¿Por qué las alucinaciones verbales son tan importantes para nosotros? – por François Sauvagnat – 2008-11-22

¿Por qué las alucinaciones verbales psicóticas

son tan importantes para nosotros?

Por François Sauvagnat

2008-11-22

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Las alucinaciones verbales psicóticas sin duda tienen un estatus especial en el psicoanálisis lacaniano [*]. Este estado no se encuentra como tal ni en otras formas de psicoanálisis, ni en las teorías psicoanalíticas de la alucinación verbal. La primera cosa indispensable es situar la concepción lacaniana en relación con las concepciones psiquiátricas. Históricamente, ella está vinculada a lo que Henri Ey llamó el pasaje de la alucinación como una percepción sin objeto a la pseudo alucinación.

Tres sucesores de Séglas

Mientras que en el siglo XXI, la temática del error alucinatorio es masivo, y permanecerá desatendida en la psiquiatría anglosajona, confiriéndole un retraso del que apenas se ha igualado, el paso al siglo XXI está marcado, en la psiquiatría francófona, por la reorientación en las alucinaciones verbales, y especialmente el fenómeno de Séglas, en el que se muestra que las voces alucinadas son pronunciadas in petto por el sujeto alucinado, y que una continuidad puede ser probada entre el pensamiento, el discurso interior, la pronunciación y el impulso verbal; un movimiento que llamé “desensorialización de alucinaciones verbales.”[1]

Este fenómeno, central pero no único, en lo que se ha llamado la segunda psiquiatría francesa clásica, dará lugar a varias interpretaciones divergentes, de las cuales al menos tres nos interesan:

1. La de Gaetan Gatian de Clérambault que propone una explicación irritativa (lesión serpiginosa) y que, en casi todos los casos, excluye la noción de una significación que se le atribuye inmediatamente.

2. La de Henri Ey, (de quien Séglas hizo el prefacio en su primer libro sobre las alucinaciones), que insiste contra Clérambault en la solidaridad inseparable entre el delirio y las alucinaciones psicóticas, solidaridad que, formalmente, se encuentra en la continuidad reconocida en la década de 1920 por la Escuela Francesa entre la intuición delirante, los pensamientos impuestos y las alucinaciones verbales. Ey pretende dar cuenta de esta unificación, inspirándose en Wilhelm Mayer-Gross y presentando toda vivencia delirante como un trastorno de la conciencia.

3. Inicialmente solidaria con Ey sobre la naturaleza del automatismo y la continuidad de las vivencias elementales psicóticas, Lacan se separa de ella, tanto de su dependencia de ésta frente a una fenomenología centrada en la conciencia, como para haberla, en los congresos que organiza, puesto sistemáticamente en la posición de segundo orador. De ahí la enigmática proclamación que Clérambault sería su “único maestro” en psiquiatría[2] -recordemos que Ernst Kretschmer, uno de los pocos defensores con Robert Gaupp de la noción de paranoia en Alemania después de 1918, declaró que Lacan era su alumno directo y que Lacan evocaba repetidamente la importancia de G. Petit[3] en sus propias elaboraciones, etc.- ciertamente referible a la prevalencia de la cadena significante, pero también vengativo de la semi-traición de Ey, sin perjuicio de las muchas críticas que Lacan dirige a la teoría de Clérambault.

