Las mujeres y la Vida o la maldición de las reproductoras – por Marie-Hélène Brousse

Las mujeres y la Vida

o la maldición de las reproductoras[1]

por Marie-Hélène Brousse

Versión descargable en PDF: https://drive.google.com/open?id=1EyoeH6EiqN_iLvXEub8FSP12T4OlDCRU


¿Han visto y escuchado a Kay Ivey? ¡Una poderosa dama anciana! Es la actual gobernadora de Alabama y acaba de promulgar el Alabama human life protection art.

            Proteger la vida humana parece una posición respetable, aún sin no ver más allá de la propia especie, de no proteger el planeta sobre el que pueden, o no, sobrevivir esos seres humanos, es incoherente. Así, 25 white republican men decidieron el outlaw abortion in Alabama[2], el aborto fuera de la ley, sin ninguna excepción, aún en caso de violación y de incesto. Hay una preferencia absoluta dada a la reproducción de la vida contra uno de los fundamentos de lo Simbólico, la ley de prohibición del incesto, base no solamente de la familia humana y por consecuencia de todo grupo humano, sino también de todo comercio entre los seres hablantes. La reproducción de la vida es escogida así en detrimento de los derechos del hombre, ya que la violación es un crimen que reduce, contra su voluntad y su deseo, a un ser hablante a un objeto. La vida contra las mujeres, contra la ley de la familia, la vida contra el ser hablante. Tengo buenas razones de estar conmovida por ello, habiendo escuchado, toda mi infancia, a mi abuela hablarme de sus amigas fallecidas luego de abortos clandestinos antes y después de la segunda guerra mundial.

            El aborto no es sino un síntoma en sí rara vez. Eso sucede, pero es poco frecuente. La mayoría del tiempo es el resultado de un conflicto entre lo fuera-de-sentido de la ley del deseo de los parlêtres y las leyes humanas, o los semblantes que gobiernan una sociedad dada. Es la manifestación en un ser hablante de la división o el clivaje, según, entre una mujer y una madre. En pocas palabras, es generalmente una elección forzada, que deja una marca, traumática en el sentido que da Lacan a este término. Ya que los seres hablantes, cuando son hembras, tienen una característica: la Vida, que escribo con una mayúscula para diferenciarla de las pequeñas vidas que son nuestras pequeñas historias, nuestras vidas minúsculas. La fuerza de la Vida es del orden de lo Real. Poco accesible al poder de lo Simbólico, rozada solamente por la escritura matemática de las ciencias, atraviesa en ciertos momentos el cuerpo de los seres hablantes hembras bajo la forma de su función específica en la reproducción, sea en el embarazo o el alumbramiento. Luego de un parto, la Vida, ciega y muda, toma posesión de un cuerpo de un ser hablante y se reproduce por él, poco importa la supervivencia o no del individuo. Es así para todas las especies vivientes. El aborto manifiesta una objeción humana a ese poder, objeción ligada a los contra-poderes que constituyen lo Simbólico y lo Imaginario. El aborto es humano, profundamente humano; deja huellas en los sujetos, yendo del alivio al arrepentimiento, incluso a la desesperanza.

            La corriente anti-aborto actual es planetaria. Es llevada por el actual ascenso en fuerza, en todo el mundo un poco, de poderes dictatoriales y autoritarios que utilizan el discurso religioso, esencialmente monoteísta, para imponerse. Como lo dijo Angelina Harari, presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, a propósito de las últimas elecciones en Brasil: está produciéndose el “coming out del hombre reaccionario.”[3]

            Esas religiones son, como todas las instituciones establecidas, sistemas que modelan el lazo social y regulan la relación del individuo a su cuerpo. Utilizan el amor de Dios con el fin de regular a las masas, a nombre del padre o del hermano asociados al macho. Para ir a lo esencial, los discursos religiosos son un policía de los cuerpos. Dicen cuáles son los modos de goce autorizados a un ser hablante en un grupo dado en un época dada. Controlar las vidas minúsculas es útil para controlar la Vida. Pero eso se hace siempre de la misma manera: por el imperativo de reducir a las mujeres a madres. El aborto o la contracepción han sido, durante siglos, prohibidos. Esa prohibición, que no impide evidentemente su práctica, fue una causa importante de mortalidad de las mujeres, que se añade a los riesgos inherentes a la especificidad del rol del organismo hembra en la reproducción.

