Psicoanálisis y Actualidad: Cuestiones Clínicas e Institucionales – por Flory Kruger – 2020-08-28

PSICOANÁLISIS Y ACTUALIDAD: CUESTIONES CLÍNICAS E INSTITUCIONALES

Por Flory Kruger

2020-08-28


Flory Kruger:

El psicoanálisis se enfrenta con dificultades en la actualidad. Y esto ocurre a raíz del avance de nuevas propuestas que ofrece el mercado de la salud y que se venden como más acordes a la época: prácticas terapéuticas sostenidas fundamentalmente en argumentos como la rapidez con la que prometen resolver el cuadro.

Otro ataque violento que ha recibido últimamente el psicoanálisis es en las universidades, en la carrera en psicología de la UBA -Universidad de Buenos Aires- por parte de las feministas. Las feministas entran a la facultad, entran donde se están dictando las cátedras de psicoanálisis -fundamentalmente las que enseñan Freud y Lacan- y no permiten que se transmitan muchos de sus conceptos. Interrumpen las clases, se meten en las clases y empiezan a dar discursos en contra del psicoanálisis. Es realmente muy preocupante este avance de las corrientes feministas en relación con la Universidad.

Por estos temas y muchos otros, los psicoanalistas tenemos mucho de lo que ocuparnos. Por eso es tan importante la creación de lo que propuso Miller hace ya ocho años de la FAPOL, la Federación Americana de Psicoanálisis de Orientación Lacaniana. El objetivo fundamental que tiene la FAPOL es la defensa del psicoanálisis de orientación lacaniana en toda latinoamericana. Pero no solo, su mira está puesta en las tres escuelas de América, buscando extender los límites de las mismas respondiendo, precisamente, a lo que Miller llamó la acción lacaniana. Les decía hace un momento que mi función como presidenta de la FAPOL ya termina; el 6 de septiembre tendremos ocasión de la permutación y ahí será Viviana Berger que está aquí presente con nosotros la que va a ocupar el lugar de la presidencia. Le deseo mucho éxito, por supuesto.

Creo que, con este panorama, hemos dado una vuelta a uno de los temas que acompañan esta charla de unos de los subtítulos, me refiero a la cuestión de la actualidad institucional. Ahora, quisiera decir algo de las cuestiones clínicas, cuestiones de la práctica analítica tan centrales para nuestra orientación. Quisiera entonces, ya que hablamos de actualidad, hacer un poco de historia en relación con el surgimiento del psicoanálisis, para lo cual es inevitable no hablar de Freud, que fue su inventor, y de Lacan que fue freudiano, tal como nos lo dijo en Caracas en 1980. Allí nos dijo que él era freudiano y que nos toca a nosotros ser lacanianos. Sería muy largo hacer la historia desde sus comienzos. No es lo que me propongo. Simplemente me voy a centrar en uno de los últimos trabajos de Freud porque lo que sí puedo afirmar es que al final de sus desarrollos nos encontramos a un Freud pesimista respecto de su invención. Quizá ‘pesimista’ es un término un poco fuerte. Pero algo de eso se lee en este trabajo. Al final de su vida nos encontramos con un Freud, digámosle, prudente; prudente y con algunas preguntas sin responder, sobre todo a nivel de la práctica porque, mientras avanzaba en su teorización, muchas veces la confrontación con la práctica lo enfrentaba con un desacuerdo respecto de lo que él mismo iba teorizando, lo cual lo llevaba a nuevos replanteos de su teoría. El texto al cual me refiero es Análisis terminable e interminable[1]. Este escrito de Freud es del año 1937, podemos decir, del último tramo de su vida que junto con Construcciones en el análisis[2] constituyen, según Strachey, los últimos artículos estrictamente psicoanalíticos de Freud. Habían transcurrido veinte años desde la publicación de los Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica, un trabajo dedicado estrictamente a la técnica psicoanalítica. Esto no quiere decir que no se haya referido en muchas otras oportunidades al modo en que opera la terapia psicoanalítica. Por ejemplo, las Conferencias de introducción al psicoanálisis del año 1916-17, como también las Nuevas conferencias del año 1933. Pero en este trabajo parecería como si Freud quisiera hacer una evaluación de su propia práctica y, como recién les decía, deja traslucir un cierto pesimismo respecto de la terapia psicoanalítica. Digo esto porque aquí se ocupa de resaltar los obstáculos, las dificultades, los escollos, las limitaciones a la hora de avaluar su eficacia y se ocupa de hacer un examen detallado de lo que él evalúa como las causas de esos obstáculos. Para Freud, el estorbo más poderoso y que está fuera de la posibilidad de todo control es lo pulsional. Es allí donde llega y, más específicamente, a la pulsión de muerte. Es ella la responsable de las resistencias al tratamiento. Fíjense el lugar central que le da a la pulsión de muerte. La pone como la causa última del conflicto anímico y, por lo tanto, de las resistencias al psicoanálisis. Este dato que nos aporta Freud es de gran importancia porque la constituye en el estorbo más poderoso de la cura. Podemos ubicar en este concepto lo incurable en Freud.