Alucinación y enunciación

Un segundo paso consistirá, lógicamente, en adjuntar la alucinación a la cuestión de la enunciación, especialidad de la lingüística francesa desde Charles Bally, e incluso hoy en día. Toda una serie de textos de Lacan tratan esta cuestión, sobre todo el Seminario III[4] que puede ser considerado en muchos aspectos, como lo he demostrado[5], como un debate con las tesis de Édourd Pichon. La más clara de las contribuciones de Lacan de ello resultará, y en particular la tesis de que los fenómenos elementales son una especie de enunciación, cuyo modelo articula una principal y una relativa, jugando con la noción muy controvertida de una latitud específica para el francés sobre el acuerdo de las personas entre una y otra, de una manera única defendida por Damourette y Pichon. El “Tú eres el que me…” pichoniano es así elevado por Lacan a la altura de estructura elemental que regula la relación entre enunciación y enunciado, con la consecuencia de llamar enunciación a dos cosas distintas: el “tú” anterior (cuyo desarrollo completo dará “nuestro mensaje nos vuelve del Otro en forma invertida”), y la manera en que, en el sujeto, algo responde a ello, que le liga ahí y lo distingue de ello todo al mismo tiempo. Este es un punto de discordia particularmente masivo con respecto a los trabajos anglosajones. Para cualquier analista de la IPA, una alucinación sigue siendo un error de juicio, y la referencia tardía, según Feighner, a los síntomas de primera clase de Kurt Schneider no está hecha para arreglar las cosas; para un analista lacaniano, una alucinación es un tipo particular de relación entre la enunciación y la declaración que se puede disimular de diversas maneras.

Efectos de retorno

Tanto la noción de fenómeno elemental fue construida por Lacan en referencia a esta cuestión de la enunciación, como esta última se benefició de esta aplicación. El grafo del deseo se construye literalmente sobre la base de una estructura bipartita de las alucinaciones verbales (M=C/M y C=M/C)[6], que tiene importantes consecuencias en el piso superior, donde el fantasma y el deseo modulan el goce y la castración. En otras palabras, la estructura de las alucinaciones es la base de la cual deriva la estructura del sujeto del inconsciente, como una variante de aquella. Prácticamente, encuentro que este gráfico sigue siendo difícil de leer para aquellos que no tienen esta noción. La hipótesis de que “el inconsciente interpreta”[7], observada por Jacques-Alain Miller durante las discusiones sobre el pase, en respuesta a la noción de “declive de la interpretación”[8] propuesta por Serge Cottet, también puede ser leída como consecuencia de la prevalencia del modelo de la alucinación verbal. Otra consecuencia es la oposición frontal entre el enfoque lacaniano y el de la IPA sobre la cuestión paterna. Mientras que el modelo clásico de la IPA se centra en la solidaridad entre una instancia paterna garante de la realidad y de la función de control de un yo supuestamente a-conflictivo, pero de hecho obsesivo, el modelo que se mantiene con Lacan a partir de la década de 1950 se basa en la función de la nominación, es decir, el reverso del insulto alucinante, de la persecución y de la perplejidad (o ausencia de significación).

Alucinación y suposición de saber

Otra consecuencia, además, en el tratamiento de la transferencia por parte de Lacan, es que decir que los matemas lacanianos se inspiran de mecanismos psicopatológicos es una banalidad, así como que el destino del discurso de la histérica como modelo de discurso analítico está en todos los recuerdos. Ciertamente hay que añadir allí la suposición de saber que, de alguna manera, descentra la pasión histérica por la intersubjetividad imaginaria[9]. Recordemos que a Joseph Capgras se le debe la noción de “delirio de suposición”, lo que probablemente no ha sido menos importante que la referencia al hupokeimenon aristotélico. Este descentramiento es ilustrado de la mejor manera por la propia alucinación. Eco por el cual se deshace la familiaridad especular, enigma que se impone en el grano de una voz, enigmáticos suspiros de los cuales el sujeto está rodeado, sensorializando a mínima la extrañeza del ambiente (Wahnstimmung), a menos que una reversión se realice en una expresión que puede oscilar entre la interrogación obsesiva al insulto, uno puede multiplicar infinitamente los ejemplos. Todos marcan la forma en que la suposición de saber se origina de una manera bruta en el psicótico, mientras que el neurótico, por el contrario, tiende a asegurar de antemano que “el hábito no hace al psicoanalista”[10]. Un asombroso relato de pase atestiguaba, hace unos diez años, hasta qué extremos la desuposición puede ir para un sujeto histérico, digamos, sin ambages. De ahí la paradoja de que la incredulidad (Unglauben) va de la mano con esta imputación bruta de saber, como la de Lacan que se maravilló de Cantor -excepto en la ironía esquizofrénica.

