ALGUNAS OBSERVACIONES ACERCA DEL SEMINARIO “EL REVERSO DEL PSICOANÁLISIS”
Por Martine Lerude
2007
Ya estudiado en 1987 en Marsella durante el segundo seminario de verano de la Asociación Freudiana, «El reverso del psicoanálisis» este año es puesto a trabajar, es decir, nuevas lecturas se proponen. Desde octubre de 2006, gracias particularmente a J.-P. Beaumont, disponemos de una transcripción de alta calidad que combina «el seminario» propiamente dicho, en el que Lacan construye una teoría de los discursos y del sujeto, con una especie de puesta a prueba del discurso analítico por Lacan «en desventaja» durante los dos «Impromptus de Vincennes» y una sesión de preguntas sobre las gradas del Panteón.
Este título, «El reverso del psicoanálisis», indica una reanudación del discurso freudiano «al reverso» o «al revés» del automatismo de la repetición y la pulsión de muerte como Freud los afirma en “Más allá del principio del placer”[1]. Lacan se basa en estos avances freudianos de 1920 para aislar la cuestión del goce y el plus-de-gozar y, a partir de ellos, viajar hacia atrás reconsiderando las elaboraciones freudianas anteriores, más precisamente los dos grandes mitos y la cuestión del padre. Para Freud, la identificación con el padre y el recurso al mito, ya fuera el mito de Edipo o el de la Horda, eran absolutamente necesarios para la elaboración de su metapsicología; al formalizar los discursos, Lacan aborda la cuestión del mito despojado de su «fábula» o sus «payasadas» y desprende la estructura de la escritura en detrimento de la narrativa.
Si Freud no tomó la medida ni sacó las consecuencias que implicaba el “Más allá del principio del placer”, Lacan logrará este viaje a la inversa preguntándose si Edipo todavía puede prevalecer en el manejo de la cura. Cuestiona fuertemente este conocimiento analítico configurado de la verdad: Edipo, como ya declaró en el seminario «El acto analítico», ¿es hopeless? o, como afirma en este, ¿inutilizable?
Con un aparataje teórico mínimo constituido por 4 términos (los matemas lacanianos S1, S2, a, $) que giran un cuarto de vuelta sobre 4 lugares fijos (los del agente, el Otro, el plus-de-goce y la verdad), Lacan propone dar cuenta tanto del lazo social, es decir, de los discursos que nos determinan y constriñen como también de la forma en que la subjetividad se fundamenta y articula allí. Elabora una tipología de discursos que se ofrece a varias lecturas ya que cada término cambiando de lugar se carga de nuevas significaciones sin perder, por ello, su valor de origen. Estos cuatro discursos constituyen una escritura reducida que articula varios registros y que, a modo de partitura, engloba lecturas plurales, interpretaciones tanto teóricas como políticas decisivas para el lugar y el futuro del psicoanálisis. A partir de una estructura mínima, una riqueza creativa puede desplegarse tanto individual como social, porque la estructura así formalizada se aplica tanto para la cura como para el lazo social, ya que ambos competen de los efectos del lenguaje.
La lectura en acto constituye la línea de fuerza de este seminario: no se trata solamente para Lacan de leer las fórmulas de los discursos que escribe en la pizarra, leer a Freud (“Tótem y tabú”, “Más allá del principio del placer”, “Moisés”), leer textos filosóficos (Hegel, Wittgenstein), sino también leer, literalmente y en voz alta en su seminario, su propio texto «Radiofonía[2]» (que luego leerá en la radio), o para solicitar un especialista en exégesis bíblica. Se dedica a un ejercicio de lectura erudita de versículos bíblicos en hebreo y griego, durante el cual desmonta los artificios con los que Ernst Sellin (“Mose und seine Bedeutung”, 1922) logró hacer que los versos sobre el profeta Oseas dijeran lo que nunca había sido leído ante él por ningún exégeta… Fueron precisamente estas manipulaciones de la carta hebrea y griega las que Sellin había utilizado para justificar su hipótesis de un Moisés asesinado por los judíos, una hipótesis que había convencido a Freud y en la que se había basado para escribir Moisés y el monoteísmo. A diferencia del profesor de exégesis, Lacan no es un profesor, no es el representante del sujeto supuesto saber, solo quiere «ponerse al tanto» porque su interés está en otra parte que en la acumulación de saberes: se centra específicamente en la relación con la escritura y la interpretación. De hecho, la interpretación analítica, que señala es a la vez «cita» y «enigma», también juega con la referencia al texto (al texto del hablante, al texto del inconsciente) haciendo oír los desplazamientos de letras, los obstáculos de la gramática que tienen el poder de desplazar los discursos. ¿Cómo podemos ser guiados a usar estos juegos de letras en la clínica? ¿Qué uso se puede hacer de ella en el ámbito político?
