imaginaria, su “filo mortal”, cuando del “Yo (Je)”, no persiste nada más que “su vertiente más efímera”, “su imagen”, como lo explica C. Leguil[46].

Y más aún, en conformidad a la fragmentación correlativa de la imagen del cuerpo, “ese nosotros de las minoridades o de los subalternos que accede a la palabra y a una identidad visible (…) es recorrido por las contradicciones, o más bien par las líneas de recorte que lo fracturan”[47]

La “identidad que lleva en sí la idealización narcisista”[48], inconsolable de la inexistencia de una “palabra plena” -“identidad con aquello de que habla”[49]  – se infla y difracta al infinito, “multiplicándose sin cesar”.[50] Ella se multiplica, se fragmenta y deriva, insituable, agotándose, para ganar una autonomía ficticia, en “manadas idénticas”[51], contra una fatalidad interseccional y un destino de absorción – disolución en “conflictos de recorte”, “superposiciones” y “recubrimientos”[52]. Guetos[53], archipiélagos[54] separados los unos de los otros por lo irreconciliable de sus autonomías antagónicas, que dibujan un lazo social balkanizado[55]. ¿Es esto lo que Lacan anunciaba como “la era de los imperialismos” sucedánea a la caída de los Imperios?[56]

Sabemos actualmente que el Otro, lugar de la Referencia, es inconsistente, que no existe: “lo que llamamos globalización, explica Jacques-Alain Miller, es un proceso de destotalización que pone todas las estructuras “totalitarias” a prueba”. “El no-todo [es] una serie en desarrollo sin límite y sin totalización.”[57] En el imperio de signos dispersos que hace del lazo social una red de malla desecha,“…lloramos sobre el elemento tradicional, nos dice aún Miller (…) Es por supuesto correlativo de un llamado a la autoridad, del retorno al orden, un llamado desesperado al reino del significante-amo que está en proceso de abolirse (…) En el no-todo social (…) el significante no nos llega más que por bloques organizados, tiende a presentársenos a partir de fragmentos discontinuos (…) esencialmente fragmentarios, con un esfuerzo por tratar de agregar una organización que está todo el tiempo deshaciéndose. De allí eso que, mismo Rober Reich, pudo identificar como una patología de la desorientación. Es por ello que los sociólogos aislaron (…) las estrategias subjetivas que consisten en replegarse sobre las zonas límites de certeza”[58] “que a escala reducida dan esos puntos de referencia (…) La máquina del no-todo comporta la constitución tanto más insistente de micro-totalidades en las cuales la multiplicación y la investidura de los sujetos que en ellas están atrapados, traducen la presencia de esta máquina. Micro-totalidades que ofrecen en el no-todo nichos, abrigos, un cierto grado de sistematización. De estabilización, de codificación, y que permiten de restituir el control, pero al precio de una especialización extrema. Hay que elegir un campo muy restringido de significantes, un campo muy restringido de saber dónde restituyamos el control.”[59]

Al extremo, el límite de este proceso es el Hikikomori, más allá del soltero: el hogar como último safe space. Pero también hay manera de estar solo en medio de los otros, recubriendo, por ejemplo, la palabra con el ruido de la música omnipresente. De manera general, abundan las prótesis de todo tipo -cuyas adicciones hacen síntoma social – con el fin de asegurar a cada uno la inmunidad en particular sexual, en un mundo dónde no ignoramos más que no hay nada escrito de antemano sobre la relación entre los sexos: lo que quiere decir que “no hay relación sexual”[60]: despojado de la tradición, anómico, el individuo contemporáneo se encuentra condenado a la agresión: desollado vivo. Decir todo le hace atentado, contribuyendo de hecho al “declive de la interpretación” en la práctica analítica.

La impureza del sexo, escribe Roth, esta corrupción redentora que desidealiza la especie […] nos recuerda, para siempre, de qué materia estamos hechos”.[61] Pues, ¿de qué otro real se trata de pasarse si no es de ese del ser para el sexo? Y es la materia del artista – que siempre precede al psicoanalista[62] –  si no es la de los filósofos. Guy Briole, nos recuerda la frase de Lacan: “lalengua, cualquiera sea, es una obscenidad”” Lalengua cualquiera sea, es una obscenidad” “Forja el equívoco l’obre-scène es también lo que él llama la Otra escena[63], haciendo valer que lo obsceno es siempre sobre la escena de los otros que se juga, cada uno reservándose de cubrirse del velo del pudor. Lo real obsceno y vergonzoso, es la piedra que lanzamos tan fácilmente en el jardín del vecino. El psicoanálisis nos enseña que la mirada que podría referirse hacia lo íntimo sigue siendo una pregunta para cada uno.”  [64]

