¿Es un Pase? – por Jacques-Alain Miller – 2010/04/11

¿ES UN PASE?

Por Jacques-Alain Miller

2010-04-11


Prefiero hablar sentado para preservar sobre mi un carácter de conversación[1] y marcar que no profiero una teoría -tal como la “Teoría de Turín sobre el sujeto de la Escuela”[2] a la cual hacía referencia Bernard Seynhaeve, ya que no me parecería apropiado para lo que es el comienzo de una nueva experiencia.

Propulsión o retención

¿Es un pase? Esta es la pregunta delante la cual me encontré, quince o veinte años después de haber sido invitado, en el mismo lugar y dentro de un colectivo, a deliberar sobre esta pregunta ¿Es un pase, o no? antes de zanjarme en una decisión. La respuesta afirmativa a esta pregunta se convierte inmediatamente en un juicio propulsor. En las circunstancias actuales, el pasante adquiere una notoriedad instantánea. El secretariado se demora uno o dos días en transmitir la decisión porque, por ejemplo, no puede contactar a un AE nombrado. Inmediatamente nos preocupamos: «¿Qué pasa?». Hay un efecto propulsivo instantáneo de la respuesta afirmativa. El discurso, confidencial hasta entonces, se hace público, y podemos decir que el se abre en la escena del mundo, de nuestro pequeño mundo en todo caso. Deliberamos «hacia atrás»[3] en el subsuelo de la Escuela de la Causa Freudiana, en el sótano de la calle Huysmans – en la sala de la biblioteca; se concluye con un , y esto se esparce por los cuatro rincones de nuestro mundo. Es muy singular.

Por mucho que el sea propulsor, el no es tan retentivo: se retiene el discurso. El cohete es desmantelado y lo dejamos así.

Por lo tanto, doy testimonio de mi impresión, de mi emoción de retomar este lugar en esa comisión que es verdaderamente un jurado -así lo llamó Lacan-, que delibera entre lo propulsivo y lo retentivo. Podemos dar rienda suelta a los grandes órganos o despedir a la orquesta.

Tengo la sensación –compartida, quizás, por otros colegas– de que esto es nuevo y que se debe a la existencia de la Escuela Una, que es realmente una cámara de eco, una cámara de eco-le[4]; también se deba probablemente a la existencia de Internet, que abole la distancia entre el momento en que vamos a decir a las palabras muy íntimas que se nos informan y la difusión casi universal de este .

A certeza esperada, desempeño incierto

Volver al jurado del pase es, por lo tanto, encontrarse, como mencionó Serge Cottet, en la posición de juez, una posición que requiere una decisión que responda a la pregunta: ¿Es un pase?

Esta es una decisión que un analista no tiene que tomar en su práctica. El analizante que piensa en el pase marca una cierta toma de independencia que comienza incluso antes de su decisión de presentarse al pase. Debido a ello, consulta a su analista, quien puede tratar de retenerlo o dejarlo hacerlo, pero que no tiene la última palabra. En cualquier caso, ante la pregunta ¿Es un pase? el analista del pasante está bastante indefenso, y solo puede responder con un tal vez. Pero tal vez no es una decisión. Veo lo callado que he estado durante quince o veinte años sin tener que ir más allá de un quizás; ser puesto en la posición de tener que decir o no cambia algo. Con el quizás, el analista deja que el analizante pruebe su suerte -sin mencionar los casos en que el analista se precipita en el pase sin pedirle su opinión, o en contra de su opinión.

Me parece que, en la práctica, el analista no juzga el pase, especialmente porque es una performance, no una competencia. Lo digo con confianza, en el tono de la conversación, pero es una referencia a Lacan. Enunciar que «el pase es una performance, no una competencia» tiene muchas consecuencias. Esto significa, en primer lugar, que en el día que se dice, hay que estar bien dispuesto. ¡El pase no es un récord! Es más bien los Juegos Olímpicos.

Por el lado del pasante, cualquiera que sea su certeza de estar allí, siempre se trata de una certeza anticipada y, si es razonable –que no siempre es el caso–, necesariamente hay para él una incertidumbre en cuanto a su performance en el día dicho, ya que entran en juego muchos factores y parámetros: la calidad de los pasadores, su idoneidad para el pasante, la composición del jurado, etc. Estamos, por tanto, necesariamente, en una incertidumbre, sobre todo porque el pase no verifica su competencia. Es una performance. A la «certeza anticipada», hay que añadir un aspecto, ineliminable para el pasante, a saber, la apuesta del pase, una apuesta que nunca se está seguro de ganar.