Y en esto coincide con Lacan. Hay también para Lacan un incurable en todo sujeto. Pero la diferencia es que Lacan le da otra dimensión a lo incurable. De ninguna manera piensa de que se trata de un obstáculo, sino de todo lo contrario. Ese resto incurable, como saldo de un análisis, en lugar de traerle sufrimiento al sujeto le permite una salida. Le permite una posibilidad de vivir mejor sabiendo cómo se puede hacer algo con ese resto incurable. Lacan inventa un nuevo significante para nombrar a este incurable. Lo llama sinthome. Hay que decir que hay un síntoma que lleva a un sujeto al análisis, que lo lleva a consultar. ¿Por qué? Porque lo hace sufrir, porque lo siente como un cuerpo extraño, como un extraño a sí mismo que lo divide y que esto le impide vivir. Y luego de transitar por un análisis, lo que nos encontramos al final es la transformación de ese síntoma, una transformación que lo ubica ya no como sufrimiento sino más bien como del lado del placer -podríamos decir-. Esta es la forma en que lo piensa Lacan por supuesto.

Pero en este texto que mencionaba, Análisis terminable e interminable, Freud no lo piensa así, sino que se queda con ese punto de imposible, con ese punto de incurable. En ese texto, Freud cita a dos analistas que fueron pacientes suyos: Otto Rank y Ferenczi. Quizá la pregunta que se hace Freud al nombrarlos es: ¿Qué puede producir en estos sujetos con el análisis? No solo con ellos que son los nombrados -se pregunta esto Freud- sino que es una pregunta que se la formula en general, en relación con todos sus pacientes. ¿No es ésta -podríamos preguntarnos- una manera de evaluar su propia práctica? En este sentido, al releerlo, me evocó el texto de Lacan sobre La dirección de la cura…[3] cuando pone al analista en el banquillo, pero donde él mismo es el interrogado allí en ese banquillo. Dos o tres años antes de su muerte, Freud vuelve hacia atrás para ver lo que ha podido obtener de sus pacientes y lo que se pregunta es: teniendo en cuenta que la terapia psicoanalítica es un proceso largo, ¿cómo hacer para apresurar su curso? ¿cómo hacer para que una terapia no sea interminable? Se pregunta si existe un término natural para cada análisis. La respuesta que encuentra es nuevamente de orden práctico. El análisis -dice Freud- ha terminado cuando el analista y el analista ya no se encuentran en la sesión de trabajo analítico. Pero marca dos condiciones para que eso pueda ocurrir. En primer lugar, que el paciente no sufra ya de sus síntomas, que haya superado sus angustias y sus inhibiciones. Y en segundo lugar, dice, haber hecho consciente lo inconsciente, haber eliminado las resistencias interiores y no tener temor de que se le repitan los procesos patológicos. Si esto no se pudo obtener, en ese caso se trata -según Freud- de un análisis imperfecto -así lo nombra él-, imperfecto en lugar de ‘no terminado’. Freud se refiere en este trabajo al Hombre de los Lobos. Recordarán que Freud le fija un plazo a su finalización para lograr relanzar un proceso que según Freud estaba detenido. La inclusión del plazo sería un ejemplo de lo que llama ‘asunto práctico’, algo así como un recurso técnico para lograr retomar y finalizar el trabajo analítico. Dio su resultado porque a partir de allí el Hombre de los Lobos pudo vencer sus resistencias y dominar su neurosis. Freud dice que cuando se despidió de él, lo consideró curado. Sabemos, sin embargo, que el Hombre de los Lobos siguió su análisis con Ruth Mack Brunswick, lo cual nos abre nuevamente la pregunta sobre la terminación de los análisis. Por ahora podemos decir que, si bien pudo haber concluido su terapia con Freud, eso no significa que no pueda volver a retomarla en otro momento de su vida con otro analista. Creo que Freud lo contempla y también lo acepta.