Éric Laurent recuerda que “ [para] Freud (…) por medio del inconsciente, vislumbramos que todo lo que atañe al lenguaje tiene que ver con el sexo, está en cierta relación con el sexo, pero especialmente en el hecho de que la relación sexual no puede, por lo menos hasta ahora, inscribirse de ninguna manera (…) Lacan terminará por decir, de manera anti-hegeliana, que cada palabra es una metáfora”[65] lo real de la lengua contemporánea que hace nuestro hábitat, vacía nuestra democracia. Pues, “más la democracia está vacía, explica Miller, más es un desierto de goce, y más hay, correlativamente, condensación de goce en ciertos elementos. (…) pero más el significante está “desafectivado” (…) más avanza bajo la forma  pura del derecho, más aumenta la pasión, se intensifica el odio, se multiplican los integrismos, se extiende la destrucción, se realizan masacres sin precedentes…”[66] Y esto ya se percibe en las eliminaciones en nombre de la ciencia así que en el “retorno del pasado funesto de Dios” profetizado por Lacan en Televisión.[67] Se trata, como lo expresa C. Leguil, de mantener la dimensión de la respiración del “Yo (Je)” liberado de sus reflejos tornasolados imaginarios, entre el “Nosotros” de las identidades y el “Él” de la ciencia. Si la lengua contemporánea evoluciona entre el parloteo y la injuria, arrojando nuestras existencias ente el sin cualidades y el desecho, hace falta trabajar en restablecer la metáfora contra toda cosificación. El futuro de la humanidad se encuentra condicionado a hacer aún un esfuerzo de poesía, y es obra del psicoanálisis el hacerlo saber.

Parte II: aplicación clínica.

El objeto en el cenit produce una invasión del objeto en la lengua, un forzamiento de lo real en lo simbólico, como para Joyce, debido al defecto en el nudo, que anuda lo real y lo simbólico. Esto tiene efectos, para cada uno, comparables a lo que Lacan, desde el principio de su enseñanza, indicó en su fórmula de la identificación sin mediación. De ahí la evolución del lazo social que he tratado de describir en mi interpretación de la política de las identidades. La escritura es a veces una solución, para aquellos, raramente, que de ella tienen la capacidad. Es algo que siempre se debe reiterar, para paliar un defecto de inscripción o una inscripción infame en el cuerpo. Esto también puede explicar el desarrollo masivo del tatuaje y también el del graffiti, que se ha recuperado en el arte callejero.

También propuse poner en serie a las adicciones y a las identidades, en la medida en que suplementan esta petrificación del ser. Es siempre un tratamiento del cuerpo, directo en las adicciones, mediado por burbujas de identidades de esta manera. Ambas son intervenciones directas, escrituras en el cuerpo.

En cuanto a las adicciones, el objetivo de nuestra intervención, lo que es la especificidad del psicoanálisis, es cernir lo real. El diagnóstico, como Freud inventó, se hace en el curso del tratamiento. Ha sido clásico, en el pasado del abordaje de las adicciones, exigir la abstinencia como requisito previo, antes que cualquier otra forma de tratamiento. Sin embargo, si bien es cierto que el consumo de drogas hace difícil la emergencia de la palabra, la abstinencia no siempre es posible, ni deseable sin precaución. Por lo tanto, intentamos ajustar, en cada caso, las condiciones de realización para un posible tratamiento. El tratamiento del que estamos hablando, ya que no hay medicamento de la adicción, es, por supuesto, la palabra: cernir lo real por la palabra. Es este tratamiento, universal, el que apunta a tocar el punto de enganche o de no-enganche de esta primera escritura en el cuerpo, a la cual luego se grapa, o no, el significante, la palabra.

Dar las condiciones de posibilidad de la palabra, en esas condiciones donde se hizo imposible en primer lugar o por tomar drogas, es el primer tratamiento. Y a veces requiere la introducción de tratamientos de sustitución -que existen sólo para opiáceos y alcohol. En otros casos, a menudo es útil proponer la abstinencia. No para tratar directamente el problema, sino para instaurar las condiciones de la palabra, imposible si no. Porque el consumo se opone a la palabra. Este es el lugar de las instituciones. En estos casos, es necesario el discurso del amo. Es necesario ya que falta una inscripción primordial en el cuerpo, o que sea tan peyorativa que conlleve al sujeto a estabilizaciones fatales. Por ejemplo, los jóvenes que vienen a consultarnos, o que son admitidos en nuestra estructura institucional a largo plazo, tienen un pronóstico muy peyorativo, mueren temprano. Porque la precocidad de su asistencia a las instituciones testifica el hecho de que tomar drogas no les ayuda lo suficiente. Para otros, la inscripción que los dirigirá es la de un decir implacable que los lleva inevitablemente a la muerte.

