En Línea con Jacques-Alain Miller – Entrevista por La Cause du Désir – 2013-11-01

EN LÍNEA CON JACQUES-ALAIN MILLER[1]

Entrevista por La Cause du Désir

Noviembre 2013


Anaëlle Lebovits-Quenehen — La crisis fue ayer. Sus efectos siguen hoy en día extendiéndose con el tiempo. ¿Con qué consecuencias mayores en el mundo occidental?

Jacques-Alain Miller — Voy en la dirección opuesta: la crisis es un efecto antes de que sea una causa. Es un efecto del declive occidental, o al menos europeo, y la ascensión de los países en vías de desarrollo. El imperialismo va a cambiar su base.

Benoît Delarue — El dinero hoy en día está desmaterializado. ¿Qué consecuencias tiene esto en la relación con el dinero de nuestros contemporáneos?

J.-A. M. — Eso no me parece decisivo. El dinero sigue siendo material, en el sentido del objeto anal. Y las medias de lana todavía existen.

Alice Delarue — Mientras que la mayoría de los estados buscan asegurar un máximo poder en cuanto a su moneda, Europa se pone trabas al elegir tener la máxima impotencia monetaria con el BCE. ¿Qué lógica este síntoma compete, según usted?

J.-A. M. — Hay un Eros europeo, pero está siendo combatido incesantemente por Tánatos. La pulsión de muerte del Viejo Continente, que ya nos ha dado dos guerras mundiales, todavía tiene días brillantes por delante en Europa. O, para ser menos mitológico, la Unión Europea es la comunidad de los erizos. Jean Monnet era el zorro que era necesario para estos bicharracos espinosos. La receta se perdió, lo que le permitió manipularlos como caballos de circo.

A. D. — ¿Cómo explica que el bling bling de Nicolas Sarkozy haya podido hacer tanto escándalo en Francia?

J.-A.M. — No, no lo veo como un escándalo. Los franceses de hoy son ellos mismos muy bling bling. El buen chic se vuelve escaso.

A. L.-Q. — Usted dijo que el ahorrar especula sobre la muerte. ¿Se puede considerar que el crédito (que está en la raíz de la crisis de las hipotecas de alto riesgo y que sin duda tienen un futuro prometedor para sí), este crédito, que promete un consumo ilimitado, pretendería en sí engañar a la muerte repeliéndola?

J.-A. M. — El crédito es, salvo error, tan antiguo como el comercio. El humanismo del siglo XXI, que es lo políticamente correcto, hace del comercio “la mercantilización”, un término despreciativo. Esto obliga a los fanáticos a reescribir la historia de la humanidad para cantarla como “mea culpa”. Lo más simple, lo más expeditivo, sería pedir al Creador un “mea culpa” global. La gnosis sostiene al mundo por el trabajo del demonio. Vivimos esto en el presente. ¡Emocionante!

Aurélie Pfauwadel — Recientemente, una estudiante brasileña vendía su virginidad en Internet en una subasta. Un japonés se la adjudicó por 600.000 euros. ¿Algo todavía puede escapar de esta mercantilización generalizada de las relaciones humanas, exacerbado en nuestro tiempo?

J.-A. M. — No, nada. Todo tiene un precio. Excepto… la nada. La falta. El principio del deseo. El objeto pequeño a. ¡La causa del deseo!

Deborah Gutermann-JacquetTime is money dice el adagio inglés. ¿Qué dice de eso el analista que usted es?

J.-A. M. — ¡Verdad! El dinero es el equivalente universal. Todo es dinero. Lo que quiere decir: donde hay universal, hay dinero como su equivalente. Donde prevalece el no-todo, el universal falla; y con él la dictadura de dinero en efectivo y digital.

B. D. — En Poderosa Afrodita, Woody Allen se indigna de que los psicoanalistas se hacen pagar hasta doscientos dólares la hora, y que las horas no duran sino cincuenta minutos. Con la sesión corta, ¿Lacan no subvierte una vez toda esta voluntad de “conseguir el valor de su dinero”?

J.-A. M. — La sesión corta de Lacan no es corta en el sentido de que otras son largas o “estándar”. Obedece la lógica del no-todo. Es una sesión sin duración. El entorno un corte sin espesor.

A. L.-Q. — Lacan consideró que los “verdaderos ricos” son inanalizables, porque incluso si el precio medio de una sesión se multiplicase por cien, lo que pagarían competería más de la propina que de un compromiso financiero real. ¿Sería entonces más fácil para un camello pasar por el agujero de una aguja que a un rico para entrar en análisis (y permanecer allí)?

J.-A. M. — La experiencia lo confirma. Al menos la mía. Pero también la de Freud. Mire cómo salió mal el análisis de Marie Bonaparte. Como diría el jovial Bergoglio, ¡qué vivan los pobres! Un pobre es alguien que se gana la vida trabajando. ¡Pero cuidado! A veces los ricos en ruinas son excelentes analizantes.

B. D. — En De un Otro al otro, Lacan hace del dinero almacenado en una caja fuerte el fetiche por excelencia[2] -obviamente también pensamos, por supuesto, en la cajita de Harpagón. ¿El precio del análisis no apunta a volver a dar un valor de cambio al dinero, y por lo tanto develar la falta bajo fetiche?

J.-A.M. — La nada, hay que pagar caro, para hacerla existir. Los sacrificios, los martirios, hacen que Dios exista. El precio del análisis hace existir el inconsciente.