Por lo tanto, hay una apuesta del pase que consiste en poner en juego su análisis, es decir, reunirlo como una unidad, cerrarlo como uno, y convertirlo en un problema en el sentido de la apuesta de Pascal -donde el sujeto hace de su vida una apuesta, que, como señala Lacan, siempre está perdida:  uno se esfuerza por hacer del propio análisis un objeto pequeño a, bajo la especie del agalma, para que todos reconozcan su brillantez y reescriban: «es hermoso, es nuevo», o incluso «es un golpe en el saber», como acaba de formular Esthela Solano-Suárez. Intentamos hacer de su análisis un agalma. Esto, al final, es lo que comanda el pase.

Se podría argumentar que el pase tiene la misma estructura que el discurso del analista: lo que domina la cosa es el análisis tomado como agalma; los pasadores están del lado del sujeto barrado, que debe ser conmovido por dicho agalma; es la «placa sensible»[5] –la fórmula ha sido recordada– de este análisis agalmático, cuyo supuesto producto, esperado, es el S1 del título AE. Encontramos entonces las funciones del discurso del analista y, si seguimos ciegamente estas formas, es notable que el saber que -al menos en el esquema- sustenta este agalma es un saber supuesto, no un saber expuesto.

Si hay un fracaso en el pase, lo que se ha presentado como agalma se convierte en palea; queda que esta pequeña a del pase es un producto del bucle del análisis como uno, que no se encuentra en el curso del análisis.

Del «saber» del pase a una satisfacción

En el pase, el saber todavía puede ser supuesto. Recordar que es una performance y no una competencia me sugiere que habría dos regímenes del pase, distintos dependiendo de si está ordenado según el saber o a la verdad.

Hay una ambigüedad aquí, ya que el proyecto inicial de Lacan, en 1967, hacía un llamado al desarrollo de un saber del pase al que daba un aspecto casi enciclopédico: íbamos a notar los efectos, hacer una serie de las modalidades – un párrafo está dedicado a este punto en la «Proposición … » de 1967, a la que dimos gran importancia en los inicios de la Escuela de la Causa Freudiana.

Sin embargo, de hecho, entre 1967 y 1980, la aplicación del pase en la Escuela Freudiana de París no dio lugar a ninguna elaboración de saber. El registro era casi nulo, y Lacan lo consagró diciendo que el pase fue un «fracaso»[6], lo que fue tomado a la letra; a la luz de la acumulación de un saber de pase, uno sólo podía seguirlo.

Entonces, sobre esta base, en la Escuela de la Causa Freudiana, lo hicimos de manera diferente. Hicimos un forzamiento en la dirección del saber del pase, diciendo: «Dado que se esperaba un saber del pase y todos se declararon en huelga durante trece años -este fue el caso de los caciques de la EFP-, nosotros pasaremos a la producción». Por lo tanto, hemos instituido en esta Escuela la obligación de producir y enseñar sobre el AE y el jurado. Periódicamente, esta Escuela fue, o es también, trabajada por el deseo de extender esta obligación también a los pasadores, incluso a los analistas que los nombran y, eventualmente, a los pasantes no-nombrados. ¡Todo el mundo a la producción! Dado su punto de partida de «retroceder», esta Escuela fue impulsada por una verdadera pasión por la producción. Era producir, producir, producir –Maurice Thorez después de la Segunda Guerra Mundial.

Luego, durante los debates de principios de este año, se observó con sorpresa, con estupefacción, que el jurado del pase, los cárteles del pase habían dejado de enseñar, a pesar de que esta obligación aparece en los estatutos de la ECF.

Nos sorprende que se viole así la constitución de la Escuela y que los cárteles caigan en una especie de afasia, pero, una vez pasado el tiempo de reproche, pensamos que tal vez sea un signo de los tiempos, un signo de que ha habido un deslizamiento del saber de pase a la verdad de pase –digo esto por mi estado de ánimo, no profeso, no pronuncio, me interrogo.

Mi disposición, volviendo al jurado del pase, es que el pase no se verifica a nivel de los enunciados –por ende, han señalado mis colegas, dejé de tomar notas–, sino a nivel de la enunciación. Más bien, se trata de captar un decir de pase que indicaría que el deseo del analista ha advenido. Después de todo, el último de los Otros Escritos de Lacan se centra más en la verdad que en el saber, e incluso en la verdad mentirosa, es decir, en la ficción de pase, mientras que anteriormente, cuando Lacan propuso el procedimiento del pase para nombrar a los analistas de la Escuela, el pase apareció más bien como un hecho. Por lo tanto, hay un desplazamiento del hecho del pase a la ficción de pase. Por eso en este último escrito evoca, más que una demostración de saber, una satisfacción, una experiencia de satisfacción. «Ficción del pase» no significa que el pase no exista, sino que es del orden de la verdad más que del saber.

Si no tomo notas –al menos por el momento, he comprobado que no me empujaron a hacerlo– es porque me pregunto si lo que comúnmente se llama «la clínica del pase» no está del todo al alcance de un analista, si no es la clínica como se desarrolla cuando se es analista y se trabaja a partir de la cura que se dirige, y no, especialmente, una clínica del pase.