Es interesante encontrar en Freud ya en ese año, 1937, una pregunta tan actual como cómo acortar el tiempo de los tratamientos, cómo abreviarlos, cómo hacerlos más rápido. Uno podría preguntarse por qué a Freud le surge esa preocupación. Freud está tratando de encontrar una respuesta al momento histórico que él está viviendo porque en ese trabajo hace alusión a las dificultades de la economía americana después de la crisis del año 1929. El interlocutor que surge aquí es el hombre de la civilización moderna, el que pide rendimiento, el que está preocupado por una buena relación entre costo-beneficio. Su diálogo es con el hombre con prisa, con apuro, que no tiene tiempo, que está siempre apurado, tema que está hoy a flor de piel, pero que -como podemos ver- ya se lo planteaba Freud en el año ’37. La aceleración del tiempo es justamente la inquietud de Freud referida a las terapias psicoanalíticas. Se pregunta: ¿Se puede ir hasta el final sin que nada vuelva? ¿Cómo hacer para que la curación sea permanente? Y nuevamente recalco que el obstáculo queda planteado como el resto pulsional.

Es donde Lacan lee en Freud el resto ineliminable. A eso ineliminable, Lacan le pone un nombre. Le llama el goce que, como ustedes saben, nada tiene que ver con el placer, si bien se trata de una satisfacción, pero es de la satisfacción de la pulsión de lo que habla Lacan cuando se refiere al goce. Por lo tanto, en la medida en que es una satisfacción pulsional, el yo, por supuesto, la va a vivir como displacentera. Pero la pulsión empuja al sujeto a conseguir esa satisfacción. Es con eso con lo que trabaja el psicoanálisis, buscando transformar esa satisfacción pulsional, ese goce en lo que Lacan llamó el plus de goce, que es cuando se puede recuperar el goce desregulado para el lado del placer. Hay que decir que Lacan va más allá de Freud cuando piensa el final de los análisis, o sea, que respecto del texto que estamos comentando, Análisis terminable e interminable, afirma que, a la inversa de Freud, hay un final de análisis. Y lo piensa del lado de lo qué llama la identificación al síntoma, cual supone que el síntoma es algo que no se atraviesa. La identificación al síntoma quiere decir que con el síntoma tenemos que vivir, y el final de un análisis -como recién les decía- nos debe permitir saber-hacer algo diferente con él que padecerlo. Pero es cierto que hay una variedad de finales de análisis, tantos como analizantes ya que lo que nos caracteriza parte del uno por uno. Por lo tanto, la singularidad no nos permite hacer un reglamento ni del comienzo de un análisis ni del final, como bien podrían hacerlo otras orientaciones.

Decir que no es posible hacer un reglamento sobre el final del análisis no se sostiene de ningún dato caprichoso, sino que parte de un concepto teórico en el cual se sostiene la Escuela tal como Lacan lo define. Partimos del hecho de no saber lo que es un analista. Y es alrededor de esa pregunta de qué una Escuela de Lacan se funda. En este sentido, el pase es el procedimiento que inventa Lacan para saber lo que es un analista. Y eso no es un universal, sino que cada analizante que llega a su fin de análisis y pide el pase -ustedes saben que el pase es un procedimiento que se pide a la Escuela, que tiene distintos pasos; en un primer momento se pide el pase, se le otorgan dos pasadores al analista que lo solicita; el analista que pidió el pase habla con estos dos pasadores; luego los pasadores son los que van a hablar al jurado, al llamado ‘Cartel del pase’, transmitiendo lo que este analista que pidió el pase les ha contado. Y luego este jurado, este Cartel, decide si se lo puede nominar como analista o no, como AE, a partir de escuchar ese testimonio que le ha dado, a partir de saber si ha podido aprender algo de ese testimonio respecto de esta pregunta acerca de qué es un analista. Entonces, el pase nomina a un AE y es ahí donde el analista nominado como tal, como AE, tiene que recién que empezar a dar testimonio de su paso por su propio análisis y de cómo él llegó a ser analista. Tiene que dar ese testimonio a la comunidad de la Escuela para que todos podamos aprender cómo es que ese analista llegó a serlo. En ese sentido, podemos decir que no hay analistas iguales.