Una vez que el tratamiento es posible no hay diferencia entre el manejo de las adicciones y el de ciertas psicosis. Estoy lanzando aquí un término de estructura, segregante y eventualmente estigmatizante, porque determina un modo de transferencia que puede ser diferente ya que no hay ningún sujeto supuesto saber inicial, y por lo tanto que la conducta de la cura deba tener esto en cuenta. Lo digo aquí, no sólo porque todas las adicciones severas son soluciones de estabilización de las psicosis, sino también porque no hay neurosis en nuestras instituciones: las instituciones de atención no tienen razones de ser sino sólo para las psicosis. Es que el uso del Significante Amo está suspendido en el psicoanálisis de las neurosis, mientras que es constitutivo de la institución, y tiene su lugar en el manejo de las psicosis, especialmente cuando no hay estructura, no hay primera inscripción en el cuerpo, o cuando esta inscripción pone en peligro la vida. Entonces el uso del Significante Amo se justifica como única manera de mantener la vida y, por lo tanto, la posibilidad de la palabra. Un caso de fuerza mayor en cierto modo.

Por lo tanto, nuestra acción, en una institución, es hacer posible la acción analítica, a través del uso, razonado, en la medida de lo posible, del significante amo. No se trata de prohibir el consumo, sino de ayudar a los sujetos a apoyarse en nosotros porque tienen una relación difícil con el significante amo, alergia o falta de relación. Así que vienen a buscar refugio, y aceptan un injerto de significante amo. Es dando dando.

En este contexto, el tratamiento por la palabra conduce a cernir lo más que se pueda las razones para el uso de drogas o comportamientos compulsivos, con el fin de hacerse un cuerpo, cuando está ausente, cuando no es estable, cuando está fragmentado o está sufriendo. Esta búsqueda, que se realiza a dos con el sujeto, es el tratamiento, y abre a la posibilidad de diferentes reorganizaciones o compensaciones, a menudo por la permanencia de un acompañamiento largo o incluso de por vida porque no se puede crear lo que no se ha creado a tiempo. Pero también puede tratarse de contribuir a la creación de una identidad. Y los grupos anónimos han elegido una solución intermedia: estabilizar el sujeto identificándolo a su ser de adicto. Es muy criticado, pero funciona para algunos.

El resultado no siempre es milagroso, por supuesto, pero muchos mantienen un lazo con nosotros durante muchos años cuando sus vidas habían estado, hasta entonces, más o menos solas, llevándolos a un callejón sin salida, lo que los lleva a acercarse a nosotros.


*Traducción por Susana Schaer, Pablo Llanque, Micaela Frattura y Patricio Moreno Parra.

[1] Nos referimos a la traducción de Identidades Políticas, a partir del análisis que hace Laurent Dubreuil, agregando la s del plural a “identidades” con el fin de acentuar el carácter pluralizado al infinito (Dubreuil L., La dictadura de las identidades, Gallimard 2019.

[2] Beauty is in the eye of the beholder, dice el adagio inglés para evocar la primacía del percipients sobre el perceptum.

[3] Roth, P., La misión, Gallimard, 2000, Edición de kindel, pp. 12-13.

[4] Tocqueville A., “El poder que ejerce en América la mayoría sobre el pensamiento”, Sobre la democracia en América, libro I, tomo II, capítulo VII, 1848.

[5] Dillinger G., « Lo políticamente correcto, un individualismo desencadenado », Revista de dos mundos, septiembre 1996.

[6]«En las universidades americanas, la liberté d’expression devient un combat », Journal Le Monde, 6.9.16, sur Internet.

[7] « Diversity on campus sparks protest? It’s a sign of progress. » Glassner B. et Schapiro M., 25.8.16, sur Internet.

[8] Roth P., La tache, Gallimard, p. 93, Edición del Kindle, mayo de 2000.

[9] « Letter on justice and open debat », Harper’s magazine, 07/07/20, en Internet.

[10] Yang J. The problem with ‘the letter’, CNN, 10/07/20, en Internet.

[11] Geoffroy de Lagasnerie invitado por el «Grand entretien» en la radio France Inter, Nicolas Demorand, Léa Salamé, 30/09/20.

[12] “The End of Identity Liberalism”, New York Times, 18/11/2016.

[13] Lilla M., The once and future liberal, After Identity Politics, Harper/HarperCollins Publishers, 2017.

[14] Recordamos que Nicolas Sarkozy hizo votar en 2003 un “ultraje a la bandera o a la bandera nacional”, que no impidió en modo alguno la continuación de varias manifestaciones de ese tipo después. Así mismo, un Eric Zemmour lamenta el fin de la obligación de dar nombres del calendario.

[15] Bentolila A., « La pénurie de mots est une des causes de la violence des adolescents », Journal Le Figaro, 9.10.20.

[16] Beigbeder, F. L’homme qui pleure de rire, Grasset, 2020, p. 291 de l’Édition du Kindle.

