De la Urgencia de Definir la Incidencia Política del Psicoanálisis – por Christiane Alberti – 2017/01/21

DE LA URGENCIA DE DIFINIR LA INCIDENCIA POLÍTICA DEL PSICOANÁLISIS

Por Christiane Alberti

2017-01-21


Este título, “Psicoanálisis en la ciudad” surgió en el cruce de dos prioridades: de un lado, lo que está en nuestro alcance: la formación del psicoanalista, que es el objeto en sí de la Escuela, su acción primera: asegurar las condiciones de la formación con sus dos pilares que son el pase y la garantía; del otro: la ciudad que nos golpea, con el más reciente episodio de la resolución Fasquelles que apunta nada menos que a condenar y prohibir el psicoanálisis en el tratamiento del autismo. Este episodio no es sino una nueva incidencia de la ofensiva administrativa y política hacia un campo institucional más amplio (educación, salud, universidades) donde las luchas para que subsista una referencia al psicoanálisis están a punto de instalarse en el tiempo.

El título “Psicoanálisis en la ciudad” interpreta este cruce. Primeramente, porque conjuga lo más actual del psicoanálisis y un término anticuado, el de ciudad ahora que la sociedad no tiene ya la forma de ciudad (ya sin centro, una configuración en red, de ahí que el afiche dé cuenta de una ciudad en piezas sueltas en sus precarias fronteras).

Luego porque indica que Psicoanálisis en la ciudad es también una cuestión de Escuela: la Escuela se hace responsable de la formación de los psicoanalistas en tanto que conlleva el análisis, la práctica, la clínica, el estudio, la enseñanza. En tanto que concierne también al psicoanálisis en la ciudad, la formación incluye ese capítulo de «política lacaniana». La política lacaniana, tal como Jacques-Alain Miller la había definido en su seminario del mismo nombre (1997-1998) concernía en primer lugar a la ciudad analítica: se trataba de extraer acontecimientos mayores de la historia de la institución analítica, principios para extraer de ella una política del psicoanálisis, una orientación para la Escuela. Pero esa dimensión no excluía la noción de política en el sentido más general. En la medida en que la historia del psicoanálisis está en sincronía con el mundo alrededor, se despliega en la ciudad, y existe solo en la ciudad. Con el pase, Lacan no dio al psicoanálisis el campo de un ejercicio extendido a la ciudad, ya que éste necesita de un lazo social inédito, una comunidad, pero es también porque toca a la institución del Otro que éste tiene una incidencia en el campo de la autoridad.

Definir la incidencia política de la cual se trata en psicoanálisis es una cuestión tan urgente como formidable. Por al menos dos razones:

  • En razón de la antinomia de los discursos: antinomia entre el psicoanálisis y los dispositivos del amo que se podría condensar en las palabras de Lacan: del lado del amo «se deja entrever que podría haber un saber vivir»[1]. Esta pretensión del lado del amo contemporáneo toma el halo de S1, mandatos cortados de la tradición, de los ideales de los tiempos antiguos.

Pero también porque el psicoanálisis no está ya totalmente desanudado de su lazo con el discurso del amo: que sea un discurso basta para clasificarlo «en el parentesco del discurso del amo»[2] en tanto constituye la matriz del lazo social. No hay, por ende, repartición exacta entre discurso analítico y discurso del amo, sino una relación siempre sintomática entre los dos: el psicoanálisis está en la ciudad siempre en contracorriente, siempre a manera de malestar.

  • La interpretación que constituye la esencia del discurso analítico (y el acto) no es el accionar; y hasta cierto punto es opone el accionar político y social. Se lo mide en la vida de la Escuela, se trata más bien de una dialéctica, un latido temporal: el movimiento continuo del psicoanálisis de golpe se condensa en momentos fulgurantes que nos precipitan a la acción. Corresponden a fases de despertar. No son constantes, mientras que los dispositivos de vigilia que condicionan la acción deberían ser permanentes en cuanto a ellos.

Se trata entonces de saber sacar partido de lo que se ha visto y escuchado, poco después de una reciente y nueva batalla. Es con esta mira que se construyó el programa de esta jornada.

Aunque nos encontremos aún en medio de esta batalla, donde -como a menudo- nada se discierne claramente sino solo la verdad del combate.

Dos enseñanzas:

1. La dialéctica de la sospecha y de la prueba

Las políticas sanitarias actuales demuestran claramente que los practicantes están tomados en la era de la sospecha. La desconfianza metódica que pesa en los registros de las «buenas prácticas» y de la necesidad de evaluación las hace sospechosas. La sospecha llama a la justificación con pruebas y se las entrega con mucha más insistencia, de ahí la intricación estrecha entre prueba y sospecha. Pero esta sospecha se presenta muy a menudo como elemento de una transferencia negativa, una transferencia de odio: es conforme a lo que enseña la experiencia analítica, el levantamiento de la represión, la deconstrucción de los semblantes se paga siempre con un retorno de agresividad (lección del psicoanálisis).