Ahora también en el curso de un análisis es frecuente encontrarnos con una queja que podríamos resumir como “El análisis está estancado”. Son los casos donde su analizante siente que su análisis no avanza, que no logra lo que buscaba, algo así como la manifestación de una inercia que Freud que se la atribuyó al paciente que lo piensa también como un rechazo a curarse y que tiene un nombre, la conocemos como ‘reacción terapéutica negativa’. Freud lo sostiene en base a lo que él llamo la necesidad de castigo a partir de un sentimiento de culpa. Ese es punto de llegada de Freud. Y yo diría que es el punto de arranque de Lacan, el punto de incurable. Cuando el análisis está estancado es muy importante que el analista, quien es el que dirige esa cura, hace. En primer lugar tiene que advertir que si de lo que se trata es de estar girando alrededor del hueso de ese análisis, estar tocando ese punto de incurable, porque, si así fuera, hay una indicación precisa que da Miller cuando dice que en lugar de seguir intentando descifrar y descifrar el síntoma, se trata ahora de los arreglos del sujeto con ese síntoma, que es su incurable. Yo les decía ‘saber-hacer algo con ese síntoma’. Miller lo llama ‘los arreglos del sujeto’ con su síntoma. Es otra forma de decir lo que conocemos como la identificación al síntoma. Es saber hacer algo con eso del lado de una recuperación de un goce ganado para el lado del principio del placer, y no del lado de la pulsión de muerte, del lado del sufrimiento. Entonces, podemos señalar una primera interrogación que es: ¿se trata de un análisis estancado o de una dificultad del analista para hacer ese pasaje a los arreglos de ese sujeto con su punto de incurable? Muchas interrupciones de análisis tienen que ver con esta dificultad. El analizante siente que el analista no quiere o no puede con él. Entonces, busca otro analista que lo mueva de su estancamiento. Probablemente, si no se pasa a otro registro, llegará nuevamente a ese punto de inercia y así sucesivamente.

El espectro para las interrupciones de los análisis puede ser muy amplios. Puede interrumpirse el análisis por una intervención equivocada del analista. Puede interrumpirse el análisis en el caso de que un analista haya sancionado una entrada en análisis precipitadamente porque todavía no están dadas las condiciones. Freud lo que dice también en su texto -es otra causa de las que podrían ser-, es que un paciente viene con una angustia desbordante y el analista en lugar de, un primer tiempo, alojar a ese paciente, alojar esa angustia, responde interrogativamente intentando producir asociaciones libres, intentando hacer interpretaciones que todavía están fuera de lugar porque ese paciente no las puede soportar. En ese trabajo de Freud que estamos comentado dice que, en situaciones de crisis, no hay análisis posible. Por lo tanto, depende del arte del analista responder adecuadamente en cada situación particular. Estos casos que con frecuencia encontramos en nuestra clínica nos enseñan que no nos manejamos con un standard, que el analista tiene que construir el espacio del análisis con cada paciente. Si no lo hace, corre el riesgo de que ese análisis transcurra con cierta precariedad que bien puede llevarnos a su interrupción.

Recién hablábamos del final de un análisis vía el pase, pero también hay análisis que concluyen y que no necesariamente llegan a ese final. Podemos decir que hay conclusiones coyunturales. Por ejemplo, cuando el analizante considera que su análisis fue exitoso porque le cambió la vida. Por lo tanto, considera que no tiene ninguna necesidad de seguir viniendo a análisis. Esta forma de terminación está muy ligada a lo que nosotros llamamos ‘los efectos terapéuticos’. También hay casos en donde el paciente siente que el análisis es su compañero de ruta en la vida, y que no está dispuesto a abandonarlo. He tenido varios ejemplos, tanto en un caso como en el otro. Y en ambos casos mi respuesta fue acompañar tanto la salida, como el primer ejemplo, el sentirse bien; y también en el segundo ejemplo. En este caso era una paciente que comenzó el análisis conmigo a sus 35 años. Lo que la traía era un marido jugador, que tenía mucho dinero pero que bien podía, de un día para otro, quedarse en la ruina. Durante muchos años ella fue el cable a tierra de esos excesos del marido. Fue la que acompañaba y determinaba cuándo y cómo podía jugar, sin privarlo de hacerlo porque sabía que ese hubiera sido el final de su pareja. Sin privarlo entonces -posición muy inteligente de esta mujer- que sentía entonces que así como ella era el cable a tierra de su marido, su análisis era su propio cable a tierra. Acompañé a esta mujer hasta su muerte que ocurrió el año pasado, un cáncer que no se pudo curar. Y si bien intentó todo tipo de tratamientos, sobrevivió muchos años a su enfermedad, podríamos decir que finalizó su vida antes de finalizar su análisis. Pero esa era su decisión, que yo acompañé hasta un día antes de su muerte cuando me llamó para que fuera a verla al sanatorio donde ella estaba internada. Al otro día murió. Digamos que este hombre -porque seguí viéndolo a él y a su familia- perdió su cable a tierra. Y en estos meses se jugó hasta lo último que tenía, que fue ya donde sus hijos intervinieron y no lo dejaron venderlo.