El retorno del objeto

Pero si el punto de inflexión, en el campo francófono -la prevalencia de la alucinación verbal sobre la concepción romántica de la alucinación como “percepción sin objeto” (“a percibir” especifica Ey)- fue un hito, una consecuencia curiosa de su lectura lacaniana fue hacer renacer el objeto alucinatorio en una forma completamente diferente, como “pura enunciación” separada de cualquier enunciado[11], objeto que no incluye la separación.


Referencias bibliográficas

Capgras J., “El delirio de la interpretación hipotética. Delirio de suposición”, Anuales Medico-psicológicos, 88, t. II, noviembre de 1930, 272-299.

Sauvagnat F., «La paternidad y la nominación en las obras de Jacques Lacan», The Symptom. Online Journal for lacan.com, No 3, otoño de 2002, publicación en línea (www.lacan.com/fathernamef.htm).

Sauvagnat F., “La istematización paranoica en cuestión”, en Hulak F. (s/dir.), Pensamiento psicótico y creaciones de sistemas. La máquina desnudada, París, És, 2003, 141-175.

Sauvagnat F., “Psicoanálisis y lingüística: el superyó y la cuestión de la la enunciación en J. Lacan”, en Vilela I. (s/dir.), Freud y el lenguaje. Éditions langage et inconscient, 2018.

* Intervención en la jornada de la ACF-IdF y de la APCOF “Las vías de la alucinación. Apuestas epistemológicas y clínicas”, el 22 de noviembre del 2008.

F. Sauvagnat. Pourquoi les hallucinations verbales sont-elles si importantes pour nous ? [En línea]: https://www.hebdo-blog.fr/hallucinations-verbales-psychotiques-importantes/

Traducción por Patricio Moreno Parra.

**Agradecemos a Damien Guyonnet que encontró este artículo en La Lettre mensuelle (No 276, marzo de 2009, pp. 22-24), lo que nos permite publicar este texto original de François Sauvagnat; y el trabajo de Mauricio Diament que lo transcribió con precisión, y en un corto tiempo.

[1] Cfr. F. Sauvagnat. « La “désensorialisation” des hallucinations acoustico-verbales : quelques résultats actuels d’un débat centenaire », in Collectif, Polyphonie pour Iván Fónagy, Paris, L’Harmattan, 1997, p. 165-182.

[2] J. Lacan. “Acerca de la causalidad psíquica”, in Escritos, tomo 1. México: Siglo XXI, 2009, p. 73.

[3] G. Petit. Essai sur une variété de pseudo-hallucination. Les autoreprésentations aperceptives, Bordeaux, Thèse, 1913.

[4] J. Lacan. El Seminario, libro III, Las psicosis. Buenos Aires: Paidós, 2012.

[5] F. Sauvagnat. « Hallucinations psychotiques et énonciations », Psychologie clinique, La Voix dans et hors la cure, n°19, mai 2005.

[6] Mensaje=Código/Mensaje y Código = Mensaje/Código

[7] J.-A. Miller. La interpretación al revés. [En línea]: https://psicoanalisislacaniano.com/la-interpretacion-al-reves/

[8] S. Cottet. « Les limites de l’interprétation du rêve chez Freud », in La Cause freudienne, n°32, op. cit., p. 129.

[9] J. Lacan. “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de Escuela”, in Otros escritos. México: Siglo XXI, 2012.

[10] Cfr. ibíd., pp. 261-277.

[11] Cfr. J. Lacan. “Kant con Sade”, in Escritos, tomo 2. México: Siglo XXI, 2009, pp. 727-751.

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