             En el siglo XX, el declive del patriarcado al unirse a una extensión de los saberes específicos y a la dominación del discurso capitalista había producido una flexibilización notoria. El apoyo tomado en las ciencias permite hoy una gestión de la reproducción que pasa por los individuos, los unos-totalmente-solos[4], y escapa cada vez más al orden familiar tradicional. Eso concierne la esterilidad, así como la fecundidad y, siendo que el organismo hembra es aún hasta este día irremplazable, se ha visto multiplicar soluciones alternativas al patriarcado: familias monoparentales, madres solteras, madres sustitutas, familias homosexuales…

            Pero el punto esencial de la mutación de discursos que advienen hoy es sin duda que la maternidad no recubre más le femenino ahí; no la agota. Ciertamente, el slogan de los médicos higienistas del siglo XIX “La mujer nació para ser madre” no había convencido jamás a nadie y, por consecuencia, siempre existieron destinos femeninos fuera de la maternidad tales como la solterona, la bruja, la santa o la puta. Solamente una separación se volvió no solamente visible, sino subjetivamente experimentada, entre el ser madre y ser mujer. Eso no es sin consecuencia.

            La maternidad dejó de ser a la vez una obligación de la naturaleza y un destino de discurso; se volvió una elección de goce, por el cual ciertos sujetos, de género hombre, pueden optar. La diferencia entre el género y la elección de goce se volvió entonces manifiesta. Plantemos entonces que la noción de género no se sostiene sino en el decir y no tiene otra sustancia más que el semblante, lo que no es poco, evidentemente. La relegación, incluso la segregación de discursos y de palabra de la mujer en la madre no opera ya del todo.

            Hay entonces una inversión de ordenamiento. Si, en el discurso tradicional, hay primeramente la medre y secundariamente la mujer, hoy hay primeramente mujeres que pueden hacer la elección de la maternidad. Eso se redobla por el hecho de que la misma posibilidad de elección es reivindicada también por la elección de género.

            ¿Cómo dar cuenta entonces de las victorias recientes y de las amenazas actuales sobre el aborto y la contracepción, en un período en el que el número de seres humanos en el planeta es tan importante como nunca, incluso tan inquietante? ¿Cómo explicar son numerosas las mujeres que apoyan esa orientación, desde Kay Ivey hasta las mujeres jóvenes convertidas que se unen a las líneas de los djihadistas asignándose ellas mismas el rol de mujeres fecundas para la causa?

            Si se toma en cuenta que el movimiento de gran envergadura que se desarrolla bajo el impulso de la economía, hoy mundializada, es un movimiento hacia la universalidad que se opone al Real (incluido el sexual) en tanto que modalidad, que las luchas por la igualdad hombre-mujer llevan a pensar que las mujeres son hombres como los otros, -mismos derechos, mismas funciones, mismos deseos-, ¿la maternidad se convertiría en el bastión defensivo de la segregación, bajo el modelo de las reivindicaciones llamadas minoritarias que, también ellas, defienden la diferencia de manera segregativa? Eso sería la maternidad utilizada como máquina de guerra contra un feminismo universalista y masculino.

            Frente al empuje-al-LOM como ser hablante, frente a esa “masculinización universalizante”, ¿ese movimiento reaccionario en cuanto a los derechos de las mujeres vendría a sostener que, cuando el padre se disipe, cuando la familia mute, es el momento para la madre de tomar el relevo, es decir, el poder? Lacan lo había anticipado en su Seminario Les non-dupes errent.[5]

Cuando la verdad tiene estructura de ficción

Hagamos un desvío por una ficción que tiene un éxito mundial: la serie The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada), adaptación de la ucronía que se volvió best-seller de Margaret Atwood.

            Hay las estériles y las fecundas. En esa ficción, interpretación del giro reaccionario tomado por la modernidad, el orden de este estado religioso pone a ese “hecho” (extensión de la esterilidad de las mujeres y entonces peligro para la especie) al servicio de su principio de organización social amo/esclavo. Las mujeres, cualesquiera que sean, mujeres-amas o mujeres-esclavas, son separadas de toda palabra pública y de toda transmisión de saber. Ese retorno hacia el pasado pone a los medios técnicos de la modernidad al servicio de los amos y se alía con las preocupaciones ecológicas. Las esposas no deben consagrarse más que a sus esposos y amos, a los niños y a la casa. La diferencia hombre/mujer tradicional parece entonces estar en pleno régimen. Aquellas que pueden reproducir la especie son puestas al servicio de las parejas de amos. Son reducidas a la función de reproducción y excluidas de la maternidad que es el privilegio de las esposas de los amos. El ser madre está entonces ligado al ser esposa y separado de la cuestión de la fecundidad. Hay entonces las esposas-amas y las sirvientas fecundas, dicho de otra manera, las madres de alquiler.