Pero no podemos dejar de darle una vuelta con el análisis en la actualidad, frente a los requerimientos del Otro social. Si bien nuestra preocupación gira alrededor de los análisis, el Otro social nos exige una terminación terapéutica eficaz y rápida. ¿Cómo responder para no quedar afuera del circuito aceptado y permitido en los diferentes lugares donde se practica el psicoanálisis? A ese Otro, la formación de los analistas no le preocupa. Solo le preocupan los resultados que, por supuesto son los que le aseguran el rendimiento inmediato de la persona que, por sus afecciones, ha quedado fuera del sistema productivo. Ya Freud, en el texto que estábamos trabajando, se preguntaba por la duración de los análisis, presionado por el hombre que tiene prisa. Y estaba en el año 1937, es decir, hoy, 2020, nada menos que 83 años después. Lo que nos queda por hacer es poder medir los efectos terapéuticos para poder transmitirlos. No solo a nuestra comunidad, sino a ese Otro social que lo reclama.

Una de las redes creadas por la FAPOL es la RPA, la Red de Psicoanálisis Aplicado. En esta red están incluidos los dispositivos actuales, que funcionan en nuestro país y que pertenecen a nuestra Escuela, la EOL, como es la Red Asistencial y PAUSA. Es algo similar a lo que ocurre en Europa con los llamados CPCT, lugares que están al servicio de facilitar el encuentro con un analista. Esta presión que tiene el psicoanálisis en la actualidad, el de tener que responder con rapidez, el de tener que obtener efectos terapéuticos rápidos, nos obliga a buscar los casos de curas breves, y mostrar en esos casos cómo esas curas pueden ser auténticas y completas, a su modo; que por supuesto distan mucho de las terapias breves, cuyo punto de partida es la sugestión y cuyo punto de llegada es la obtención de la confianza en sí misma. De todo lo que fuimos leyendo y escuchando últimamente, se deduce que es una problemática en investigación, que es un trabajo que debemos hacer entre todos para ir encontrando respuestas válidas a la demanda actual.

En el año 1998, Miller, en una publicación llamada Indicaciones y contraindicaciones al tratamiento analítico, hablaba de una clínica de encuentros, sostenido en la hipótesis de que el encuentro con un analista siempre produce efectos. En este sentido, me fue muy útil los avances que encontraron nuestros colegas españoles en las llamadas Conversaciones clínicas que se hacían en Barcelona hace algunos años atrás. De esas conversaciones hay un libro publicado que se llama Efectos terapéuticos rápidos. Ahí, en ese texto, se plantea una posición desde el psicoanálisis que hace posible hablar de la brevedad y de la eficacia en la cura analítica. Me refiero a la teoría de los ciclos. Luego de la presentación sucesiva de 6 casos, se discutió acerca de esta problemática. Seis casos diversos, uno con una duración de ocho meses, otro con una duración de tres sesiones, otro con una duración de 20 sesiones, etc. Cada uno de los cuales dio la oportunidad de ser pensado desde esta perspectiva. Se los recomiendo. Es interesante los efectos que se produjeron en esos casos que se presentaron y la discusión posterior a donde llegaron. Ustedes saben que en la Proposición del 9 de octubre[4], también en el Seminario XI, Lacan dice que un psicoanálisis no es de una sola vez: “No es de una sola vez que se haya hecho el trayecto”. Y eso es -creo- lo que da pie a Miller para decir que en un análisis hay ciclos sucesivos, cada uno de los cuales tiene una resolución en sí mismo. Y esa resolución -podemos decir- cierra ese ciclo y lo completa, lo cual no impediría que se abra más adelante un nuevo ciclo con las mismas características de completamiento. Este modo de pensarlo a partir de ciclos que se completan sobre sí mismos solo se pueden dar gracias al carácter finito de la experiencia. Siempre se pueden rehacer ciclos. Es cierto que no se trataría de un análisis en sentido estricto sino del uso de la relación analítica con escansiones.