Ahora bien, una clínica del pase sería lo que no está al alcance de un analista para escuchar y que, por lo tanto, sólo se puede escuchar en el pase. ¿Qué no está al alcance de un analista para escuchar cuando dirige una cura? Es, precisamente, el punto de inflexión de la enunciación, cuando el analizante comenzará a hablar con otro que no sea él, el analista, y con un colectivo. A esto, el analista no tiene acceso. Es frustrante, en ocasiones; puedo decirlo porque en el funcionamiento que hemos adoptado, resulta que el analista del pasante no acude al jurado cuando forma parte del mismo. Esto era para mí, y obviamente estaba muy frustrado porque no podía escuchar lo que no había podido escuchar en el análisis a través de la cinta; así que le pedí a Catherine Lazarus-Matet que me diera un pequeño eco muy brevemente, así… Lacan, en cambio, no dudó: estaba en el cártel y así podía tener acceso a lo que nosotros no tenemos acceso en el análisis. Es esto, me parece, lo que explica por qué, más de cuarenta años después, el pase sigue siendo una x, una incógnita y que, en cualquier caso, solo puede haber un pase si sigue siendo una x.

El pase es su interpretación

El pase es, por tanto, su interpretación, y sobre todo por el pasante. Ese es el concepto: no es un contenido, no son enunciados. Si hubiera saber, habría saber conforme. Lo que no se puede ocultar en el pase que se hace es cómo interpretar el pase. Como mencionó Serge Cottet, es la forma en que, al hablar responsablemente, se le da consistencia al testimonio.

Algunos interpretan el pase en el sentido del resumen que deben dar de su recorrido. Para otros, puede ser una narrativa expansiva con una cronología ordenada, o incluso protagonizada, al contrario. Algunos la zanjan por la brevedad, el laconismo. Otros, por la abundancia. Algunos pasantes aportan su construcción y otros no; a veces es un pasador quien hace la construcción en lugar del transeúnte, y si el contrabandista no lo hace, es el jurado el que lo hace.

Hay tantos pases como interpretaciones del pase por el pasante y, al mismo tiempo que interpreta el pase, también interpreta muchas otras cosas: interpreta para él el concepto de inconsciente, el concepto de deseo, el concepto de fantasma… Esto es precisamente lo que da una indicación del deseo del analista.

En las nuevas condiciones en las que nos encontramos, tal como las veo a la vista de mi experiencia, había distinguido anteriormente[7] –esto fue recordado por Patricia Bosquin-Caroz, creo – el pase 1, el pase 2, el pase 3. El pase 1 es el pase en el análisis, cuando se ha cruzado algo en el análisis. El pase 2 es el procedimiento, y el pase 3 es el que hacemos frente al público. Ordené esto de manera sucesiva.

Esto sigue siendo, me parece, exacto, excepto que veo una complicación en el hecho de que el pase 2, el procedimiento, obviamente conlleva una retroacción sobre el pase 1. La perspectiva de hacer el pase, la perspectiva del pase 2, tiene un impacto en el análisis del analizante que se vería bien a sí mismo, y, en el momento en que esta idea, cuando el espíritu del pase le llega, hay por lo tanto una cierta deformación, un cierto sesgo en el propio análisis.

Por último, también hay una retroacción del pase 3 en el pase 2, para el jurado, esta vez, que sabe que su respuesta será propulsiva y que no puede apreciar solo el pase 1, el análisis del pasante. Se ve obligado a pensar en el pase 3 también. Lacan había dado la definición del AE diciendo que podía dar testimonio de los problemas cruciales del psicoanálisis, etc., pero no había inscrito ninguna obligación. La ECF procedió a un forzamiento, que dio lugar a la memorable notación de Catalina Lázaro-Matet de que esta obligación constituía, a pesar de todo, una especie de estándar.

Más allá de la starificación

¿Qué es este estándar? Lo voy a llamar por un nombre muy común, es la starificación del pasante. En la época de Lacan, hubo una nominación definitiva del AE sin ningún otro requisito. En la ECF, al tratarse de una nominación transitoria, se añadió trabajo, por lo que la pregunta ¿Es pase? se ha convertido en ¿Seleccionaremos a este transeúnte para ser una star [estrella] del psicoanálisis?

Hay, básicamente, una pequeña tendencia a que el jurado del pase sea como el de una audición o un casting, en la medida en que el jurado no considera solamente el pase 1, sino también el pase 3, en interés de la Escuela, de la Escuela Una, del Campo Freudiano, en el interés superior del psicoanálisis… Este factor es, hay que decirlo, un poco engorroso, porque, de repente, también hay una retroacción del pase 3 en el pase 1. Es como una obligación de tener el deseo de hablar, el deseo de trabajar. Me atrevería a decir que un análisis debe llevar al deseo de exhibirse, es decir que el pase tiene algo del deseo del actor.