Lacan nunca dejó de exigir que sus alumnos aprendieran a leer y este seminario nos lo recuerda imperativamente.
Aprender a leer, entregarse al comentario, cuestionar la teoría no es una cuestión de explicación textual, ni de la construcción de un muro de saber, ni de un truco de magia alusivo. Por el contrario, se trataría de hacer valer ese desplazamiento, «ese desplazamiento que nunca cesa» y que es precisamente la condición del discurso analítico. Lacan, refiriéndose a la tradición literaria judía del Midrash, nos muestra un camino, que ciertamente tiene en cuenta la letra, pero que también involucra la subjetividad del comentarista, sus asociaciones y su forma de consentir su lenguaje, es decir, su materialidad específica. Lacan, al leer «Radiofonía», hace resonar lo que él llama «el cristal de mi lengua» que no es cualquier lengua sino el francés con sus propias homofonías, sus juegos lingüísticos específicos, su gramática: «Toco decididamente el cristal de mi lengua donde refractar el significante para descomponer el sujeto»[3] (p. 166), afirma mientras se lee a sí mismo.
El Midrash, con su singular dimensión poética, se ofrece como modelo de relación con la palabra escrita, con los textos fundacionales que tal vez permitiría salir de la vana contestación del amo y del Padre atrapados en la misma confusión. ¿Cómo encontrar o adquirir entonces el «saber leer» de estos judíos que «Freud rechazó por el ocultismo de ellos, pero a quienes concedió esta fe única»… «de no fallar en el sismo de la verdad»[4]? Pero saber leer presupone saber en qué discurso nos situamos.
¿Cuál es nuestra relación con Lacan hoy en día?
Lacan no dejó de enfatizar cómo un cierto psicoanálisis pudo hacer de Edipo un saber «con pretensión de verdad», y nuestra apuesta este año no será producir, a nuestra vez, saber lacaniano ya sea en una posición dominante o pretensión de ser verdad, sino cuestionar la legibilidad de los discursos. Si tenemos que darnos herramientas de trabajo, es decir, transcripciones fieles de los seminarios acompañadas de un aparato crítico, no es para limitarnos a una obra de exégesis académica, ya sea para servir al padre o para liquidarlo.
En un contexto de bullicio estudiantil, Lacan, aunque excluido de la ENS, celebró su seminario en el corazón del Barrio Latino, en la montaña Sainte-Geneviève, y el psicoanálisis ha inscrito durante casi cuarenta años su lugar en la Universidad donde, como otros campos del saber, se instituyó en unidades de valor, disertaciones y tesis. Aunque este lugar ahora es cuestionado (los maestros cognitivistas reemplazan a los maestros psicoanalistas que se jubilan), el psicoanálisis también produce un discurso universitario.
¿Podemos seguir sosteniendo el discurso psicoanalítico sin convertirlo en un objeto de goce para iniciados? ¿Qué pasa con su legibilidad? ¿Quién puede reclamar que lo posee? ¿Y en qué, entonces, lo reconocemos?
Si la conjunción del advenimiento de la ciencia, el capitalismo y el discurso universitario tiene como corolario el borramiento del lugar de la verdad y una mutación del discurso: ¿qué cambia esta mutación en la práctica de nuestras curas o en la forma de interrogar la política? ¿El discurso analítico permite responderá allí?
Todas estas preguntas se pondrán a prueba durante nuestro seminario de verano, que ha sido uno de los aspectos más destacados del trabajo de nuestra Asociación durante veintidós años. Con el fin de facilitar las discusiones y los intercambios, se está preparando un libro complementario que reunirá los textos de los colegas que actualmente están estudiando este seminario en diferentes grupos, tanto en las provincias como en París o en el extranjero.
*Lerude M., « Quelques remarques à propos du séminaire « L’envers de la psychanalyse » », La revue lacanienne, 2007/1, pp.. 79-81. Extraído de: https://www.cairn.info/revue-la-revue-lacanienne-2007-1-page-79.htm&wt.src=pdf. Último acceso: 2023-09-08.
[1] Freud S., “Más allá del principio del placer”, Obras completas, tomo XVIII, Buenos Aires, Amorrortu, 2003.
[2] Lacan J., “Radiofonía”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012.
[3] Lacan J., « L’envers de la psychanalyse », París, Éditions de l’ALI, 2006, p. 166. (Esta frase ha sido omitida en la versión establecida por Jacques-Alain Miller).
[4] Ibíd., p. 168.
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