Cuerpos de Sueños – por Marie-Hélène Brousse – marzo 2020

CUERPOS DE SUEÑOS

Por Marie-Héléne Brousse

Marzo 2020


El sueño es un relato o una imagen que se narra.

Pero, durante el soñar, el cuerpo está atravesado, agitado por el relato: erecciones, eyaculaciones nocturnas, transpiración, ronquidos, apneas, crisis de angustia que provocan un despertar en caso de pesadilla, sonambulismo… ¿Es una captura del cuerpo en las redes de los significantes amos dispersos o es la toma del poder del cuerpo más allá de la imagen reina y su hábito de piel?

Pero, ¿qué es un cuerpo finalmente en el discurso inédito que es el discurso analítico? Es necesario un poco de rigor. Fue, tan pronto como se publicó el “Estadio espejo”, una ruptura entre la imagen que unifica pero que se presenta al mismo tiempo como el primer otro. La imagen en el espejo causa “una asunción jubilatoria”[1], porque el “cuerpo fragmentado” del bebé prematuro que es el pequeño de LOM hace su primera experiencia del Uno allí. Esta es una “discordia” que marca, como escribe Lacan, cómo la relación con la naturaleza se altera en la especie humana, sujeta al lenguaje, por una “cierta dehiscencia del organismo en su seno”[2]. El cuerpo de la imagen, primera identificación a un otro se opone al “cuerpo fragmentado” que es este organismo dehiscente. Lacan, en el mismo pasaje, señala que éste último “se muestra regularmente en los sueños”[3]. En este lugar, la referencia a la pintura del “visionario” Jéréme Bosch emerge bajo su pluma, que propone infinitas variaciones sobre la explosión de la imagen por los objetos que la fragmentan en una topología tan inédita como inventiva. Las diferentes modalidades del término de goce, que Lacan en el Seminario XXIII[4], así como en “La Tercera”[5] distribuye de manera diferencial, se pueden entrever. La perspectiva borromea le permitió más tarde en su enseñanza declinar el goce en: goce del sentido, J(Ⱥ), goce fálico y a: los goces, por lo tanto, están anudados o desanudados, pero siempre tienen efectos corporales.

Como señala Jacques-Alain Miller en su curso del 17 de diciembre de 2008, junto al inconsciente que habla y se descifra, existe “lo singular del sinthome donde eso – enfaticemos el eso que se plantea aquí- no le habla a nadie”, que Lacan “califica de acontecimiento de cuerpo” para entenderlo “no como un acontecimiento de pensamiento, no es un acontecimiento de lenguaje  […] no es un  acontecimiento de cuerpo especular,[…] sino un acontecimiento de cuerpo sustancial, aquel que tiene la consistencia del goce.”[6]

Hablar del cuerpo en el sueño es esencial, ya que tanto la clínica como los testimonios de los AE muestran cuánto siguen los sueño, tanto tiempo después de La Interpretación de los Sueños, siendo una vía real del psicoanálisis. Pero esto exige diferenciar la imagen reina y el hábito de la piel que éste moviliza de aquel cuerpo sustancial, este organismo dehiscente. Esto es aún más delicado porque se presenta en la narrativa del sueño como escrito por significantes. En efecto, a la fragmentación del organismo se añade la fragmentación significante. Estos dos mecanismos, que la mayoría del tiempo se recubren, producen el recorte, consecutivo a los circuitos pulsionales, de los objetos, los objetos a. Separados del cuerpo sustancial por su toma en las redes del significante, son puestos en el Otro, como Lacan lo demuestra en los capítulos XXI y XXII del Seminario X, La angustia.[7]

Pero bajo ciertas condiciones, son expulsados del Otro. Al convertirse en reales, adquieren un valor traumático.

El análisis se puede definir como el reverso del traumatismo. Cuando éste es llevado más allá de la caída de las identificaciones, pone en juego lo que el Otro velaba. El analizante pasa, de acuerdo con una fórmula J.-A. Miller, del ser hablado por su familia y por el Otro que lo anclaba en el sentido a través del fantasma y los objetos a, a otro registro. Los significantes, dispersos, hacen volar en pedazos la cadena significante. Entonces pueden aparecer los acontecimientos de cuerpo que construyeron esa consistencia absolutamente singular que Lacan llama sinthome. Ella es del registro del Uno. Pero no es entonces del Uno de la imagen corporal, ni del Uno de la excepción, ni del Uno producido por el universal. Tampoco es un retorno del organismo, una abstracción construida por la ciencia. Más bien una solución singular a este accidente aleatorio que es el cuerpo vivo sin el Otro.