[17] Orwell G. « La politique et la langue anglaise (1946), Tels, tels étaient nos plaisirs et autres essais, Ivrea/Encyclopédie des Nuisances, 2005.

[18] Heidegger M., Lettre sur l’humanisme, Paris, Aubier éditions Montaigne, 1970, p.67.

[19] Ibid., p. 69.

[20] Ibid., p. 83.

[21] Heidegger M., Être et temps, Gallimard, 1990, Chap. V, A , §34.

[22] Ibid., Chap. V, B, §35.

[23] Barthes, R., Leçon, Seuil, 1978.

[24] Heidegger M. Être et temps, Ibid., Chap. V.

[25] Voirol O., Préface, in La société du mépris, Ibid.., p. 15.

[26] Finkielkraut A., Interview au Journal Du Dimanche, 21.9.14, sur Internet.

[27] Lehman A., « La libération de la parole n’autorise pas la diffamation », Le Figaro, 18.9.20

[28] Mounk Y., « Stop Firing the Innocent », The Atlantic, 27.6.20.

[29] Ibid., p. 66.

[30] Ibid., p. 66.

[31] Ibid., p. 327.

[32] Murray P., « L’enfance du bien », Préface à L’Empire du bien, Essais, Les belles lettres 2010.

[33] Ibid., Chap. I.

[34] Debord G., La société du spectacle, Gallimard, 1967, p.9.

[35] Beigbeder F., Ibid., p. 62. La traducción es nuestra

[36] Miller, J.-A.,  Clinique ironique

[37] Miller, J.-A., A., « Pièces détachées », i & ii, la Cause freudienne, n° 60, Paris, Le Seuil/Navarin, juin 2005, p. 163.

[38] Lacan, J. “Acerca de la causalidad psíquica”, Escritos 1, Buenos Aires, Siglo XXI, 2002.

[39] Miller, J.-A., “Los seis paradigmas del goce”.

[40] Leguil C., « Le sujet lacanien, un « Je » sans identité », in « Foucault à l’épreuve de la psychiatrie et de la psychanalyse », Revue Asterion, n° 21, 2019. La traducción es nuestra

[41] Leguil C., « Je », une traversée des identités, PUF, 2018, pp. 18-19.

[42] Jacques-Alain Miller, cité par Clotilde Leguil, in « Du symptôme au fantasme et retour », Cours L’orientation lacanienne 1982-1983, inédit, délivré dans le cadre du département de psychanalyse de l’université Paris 8.

[43] Lacan, J., LaTercera, “Actas de la Escuela Freudiana de París”, 1980. Varios autores, p.159-186. Ed. Petrel, Barcelona, España.

[44] Garcia, T. Nous , Grasset, 2016, p.253

[45] Hobbes T., Léviatan, primera parte, capítulo 13, 62, Gallimard, 2000, p. 224

[46] Leguil, C. ibid, p.21

[47] Garcia, T. ibid.

[48] Lacana, J., Situación del psicoanálisis en 1956

[49] Lacan, J., Respuesta al comentario de Jean Hippolyte sobre la Verneinung de Freud. [1985]. En Escritos 1. Barcelona, Siglo XXI.

[50] Dubreuil, L. La dictature des identités, gallimard, 2009, p.8.

[51] Ibid. p.22

[52] Garcia, T., ibid.

[53] Dubreuil, L., Ibid. p.11

[54] Fourquet, J. , L’archipel francaise, Le Seuil, 2019

[55] Kepel, G., “Separatisme: “La question qui se pose est de savoir si la balkanisation est inéluclatble », Le Figaro, 21.9.20

[56] Lacan, J., “Alocución sobre las Psicosis en el Niño” (“Discurso de clausura de las Jornadas sobre las Psicosis en el niño”) en Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012.

[57] Miller J.-A, « Intuition milanaise », Revue Mental n° 12, 2003, p. 17.

[58] Ibid., p. 18.

[59] Ibid., p. 21

[60] Lacan, J. (1968-69) El seminario, libro 16: De un Otro al otro. Paidós, Buenos Aires, 2008.

[61] Ibid., p. 59-60

[62] Laca J., Homenaje hecho a M. Duras, del arrebato de Lol. V. Stein”, Otros Escritos, Seuil coll. Champ Freudien, 2001, p. 192

[63] Lacan, J. El Seminario. Libro 24. L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre. Inédito.

[64] Briole G., « Du pire au moins pire », Blog des 50è Journées de l’ECF, Attentat sexuel, 14.9.20, sur Internet.

[65] Laurent, E. El Unarismo Lacaniano y la Variación de las Conductas Sexuales. En línea en https://psicoanalisislacaniano.com/

[66] Miller J.-A., Le neveu de Lacan, Ibid., pp. 146-147. – la traducción es nuestra.

[67]  Lacan, J., «Televisión» (1970), Otros escritos, Paidós, Bs. As., 2012. 

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