Caroline Leduc — En 1918, Freud señaló la necesidad del pago en la cura psicoanalítica: “La ausencia de la regulación que el pago al médico sin duda establece se hace sentir muy penosamente; la relación toda se traslada fuera del mundo real”[3]. ¿Cómo, entonces, es concebible una práctica gratuita?

J.-A. M. — La práctica gratuita es muy peligrosa. Es una granada que puede explotar. Si bien ésta se convierte en caridad, “repercusiones agresivas” son inevitables. Tenemos que estar atentos a ello en el Campo Freudiano, ya que no hay informes de incidentes en nuestro CPCT[4]. En particular, la gratuidad siempre está asociada con una duración limitada.

C. L. — Todo lo que tiene valor no tiene necesariamente un precio, e incluso, lo que tiene más valor no tiene precio – ese es en todo caso la declaración histérica clásica. ¿Cuáles son las variantes de ello hoy en día?

J.-A.M. — Es muy preciso lo que está diciendo. El análisis es histéricamente correcto. Por eso que se sostiene.

A. P. — Lacan escribió en “El Seminario sobre la Carta Robada” que el dinero es el “significante más aniquilador que hay de toda significación”[5]. ¿Qué quiere decir?

J.-A. M. — ¡Elemental, mi querido Watson! Esto se debe a la función de equivalente universal del significante monetario. Todo lo que tiene un precio, es comparable, homogéneo, a cualquier otra cosa: el trapo, la toalla, el huevo hervido, un minueto de Mozart, un litro de vino barato, la edición Bastien de las Obras Completas de Cazotte de 1817, un ticket en primera clase a Nueva York, y la piel de las nalgas. El significante monetario cumple la esencia de la palabra, que es “el asesinato de la cosa.” La carta/letra mata. ¿Qué vivifica? Es el deseo. El deseo en tanto imposible de negociar. Incondicional. Es decir, lo real. Para vivir feliz, ¡vivan real!

A. L.-Q. —Tratemos de atrapar, desde un rasgo de carácter, lo que la relación con el dinero revela de la relación con el goce. ¿El ahorrista?

J.-A. M. — Goza contando.

A. L.-Q. — ¿El tacaño?

J.-A. M. — El goce de lo mínimo.

A. L.-Q. —¿El avaro?

J.-A. M. — Goza de no gozar.

A. L.-Q. —¿El gastador?

J.-A. M. — Goce de cifrar el sentido gozado.

A. L.-Q. — ¿El adepto al sobregiro [en el banco]?”

J.-A. M. — Gozar de cavar un agujero en el Otro.

A. L.-Q. —¿El/la pobre?

J.-A. M. — No hay universal del pobre, excepto los franciscanos.

A. L.-Q. —¿El rico?

J.-A. M. — La desgracia de los verdaderos ricos que falta la falta, de ahí la angustia.

C. L. — ¿En qué sentido pudo el propio Lacan decir que el psicoanálisis era una estafa?

J.-A. M. — Ya decía en 1958, en “La dirección de la cura… ” que el analista comienza por “hacer al paciente olvidar que se trata solamente de palabras”[6]. En 1977, fue a Bruselas, frente a un pequeño grupo de aficionados, para hablar de la histeria, durante el cual pronunció que el psicoanálisis era una estafa[7]. Lo es, precisó, en la medida en que ese vocablo tradujera al francés lo que Freud expresó en griego: el proton pseudos, la mentira primera, originaria, de la histeria. Esta mentira se deriva de la esencia del lenguaje, del hecho -porque es un hecho- que el lenguaje falla lo real, excepto si se evacuara de él todo equívoco, lo que supone limpiarlo del sentido. ¿Cómo llegar en el blanco, cómo modificar lo real de un parlêtre usando el lenguaje de todo el mundo? That is the question. Ésta atormentaba a los analistas, si su análisis no los había aliviado de su superyó. Sobre esto viene el payaso, el cognitivista-policía, que dice: “¡Lacan lo confiesa! ¡Es un estafador!”.

Ahora les diré algo que es mío, y que me inspiró el dicho de Céline, “El amor es el infinito puesto al alcance de los caniches.”[8] El análisis, digo yo, es el mercado negro de lo Absoluto. Al vender lo carísimo en la semana, no hay nada de qué estar orgullosos. Si trabajo tan duro, es para hacerme perdonar. Si no, ¿por qué?


[1] J.-A. Miller. « En ligne avec Jacques-Alain Miller », in La Cause du désir, No 85. París : Navarin Éditeur, 2013, pp. 10-

El equipo de redacción de La Cause du désir dirigió sus preguntas a Jacques-Alain Miller por correo, él las respondió en línea.

Traducción por Patricio Moreno Parra.

[2] J. Lacan. El Seminario, libro XVI, De un Otro al otro. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 260.

[3] S. Freud. “Sobre la iniciación del tratamiento”, in Obras completas, tomo XII. Buenos Aires: Amorrortu, 2012 p. 134.

[4] N.d.t.: CPCT es el Centro Psicoanalítico de Consulta y Tratamiento.

[5] J. Lacan. “El seminario de La carta robada”, in Escritos, tomo 1. México: Siglo XXI, 2009, p. 47.

[6] J. Lacan. “La dirección de la cura y los principios de su poder”, in Escritos, tomo 2. México: Siglo XXI, 2009, p. 560.

[7] J. Lacan.

[8] Céline L. F., Voyage au bout de la nuit. París : Gallimard, 1972, p. 17.

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