Les cuento rápidamente un ejemplo de una paciente mía que vino a verme hace muchos años y que en la primera entrevista me planteó que no quería comenzar un análisis largo, sino que lo que quería era venir a resolver un problema que tenía, que se le planteaba en ese momento, y que era la posibilidad de definir su casamiento. No estaba convencida que ese era el momento preciso para casarse porque estaba todavía cursando una carrera universitaria. Y tenía miedo de que, si se casaba, eso le impediría continuar con sus estudios. En esa entrevista que tuvimos por un corto tiempo, lo que había aparecido era una relación muy cercana que ella tenía con su madre, muy simbiótica. La madre opinaba sobre todas las cosas de su vida, pero en esta oportunidad no tenía una posición tomada respecto de si casarse o no casarse. Por eso viene a verme. Luego de una serie de entrevistas, de un trabajo realizado, decidió casarse. Y llegada a este punto, cuando tomó la decisión de casarse, se despidió, agradecida por el recorrido realizado y se fue. A los pocos años me vuelve a llamar, preguntándome si yo me acordaba. Ella ya tenía 2 hijos de ese matrimonio. Y tenía un matrimonio agradable, razonable. Estaba trabajando en relación con su profesión, etc. Pero, lo que la traía en esta oportunidad es que su madre había muerto. Entonces, la traía la muerte de su madre. Entonces, recordarán que les decía que la madre tenía un lugar sumamente importante en la vida de esta mujer, y en esa ocasión entonces, lo que le pasaba es que estaba invadida por una angustia insoportable que no le permitía ir a trabajar, que no le permitía atender a sus hijos y demás, frente a esa angustia por la muerte de su madre. Vino también con el mismo pedido: “Vengo a ver por qué estoy tan angustiada por la muerte de mi madre”, y fue así, después de unos meses de venir, de trabajar esto, se calmó, se calmó la angustia, pudo elaborar parte de ese duelo y se despidió hasta la próxima vez. Diez años después -fíjense el tiempo que pasó- vuelve y vuelve diciendo que es para analizarse. Y ya no puso plazo a ese análisis. En ese momento, lo que la traía era que se le había cruzado un nuevo amor y que estaba en la encrucijada de separarse o seguir con su marido, su familia, etc. Todavía sigue viniendo ahora. Se separó. Ya está viviendo con su nueva pareja. Era esto lo que quería traerles como un ejemplo de lo que Miller llama “análisis por ciclos.”

Bueno si les parece, abrimos aquí un ratito de preguntas. ¿Qué te parece, Sofía? Puedo seguir, pero quiero abrir un espacio posible para que me puedan hacer una pregunta y demás. ¿Qué les parece?

Sofía Guaraguara: Sí, sí, Flor. Abrimos las preguntas, entonces.

Diego Tirado: Hacemos lugar a las preguntas para seguir conversando luego con Flor, no sin antes agradecerte por este recorrido que me parece que ubicas bastante bien lo que es la actualidad del psicoanálisis a nivel de lo que es la Escuela y a nivel de lo que se hace de política y acción lacaniana, pero también, articulando el psicoanálisis por lo que es: una práctica clínica y que tiene que siempre que causarnos o preguntarnos para estar -como decía Lacan- a la altura de la subjetividad de la época. Entonces, abrimos las preguntas. Si tienen preguntas, puedan ponerlas por el chat o puedan levantar la mano. Creo que Félix nos puede ayudar con eso.

Félix Soto: Pueden levantar la manito o pueden escribir al chat y nosotros se las leemos. Está abierto todo para que podamos empezar con una pequeña conversación de esta ponencia tan interesante.

Flory Kruger Lo último, les cuento simplemente para dejarlo planteado. Lo último que hubiera querido transmitirles es que hoy como analistas no podemos dejar de lado el cambio que sufrió el síntoma en la actualidad. Digo, que hay una modalidad del síntoma que hoy adopta una forma diferente de la que tenía en la época freudiana, de los síntomas en la época de Freud, lo cual no quiere decir que hoy no recibamos pacientes que sufren al estilo que provocaba ese sufrimiento en la época de Freud. Hoy tenemos histéricas con otros modelos, no con el modelo victoriano; tenemos neurosis obsesivas, fobias, etc. Pero hay una modalidad del síntoma que hoy en día son los así llamados síntomas actuales o nuevas formas del síntoma que son exactamente diferentes a la modalidad que presentaba el síntoma en la época de Freud. ¿Cómo entender estos síntomas de la actualidad? Serían los que incluyen las adicciones, por ejemplo, las toxicomanías. Todas las formas de adicción en la actualidad tienen un formato, una presentación distinta a los síntomas de la época freudiana. Ahí sumamos las adicciones que no son solamente a la cocaína, el éxtasis, me refiero a adicciones de todo tipo, por ejemplo: adicciones a los aparatos electrónicos, adicciones a las nuevas tecnologías -jóvenes encerrados 24 horas del día conectados a los entretenimientos virtuales-. Entonces, digo anorexias, bulimias que son otras de las formas de presentación de los síntomas actuales que como psicoanalistas no podemos dejar de interrogar. ¿Por qué lo digo? Porque justamente los sujetos que padecen de esos síntomas actuales no consultan de esos síntomas actuales no piden ayuda porque son síntomas que se les transforman en síntomas egosintónicos, es decir, no lo padecen; todo lo contrario, reciben una satisfacción de eso que, si bien es una satisfacción pulsional, no cabe duda de que pueden perfectamente convivir con la ingesta de cocaína, el éxtasis, el alcohol, etc. Lo mismo las anoréxicas. Ustedes vieron que las anoréxicas tienen una mirada, una imago de su cuerpo que no tiene nada que ver con lo que el otro ve, al contrario, siempre se ve un poquitito de grasa más por lo que entonces no tiene que comer. Entonces digo, en la actualidad, los que consultan por este tipo de síntomas no son el paciente que lo tiene, sino la familia que lo rodea y convive con él, con ese sujeto que no lo hace visible y que, muy por el contrario, se desentiende de una posibilidad de una consulta. Entonces, me parece interesante que, como analistas, nos interroguemos por esas nuevas formas sintomáticas y su diferencia con los síntomas clásicos.