En el diálogo que hemos relanzado estos últimos tiempos con los políticos, fue evidente que para ellos: no hay otra forma de racionalidad que la forma científica. Y eso responde a una percepción contemporánea profundamente anclada, sobre todo entre los políticos que hacen caer sobre el orden social las exigencias de la razón científica. Esto compete ciertamente muy a menudo un idealismo en política, un cientificismo de pocas miras, pero también de cerca o lejos una herencia importante, aquella de las Luces y del sueño del hombre universal. Es eso lo que Lacan nombró como la «generalización de los efectos del saber» para designar la modificación fundamental inaugurada por la ciencia moderna y el saber acéfalo que nos domina, e infiltra todas las categorías de los lazos sociales.

¿Más bien se trataría de preguntarnos cómo hacer un uso de la ciencia para el psicoanálisis?  Marcando más fuertemente que el psicoanálisis no está desanudado de su referencia, pero igualmente apoyándose en otras perspectivas de la cientificidad que interrogan a la ciencia en sí e interrogan el ideal de la justificación. Pienso en perspectivas en la estela de aquellas de Imre Lakatos o Feyrabend con su Contra el método, que han renovado el debate sobre la prueba interrogando las epistemologías racionalistas y justificacionistas que no aceptan las proposiciones demostradas y probadas, oponiendo la singularidad de los hechos a la universalidad de la teoría. Feyerabend sobre todo en su Contra el método muestra que la ciencia en un campo profundamente anárquico en el cual la proliferación de las teorías es siempre benéfica para la ciencia (la medicina china, así como el vudú concurren al progreso del saber, más que todo el lastre metodológico).

Es importante encontrar y ampliar nuestros relevos también en ese campo. Pienso igualmente en Olivier Rey quien en su última obra Cuando el mundo se hizo número interroga las matemáticas del imperio de las estadísticas (de la norma estadística que será sin duda rebatida en PIPOL) e interroga sobre todo su entrada en el campo científico. Muestra que este imperio tiende a gobernar las instituciones y dominar la política, un reino bajo el cual los desempleados desaparecen detrás de las curvas del desempleo.

En suma, se hace entender que el psicoanálisis no es menos científico que la ciencia en sí sino al conocer sus propios límites. No se trata de usar y valerse de triquiñuelas de la experticia y de la respetabilidad epistémica y clínica.

2. La fuerza de la transferencia en la Escuela

Sucede que la única ideología consistente que permanece es aquella de la evaluación. Y en ese contexto, el psicoanálisis es un obstáculo esencial. En las instituciones, los evaluadores chocan contra el psicoanálisis en efecto como único obstáculo porque éste no intenta dominar y se transmite solo por la vía de la transferencia de trabajo. Allí engancha al deseo por esa única vía.

En El reverso del psicoanálisis, Lacan habla en dos ocasiones de subversión del discurso del amo, no invocando ni el término de revolución, ni aquel de progreso, teniendo las soluciones felices siempre una inclinación totalitaria. ¿Cuáles son hoy en día las vías de la subversión? Los últimos acontecimientos nos empujan a dibujar una dirección en ese sentido, apuntando a lo que esta jornada pueda contribuir.

Nosotros no tenemos un programa, un partido, poderosos lobbys internacionales, pero podemos apostar sobre el agalma del psicoanálisis. Podemos apostar sobre la transferencia que suscitan nuestras actividades, nuestras publicaciones, nuestras jornadas, nuestros CPCTs, ya que de parte en parte, estos se fundan sobre la causa del deseo. Patricia Bosquin-Caroz recordaba en un artículo publicado en Quarto que, al dirigirse a los parlamentarios, se le recomendó de mostrarles que “¡somos sensibles a atravesar la frialdad administrativa y de presentarles nuestro objeto a sanguinoliento!”. Es un registro que toca en efecto a nuestros interlocutores en la ciudad, no hay que olvidarlo.

Esta indicación me evocó las palabras de Walter Benjamin (Escritos franceses) que siempre me han impactado: “lo que nutrirá esta fuerza (de liberación), lo que llevará a cabo esta prontitud, es la imagen de los ancestros encadenados, no de una posteridad emancipada”[3].


* C. Alberti. [En línea]: De l’urgence de définir l’incidence politique de la psychanalyse – L’HEBDO-BLOG. Último acceso: 2022-02-22.

**Este texto constituyó la introducción hecha por Christiane Alberti, presidente de la ECF, en la Jornada “Question d’École La Psychanalyse dans la Cité:” del 21 de enero de 2017 en la Maison de la Chimie, en París.

[1] J. Lacan. El Seminario, libro XVII, El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2017, p. 206.

[2] Ídem.

[3] Benjamin Walter., Sur le concept d’histoire, Thèse XII, Écrits français, Gallimard, 1991.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

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