            El sistema ha sido, sin embargo, pensado y realizado, del lado de los dominantes, por mujeres tanto como por hombres. Han trabajo por la colocación de un sistema que plantea como una de sus piedras angulares la fabricación por la cultura de una diferencia hombre/mujer atribuida a la naturaleza, materializada por “tener o criar un hijo”. Todas ellas son unas Kay Ivey. Evocan las mujeres que, hoy en día, votan por un repliegue de las mujeres hacia el hogar en cual tienen ellas la garantía. La causa de las madres fecundas se opone a aquella de las reproductoras, privadas de todo derecho humano, privadas de sus hijos, es decir de su objeto a, y reducidas a ser esclavas sexuales. Evidentemente lo femenino hace retorno: deseo sexual y amor en las sirvientes-reproductoras. En las amas, la aparición del objeto hijo tan codiciado provoca una conmoción que no tarda en hacer surgir en ellas la causa de las mujeres y la búsqueda del poder político abandonado.

            Si la heroína escoge ser madre de un hijo, es de un hombre que desea. Ella rechaza ser una reproductora, violada cada mes en un acto calificado de “ceremonia”. Ella es entonces no toda madre, pero también una mujer deseante, una enamorada, y una política. En cuanto a la ama, el deseo de hijo y su aparición la llevan a retomar la palabra pública, a querer para su hija otro destino de mujer que aquel que había escogido para ella, al precio de separase de ella.

            Situar a la madre en el lugar del padre cuando la familia desfallece y que ella se muestre no ser más que una manada de esclavos[6] llevado por dictadores, se paga con el sacrificio de lo femenino.

            Esa serie demuestra que, al ser sacrificado a lo materno, lo femenino insiste, como un real imposible de saturar. Lo femenino, no sin el feminismo ciertamente, pero diferente, suplementario, atrapa todas las contingencias que se ofrecen. Se alberga, incluso se refugia, en la práctica del silencio, de la disimulación, en la resistencia, la clandestinidad, el cálculo, la estrategia, la impulsión, el riesgo, incluso el asesinato o la muerte. Lo femenino no es el empuje-al-LOM, masculinización por el género, sino la parte escondida que siempre sorprende a los cuerpos hablantes, como una errancia de lo Real, una onda gravitacional tomada de la fusión imposible entre la Vida y el lenguaje.


[1] Cfr. M.-H. Brousse. In Lacan Quotidien, no 849. [En línea] https://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2019/07/LQ-849.pdf . Último acceso: 2019-07-15.

Traducción por Patricio Moreno Parra.

[2] Cf. Durkin E. & Benwell M., « These 25 Republicans – all white men – just voted to ban abortion in Alabama », The Guardian, 15 de mayo del 2019.

[3] A. Harari. «L’usage arbitraire de la loi ou l’attaque de la démocratie contre elle-même», in Lacan Quotidien, no 805, 5 de diciembre del 2018 : intervención pronunciada en el Fórum europeo ZADIG  « Les discours qui tuent », Brujas, 1ero de diciembre del 2018.

[4] N.d.t.: uns-tout-seuls en el original.

[5] J. Lacan. El Seminario, libro XXI, Les non-dupes errent. Lección del 19/03/1974. Inédito.

[6] Cfr. J. Lacan. El Seminario, libro XIX, …o peor. Buenos Aires: Paidós, 2016, pp. 203-204.

One response to “Las mujeres y la Vida o la maldición de las reproductoras – por Marie-Hélène Brousse

  1. Mónica Boada dice:

    Gracias por tus publicaciones, me son muy útiles!! Te sugiero una, que no he visto en ningún lado aun y me parece muy valiosa también de M.H. Brousse : http://institut-enfant.fr/2019/05/02/le-trou-noir-de-la-difference-sexuelle/?fbclid=IwAR1IwtUxaZfXu7bXzDcnm8WPIq1lt_EGYQx7ezlhsyNgXNzVM_4o5prrbwE Solo encontré una versión en ingles. Saludos!!

    Mónica Boada

    El lun., 15 jul. 2019 a las 13:52, PSICOANÁLISIS LACANIANO () escribió:

    > Patricio Moreno Parra posted: “Las mujeres y la Vida o la maldición de las > reproductoras[1] por Marie-Hélène Brousse ¿Han visto y escuchado a Kay > Ivey? ¡Una poderosa dama anciana! Es la actual gobernadora de Alabama y > acaba de promulgar el Alabama human life protection art. ” >

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