Bueno, basta, porque si no, sigo hablando. ¿Hay alguna pregunta?

Félix Soto: Hay una pregunta: “Buenas tardes. Muchas gracias por la conferencia. Quería preguntar si el síntoma egosintónico es lo mismo que la identificación con el síntoma de la última enseñanza de Lacan”. La hace el doctor Moreno.

Flory Kruger: Es interesante la pregunta que hace el doctor Moreno. Recién decía que los síntomas que yacen en la actualidad son egosintónicos en el sentido de que no le producen padecimiento al sujeto. Y efectivamente, se supone que la posibilidad de identificarse al síntoma tiene que ver, precisamente, de poder hacer algo con eso. Pero yo diría que siempre y cuando con esa posibilidad de identificación al síntoma no provoque una angustia y una molestia a toda la gente que lo rodea, a toda la familia que lo rodea. Porque cuando nos referíamos al síntoma de la actualidad, cuando se instala verdaderamente un goce absoluto en frente a ese síntoma, finalmente terminan internados esos pacientes. No pueden seguir estableciendo lazos normales con los otros. En ese sentido, la diferencia con la identificación al síntoma -digamos cuando nos referimos al síntoma al final de un análisis que es la identificación al síntoma- es el trabajo que se ha hecho durante todo un análisis respecto de aquello que le traía un profundo sufrimiento al sujeto, que lo enfrentaba con una división subjetiva entre algo insoportable y su dificultad para vivir, después de un largo recorrido de su análisis, después de una serie de caída de identificaciones sucesivas, entonces poder llegar a recortar ese rasgo último, ese rasgo incurable que, en lugar de traerle padecimiento al sujeto, le permita convivir con él de otra manera. Entonces, me parece que no es el síntoma egosintónico que tiene un neurótico obsesivo, por ejemplo, que se la pasa ordenando la casa, poniendo las cosas en su lugar, caminando sin tocar las rayitas del suelo.

Tengo un ejemplo claro. Me acuerdo de un paciente que me contaba un colega, -un obsesivo importante-, que no podía soportar no usar el cinturón de seguridad del coche. Pero no solo él, no podía soportar que el coche de al lado, el tipo no tuviese el cinturón de seguridad. Entonces, ¿qué hacía? Cuando se paraba en los semáforos, abría la ventanilla y lo llamaba al de al lado y le decía que se ponga el cinturón de seguridad. Entonces, no advertía, no padecía ese síntoma. En ese sentido, podemos decir que los síntomas obsesivos son egosintónicos porque en general el paciente no lo padece, pero eso no tiene mucho que ver con la identificación al síntoma al que se llega al final de un análisis.

Félix Soto: La primera pregunta es de Denisse Delgadillo, que pregunta: “¿Dónde podemos ubicar a la depresión en relación con el psicoanálisis?”. Y la segunda pregunta es de Grace Chávez. Dice: “La clínica de los ciclos, tan interesante como Flory lo presentó, ¿tendría una articulación con los tiempos del ser, los tiempos lógicos?”. Esas dos preguntas son.

Flory Kruger: La depresión como tal no es una categoría del psicoanálisis. La psicopatología incluye a la depresión, por supuesto, pero para el psicoanálisis las categorías clínicas son: neurosis, perversión y psicosis. Dentro de las neurosis: la histeria, la neurosis obsesivas y fobia. Y dentro de las psicosis: la esquizofrenia, la paranoia y la melancolía. Entonces, quizá podríamos imaginar que dentro de la melancolía podríamos ubicar algo de la depresión en juego, pero como estructura clínica, estructura psicopatológica, la depresión no está clasificada dentro de las clasificaciones psicoanalíticas. Pero digamos, puede haber momentos depresivos en cualquiera de las estructuras, en una neurosis, por distintas razones; mucho más en una melancolía. Muchas veces se confunde una depresión profunda con una melancolía, pero ahí hay posibilidades claras de establecer una diferencia para el psicoanálisis entre melancolía y depresión. Freud habla del delirio de indignidad, en el caso del melancólico. Cuando ya registramos algo del orden del delirio de la indignidad, entonces nos volcamos más hacia la estructura psicótica, si no, a lo mejor, puede quedar simplemente en un momento depresivo de un neurótico, en fin.