Un sueño: mancha y desmantelación

Un sueño de un analizante me servirá de apoyo para despejar una manifestación clínica del comienzo de la aparición de esta consistencia.

Tiempo de sueño 1: “Una mancha se propaga, pasa debajo de la puerta, se extiende.” Tiempo 2 del sueño: “Es sin forma, luego se convierte en uno o más seres, deformes.” Tiempo 3 despertar: “La imagen que se propaga me hace pensar en los enemas que se me administraba. Mi madre no intervenía, como en el caso de un tío que se burló de mi padre delante de ella. En ambos casos, permaneció en silencio.»

Esta mancha sin forma evoca la materia viva. Pensemos en el pedazo de cera de Descartes. La cera cuando se calienta pierde forma y colores. Pero no desaparece. Ya no es definible sino por la extensión. El objeto se convierte en materia, la forma, deformidad que se mueve.

Esta mancha que se extiende no es sin evocar la laminilla que Lacan definía así: “La libido es esa laminilla que desliza el ser del organismo hasta su verdadero límite, que va más allá de la del cuerpo […] Esta laminilla órgano por ser instrumento del organismo.”[8] Ciertamente Lacan entonces se dispone a producir lo que él llama una articulación simbólica a la libido freudiana y a demostrar que cualquier pulsión es pulsión de muerte. Así, él puede escribir: “Este órgano debe llamarse irreal, en el sentido de que lo irreal no es lo imaginario y precede a lo subjetivo condicionándolo, por estar en contacto directo con lo real.”[9] La “mancha” de este sueño está en contacto directo con lo real.

Se trata de lo real de un acontecimiento de cuerpo vivido pasivamente frente a una madre que dejó hacer guardando silencio. Sin duda está correlacionado con un objeto, aquí el objeto anal, y con una experiencia traumática de efracción de un orificio. Pero al perder toda forma, al convertirse en una mancha, este objeto pierde su valor fálico, correlacionado con el Otro de la demanda, para convertirse en materia, fuera-de-sentido que le daba el fantasma y fuera de imagen del cuerpo que permitía creer en uno adentro y un afuera.

Este sueño, que no es un sueño de final del análisis, enuncia una doble caída: la de la forma y la del valor fálico de un objeto a. Esta separación del cuerpo como imagen, asociada con la desaparición del valor fálico del objeto a, hace aparecer una sustancia enigmática, cuyo único nombre es “mancha”, en la lengua materna del analizante. Para seguir rápido, digamos que se condensan en este significante la pareja parental, la familia y en consecuencia el lugar que el sujeto ocupaba allí.

El sueño ha producido una forma de desmantelación [dé-tachement][10], vocablo que es apropiada en francés, lengua en el que el analizante lo narra. Esta desmantelación tiene efectos de aliviar la posición de relativa retirada silenciosa en el enlace que hasta entonces prevalecía en ese sujeto. Sitúa el Uno (materia sin forma) allí donde estaba el Otro. Esta mancha, la encarnación viviente de un significante, es del orden de lo real. Pone en evidencia un vaciamiento del sujeto en favor de un material carnal, un rastro del goce del cuerpo sustancial.


*M.-H. Brousse. “Corps de rêves”, in La Cause du désir, No 104. París: Navarin Éditeur, marzo 2020, pp. 104-106.

Traducción por Patricio Moreno Parra.

[1] J. Lacan. “El estadio del espejo como formador de la función del yo [Je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, in Escritos, tomo 1. México: Siglo XXI, 2012, p. 100.

[2] Ibíd., p. 102.

[3] Ibíd., p. 103.

[4] Cfr. J. Lacan. El Seminario, libro XXIII, El sinthome. Buenos Aires: Paidós, 2016.

[5] J. Lacan. “La tercera”, in Intervenciones y textos, tomo 2. Buenos Aires: Manantial, 1988, pp. 73-108.

[6] J.-A. Miller. Sutilezas analíticas. Buenos Aires: Paidós, 2016, pp. 106-107.

[7] J. Lacan. El Seminario, libro X, La angustia. Buenos Aires: Paidós, 2016.

[8] J. Lacan. “Posición del inconsciente”, in Escritos, tomo 2. México: Siglo XXI, 2012, pp. 806-807.

[9] Ibíd., p. 805.

[10] N.d.t.: en détachement se encuentra el vocablo tache, mancha.

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