Hemos tenido testimonios de que algunos deseos que emergen y encuentran su verdad en el análisis son de un tipo completamente diferente. Por ejemplo, el deseo de permanecer oculto, de permanecer discreto, etc. ¿Qué hacemos en estos casos? Este deseo puede eventualmente articularse de tal manera que uno no tenga ganas de asumir la responsabilidad de starificar a quien está animado por este deseo. Así que el pase 3 tiene una gran incidencia en el pase 2 y eventualmente en el pase 1.

A pesar de sus impasses, dificultades y paradojas, el pase sigue siendo indispensable. En primer lugar, garantiza la presencia de la institución en los análisis. En las sociedades de la IPA, esta presencia está garantizada por un orden jerárquico complejo, por el nombramiento de titulares, por la estandarización de la duración de las sesiones, por controles y autorizaciones, etc.; un orden muy potente enmarca los análisis. Este no es en absoluto el caso de los lacanianos donde el análisis se deja a una gran arbitrariedad, sin este aparato de control. Lo que funciona como el único dispositivo de control potencial es el pase, no en el modo de un derecho de vigilancia, sino como la garantía de que, de todos modos, hay un más-allá después del análisis; pueden verificarlo, y esa será la oportunidad para ustedes de convertir la serie de sesiones, la sucesión de sesiones que constituye su análisis, en un conjunto.

Esto más allá del análisis siempre está amenazado con ser un Otro del Otro. Lo es en todo caso para la institución de la IPA, que se construye como un Otro completo mientras que en la ECF, es completamente esencial que el jurado del pase se presente como animado por una cierta pasión por la ignorancia. Es necesario que se presente como sorprendido. Debe presentarse como su propio agujero en el saber, como un agujero en su propio saber, si se me permite decirlo, ya que el pase es también el jurado al que nos dirigimos. Si el Otro del pase se pusiera del lado del saber del pase, si se pusiera del lado clínico, como armado con referencias ya adquiridas, haría muy difícil el pase. Es necesario que el jurado del pase acceda a su propia desnudez, que la acepte e incluso la manifieste. Debe exponerse como desarmado y, incluso diría yo, un poco confundido. Esto es lo que nos las arreglamos muy bien: si juntamos todos nuestros discursos, realmente, no hemos afinado nuestros violines, ¡incluso si nos citamos a nosotros mismos de vez en cuando! Por lo tanto, el pase es también su interpretación por parte del jurado.

Ahora, a través de sus fallas, sus momentos, sus ciclos, el pase se ha mantenido durante más de cuarenta años. Basta con considerar qué pasaría si el pase desapareciera para querer guardárselo. Si no hubiera ya el pase, se podría decir que sería un atentado contra la imagen de un análisis. Tendríamos la imagen de un análisis fragmentado, sin alma -si se me permite decirlo- en el sentido aristotélico, un análisis que no se podría resumir y que quedaría a la deriva. Así, a través de sus dificultades, a través de nuestro propio desconcierto, es bueno que continúe, y no tenemos que anhelar que se perfeccione más allá de nuestras posibilidades.


*J.-A. Miller. Est-ce passe? [En línea]: Est-ce passe ? | Cairn.info. Último acceso: 2022-01-29.

[1] Intervención pronunciada en la Jornada de la ECF bajo el título La chose jugée [11 de abril de 2010, Maison de la Mutualité, París]. Transcripción: Michel Héraud. Edición: Natalie Georges-Lambrichs y Pascale Fari. No releído por el autor.

[2] Miller, J.-A, Teoría de Turín acerca del sujeto de la Escuela. [En línea]: Asociación Mundial de Psicoanálisis (wapol.org). Último acceso: 2022-01-29.

[3] Referencia a la exposición del Pauline Prost, publicada en ese mismo número, pp. 90-91.

[4] N.d.t.: J.-A. M. juega con el equívoco francés de École [Escuela] y écho-le [eco de Escuela].

[5] Encontramos la expresión «placa sensible» en Lacan J., El Seminario, libro XV, «El acto psicoanalítico», lección del 29 noviembre 1967, inédito, a propósito del esclavo del Menón de Platón.

[6] Cf. Lacan J., conclusion des Assises de l’EFP sur L’expérience de la passe, Deauville, enero 1978, in Lettres de l’EFP, 1978, no 23, p. 181; Cf. también Lacan J., « Conclusions », intervention au IXe Congrès de l’EFP sur « La transmission », Lettres de l’EFP, no 25, junio 1979, p. 219.

[7] Cf. Miller J.-A., « La passe bis », La Cause freudienne, no 66, París, Navarin, mayo 2007, p. 209-213.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

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