Hacer Pareja en la Historia – por Éric Laurent – 2016-03-01

HACER PAREJA EN LA HISTORIA

Por Éric Laurent

2016-marzo


Michelle Perrot y Alain Corbin nos hacen el honor con dos textos muy densos que responden a la pregunta que se les planteó, la de aclararnos, en tanto que historiadores, acerca de: ¿Qué es “hacer pareja” en el siglo XIX? Ese pasado reciente en el cual estamos adosados, que nos ha dejado tantos modelos y maneras de hacer, terrenos fértiles del psicoanálisis.

Tanto uno como otro han trazado para nosotros, con el dominio que les es propio, las significaciones que se han depositado a lo largo de ese período acerca de lo que ‘hacer pareja’ quiere decir, tanto de lo que lo que se desprende como invariantes como de los factores de cambio. La historiadora de las mujeres y el historiador de la virilidad han acentuado, cada una y cada uno, en su presentación el aspecto del dimorfismo sexual que les es el más grato, presentado a la pareja como tal y las tensiones que la atraviesan.

Lado mujer

Si M. Perrot pone en exergo la cuasi-obligación de la conyugalidad, ella subraya no obstante la existencia del lapso de celibato autorizado, “margen de libertad característico de las sociedades occidentales”. La sexualidad atenuada que es apuntada por el matrimonio cuyo fundamento no es la pasión está, al principio de este período, más bien amenazado por la sexualidad masculina “irreprimible”. Al final de esta época, una oscilación comienza a producirse. Surge “el deseo de las mujeres que, detrás del silencio, son actoras decisivas de la historia de la pareja”. Hacer pareja es una actividad con riesgo. El drama de las embarazadas no es solamente el riesgo médico de los partos. El niño no deseado “sigue siendo crucial en las parejas legítimas y dramático para las otras.”

El deseo femenino y el deseo del Otro vienen a encarnarse. “En vísperas de la Gran Guerra, en las grandes capitales -París, Londres, Viena, Berlín…- se esbozan otros tipos de parejas, hetero e incluso homosexuales (cf. las Amazonas de París alrededor de Natalie Clifford Barney, Renée Vivien, Gertrude Stein…). Las minorías están en expansión.”

M. Perrot nos permite acercarnos a esa variedad de formas de la pareja que surge antes de la catástrofe de la Gran Guerra a la cual nos hace perceptible: “En los días después de la guerra, la pérdida, el duelo, los cuerpos destrozados, la imposibilidad para las parejas de rencontrarse, traducen el gran número de divorcios mayoritariamente pedidos por hombres (al contrario de las mujeres) afrontados a una verdadera crisis de identidad masculina frente a mujeres que vivieron sin ellos.”

Lado hombre

            A. Corbin parte del dimorfismo sexual fundamental. Nos hace sentir hasta qué punto la relación del lado hombre se hace con el otro sexo mediante un más-allá de la madre. Una sucesión de figuras femeninas viene a marcar el sujeto, desde la nutricia hasta la primita hasta la prostituta. Tantas etapas de formación de una sexualidad censada que se supone inician con la esposa en la luna de miel. Es menos sobre el efecto del hijo no deseado que atrae nuestra atención A. Corbin que sobre el efecto de las maternidades en general que, según los médicos de la época, aplastan el deseo. Desprende de allí un efecto inesperado. Es cuando las fijaciones de la formación de la sexualidad retoman sus derechos. Se produce un “retorno a experiencias sexuales vividas antaño con una hija del pueblo, considerada como la más sensual, de una fuerza y de un saber sexuales mayores que las mujeres de la burguesía”. Al final de esta época, a partir de 1860, los factores de complicación o de cambio están ligados a la evolución de la relación de las mujeres a la sexualidad. La educación, el deporte, las novelas hacen su entrada en la escena de la relación entre los sexos. Una nueva literatura médica aparece, advirtiendo a las parejas las dificultades del eros nuevo. A. Corbin, sin embargo, nos deja en el reír de la época: “La nueva pareja que se va a reír, la noche, en el teatro, donde se interpretan las obras de Feydeau, ya no es aquella que describí inicialmente…”

Los cambios en la pareja

M. Perrot y A. Corbin, por los diversos caminos que toman, nos permiten releer con su ayuda el peso de estos cambios en la pareja que Lacan percibió: “Pero un gran número de efectos psicológicos nos parecen derivarse de un declive social de la imago paterna. […] Sea cual sea su porvenir, este ocaso constituye una crisis psicológica. Quizás deba relacionarse con esta crisis la aparición del propio psicoanálisis. El sublime azar del genio no explica quizás por sí solo que haya sido en Viena -centro en aquel entonces de un Estado que era el melting-pot de las más diversas formas familiares, desde las más arcaicas hasta las más evolucionadas, desde las últimas agrupaciones agnáticas de los campesinos eslavos hasta las formas más reducidas del hogar pequeño burgués y las formas más decadentes de la pareja inestable, pasando por los paternalismos feudales y mercantiles- donde un hijo del patriarcado judío imaginara el complejo de Edipo. Sea como sea, son las formas de neurosis dominantes al final del último siglo las que revelaron ser íntimamente dependientes de las condiciones de la familia.”[1] Sí, M. Perrot tenía razón, ¡las parejas no escapaban a la historia!


*É. Laurent. “Faire couple dans l’histoire”, in La cause du désir, No 92. París : Navarin Éditeur, marzo 2016, pp. 28-29.

Traducción por Patricio Moreno Parra.

[1] J. Lacan. “Los complejos familiares en la formación del individuo”, in Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, pp. 71-72.

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