La otra pregunta. En primer lugar, diría que no. Estaba tratando de hacer una articulación porque los momentos lógicos son el instante de la mirada, el tiempo de comprender y el momento de concluir. Uno podría decir que esta paciente que les traje como ejemplo, podemos decir que en los primeros momentos de consulta estuvo en el instante de la mirada. También podríamos decir que los tres tiempos se dieron en cada uno de esos ciclos. El instante de la mirada, el tiempo de comprender y el momento de concluir cuando se va y dice: “Ya está. Me caso”. Es un momento de concluir. Diría que, en cada acto del sujeto, en cada acción del sujeto -podríamos decir- están en juego estos tiempos. Siempre. Es más, muchas veces -les ocurre mucho a los obsesivos- el hecho de no poder concluir a tiempo se produce la famosa duda obsesiva. Es lo que le impide al obsesivo el momento de concluir y entonces no se concluye nunca. Entonces se acuerdan del ejemplo de los presos que tenían que salir, bueno, hay que salir sino no se concluye nunca. En ese sentido, diría que un análisis por ciclos es una cosa, que tiene que ver con esto que estamos diciendo, un momento necesario: “No quiero ir más allá de esto y me voy”. Y los tiempos lógicos es el tiempo tal cual como Lacan piensa desde el psicoanálisis al sujeto. No piensa en tiempos cronológicos, incluso desde su constitución misma estamos pensando en anticipación-retroacción. Todo el tiempo es para atrás.

Bien.

Félix Soto: Gracias Flory. Tenemos otra pregunta. Te la voy a leer primero la del doctor Moreno nuevamente. Dice: “Hace algunos años quedó el termino de psicosis ordinaria que fue objeto de trabajo en el Congreso de la AMP. Me preguntaba si con la enseñanza de los nudos en Lacan, las categorías de las estructuras clínicas siguen siendo tajantes o son más laxas”.

Flory Kruger: Sí. Con la teoría de los nudos de Lacan, por supuesto que las categorías cambian. No es lo mismo la época de la primera enseñanza de Lacan respecto de las categorías clínicas que cuando menciona la consistencia de tres nudos y un cuarto nudo que anuda a los otros tres, y lo que ocurre con el momento de ruptura o desanudamiento de ese anudamiento. En la época cuando Lacan se refería a Schreber, podíamos hablar, a partir de la metáfora paterna, de la modalidad de lectura que le dio Lacan a las psicosis y de más allá de las psicosis, porque Freud no se ocupó mucho de las psicosis, acuérdense que Freud dejó afuera a las psicosis para el psicoanálisis. No así Lacan, que su propia tesis para recibirse fue un caso de psicosis. Es decir que Lacan toma fuertemente a las psicosis entre las manos. Y en ese sentido, me parece que es una cosa el momento de Lacan de la metáfora paterna y la forclusión del Nombre-del-Padre. Es un momento de Lacan, Seminario III, donde el esfuerzo de Lacan en ese momento fue de imprimirle una lógica al psicoanálisis para alejarlo de los mitos freudianos, cuando intentó formalizar los mitos freudianos. Y otro tiempo de Lacan, cuando pluraliza los nombres del padre. Deja de ser el Nombre del Padre forcluído lo que provoca las psicosis, sino que hay una pluralización de los nombres del padre y pasan los tres registros a ser tres aros diferentes unidos por un cuarto aro diferente que es el que anuda y el que provoca su desencadenamiento en el caso de que se rompa, se separen los nudos entre sí.

Las psicosis ordinarias dieron qué hablar durante bastante tiempo. Hay bastantes cosas publicadas alrededor de la psicosis ordinaria. Yo siempre la entiendo como la psicosis no desencadenada. Digamos, más del lado de una pre-psicosis, o sea que la psicosis que no es florida, que no ha tenido un desencadenamiento pero que, sin embargo, hay elementos que nos pueden hacer pensar en que se trata de una psicosis en la estructura, pero en esta modalidad, de no-desencadenamiento.

Bien.


[1] S. Freud. “Análisis terminable e interminable”, in Obras completas, tomo XXIII. Buenos Aires: Amorrortu, 2003.

[2] S. Freud. “Construcciones en el análisis”, in Obras completas, tomo XXIII. Buenos Aires: Amorrortu, 2003.

[3] J. Lacan. “La dirección de la cura y los principios de su poder”, in Escritos, tomo 1. México: Siglo XXI, 2012.

[4] J. Lacan. “Proposición del 9 de octubre”, in Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012.

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