Un Caso de Perversión Infantil – por Jacques Lacan – 1933/07/13

“Un caso de perversión infantil por encefalitis epidémica precoz diagnosticado sobre un síndrome motor frustrado”, presentación por los señores Georges Heuyer y Jacques Lacan en la sesión del 13 de julio de 1933 en la Société Médico-Psychologique, publicado en los Annales Médico-Psychologiques, 1933, tomo 2, pp. 221-223.

            L. 14 años. – Sexo masculino. Ninguna anormalidad en los estados del desarrollo somático y mental. Nada más en los antecedentes familiares que un aborto espontaneo por la madre.

Actualmente, nivel mental significativamente superior, según las pruebas de Terman. CI = I. Sin embargo, el niño no pudo pasar su certificado de estudios primarios debido a un retraso escolar causado por las expulsiones sucesivas que pusieron fin, en plazos siempre bastante breves, a cada una de sus numerosas experiencias escolares. Después de varios intentos infructuosos en diversas escuelas comunales, tampoco pudo ser mantenido en establecimientos de reeducación especializados. Un intento reciente de colocación en aprendizaje con un orfebre también fracasó.

Las manifestaciones que hacen imposible su adaptación aparecieron entre los seis y siete años. Desde entonces, no han cambiado esencialmente ni en frecuencia ni en carácter.

Se trata de impulsos perversos, generalmente malignos, con frecuencia agresivos y peligrosos. Surgen de forma muy brusca, bajo una forma que suele ser muy inesperada. No hay amnesia; el niño no muestra remordimiento alguno al respecto. Actualmente, después de numerosos exámenes médicos, es difícil evaluar en el interrogatorio el grado de su carácter coercitivo en la conciencia del niño.

Una de las más llamativas entre las primeras manifestaciones fue que el niño se exhibía desnudo en plena clase a los 7 años. Luego lo llevaron a la Clinique psychiatrique de Ste-Annel, donde el examen neurológico y humoral (punción lumbar realizada), fue declarado negativo.

Desde entonces, se puede observar una serie ininterrumpida de iniciativas malignas, entre las cuales las más graves y brutales son también las más impulsivas y menos complejas. Estas brutalidades se ejercen con mayor frecuencia sobre compañeros de escuela: golpes, crueldades, bromas perversas. Recientemente, tuvo que dejar un internado profesional para niños con dificultades por haber herido gravemente en la mano, con la punta de un tenedor, a uno de sus compañeros del comedor. De regreso en casa de sus padres, provoca en ellos los mayores temores por sus dos hermanas, una mayor y la otra menor, sobre las cuales ejerce los mismos abusos.

Hace falta señalar, igualmente, un robo impulsivo que puso fin al reciente intento de aprendizaje, en el que el niño se había mostrado poco hábil manualmente.

Aparte de una ligera lentitud psíquica, el contacto con el niño durante la interrogación parece normal. No se da la impresión de un esquizoide, sino más bien de un epiliptoide. Solo su reacción, cuando se mencionan sus fechorías, sigue siendo enigmática debido a su atonía.

Los padres y educadores, al límite de sus recursos, enviaron al niño a nuestra consulta hace 3 meses.

Observamos una cara un poco rígida, un balanceo normal de los miembros superiores durante la marcha, sin signos manifiestos de hipertonía, sin el signo llamado de la rueda dentada, y sin trastornos de la reflexividad tendinosa.

Pero, por otro lado, un síndrome motor, ciertamente leve, pero sobre cuya nitidez deseamos llamar la atención: un temblor palpebral marcado en el movimiento sostenido de cierre de los párpados, un temblor fibrilar de la lengua, fibrilaciones concomitantes del orbicular de los labios. La escritura, por otro lado, muestra un temblor muy fino, ciertamente muy tenue, pero que basta a primera vista para clasificarla en las escrituras denominadas «neurológicas».

Cabe señalar, además, que las pruebas de destreza manual calibradas, que utilizamos en nuestro servicio para la orientación profesional de los niños, han dado, aplicadas a nuestro sujeto, resultados de una anomalía absolutamente excepcional. Estas pruebas consisten en apretar tuercas, enhebrar agujas, perlas, ajustar clavijas y requieren un trabajo de clasificación y manipulación de objetos que permite juzgar la motricidad del niño, y disociar los factores primarios de los diversos niveles de organización de los que es susceptible (atención, ritmo, educabilidad, discernimiento, organización). El trabajo es observado, cronometrado y calificado en cuatro cuartiles calibrados por la experiencia. En nuestro niño, que no presenta signos de debilidad motriz, todos los resultados sin excepción se sitúan en el límite inferior del último cuartil. Estos resultados se revelan a la observación como debidos, ante todo, a la extrema lentitud de los movimientos; luego vienen los errores frecuentes de atención, las caídas frecuentes de objetos, cierta puerilidad en el comportamiento que se manifiesta en una mala observación del trabajo a realizar. El núcleo motor de esta reacción es, por tanto, una bradicinesia que se suma a los signos ya observados.

Una paresia de la convergencia ocular viene a firmar la importancia de todo este síndrome y nos permite darle su verdadero valor a un antecedente infeccioso temprano, ocurrido a la edad de 2 años, y que se manifestó durante siete u ocho meses por una somnolencia permanente de la cual las solicitudes exteriores solo sacaban al joven sujeto de forma instantánea. Se han notado períodos de somnolencia en varias ocasiones desde entonces. Recientemente, el niño se quedaba dormido en su trabajo de aprendiz de orfebre.

En ausencia de cualquier signo neurológico o humoral más preciso (B.-W. en sangre negativo. P.-L., B.-W. negativo. Alb.: 0,20.(223)Azúcar: 0,70. Un elemento por mm³), este síndrome motor leve y estos antecedentes nos permiten, creemos, afirmar la patogenicidad de los trastornos del carácter, y relacionarlos con los que se describen clásicamente en el sistema nervioso central {névraxite} epidémico.

Este caso nos ha parecido interesante de comunicar para incitar a buscar los síntomas más leves de la organicidad, cada vez que se encuentra en presencia de esta clase de trastornos, definidos de manera puramente residual y ciertamente heterogénea, que se llaman las perversiones instintivas esenciales del niño.

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